7 diciembre 1922

Vuelve Romanones al tiempo que Niceto Alcalá Zamora será ministro de la Guerra

Caída del Gobierno Sánchez Guerra, el Rey Alfonso XIII nombra de nuevo Presidente a García Prieto, marqués de Alhucemas

Hechos

El 7.12.1922 fue constituido un nuevo Consejo de Ministros presidido por D. Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas.

Lecturas

El 7 de diciembre de 1922 el Rey D. Alfonso XIII nombra a D. Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas, nuevo presidente del consejo de ministros ante la dimisión de D. José Sánchez Guerra, presidente desde marzo de 1921, que tras una tensa sesión parlamentaria exclamó “¡Ya no hay gobierno!

Retornar el poder al líder Liberal Demócrata es un intento de tratar de sostener una situación política al que el caos, lo desordenes y la crisis parecen haber dejado en una situación insostenible.

  • Presidente – D. Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas.
  • Gobernación – Duque de Almodovar.
  • Estado – D. Santiago Alba.
  • Guerra – D. Niceto Alcalá Zamora.
  • Gracia y Justicia – D. Alvaro de Figueroa Torres, Conde de Romanones.
  • Hacienda – D. José Manuel Pedregal.
  • Marina – Sr. Silvela.
  • Fomento– Sr. Gasset.
  • Trabajo – D. Joaquín Chapaprieta.
  • Instrucción Pública y Bellas Artes – Sr. Salvatierra.

Este 7 de diciembre de 1922 D. Alfonso XIII ha encargado la formación de nuevo gobierno al Sr. García-Prieto, marqués de Alhucemas. El nuevo gabinete reúne a representantes de todas las familias liberales, en un gobierno de concentración liberal.

De momento Las Cortes permanecen cerradas, pero como constitucionalista pueden prolongar su existencia hasta el momento de ser disueltas, el Sr. García-Prieto puede tomarse todo el tiempo que quiera. Lo importante es que los deseos de reforma que posee el gobierno de concentración liberal puedan resistir las presiones que a buen seguro recibirá. Tiene a su favor la actual coyuntura económica que se recupera de la crisis de 1920-1921, pero nada es seguro en política.

El gobierno durará hasta el golpe de Estado del 15 de septiembre de 1923.

MINISTROS DEL NUEVO GOBIERNO GARCÍA PRIETO

DuqueAlmodovar Duque de Almodovar – Ministro de Gobernación

SantiagoAlba D. Santiago Alba – Ministro de Estado

AlcalaZamora001 D. Niceto Alcalá Zamora – Ministro de la Guerra

Romanones002 Conde de Romanones – Ministro de Gracia y Justicia

chapaprieta Sr. Chapaprieta – Ministro de Trabajo

Salvatella Sr. Salvatella – Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes

Sr. Pedregal – Ministro de Hacienda

Sr. Silvela – Ministro de Marina

Sr. Gasset – Ministro de FOmento

06 Diciembre 1922

Editorial

HERALDO DE MADRID (Director: José Rocamora)

Leer

La crisis fulminante provocada ayer en el Parlamento produjo un estado de embrollo y confusión política como pocas veces se ha visto en la vida pública española.

¿Estuvo justificada la actitud del Sr. Sánchez Guerra, anunciando, ante la agitación de la Cámara, que no había Gobierno y que marchaba a Palacio a plantear la crisis total? Este es el punto que debe esclarecerse para saber hasta donde alcanza la responsabilidad del presidente del Consejo dimisionario. Porque no era lícito en las actuales circunstancias rehuir el cumplimiento de penosos deberes de Gobierno con el pretexto de los incidentes desagradables de un debate.

Nadie se explicó bien el empeño del Sr. Sánchez Guerra en anteponer a todo el voto de confianza del conde de Bugallal. Alguien insinúa que el Sr. Sánchez Guerra abrigaba el propósito de que tal votación tuviera trascendencia política bastante para producir la caída del Gobierno y el cierre de la Cortes, creando así un obstáculo a la obra fiscalizadora del Parlamento.

No son los tiempos difíciles porque atraviesa la política española favorables a habilidades de ese género. El Sr. Sánchez Guerra y el Partido Conservador no debían eludir que el pleito de las responsabilidades que constituye hoy la única preocupación del país, se ventilara en Parlamento, arrastrando con firmeza sus convicciones y sus actos.

La huída del Sr. Sánchez Guerra es como habilidad política digna de las censuras más enérgicas, y si el presidente dimisionario no justifica su conducta, habrá derecho a pensar que todavía en circunstancias tan críticas y decisivas siguen predominando artificios políticos contrarios a los públicos anhelos.

Un escándalo parlamentario no es motivo suficiente para que un Gobierno dimita, cuando va unida su existencia a la actuación de las Cortes actuales en el trascendental de las Cortes actuales en el trascendental asunto de que se depuren las culpas del Gobierno de 1921. Y no se diga que el Sr. Sánchez Guerra ofrece, en cambio, los votos de la mayoría como ofreciera Sagasta a Canovas los de sus amigos en 1896. Aquí no se trata ahora de legalizar un presupuesto, sino de acusar concretamente a un Ministerio salido de las filas conservadoras.

Por eso no hizo bien el Sr. Sánchez Guerra en aprovecharse del escándalo parlamentario producido para dimitir. Esos espectáculos son frecuentes en todas las Asambleas políticas como frutos de la pasión y de la violencia: pero ellos suelen resolverse por la intervención de quienes dirigen las sesiones, no por el gesto heroico de los que presiden los Gobiernos.

La solución más lógica hubiera sido la de un Gobierno que, contando con la mayoría del Parlamento, resolviese el pleito de las responsabilidades en todo su alcance y trascendencia.

Pero ya que ello no es posible debe reconocerse la digna actitud de los liberales, dispuestos a recoger el Poder que los conservadores abandonan en momentos tan críticos. El marqués de Alhucemas y los demás jefes de la izquierda, no sólo recogerían la herencia del Sr. Sánchez Guerra, sino que acudirían en seguida a las Cortes, con el fin de que nadie piense que la crisis constituye el escamoteo del debate de las culpas del desastre, con la vista puesta en los deseos del país, el interés del régimen y el prestigio de las instituciones representativas.

El Análisis

El último gobierno de la Restauración: Un sistema en decadencia

JF Lamata

El nombramiento, de nuevo, de Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas, el 7 de diciembre de 1922 como presidente del Consejo de Ministros, tras la dimisión de José Sánchez Guerra, simboliza el último esfuerzo por mantener a flote un sistema político que se desmorona. La decisión de Sánchez Guerra de abandonar su puesto, declarando en una tensa sesión parlamentaria que “¡Ya no hay gobierno!”, dejó en evidencia la profunda crisis que atraviesa España. Según El Heraldo de Madrid, esta huida constituye una muestra más de la habilidad política digna de censura, en un contexto donde se necesita firmeza y convicción. La formación del gobierno de concentración liberal, liderado por García Prieto, es un intento desesperado por sostener una situación política insostenible, marcada por el caos, el desorden y una crisis que amenaza con derrumbar todo el sistema de la Restauración. Sin embargo, este último gobierno, que durará hasta el golpe de Estado de septiembre de 1923, refleja la agonía de un régimen incapaz de adaptarse y de responder a las necesidades de un país en convulsión.

J. F. Lamata