29 noviembre 1906

López Domíguez dimitió tras conocer que Moret, como líder liberal, había informado al Rey de que no respaldaba sus políticas del general de su mismo partido

Caída del Gobierno de López Domínguez, el Rey Alfonso XIII vuelve a confiar la presidencia del Gobierno a Segismundo Moret

Hechos

El 29.11.1906 D. Segismundo Moret fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros de España en sustitución del General D. José López Domínguez.

Lecturas

El 30 de noviembre de 1906 el Rey de España, D. Alfonso XIII nombra al líder del Partido Liberal, D. Segismundo Moret Prendergast, nuevo presidente del consejo de ministros en sustitución de D. José López Domínguez, en el poder desde el pasado 6 de julio. Su gobierno ha durado apenas cuatro meses.

  • Presidente del Consejo de Ministros – D. Segismundo Moret Prendergast
  • Ministro de Estado – D. Juan Pérez Caballero y Ferrer
  • Ministro de Gracia y Justicia – D. Antonio Barroso y Castillo
  • Ministro de la Guerra – D. Agustín de Luque y Coca
  • Ministro de Hacienda – D. Eleuterio Delgado y Martín
  • Ministro de Marina- D. Santiago Alba Bonifaz
  • Ministro de la Gobernación – D. Benigno Quiroga y López Ballesteros
  • Ministro de Fomento – D. Rafael Gasset Chinchilla

Su gobierno no durará ni una semana, presentará su dimisión el 4 de diciembre de 1906.

LAS CARAS DEL EFÍMERO GOBIERNO MORET:

RodriguezBorbolla D. Pedro Rodríguez de la Borbolla – Ministro de Instrucción Pública

EleuterioDelgado D. Eleuterio Delgado – Ministro de Hacienda

AntonioBarroso D. Antonio Barroso – Ministro de Gobernación

Romanones_viejo Conde de Romanones – Ministro de Gracia y Justicia

AgustinLuque General Luque – Ministro de la Guerra

santiago_alba Santiago Alba – Ministro de Marina

RafaelGasset Gasset – Ministro de Fomento

PerezCaballeroSr. Pérez Caballero – Ministro de Estado

Moret presidente

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena Álvarez Ossorio)

29-11-1906

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Crisis

La noticia de haber surgido la crisis ministerial produjo sorpresa general en Madrid, como la habrá producido en España entera.

Nada indicaba que pudiera surgir de modo tan repentino. Las primeras noticias llegaron al Congreso alrededor de las dos, cuando las tribunas se llenaban de espectadores y ls diputados acudían a la sesión.

Pronto las noticias tuvieron confirmación oficial. La sesión se abrió y se dio lectura a la comunicación de la presidencia del Consejo anunciando que el Gobierno se hallaba en crisis.

Hubo sorpresa para los propios ministros. ¡No había de haberla para el público!

La Carta de Moret

Era un escrito en el cual el ex presidente del Consejo manifestaba respetuosamente a S. M. su juicio sobre el estado de la situación. Creía cumplir un deber de lealtad explicando a la Corona su actitud en las Cortes y con respecto al Gobierno.

El Sr. Moret estima en ese escrito que el Sr. Montero Ríos y él son los jefes de la mayoría. Manifiesta que está de acuerdo con el Sr. Montero Ríos en dar ese paso y que coinciden, además, en apreciar que el proyecto de ley de asociaciones presentado por el Gobierno no responde a las necesidades del país ni a las tradiciones del Partido Liberal, por todo lo cual estiman prudente ambos que la Corona consulte a los prohombres de ese partido para cerciorarse de la evidente división que en él existe.

Ante este documento, el general López Domínguez manifestó al Rey que desde luego contase con la dimisión del Gobierno para poder ejercitar libremente la regla prerrogativa.

Moret, presidente

EL IMPARCIAL (Director: Luis López Ballesteros)

29-11-1906

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Grande fue la sorpresa de casi todos los ministros cuando ayer tarde se enteraron de que el presidente del Consejo había entregado en manos de S. M. el rey la dimisión del gobierno; pero no fue tan grande la de la opinión pública, porque los antecedentes de la situación, las contrarias opiniones que sobre los puntos más esenciales de la gobernación pública habían manifestado algunos ministros la disparidad esencialísima de los Sres. Moret y Montero Ríos con conceptos afirmados como programa intangible por el gabinete la sesión que el lunes último celebró el Congreso, todo ello constituye un conjunto de datos por los que fácilmente podía colegirse lo que ha ocurrido. ‘Un gobierno que vive de prestado – decía anche un significado monterista – tiene limitada su existencia en la fecha en que se le reclama el préstamo’.

Y añadía otro diputado liberal: ‘Para que este gobierno siguiese viviendo, hubiera sido necesario que los Sres. Montero Ríos y Moret hiciesen el sacrificio de sus personalidades, de sus opiniones, de su historia, e impusieran ese mismo sacrificio a sus amigos políticos, a los senadores y diputados que les siguen y que son los que constituyen la mayoría’.

Entre los elementos genuinamente ministeriales, y especialmente entre los amigos del señor Canalejas, la indignación era vivísima y se expresaba en términos no exentos de violencia.

Tal es el cuadro que anoche presentaban los círculos políticos.

Según la costumbre que en casos tales hemos seguido habremos de limitarnos hoy a la Información de los acontecimientos. Cuando estos hayan alcanzado la totalidad de su desarrollo, expondremos nuestro dictamen.

Buena gente

EL LIBERAL (Director: Alfredo Vicenti)

29-11-1906

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No hay más Gobierno que el Papa y Moret es su Mahoma

Los que sabían de cierto lo que aquí iba a pasar, eran los monseñores de Roma, puestos en íntima comunicación, no con los mauristas ni con los tradicionalistas, sino con ciertos prohombres liberales. Rectifiquemos este plural en aras de la verdad y de la justicia. No con varios, con uno. El Sr. Moret, visto que en el Congreso se le había malogrado la combinación, apeló como demócrata que dice ser, a Palacio.

Al rey se fue con el pleito, manifestándole que la mayoría liberal, a despecho de las últimas apariencias estaba dividida. Y el general López Domínguez que, aunque viejo, no pertenece a la casta de gentes que acaudillan a los liberales españoles, apenas enterado por el rey de la carta de D. Segismundo, presentó la dimisión en el acto.

De modo que el Sr. Moret se ha salido con la suya. Y pase al adagio clásico relativo a ese género de acciones, el monarca, considerándole necesario, le ha sucargado de formar ministerio.

La conducta del gran orador en sus relaciones con la democracia es enteramente igual a las de los galanes machuchos que, después de haber comprometido, deshonrado y abandonó a una pobre mujer, no bien se enteran de que va a contraer matrimonio con un hombre honrado le delatan, le denigran, la entregan a la maledicencia pública, y no se sientes tranquilos hasta que consiguen desbaratar la boda. Bravos sujetos.

¿Y cómo va a gobernar el Sr. Moret son una mayoría que está profundamente dividida, según él mismo afirma en la carta mandada a D. Alfonso? ¿Cómo va a gobernar con esa mayoría, a la cual, por creerla un instrumento roto e inutilizado, quiso licenciar en el mes de Julio? Ni lo entendemos, ni tenemos el menor interés en averiguarlo.

Pocas horas han pasado desde que se planteó la crisis, y ya circulan por ahí toda clase de versiones.

El Gabinete moretista acudirá de seguida al Parlamento y mantendrá el proyecto de ley que regula el derecho de asociación, siquier dividiéndolo e introduciendo en él algunas modificaciones accidentales…

De hombros se encogerán las personas cuerdas al escuchar semejantes fólies.

‘Este ministerio de ropa vieja no trae más que dos objetivos: el de destruir la ley de Asociaciones y el de facilitar con la aprobación a bulto de los presupuestos, el acceso de Maura. Lindo oficio el de enterradores, y más lindo todavía el de proxenetas.

De la asistencia a las Cortes dudamos mucho.

El famoso parlamentario, si tal vez les abre, se apresurará a cerrarlas al escuchar los primeros silbidos. Capaz es, en sus desvaríos fantásticos, de imaginar que encontrará en ellas la ansiada jefatura del partido liberal; pero ya verá lo que encuentra, salvo que de su dolencia moral e intelectual se hayan contagiado los que últimamente dieron tantas pruebas de energía, de resolución y de cordura.

No faltarán en el par de meses que a la nueva situación puedan calcularse de vida, grandes promesas y sonoras palabras. Saldrá nuevamente a relucir el Excelsior, de Longfellow, y otra vez oiremos la vieja canción de la reforma del Senado y de la libertad de cultos. Para el país será lo mismo que al oyera llover.

Los que han ahogado en la cuna el primer conato serio de antimonaquismo, están para siempre juzgados.

Amigos nosotros de la verdad, no les imputamos, ni aun después de ver lo que han hecho, la totalidad de la culpa. De no haber hallado fuera del Congreso voluntades propicias y hasta deseos mal sucubiertos, claro está que hubiera fracasado la intriga contra el proyecto de ley de Asociaciones. A esto se tiraba el Sr. Moret, que lo sabía, ha cogido la ocasión por el cabello.

La opinión de los crédulos, que allí meutaba sospechas y temores de aquí en adelante tendrá una completa e indestructible cerditumbre.

Hemos dicho lo que de momento necesitábamos decir a los subrepticios vencedores. Faltanos tan sólo dedicar un respetuoso saludo a los vencidos.

Por un portillo entraron éstos en el poder, salen hoy, con todos los honores de la guerra por la puerta grande.

Medianías eran, y aún más lo parecían en los comienzos; con su labor constante y con su sinceridad efectiva, han conseguido que el país, al contemplar su retirada, se conmueva y se descubre. A pulso se granjearon la relativa confianza que n acompañ´jamás a sus empingorotados y fatuos antecesores. Esta cabalmente es una de las causas por que los celosos émutos les han echado, sin miramiento ni pudor, la zancadilla.

Hicieron cuanto pudieron en vez de imitar a los caducos super hombres que o no hicieron nada o redactaron circulares y modii vivendi como los de 1902, de acuerdo y bajo el dictado del Nuncio.

En el fondo de la charca proseguimos atollados; Pero a Dios gracias, ha brotado en las conciencias una luz y se ha arraigado un progreso moral que antes no había.

La lealtad y la honradez merecen hoy consideraciones y afectos que en otro tiempo más que de eso se pagaban de fútiles pompas y exteriores. La acción, por mínima que sea, y la manifiesta voluntad de obrar, ejercen en el ánimo del pueblo Influencia mucho mayor que la dorada o insubtancial charlatanería.

Por lo que toca a lo principal, que es la ley de Asociaciones, herida ayer a traición, no con puñales buidos, sino con cuchillos cachienernos, repetiremos hoy lo que dijimos cuando en las Cortes se leyó el dictamen.

A eso toro, que ya está en la plaza, no habrá fuerza humana que lo restituya al chiquero.

Lo que sí puede suceder – añadimos ahora para uso de vaticanistas de todas jerarquías y especies – es que, saltando la barrera, se eche a la calle.

¿Es la solución?

LA ÉPOCA (Director: Alfredo Escobar, marqués de Valdeiglesias)

29-11-1906

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No es un secreto para nadie nuestra simpatía hacia el Sr. Moret. Más de una vez hemos dado público testimonio de nuestra admiración por sus talentos, de nuestra fe en su patriotismo, de nuestra estimación sincera para su espíritu de ponderación y de concordia. Tampoco nos parece necesario esforzarnos en decir cuan firmemente creíamos ayer que debían seguir los liberales en el Poder, aunque no fuese más que para que no cayeran tan divididios y tan destrozados como la crisis los presentaba. Pensando objetiva y desinteresadamente, ese era nuestro leal pensamiento tanto respecto a la persona del Sr. Moret, cuanto en lo que atañe al suceso del día.

Pero – paladinamente lo declaramos – nunca creímos que la crisis se resolviera como se ha resuelto, por parecernos el Sr. Moret el menos indicado, el más contraindicado, como dicen los médicos, para esa continuación que deseábamos del partido liberal. ¿por qué? Vamos a decirlo.

La conducta del Sr. Moret elevando al Rey la expresión auténtica del estado de su ánimo no nos pareció, cuando lo conocimos, por ningún concepto incorrecta; pues aun esa misma omisión del previo aviso al presidente del Consejo de ministros nos parece que se compensa con la provocación que significa el hecho de que se anunciara el Sr. Canalejas, después de todo lo ocurrido, y sin la provia cortés indicación, que hoy se consagraría íntegro el orden del día al proyecto de ley de Asociaciones.

Misión elemental de los Reyes constitucionales es intervenir en las diferentes y discordias de sus servidores, ya para suavizar las asperezas y moderar las luchas entre partido y partido ya para procurar dentro de cada uno la cohesión y la armonía de sus principales figuras. Ello ha de ser, sin embargo, a condición de que esa intervención no sea a favor del os unos y en contra de los otros, y mucho menos en beneficio de uno, con daño para todos los demás. Esto ha sostenido en debates históricos el Sr. Moret, y esto sostuvimos nosotros, frente a él, cuando la reciente aventura del decreto de disolución.

Por estas consideraciones no nos parecía mal que el Sr. Moret se dirigiese al Rey para decirle lealmente su disconformidad con el Gabinete y con el presidente del Congreso, tanto más, cuanto que esa era la forma en que menos daño podía causar a la unidad de su partido. El Sr. Moret indicó el lunes harto claramente su actitud. EL Gobierno no quiso darse por enterado, y a ese menosprecio se añadió el martes la burla del anuncio del orden del día para hoy. Además de ese advertimieno público el Sr. Moret había el domingo, privadamente, comunicado al general López Domínguez su modo de pensar. ¿Qué camino le quedaba al Sr. Moret, como no quisiera dar un escándalo en sesión pública, sino ese de acudir al Poder moderador?

¡Ah! Pero, eso sí, eso se podía hacer para todo, menos para recibir el Poder. El encargo de formar Gabinete era la única contestación que el Sr. Moret no podía recibir para su carta, que será memorable, y el haberlo recibido, en efecto, justifica cuantas censuras se descarguen sobre su conducta. ¡Se concibe nada más dañoso para la cohesión, y aún para la moralidad interior del partido liberal, que la sospecha de que todo ha sido una intriga? ¿Se concibe daño mayor para el régimen todo que la posibilidad de que esas sospechas de conjuraciones y de intrigas, sea cual sea su objeto se formulen y propaguen?

Esto, sin contar con que ese es un Gobierno que viene condenado, o a la impotencia para gobernar parlamentariamente o a humillar a la mayoría que ha de apoyarlo y que no podrá apoyarlo sino acreditando una insusceptibilidad, una anchura de mangas y de conciencia, y de tragaderas, que no puede ser título de gloria para colectividad política alguna, ni credencial siquiera del mero derecho a la vida en el seno de una opinión donde queden del sentimiento ético breves resplandores.

Y no vale decir que todo se hace por las ideas. Las ideas necesitan, para su prestigio y para su fuerza del prestigio de las personas. No son sinónimos la sumisión del interés personal al triunfo de las ideas y el sacrificio de los respetos personales a un efímero, cuando no mentido, respeto a las ideas mismas. Pero es que además, por lo que a las ideas concierne ¿es que resuelve nada esta solución de la crisis? Pronto nos lo ha de decir el programa que el Sr. Moret  formule, si es que cabe hablar del programa cuando aún está en tela de juicio la posibilidad de vivir para quien lo habría de formular.

He ahí nuestro sincero pesar, dicho con la lealtad que al público le debemos; lealtad que se acredita por el sacrificio de que el decirlo nos cuesta, puesto que no podemos negar que entre nuestro pensamiento y el del Sr. Moret sobre los problemas pendientes no median los abismos que estaban separándonos del Gabinete anterior. Al fin y al cabo hace muy pocos días que el Sr. Moret ha reiterado dos pensamientos suyos de toda su vida: el entiende ahora, como entendía y practicaba en 1902, que no se puede tocar a cuestiones que afectan a la Religión y a sus órdenes sino de acuerdo con Roma, y él entiende que el proyecto de Asociaciones no responde a los compromisos ni a los ideales históricos del partido liberal.

¿Cómo no sentirmos más cerca de este pensamiento del Sr. Moret que de los galicanismos del Sr. Canalejas, que había logrado contaminar a los ministros caídos? Por esto mismo lamentamos más, por el pensamiento y por el hombre, que en esta forma llegue al Gobierno del país.

El Análisis

La montaña rusa del Gobierno: ¡Moret vuelve a la carga!

JF Lamata

El 30 de noviembre de 1906, el Rey Alfonso XIII decide que el trono musical de la Moncloa vuelva a girar, y D. Segismundo Moret Prendergast se encuentra nuevamente como presidente del consejo de ministros, sustituyendo a D. José López Domínguez. Apenas cuatro meses después de su ascenso, López Domínguez es eyectado del cargo, dejando claro que en la Restauración, los gobiernos no duran ni lo que un suspiro. Como ABC comenta, la crisis ministerial ha sorprendido tanto a ministros como al público, dejando una sensación de improvisación y desorientación en el panorama político.

La Época, siempre franca, manifiesta su simpatía por Moret, pero critica su regreso como una mala decisión, considerando que su intervención directa con el Rey solo acentúa la división dentro del Partido Liberal. Con un toque más dramático, El Liberal del Trust ridiculiza la situación, comparando a Moret con un galán que, tras arruinar una relación, vuelve para sabotearla definitivamente. La crítica va más allá, acusando al nuevo gobierno de estar condenado desde el inicio, destinado a una impotencia parlamentaria o a una humillación para la mayoría liberal.

El Imparcial, también del Trust, por su parte, subraya la inevitabilidad de la crisis debido a las profundas discrepancias internas. Refleja la indignación entre los seguidores de Canalejas y la sensación de que Moret y Montero Ríos, al no sacrificar sus personalidades y opiniones, han limitado la vida del gobierno anterior. Así, el país se prepara para presenciar otro episodio de esta saga interminable de gobiernos efímeros, donde cada cambio promete estabilidad y termina ofreciendo más de lo mismo: caos y confusión.

J. F. Lamata