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La baronesa Thyssen ha sido firme opositora a la esposa elegida por su hijo de quien espera un hijo

Borja Thyssen se casa con Blanca Cuesta en una boda caracterizada por la ausencia de su madre, la baronesa Carmen Cervera

HECHOS

En octubre de 2007 se celebró la boda entre D. Borja Thyssen y Dña. Blanca Cuesta. En ausencia de Dña. Carmen Cervera baronesa Thyssen. 

UNA PERIODISTA EJERCIÓ DE ‘MADRINA’

En ausencia de su madre, contraria al matrimonio, ha sido la periodista Dña. Chelo García Cortés, amiga personal de D. Borja Thyssen, quien ejerció de madrina.

30 Septiembre 2007

La boda de Borja y Blanca será civil

Jesús Mariñas

Jaime Peñafiel y María Patiño se pelearon por entrevistar a la baronesa THyssen

Todo un dolor de madre. Si tremendas resultan las declaraciones de la baronesa Thyssen al poner de relieve sus dudas, incertidumbres y casi acusaciones nada veladas sobre la mesa, a la misma altura se desenvolvió el enfrentamiento – casi lucha verbal más que cuerpo a cuerpo – entre la incisiva María Patiño y el veteranísimo Jaime Peñafiel. Fue algo digno de ser filmado. Dejó estupefactos a los que los vieron reñir a brazo partido, micro en mano, por hacerse con una exclusiva de Carmen Cervera, que descuidada o maquiavélica, los había cotado a la misma hora y en el mismo sitio a los dos. Cunado Peñafiel entró con el equipo de ‘Está Pasando’ – en el que sus presentadores [Emilio Pineda y Lucía Riaño] siguen sin tener química ni afinidad: un mundo los separa – y se topó con una María Patiño y a la que espera, se descompuso y hasta le tembló el siempre enhiesto y aparatoso nudo de su corbata rayada.

  • -¿Qué haces aquí? – demandó sin disimular su enojo.
  • -Pues lo mismo que tú: venir en busca de la entrevista.

El gesto de la baronesa.

Tita la había llamado a primera hora de la mañana después de haberla dejado plantada con Cantizano en el ‘A Tres Bandas’, donde Dani Martín es la revelación humorística, que no cómica, de la temporada. Imita a la duquesa Cayetana como no lo hace ningún otro.

  • – Vas a tenerlo dificil: en lo del trabajo soy muy gitano, replicó el veterano Peñafiel peleando por su exclusiva. Molesto, amenazó con irse si continuaba allí Patiño. Pero no lo hizo y se la tragó doblada.

Tita, única responsable del encontronazo, intentó mediar y cedió a Peñafiel el honor de la primera embestida, mientras María se desesperaba viendo pasar el tiempo: temía que los compromisos de la hoy iracunda baronesa le impidieran continuar la entrevista. Sin embargo, no fue así. Aunque el periodista intentó alargar el diálogo del que, después lo veríamos el diálogo del que, después lo veríamos, no logró obtener nada muy sabroso (nimiedades, tonterías o intrascendencias), el resultado se quedó muy por debajo del que consiguió Patiño gracias a sus preguntas, lanzadas como dagas desgarradoras. Le sacó más de lo apetecido y ahora todos se interrogan por el gesto de Tita, de perplejidad o consentimiento, en el momento en que la Patiño le preguntó si tenía dudas acerca de la fidelidad de Blanca Cuesta, su ya impensable nuera. Con un serenidad pasmosa, como la actriz que nunca fue, midió la pausa y la intensidad de su mirada perdida y compuso una respuesta afirmativa sin decir palabra alguna. Luego remachó, echando mano del refrán, no se sabe si oportuno o todo lo contrario. Puso los pelos de punta y las presunciones se dispararon desatando lengua y presupuestos: «Los hijos de mis hijas, mis nietos son. Los de mis hijos, lo serán o no», sentenció la baronesa.

Un latigazo verbal disfrazado bajo la rebeca blanca, casi veinteañera en su inocencia, que lució en la fresca mañana. Tita reconoció que, en su última entrevista madre-hijo, «Borja me pidió que, por favor, dejase que Blanca estuviera delante, a lo que accedí. Pero no cruzamos palabra». Ella se refiere a Blanca  estuviera delante, a lo que accedí. Pero no cruzamos palabra». Ella se refiere a Blanca como ‘esa señora’ y mantiene su intención, acaso maquinación, de que la gran boda sea aplazada hasta junio, cuatro meses más tarde del parto, y así tener tiempo para realizar análisis reconocimientos y pruebas.

La boda está por ver, ya que después de la prohibición arzobispal – dicen que impulsaba por mamá – para casarse en una capilla privada, Borja está a la caza y captura de un ayuntamiento o un juzgado próximos al Esquilco. Será una boda civil con galas principescas, al aire de lo que el barón hizo en Suiza para casar a Francesca, que parecía un húsar de operetea. El traje de Manuel Mota es digno de Sissí y Paco Caro, relaciones públicas de la firma, ha explicado que, dada su ampulosidad le parece imposible ‘encerrarlo en una dependencia civil’. La cosa promete y la boda sigue en pie, aunque se tambalea.

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