19 diciembre 1944

Viene a ocupar el hueco que deja el diario LE TEMPS acusado de haber sido colaborador con el nazismo

Nace en Francia el nuevo periódico LE MONDE fundado por Hubert Beuve-Mery por encargo del General De Gaulle

Hechos

El 19.12.1944 se publicó el primer número del diario LE MONDE.

Lecturas

Cuando Le Monde aparece en los quioscos parisinos la tarde del 18 de diciembre de 1944, fechado el día 19, Francia todavía está en guerra y su prensa acaba de experimentar una revolución. La Liberación ha significado también la desaparición de buena parte del paisaje periodístico anterior: las ordenanzas del Gobierno provisional disuelven o incautan los periódicos comprometidos durante la ocupación, mientras salen a la luz los diarios nacidos de la Resistencia. Cerca del 90 % de los diarios existentes durante la ocupación resultaron afectados por aquella reorganización. En medio de esa ruptura, el general Charles de Gaulle detecta un vacío muy concreto: Francia necesita un periódico serio, de prestigio nacional e internacional, capaz de ocupar aproximadamente el lugar que antes había desempeñado Le Temps. No un diario popular ni primordialmente partidista, sino una cabecera que pudieran leer diplomáticos, funcionarios, empresarios, intelectuales y gobiernos extranjeros para saber qué estaba ocurriendo —y qué se pensaba— en Francia.

El precedente era Le Temps, fundado en 1861 y convertido durante la Tercera República en uno de los grandes diarios de referencia franceses. Tras la derrota de 1940 trasladó su redacción a Lyon y continuó publicándose en la zona de Vichy hasta que se autosuspendió el 29 de noviembre de 1942, pocos días después de que los alemanes ocuparan la zona libre. Por tanto, sería demasiado sencillo decir que desapareció porque fuera «el periódico de los nazis». En la Liberación pesaron sobre él tanto las reglas establecidas para depurar la prensa como su estrecha vinculación anterior con los grandes intereses industriales y financieros y la voluntad de De Gaulle de que aquella vieja cabecera no regresase. Sus bienes quedaron bajo administración estatal y Le Temps no recibió autorización para reaparecer.

Pero De Gaulle quería conservar la función sin conservar el periódico. Encargó al ministro de Información, Pierre-Henri Teitgen, la creación de una nueva cabecera. Georges Bidault y Paul Reuter contribuyeron a poner sobre la mesa el nombre de Hubert Beuve-Méry, periodista de 42 años, antiguo corresponsal de Le Temps en Praga, conocedor de la Alemania nazi y posteriormente miembro de la Resistencia. Beuve-Méry aceptó con una condición fundamental: si iba a dirigir el periódico que deseaba el Gobierno, no dirigiría un periódico del Gobierno. Esa tensión está en el ADN mismo de Le Monde: nace por iniciativa del poder político y su fundador pretende inmediatamente independizarlo de ese poder.

La sociedad editora se constituye en diciembre como una SARL con una estructura deliberadamente dispersa. El comité de dirección reúne tres sensibilidades: Hubert Beuve-Méry, director-gerente, asociado a una sensibilidad democristiana aunque celoso de su independencia; el jurista y economista René Courtin, liberal protestante y resistente, y Christian Funck-Brentano, vinculado al gaullismo. Cada uno posee inicialmente 40 participaciones. Otras 80 se distribuyen entre seis asociados: Jean Schloesing, Gérard de Broissia, André Catrice, Suzanne Forfer, Pierre Fromont y Jean Vignal. No aparece, por tanto, un gran industrial propietario que pueda decir «este periódico es mío». El Estado aporta un millón de francos de financiación inicial —que será devuelto ya en abril de 1945— y arrienda al nuevo diario los antiguos locales y rotativas de Le Temps en la rue des Italiens.

La continuidad material con Le Temps resulta espectacular. Le Monde utiliza sus oficinas, sus máquinas, buena parte de su personal y prácticamente toda su redacción una vez apartados los periodistas comprometidos con la colaboración. André Chênebenoit, antiguo secretario general de la redacción de Le Temps, pasa a ser redactor jefe. Conserva incluso el enorme formato y las características letras góticas de la cabecera. Si alguien hubiese entrado en la rue des Italiens sin mirar demasiado el rótulo, habría podido creer que el viejo periódico simplemente había cambiado de nombre.

Pero Beuve-Méry pretende que haya cambiado algo mucho más importante. En la primera página proclama que la primera ambición del periódico será proporcionar información clara, verdadera, rápida y completa en la medida de lo posible. El primer número consiste, debido a la escasez de papel, en una gran hoja impresa por las dos caras y alcanza 147.190 ejemplares, frente a los aproximadamente 60.000 que tiraba Le Temps antes de la guerra.

Así aparece uno de los grandes equívocos de la historia de Le Monde. De Gaulle había impulsado su creación porque quería para la nueva República un gran periódico francés de referencia; Beuve-Méry aceptó precisamente porque quería crear un gran periódico que pudiera enfrentarse a la República cuando lo considerase necesario. El Gobierno proporcionó la oportunidad, las instalaciones y el impulso político. Beuve-Méry convirtió aquello en un proyecto periodístico propio. Muy pronto los gobiernos descubrirían que habían contribuido a fabricar no un portavoz, sino un periódico dispuesto a ejercer de contrapoder.

Beuve-Mery será director de LE MONDE hasta 1969. 

El Análisis

Francia cambia de periódicos

JF Lamata

Le Monde nace para ocupar el lugar de Le Temps, pero sería peligroso que se limitara a ser el mismo periódico con certificado de buena conducta expedido por la Resistencia. Francia necesita reconstruir también su prensa. En agosto todavía dominaban los periódicos clandestinos que habían salido repentinamente a la superficie: Combat, Libération, Franc-Tireur, Défense de la France; habían reaparecido L’Humanité y el socialista Le Populaire, mientras desaparecían definitivamente cabeceras comprometidas con la ocupación como Le Matin, Paris-Soir o Le Petit Parisien. El Libération que ya existe desde el 21 de agosto de 1944 es, conviene aclararlo, el diario dirigido por Emmanuel d’Astier de la Vigerie, nacido del movimiento resistente Libération-Sud: no es el periódico fundado en 1973 que llevará posteriormente el mismo nombre. También está ya en los quioscos Le Parisien libéré, nacido el 22 de agosto. Y Le Figaro, una histórica cabecera conservadora que había suspendido voluntariamente su publicación durante la ocupación, puede igualmente reincorporarse al nuevo paisaje. Es decir, Le Monde no llega a un desierto: llega a un mercado extraordinariamente poblado, politizado y prestigioso por la legitimidad adquirida por muchos de sus competidores en la clandestinidad.

Su originalidad consiste precisamente en intentar no ser el periódico de una resistencia, un partido o una familia ideológica, sino recuperar el espacio del gran diario de referencia que ocupaba Le Temps: austero, internacionalista, muy atento a la diplomacia, dirigido fundamentalmente a las élites políticas, administrativas e intelectuales. La operación tiene una paradoja deliciosa. De Gaulle impulsa un periódico que debe ser independiente y Beuve-Méry se toma demasiado en serio la palabra independiente. Tampoco nace Le Monde como periódico de izquierdas en el sentido que posteriormente algunos lectores atribuirán a la cabecera: Beuve-Méry procede de un universo cristiano-personalista, es inequívocamente anticomunista y pretende mantener distancia respecto a partidos, grandes capitales y Gobierno. En una Francia donde tantos periódicos salen de la guerra orgullosos de representar una causa, Le Monde pretende adquirir autoridad precisamente no representando oficialmente ninguna. Si consigue hacerlo, habrá heredado de Le Temps algo mucho más valioso que sus rotativas y sus letras góticas: el papel de periódico que no necesita que el lector comparta sus opiniones para considerar necesario leerlo.

J. F.