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Hasta ese momento era el mayor atentado terrorista en suelo norteamericano. El responsable fue un particular, Timothy McVeight

Brutal atentado terrorista en Estados Unidos: una bomba en un edificio gubernamental de Oklahoma causa 169 muertos

HECHOS

Un atentado con bomba el 19 de abril de 1995 causó 169 muertos.

Los responsables de la matanza fueron Thimoty McVeigh y Terry Nichols, detenidos a los pocos días.

VENGANZA POR WACO

 McVeight, la persona que colocó los explosivos que causaron la masacre aseguró que quería vengar a los muertos en el asalto al Rancho de David Koresh en 1993, la secta de los davidianos, a los que el gobierno quiso desalojar por su acumulación de armas y acabó en masacre.

21 Abril 2005

'Libanizar' el planeta

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

LA VIDA cotidiana en las urbes norteamericanas ya es, de suyo, muy violenta. La criminalidad en aumento y la degradación del tejido social componen un cuadro de desarticulación de la convivencia ciudadana. Pero, hasta fecha reciente, un luctuoso fenómeno que atemoriza a una parte del mundo desarrollado no figuraba en su paisaje de preocupaciones inmediatas: el terrorismo.El espantoso crimen de Oklahoma, en el que el número de muertos por el atentado con explosivos contra un edificio del Gobierno puede acercarse a los dos centenares, y que ha ocurrido a los dos años de una acción similar contra las Torres Gemelas de Nueva York, indica que EE UU ha entrado de la forma más brutal en la larga lista de Estados azotados por el terrorismo. Washington había podido contemplar hasta ahora con una cierta distancia, por ejemplo, el crecimiento de los integrismos islámicos que siembra la muerte a su alrededor, porque afectaba sólo a los Estados europeos más vinculados a la crisis de Oriente Próximo. No había faltado, por ello, quien sostuviera que la diplomacia norteamericana, con su habilidad para redactar listas de países que presuntamente apoyan el terrorismo, y de engrosar o rebajar esa nómina, podía haber obtenido seguridades contra la exportación de esa actividad criminal a su país.

La destrucción, por otra parte, del eje de enfrentamiento planetario entre EE UU y la URSS se salda hoy con una terrible globalización de los problemas internacionales. De, un lado, asistimos a una democratización de los conflictos, en el sentido de que cualquier colectividad, grupo, religión o bandería, no ya sólo los Estados, trata de combatir sus supuestos agravios llamando la atención del mundo entero con la violencia más indiscriminada. Es la propaganda por el acto, como la llamaban los terroristas del populismo ruso a fines del siglo pasado. De otro, es el mundo entero el que parece haberse convertido en un eventual campo de batalla una vez que el enfrentamiento entre los dos grandes bloques ha dejado paso a una lluvia de conflictos regionales. Es la libanización terrorista del planeta.

Todo ello pone de relieve la necesidad de combatir el terrorismo mundial, mundialmente; es decir, respondiendo a la desarticulación del tejido internacional con un contramovimiento de integración de ese tejido, puesto que el problema no es ya estatal, sino que afecta a todo el mundo. Así, la respuesta ha de buscarse en el plano de la colaboración entre los Estados deseosos de preservar un campo de interacción pacífico y próspero para todos los pueblos de la Tierra.

30 Abril 1995

Las incógnitas de Oklahoma

Carlos Fresneda

Todo hacía presagiar un final relámpago y ejemplar: detención fulminante del sospechoso número uno, impresionante despliegue policial, caída inminente del cómplice número dos… Y sin embargo, diez días después del atentado terrorista más brutal de la historia de Estados Unidos (119 muertos y 75 desaparecidos), cada vez es más densa la bruma que envuelve el «bombardeo» de Oklahoma.

Las dudas llaman ya a la puerta del propio Timothy McVeigh, que fue detenido de pura carambola, por haber perdido en el camino la matrícula del coche. McVeigh está castigando a los jueces con un lacerante silencio de piedra, mientras los investigadores siguen acumulando «pruebas irrefutables» que no son tales.

En el FBI crece la sospecha de que McVeigh, veterano de la Guerra del Golfo, no sea quizás el hombre que buscan. Y si lo es, si se confirma definitivamente que alquiló la furgoneta que luego sería utilizada como caja de resonancia, persiste un último e inquietante interrogante final: ¿Actuó por cuenta propia o se trata de un simple emisario?

Pese a sus antecedentes militares y sus devaneos paramilitares, lo cierto es que su ficha policial estaba prácticamente limpia…

HERMANOS CHIFLADOS.- ¿Quién le apoya entonces desde la sombra? ¿Los hermanos Nichols, otros dos chiflados que han declarado por su cuenta y riesgo la guerra al Gobierno Federal? Más dilemas sin repuesta: ¿Por qué Oklahoma y no Washington o Nueva York? ¿O por qué no Dallas o Houston, si lo que se trataba es de vengar la tragedia de Waco, Texas? ¿Y por qué el 19 de abril, segundo aniversario de la castástrofe de los davidianos, y no cualquier otra fecha?

La versión oficial, hasta el momento, no es más que una simple especulación. Se golpeó Oklahoma porque era mucho más fácil y porque representa de alguna manera el corazón de América. Se eligió la sede del Gobierno Federal porque allí está el Departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, enemigo no declarado de la milicia de ultraderecha.

Por cierto, ¿hasta qué punto están involucrados los «mercenarios» de Michigan, de Montana, de Arizona o de Texas? ¿Son fiables los rumores, las amenazas, los «llamamientos a la acción» que circularon días antes por los círculos de la ultraderecha?

Y finalmente: ¿Puede haber un complot político detrás de todo esto? ¿Qué sabe o qué no sabe el congresista republicano Steve Stockman, que recibió un fax premonitorio horas antes del atentado? ¿Qué conexiones existen entre la facción cavernícola del Partido Republicano y todos estos grupúsculos que llaman a las armas a los ciudadanos para defenderse del acoso intolerable del Gobierno?

Las falsas alarmas y las maniobras de despiste también han sido sospechosamente habituales desde el primer día, comenzando por la pista del integrismo islámico.

Pero la carnaza diaria para la prensa tiene desde el segundo día un nombre impropio: «John Doe number 2» («Juan Nadie número dos»). O sea, el sospechoso número dos, el del tatuaje en el brazo izquierdo y gorra de béisbol vuelta del revés, cuyo retrato-robot invade permanentemente los hogares norteamericanos.

«JUAN NADIE».- Primero se pensó que «John Doe number 2» pudiera ser Terry Nichols, ex compañero de filas de McVeigh. Luego se dijo que no, que tanto Terry como su hermano James fueron detenidos como potenciales testigos y por posesión de explosivos, pero sin estar vinculados directamente con el atentado.

Luego se le identificó con un tal David Iñiguez, detenido en California, liberado poco después sin cargo alguno. Se dijo también, esta misma semana, que el FBI había identificado ya al segundo sospechoso y que se trataba de un ex soldado de paso por Fort Riley, Texas, donde se detectó recientemente una «fuga» de TNT y material plástico, probablemente usado para fabricar la bomba.

Más carnaza… «John Doe number 2» puede tener en sus manos una segunda bomba y atacar en el momento menos pensado. El FBI sigue la pista de al menos diez sospechosos relacionados con el atentado. Las investigaciones se centran ahora en Pendleton, Nueva York, donde creció Timothy McVeigh, y en Kingman, Arizona, donde al parecer vivió durante los dos últimos años.

Si no es por el «paseíllo» que hizo ante las cámaras de televisión, el rostro de hielo y el mono color butano, los americanos dudarían ahora mismo de la existencia real del tal McVeigh. Pasan los días y crecen las suspicacias contra el FBI y contra el propio Gobierno.

Entre tanto, la indignación popular va a más y Clinton necesita urgentemente un golpe efecto. ¿Cuánto habrá que esperar?

23 Abril 1995

Nazis en casa

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

PENSABAN QUE era fuera, en un mundo complejo y peligroso, donde acechaban todos los enemigos. Y estaban, por ello, inmersos en un gran giro político y cultural hacia la introspección y el aislacionismo. Cerrar las fronteras al inmigrante, desvincularse de conflictos lejanos, desentenderse de la ayuda al Tercer Mundo, olvidar los sistemas de seguridad globales y crear uno propio contra posibles ataques nucleares a su territorio. Todos estos objetivos, contemplados en el Contrato con América que ha llevado a los republicanos a dominar el Parlamento en Washington, residen en el mito centenario de la bondad intrínseca del llamado sueño americano. Ha sido el mito religioso de la seguridad y generosidad de una tierra, América, que han venerado durante generaciones los inmigrantes blancos de procedencia europea que integran hoy la clase media norteamericana.Sin saber esto es difícil entender, desde una Europa acostumbrada a siglos de guerras, conflictos étnicos y terrorismo, la terrible conmoción social que ha provocado en EE UU el atentado con un coche bomba contra un edificio oficial en la ciudad de Oklahoma, cuyo balance final de muertos superará previsiblemente el centenar. El atentado no se ha producido en una avanzadilla de norteamericanos en el peligroso mundo exterior, como sucedió con el ataque a su Embajada en Líbano en 1983. Ha sido en pleno corazón de la América bendecida, entrañable y segura. Por ello era previsible que desde un principio la población se volcara a buscar enemigos externos en supuestos terroristas islámicos o narcotraficantes latinoamericanos. Y por ello ha sido tal el estupor cuando el viernes el FBI informaba que había sido detenido el primer sospechoso,. y que, tanto éste como otros aún buscados, son como los prototipos del norteamericano ideal de las clases medias: blanco, origen europeo anglosajón, norteamericano desde hace generaciones, patriota y creyente.

Los primeros indicios sugieren que lo son todo en exceso. Tan blancos que formaban parte de un grupo de defensa de la supremacía blanca o, sin eufemismos, racista. Tan patriotas que consideran al Gobierno, sea cual sea, traidor a los ideales norteamericanos y agente de una conspiración sionista para degenerar América por vías de la multiculturalidad y la igualdad entre razas y religiones.

Forman parte de uno de los centenares de grupos paramilitares que han surgido en EE UU en los últimos años -según expertos del FBI, pueden contar actualmente hasta con 50.000 miembros en total-Son grupos fuertemente armados, que realizan regularmente ejercicios paramilitares. Nutridos por jóvenes blancos, son células de adoctrinamiento jerarquizadas que promulgan el odio a otras razas, hostilidad a todo lo considerado foráneo e intelectual y la resistencia contra una Administración traidora que intenta imponer reglas antiamericanas, como impuestos con fines redistributivos o el control de las armas de fuego. Son nazis. Y han proliferado gracias al mensaje antiliberal y combativo de todo un ejército de predicadores del fanatismo religioso ultraconservador, omnipresentes en televisiones, radios y circuitos informáticos. Llaman a la guerra santa contra el aborto, los intelectuales, los judíos y los impuestos. Unos jóvenes fanáticos con exceso de celo se han tomado el ,mensaje antigubernamental mortalmente en serio.

Los norteamericanos están bajo la profunda conmoción de saber que tienen al enemigo en casa. Hasta ahora, todos los intentos por reprimir la proliferación de armas de fuego, el culto a la violencia y la propaganda nazi han fracasado por la resistencia de grupos de presión o la convicción popular de que atacan las libertades. Ahora saben que también en los sótanos de la bendecida América anidan las serpientes del nazismo. Esperemos que acaben viendo que las alimentan esos mensajes de intolerancia, desprecio y odio que lanzan algunos salvapatrias con mucho predicamento también entre quienes hoy están espantados ante este crimen.

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