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El ex tesorero del PP recibió mensajes de apoyo en 2011, 2012 y 2013 mientras aparecían las acusaciones judiciales contra él

Bárcenas demuestra, a través de EL MUNDO, que Rajoy le mandó un mensaje de apoyo en enero de 2013: «Se fuerte»

HECHOS

El diario EL MUNDO publicó el 14.07.2013 el intercambio de mensajes que habían mantenido D. Luis Bárcenas y D. Mariano Rajoy.

EL MUNDO ASEGURA QUE EL PP ‘DICTÓ A BÁRCENAS’ LA ENTREVISTA QUE CONCEDIÓ A ANTONIO JIMÉNEZ (13TV):

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¿AUMENTAN LOS VÍNCULOS ENTRE EL MUNDO Y BÁRCENAS?

ramirez_barcenas  El día 7 de julio el director del diario EL MUNDO, D. Pedro J. Ramírez, informó en portada de su periódico que había estado cuatro horas reunido con D. Luis Bárcenas en las que le había revelado la supuesta financiación ilegal del PP.

gomez_liano El día 11 de julio de 2013 D. Javier Gómez de Liaño – un letrado considerado próximo a EL MUNDO – se convirtió en el nuevo abogado de D. Luis Bárcenas reemplazando a los dimitidos, D. Miguel Bajo y D. Alfonso Trallero, que renunciaron ante la decisión del Sr. Bárcenas de cambiar su versión y reconocerse autor de los papeles de la contabilidad B publicados por EL PAÍS y EL MUNDO.

11 Julio 2013

Se venden guantes ignífugos

Jaime González

El mayor espectáculo de EL MUNDO es convertir a Bárcenas en testigo protegido para someter al presidente del Gobierno a un juicio paralelo: los leones encarnados del circo se están poniendo ciegos.

Parafraseando a Fray Luis de León comienzo este breve comentario con un ‘como decíamos ayer’. ¿Y qué decíamos ayer? Se preguntará el lector. Pues que ‘es el juez Pablo Ruz quien tiene que deshacer este nudo de mentiras y medias verdades que Bárcenas ha ido tejiendo estos meses. Por eso no se entiende – decíamos ayer en nuestra página editorial – que Bárcenas no haya prestado declaración inmediatamente tras sus últimas revelaciones’. Supongo que no será la probada capacidad de influencia de ABC la que ha llevado al magistrado a citar por fin al ex tesorero del PP ‘garganta profunda’ y ‘tercer hombre’ – uno y trino – para que de una puñetera vez aclara por qué le dijo a su señoría lo contrario que le dijo a esa otra señoría [Pedro J. Ramírez] tan presta en dictar veredictos de condena en sus autos dominicales.

El mayor espectáculo de EL MUNDO es convertir a Bárcenas en testigo protegido para someter al presidente del Gobierno a un juicio paralelo: los leones encarnados del circo se están poniendo ciegos. Visto el panorama, voy a poner un negocio de guantes ignífugos, ahora que tan de moda está poner la mano en el fuego. ¿Pondría ussted la mano en el fuego por la veracidad de las últimas declaraciones de Bárcenas? Pues mire usted: ni con guantes ignífugos, para que no me pasel o que le pasó al que asó la manteca. ¿Y qué le pasó al que asó la manteca? Que puso la mano en el fuego tras reunirse cuatro horas con Bárcenas’. ¿Pondría usted la mano en el fuego por los dirigentes del PP al os que Bárcenas acusa e haber cobrado sobresueldos? ‘Con guantes ignífugos, para cumplir con la Ley 19875 del 21/4/72 sobre seguridad e higiene en el trabajo’. Como decíamos ayer, ‘es el momento del juez Ruz: pronto se sabrá si lo que realmente quiere Bárcenas es actuar como acusador o como un simple difamador’. Se venden guantes ignífugos: mancos abstenerse.

Jaime González

 

18 Julio 2013

Juego de Tronos en los medios

Editorial (Director: José Antonio Fúster)

Lo que hace EL MUNDO no es periodismo de investigación. Es algo, a la vez, más facil y mil veces más peligroso: es un juego de tronos que confunde la profesión de la que vivimos con la política, algo de lo que nos urge, ahora más que nunca, liberarnos para siempre.

Quien crea que la prensa es el Cuarto Poder es que ha visto demasiadas películas americanas. En Estados Unidos -en general, en los países anglosajones-, la idea de un contrapeso al poder político, de una misión explícita de control y vigilancia del gobierno, es indisociable de la idea de una prensa libre. En España nos hemos quedado con el mito, pero no con la realidad.

Los medios españoles son, para nuestra desgracia, herederos de una Transición en la que políticos y periodistas se hermanaron por un erróneo sentido de la responsabilidad y la confusa relación ha llegado hasta nuestros días, con ministros que levantan teléfonos para ‘pedir la compresión’ al editor de turno y, lo que es aún más peligroso, directores a los que parece venirles pequeño el papel de notarios en la actualidad y custodios de la verdad para jugar el papel de ‘hacedores de reyes.

Nuestro páis lleva meses conmocionado por un escándalo que, aunque no existan pruebas nuevas ni revelaciones demostradas que lo justifiquen, no deja de copar las primeras de todos los periódicos que, a nuestro juicio, el lector debe encontrar machacona e irritante. Y todo a la rastra de un periódico que ha pasado de demonizar al ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, a convertise en el correveidile de su estrategia procesal.

LA GACETA da cuenta en este número de cómo se gestó el encuentro de Bárcenas y el director de EL MUNDO, en una ubicación que solo podemos denominar como ‘terreno de Esperanza Aguirre’.

En LA GACETA tenemos cierta experiencia periodística de investigación. Es una labor ardua, en ocasiones tediosa y conducente, otras tantas, a resultados decepcionantes. Lo que hace EL MUNDO no es periodismo de investigación. Es algo, a la vez, más facil y mil veces más peligroso: es un juego de tronos que confunde la profesión de la que vivimos con la política, algo de lo que nos urge, ahora más que nunca, liberarnos para siempre.

España necesita un Gobierno que gobierne tanto como una prensa que informe y vigile. La corrupción se combate con luz y taquífragos, sin componendas ni banderías. Denunciando lo que se conoce, caiga quien caiga, amigos o enemigos. Porque hasta el supúesto amigo, si echa mano de la caja, es un enemigo, quizá el más peligroso.

Habremos dado un paso fatal en dirección contraria a la libertad si los medios no nos deshacemos de toda tentación de control espurio del poder político. Políticos y periodistas deberían llevarse razonablemente mal, y es triste ver que se llevan alarmantemente bien. No somos sus socios, sino sus leales controladores y críticos. Esa es nuestra misión.

14 Julio 2013

Luis Mariano

Pedro J. Ramírez

Suave era la noche. Faltó la cámara de Ford Coppola para filmar la fiesta en el jardín de la casa de Pozuelo. No digo que los reunidos formaran parte de ninguna mafia, pero sí que constituían la más unida de las familias. El 24 de septiembre de 2009 Ana Mato cumplía 50 años y para celebrarlo reunió a sus más íntimos en el partido. Empezando por Mariano, que acudió acompañado por Viri, siguiendo por Javier, que para no variar llegó solo y tarde, y continuando por Luis y Rosalía, por Gerardo y Lourdes. Había algún nuevo en esta plaza como González Pons y pocos más. Los hijos de Ana correteaban alrededor, mientras las mujeres formaban grupo y los hombres hablaban de política. Las volutas del humo de un habano surcaban la oscuridad.

A diferencia de lo habitual, Paco Correa no pudo pagar ni el catering, ni los globos, ni el confeti. Desde el 12 de febrero estaba encerrado en una celda de la cárcel de Soto del Real tras el estallido del caso Gürtel. Las salpicaduras del escándalo no habían dejado desde entonces de embadurnar desagradablemente a buena parte de los presentes. A la propia Ana Mato le había salido lo del Jaguar que su ex marido Jesús Sepúlveda –el réprobo del grupo, pobre Ana– había tenido durante años en el garaje sin que ella se enterara de su procedencia. A Luis Bárcenas le habían imputado ya por cohecho y fraude fiscal y se había visto obligado a dejar el cargo de tesorero tras «28 años de lealtad, profesionalidad y buen hacer». Aunque sólo, «de forma transitoria y hasta que quede acreditada su inocencia», según la nota oficial del partido. Sobre Gerardo Galeote pesaba la misma espada de Damocles pues el instructor había comunicado al Supremo que veía en su conducta indicios de delito. Además, el eurodiputado tenía imputados a su padre y a su hermano. Y los cuchicheos sobre Arenas estaban ya a la orden del día.

Eran, como digo, una familia unida. Partes de un mismo cuerpo. Dentro y fuera de la sede de Génova. Durante casi dos décadas habían controlado las finanzas, la organización, la estructura, la maquinaria del partido en suma. Todos tenían los móviles de todos. Constantemente se intercambiaban mensajes. Sus cónyuges eran íntimos y sus hijos hacían todo tipo de planes. Comían y cenaban juntos, veraneaban juntos, jugaban al pádel juntos. Recuerden la alineación, de izquierda a derecha, de la foto de Marbella: Sepúlveda, Bárcenas, Galeote, Arenas. En eso era en lo único en lo que Mariano no les seguía.

En lo demás sabían que podían contar con él. Era el Jefe y por lo tanto –no escribiré aún otra palabra– el protector de todos ellos. Un hombre que se proclamaba «independiente» de las empresas del Ibex y de la prensa pero que para llegar al poder dependía de ellos y, por lo tanto, ellos también dependían de él. Nunca habían encontrado en su figura desgarbada ni la magia hermética, ni el seco carisma, ni el liderazgo fulminante de Aznar, pero sus anchas espaldas estaban siempre ahí, prestas a dar cobertura a todos. En el despacho de la planta séptima, y en el jardín de casa de Ana Mato.

Esa noche tuvo palabras de aliento tanto para el imputado como para los imputables. ¿Cuántas veces escuchó Bárcenas a lo largo de los cuatro años siguientes palabras como «no van a por ti, Luis; van a por mí», «eres víctima de una persecución política» o «estaré siempre con vosotros»? ¿Diez, veinte, cincuenta? Tantas como se vieron, llamaron y escribieron para discutir la evolución del procedimiento. Y, como indica la gavilla de mensajes de móvil que, a modo de simple muestra reproducimos hoy, eso ocurrió antes y después de que Bárcenas dejara formalmente sus cargos, antes y después de que Rajoy llegara a La Moncloa, antes y después de que apareciera el dinero en Suiza.

Es imprescindible sumergirse en ese mundo cerrado del marianismo para darse cuenta de por qué Bárcenas no entiende que haya seguido el mismo camino de Correa hasta Soto del Real. Él no era un outsider sino parte del núcleo duro de la dirección del partido. El PP se ocupaba de su defensa y Rajoy había prometido protegerle frente a los enemigos exteriores e interiores. «¡Están locos! ¿Cómo pueden actuar así, cuando saben lo que yo sé?», estalló en un momento de nuestras cuatro horas de charla.

Ya escribí el domingo que así como todo lo que me contó sobre la financiación ilegal del PP me pareció muy verosímil, por su coincidencia con lo que ya conocíamos por otras vías, su insistencia en que el dinero de Suiza es suyo y nada tiene que ver con el partido sólo suscitó en mí un «reiterado escepticismo». Pero curiosamente es en lo único en lo que la versión de Bárcenas coincide con la de Génova y Moncloa: esa fortuna oculta es fruto de una actividad privada al margen de su posición orgánica. Como si al término de su jornada laboral hubiera acudido durante años a otra oficina para desarrollar criminales manejos.

El problema es que sobre las actividades ilícitas de Bárcenas sólo caben dos hipótesis: o fueron ajenas a la política, en cuyo caso estaríamos hablando de uno más de los cientos, o más bien miles, de evasores fiscales que esconden su dinero fuera –y nadie ha estado nunca en prisión provisional sólo por eso– o, como indica la imputación por cohecho, están vinculadas con la corrupción de cargos públicos. Y en este segundo escenario, que es el real, resulta imposible disociar a la persona de Bárcenas de la posición que ocupaba en el partido de Rajoy. Porque ni su tarjeta de visita era cualquiera, ni trataba con ministros del PSOE, con consejeros de IU o con concejales de UPyD.

Si además existe una contabilidad B en soporte documental, el círculo se cierra en la misma zona oscura de los casos Filesa o Palau: una parte para el partido, otra para los operadores de la trama. De ahí la trascendencia de ese original arrancado de un cuaderno que entregué el lunes en la Audiencia. Según el fiscal Romeral –flemático cruce entre José Bódalo y Gene Hackman– todo el mundo lo había buscado «con ahínco durante meses». Ese papel era como la estatuilla de El halcón maltés. Había pasado por varias manos y con distintos propósitos. Yo no podía hacer otra cosa que ponerlo a disposición de la Justicia… y de los lectores. Lo escribí el día que nació este periódico: «EL MUNDO jamás utilizará la información como elemento de trueque u objeto de compraventa en el turbio mercado de los favores políticos y económicos». Veinticuatro años después nadie podrá reprocharnos no haber cumplido este sagrado precepto.

«¿Actúa usted por inquina hacia Rajoy?», me preguntó una colega al salir de declarar. «Sí, por la misma inquina que hacia González cuando publicamos las pruebas sobre los GAL, con la misma inquina que hacia Aznar cuando publicamos los documentos de Gescartera y las 100 razones contra la Guerra de Irak o con la misma inquina que hacia Zapatero cuando publicamos las actas de la negociación con ETA». Hemos oído ya tantas veces la cantinela de la «conspiración» que casi me sentiría extraño si no se reprodujera esta vez. Y como uno de sus ingredientes va a ser la decisión de Gómez de Liaño y de Márquez de Prado de aceptar la defensa de Bárcenas y su esposa, anticiparé, para que no quepa ningún equívoco, que si bien he conocido a personas honradas, y he conocido a personas inteligentes, y he conocido a personas idealistas y he conocido a personas valientes, sólo María Dolores, Javier y muy pocos más reúnen estos cuatro atributos a la vez. No me extraña que su paso al frente del jueves por la tarde fuera la puntilla de una jornada aciaga para los tenebrosos emisarios del poder que siguen intentando in extremis mantener cerrada la boca del ex tesorero.

El primer acto del drama se desarrolló por la mañana en una habitación sin ventanas de seis metros por cuatro de la Audiencia Nacional, con un mobiliario tan inadecuado como para que la mesa del secretario judicial requiriera la calza de un cartón, y con unas condiciones de salubridad tales que un abogado que sudaba la gota malaya pidió cambiarse de sitio con una colega que se helaba de frío bajo el chorro del aire acondicionado. Quince partes procesales dirimieron allí, como cuestión previa, la petición de aplazamiento de mi declaración, presentada de repente por los abogados Bajo y Trallero, que habían renunciado a defender a Bárcenas porque era al PP al que servían. En realidad la declaración que de rebote trataban de aplazar, con el pretexto de su indefensión, era la de mañana del propio Bárcenas para ganar tiempo en pro de la componenda. Yo sólo aporté el temario, pero muchas cosas empezarán a cambiar en España si él pasa mañana el examen.

El privilegio de asistir a ese debate me permitió comprobar que en el río del procedimiento hay peligrosos cocodrilos con toga sirviendo a intereses opuestos de los que dicen representar; pero también pude darme cuenta de que el juez Ruz y el fiscal Romeral se sienten tan prisioneros de su deber como yo del mío. La serenidad y el lúcido aplomo con que zanjaron esa cuestión previa reavivó mi fe en la Justicia: uno y otro eran conscientes de que la «celeridad» se había convertido en requisito indispensable para la búsqueda de la verdad. Y eso que ignoraban que, casi al mismo tiempo, Bárcenas y sus allegados escuchaban cantos de sirena de sedicentes emisarios gubernamentales: el uno ofrecía la cabeza de Gallardón, el otro una pena mínima y la protección del 25% de lo descubierto fuera. Cuando la respuesta fue algo así como: «Hemos vivido cinco años instalados en la mentira y ahora hemos tomado un camino irreversible y si hemos hecho algo mal, pagaremos por ello», entonces las cañas se trocaron en ciegas y amenazantes lanzas, con todo el poder intimidatorio del Estado en la embestida.

O mucho me equivoco o estos últimos actos mafiosos van a terminar de convencer a Bárcenas de lo que debe hacer dentro de 24 horas. Puede que haya vulnerado la ley pero desde luego no es un alfeñique. Adversarum ímpetus rerum viri fortis non vertit animum, que decía Séneca. De hecho, a esa misma fortaleza era a la que apelaba el 18 de enero de este 2013 –sí, sí, hace menos de seis meses– el presidente del Gobierno cuando, plenamente consciente de lo que se había descubierto en Suiza, le pedía un nuevo servicio al partido, a la causa, a la familia, al espíritu de aquella cena en el jardín de la casa de Pozuelo, en forma de clamorosa mentira: «Luis… sé fuerte». O sea, niega que recibiéramos dinero en bolsas, niega que ayudáramos a los donantes, niega que repartiéramos sobresueldos, niégalo todo que «te llamaré mañana».

Éste es el trasfondo del patético derrape del habitualmente atildado portavoz parlamentario del PP cuando acusó a todos los demás grupos de la Cámara de «apadrinar a un delincuente». En esta triste película, ¿quién ha sido el Padrino? Bien, ya he escrito la palabra. Alfonso Alonso debería haberse dado cuenta de que lo que el jardín de Ana Mato ha unido no lo puede separar el hombre. Nada lo explica mejor que una de las más famosas canciones del gran Luis Mariano, suma de tantos contrarios: «Quand on est deux amis/ et que toujours unis/ sur le même chemin/ On va main dans la main… Dans les plus mauvais jours/ comme dans les beaux jours… On est toujours d’accord/ à la vie à la mort». No dejen de escucharla en Orbyt.

http://youtu.be/Dwgs7Q50NAU

http://youtu.be/DlJTwXbEfw0

El Análisis

PEDRO J. APUNTA AL REY CON SU GUILLOTINA

JF Lamata

D. Pedro J. Ramírez planteó que su entrevista de cuatro horas con el Sr. Bárcenas el 7 de julio fue lo que le costó la enemistad de Génova. Pero en la práctica esa entrevista no ofreció nada nuevo. No. EL golpe verdadero fue el 14 de julio cuando el Sr. Bárcenas le pasó a EL MUNDO las imágenes de los SMS de apoyo que le había mandado este en enero de 2013 al estallar el caso.

El propio Sr. Ramírez que confiaba ante aquella dimisión causar el derribo del Sr. Rajoy de la presidencia (probablemente el Sr. Bárcenas pensaba lo mismo), pero en España la dimisión de un político está más ligada con el apoyo que mantenga que con sus peligrosas amistades, y con un grupo parlamentario estable, de mayoría absoluta, era estúpido pensar que el Sr. Rajoy se planteara ni tan siquiera la posibilidad de la dimisión salvo que hubiera una rebelión interna de diputados, algo que en España no hay costumbre. El Sr. Ramírez, apuntó demasiado alto al pretender la dimisión de todo un presidente del Gobierno por un SMS.

Tampoco deja de ser reseñable el hecho de que el presidente de otro periódico, Sr. Casals, ‘príncipe de las tinieblas’ actúe de intermediario del presidente del Gobierno sin informar a sus lectores de tan curiosa actuación. Estaba claro que para Génova el Sr. Ramírez y el Sr. Casals no tenían exactamente la misma valoración.

J. F. Lamata

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