19 diciembre 1969
Un veterano corresponsal internacional dirigirá el periódico más leído del país
Cambio mediático en Francia: Jacques Fauvet será el nuevo director del diario LE MONDE reemplazando a Hubert Beuve-Méry

Hechos
El 19 de diciembre de 1969 Hubert Beuve-Méry dejó la dirección del diario LE MONDE.
Lecturas

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Veinticinco años después de haber fundado Le Monde, Hubert Beuve-Méry entrega la dirección del periódico a Jacques Fauvet. No se marcha derrotado por una crisis interna ni apartado por los accionistas: a sus 67 años había decidido jubilarse y llevaba mucho tiempo preparando una sucesión que evitase precisamente que el periódico quedara desorientado después de su fundador. Desde 1958 había ido concediendo responsabilidades crecientes a Fauvet, periodista de la casa desde 1945, antiguo responsable de política y posteriormente redactor jefe. En marzo de 1968 ya había sido nombrado cogerente, de manera que el relevo de diciembre de 1969 constituye la culminación de un proceso previsto, no una revolución palaciega. Su elección como nuevo director resultó tan natural que la sociedad editora lo designó sin candidato rival y sin necesidad siquiera de una votación formal.
Beuve-Méry había preparado además algo más importante que el nombre de su sucesor: quién sería propietario del periódico después de él. La reforma societaria aprobada en marzo de 1968 elevó el capital de 14.000 a 200.000 francos y entregó 400 de las 1.000 participaciones a la Société des rédacteurs, otras 50 a los cuadros y 40 a los empleados. El personal pasó así a controlar el 49 % del capital y los periodistas conservaron por sí solos una minoría de bloqueo suficiente para impedir cambios fundamentales sin su consentimiento. El mecanismo pretendía garantizar que Le Monde no pudiera acabar en manos de un industrial, banco o grupo político cuando desapareciera la autoridad personal de su fundador.
El nuevo organigrama reparte además las funciones que Beuve-Méry había concentrado. Jacques Fauvet pasa a ser director y cogerente; Jacques Sauvageot, responsable administrativo y cogerente; André Fontaine, redactor jefe, acompañado por Bernard Lauzanne, Pierre Drouin y Pierre Viansson-Ponté como adjuntos. Fauvet, de 55 años, representa continuidad antes que ruptura. Había sido formado para suceder al fundador y anuncia que mantendrá los principios esenciales de Le Monde: independencia respecto al Gobierno, los partidos y los grandes intereses económicos, atención preferente a política e información internacional y una posición editorial que no se identifica formalmente con ninguna organización política.
Eso no significa que vaya a dirigir exactamente el mismo periódico. Beuve-Méry era ante todo un moralista; Fauvet es fundamentalmente un periodista político. El primero concebía sus editoriales firmados como Sirius casi como juicios de conciencia frente al poder; el segundo conoce minuciosamente partidos, elecciones y equilibrios parlamentarios y está políticamente más próximo a una izquierda democrática no comunista. Había apoyado a Pierre Mendès France y posteriormente contemplaría favorablemente las candidaturas presidenciales de François Mitterrand, aunque manteniendo distancia crítica. Bajo Fauvet, Le Monde irá abriéndose además progresivamente a transformaciones sociales y culturales que el austero periódico de Beuve-Méry había tratado con menor amplitud.
El fundador, por su parte, no desaparece de Le Monde. Conserva sus participaciones en la SARL editora y continúa disponiendo de un despacho en la quinta planta de la rue des Italiens, aunque deja la responsabilidad de dirigir el diario. Es una retirada deliberadamente distinta de la que tantas veces sufren los fundadores: Beuve-Méry pretende que Le Monde demuestre que ya no necesita a Beuve-Méry. El periódico que en 1944 había recibido prácticamente de las manos del Gobierno provisional es ahora una empresa cuyo personal participa en la propiedad, cuya circulación se ha multiplicado y cuya sucesión está organizada internamente. Desde 1958, su cifra de negocios se ha triplicado y su tirada se ha duplicado. La última obra de Beuve-Méry como director ha consistido, en cierto modo, en intentar conseguir que su periódico pueda sobrevivirle.
El Análisis
El balance de Hubert Beuve-Méry contiene una paradoja formidable: De Gaulle contribuyó decisivamente a darle en 1944 el periódico que debía convertirse en la gran cabecera de referencia de la Francia liberada, y Beuve-Méry dedicó buena parte de los veinticinco años siguientes a demostrar que aquel favor no compraba obediencia. Le Monde apoyó a Pierre Mendès France y su política descolonizadora, denunció la tortura durante la guerra de Argelia y mantuvo una relación crecientemente áspera con el gaullismo; aunque Beuve-Méry aceptó en 1958 el regreso de De Gaulle como «mal menor» y pidió el sí a la Constitución de la V República, en 1965 se opuso a su reelección, durante Mayo del 68 cuestionó el ejercicio cada vez más personal del poder y en 1969 pidió el no en el referéndum cuya derrota provocó la dimisión del general. De Gaulle terminó llamando despectivamente al periódico L’Immonde, mientras su Gobierno llegó a someter a Beuve-Méry a escuchas. Pero reducir sus veinticinco años al ant gaullismo sería injusto: su verdadera aportación fue construir un periódico que pretendía desconfiar de todos los poderes, también de aquellos con los que coincidía, y proteger esa independencia mediante una estructura en la que los propios periodistas acabaron convertidos en accionistas. Se marcha prácticamente al mismo tiempo que De Gaulle, dejando una ironía perfecta: el general creó las condiciones para que naciera Le Monde; Beuve-Méry consiguió que nadie, ni siquiera el general, pudiera decirle a Le Monde lo que debía publicar.
JF
