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Desaparece tras 61 años el diario fundado por los propagandistas católicos durante la II República

Cierra el periódico YA ante la imposibilidad de su último empresario, Aurelio Delgado, de conseguir los créditos necesarios

HECHOS

El 14.06.1996 el diario YA anunció su cierre.

Print_AurelioDelgado  El último número del YA estuvo centrado en atacar al empresario abulense, D. Aurelio Delgado, último propietario del diario YA y de su empresa editora EDICA (Editorial Católica) al que se culpaba de haber causado el cierre del histórico periódico.

aurelio_delgado_gallardon El empresario Sr. Delgado, propietario del periódico DIARIO DE ÁVILA, se había comprometido con la Comunidad de Madrid a invertir 500 millones en una ampliación de capital de la Editorial Catolica (EDICA), editora del YA, según el Comité de Trabajadores del YA, como paso previo a que la Comunidad de Madrid – presidida por D. Alberto Ruiz Gallardón – concediera una serie de créditos al periódico, promesa que el empresario no habría cumplido.

LA OFERTA DE DOMINGO LÓPEZ, RECHAZADA

DomingoLopezAlonso El ex presidente del Banco de Valladolid y ex propietario del desaparecido diario EL IMPARCIAL hizo una oferta para comprar la cabecera del diario YA si la Comunidad de Madrid otorgaba un nuevo crédito al periódico. Pero el consejero de Madrid, D. Luis Blázquez, rechazó aquel plan.

HOMENAJE DE GALLEGO Y REY EN EL MUNDO AL PERIÓDICO FALLECIDO

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14 Junio 1996

Hasta mañana

Abel Hernández

Uno confiaba en que los gobernantes de Madrid iban a ser más conscientes de su función subsidiaria al servicio de la comunidad. Eso pasa por meter banqueros a políticos.

Hay que seguir, bien a mi pesar, mirando hacia dentro. Pero en ningún caso seré yo el que pronuncie la oración fúnebre de este periódico. Si llegara ese momento, preferiría guardar airado silencio. Estoy convencido de que el cierre del YA no beneficia a nadie, salvo, si acaso, a algunos mercaderes de la competencia, a los que objetivamente están ayudando los que s empeñan en cerrarse a razones y se niegan a seguir adelante, ellos sabrán por qué. Desde luego a los que menos beneficia el acta de defunción es a sus lectores a sus trabajadores.

Antes de escribir esta columna, he recibido garantías de que este no es el último número. Espero que sea así. Y antes de ponerme a escribir, pasadas las ocho de la tarde, he hablado con todo el que tenía algo que decir, incluidos los empresarios y Ruiz-Gallardón, presidente de la comunidad de Madrid.

Por lo visto, el consejero Blázquez, en contra de lo que yo creía ayer a estas horas, no considera suficiente las garantías financieras de Domingo López, un empresario que se ha comprometido a jugarse los cuartos en este periódico.

La desconfianza de Blázquez – que parece todavía más banquero que político – está poniendo en peligro de muerte a uno de los periódicos históricos de España. Supongo que tendrá buenas razones para tomar estar gravísima decisión. El presidente Ruiz-Gallardón se fía de su consejero, en una comisión, como digo, más técnica que política, y carga sobre sus espaldas , de hecho, el cierre del YA. A mí esta tarde el Gobierno de Madrid me ha defraudado. Sus representantes consideran que puede ser un delito salvar el YA con el aval dado por la Asamblea de Madrid de forma unánime! Faltan polizas y avales bancarios. Se hace la interpretación más restrictiva y se manda a la gente a su casa. Es más grave cerrar el YA que el banco del señor Blázquez. Y no se han dado cuenta.

Yo propongo resistir, mientras se cumplimentan las formalidades. Y si los empresarios que se muestran dispuestos a acudir a la ampliación y han dado garantías bajo notario están dispuestos a seguir adelante con su patrimonio encima de la mesa, confiar en ellos, mientras no se demuestre lo contrario. Uno confiaba en que los gobernantes de Madrid iban a ser más conscientes de su función subsidiaria al servicio de la comunidad. Eso pasa por meter banqueros a políticos. Quiero seguir creyendo que la salvación del YA está al alcance de la mano. Y si no, habrá que pedir muy en serio responsabilidades políticas y buscar las razones ocultas de determinados comportamientos sospechosos. Hasta mañana.

Abel Hernández

13 Junio 1996

Esperando un milagro, ya

Mirta Drago

«Empecé a trabajar aquí con pantalones cortos». Miguel Angel Torres, que ahora sobrepasa los cuarenta, era ayer todavía fotógrafo del diario YA. Emocionado, Torres contaba así su llegada al periódico de la mano de su padre, que fue ordenanza del diario durante 50 años: «Cuando se jubiló le dieron un reloj de oro que todavía tengo en casa».

Situado a la entrada del edificio, el fotógrafo recordó también la importancia de los «clanes familiares» a la hora de entrar en el periódico. Mientras él relataba su historia, se oía la voz de la telefonista: «Estamos esperando un milagro». La mujer respondía por enésima vez a los muchos que ayer le preguntaban si, finalmente, la de ayer sería la última jornada de trabajo en el Ya.

Un empleado de las rotativas, con pantalón azul y camiseta blanca manchada de tinta, se negaba a aportar recuerdos. Hacía pocos minutos que había terminado de recoger los restos de la noche anterior. De la que podía ser, a esas alturas, la penúltima tirada del diario. Tenía los ojos llenos de lágrimas y una antigüedad de 20 años en la empresa.

Antonio de Miguel, de 47 años, también llegó al periódico por su padre y éste, a su vez, por su abuelo. Entró a los 16 años en fotomecánica. «El 16 de julio de 1965», recuerda con precisión. Ahora pertenece al departamento de compras. «Esto era como una familia», decía una y otra vez. Ayer, De Miguel se preguntaba cómo seguirá manteniendo a la suya. «Si esto se cierra hoy, Antonio ya no será más Antonio», lamentaba.

A su lado estaba Miguel Angel Díez, de 49 años. Responsable de producción, relaciones públicas y «de alguna manera, historiador del Ya». Díez es el creador del pequeño museo que se aloja en la planta baja del diario. «Lo hice gratis, en mi tiempo libre», aclara.

los últimos tres años de conflicto, ha juntado, por ejemplo, portadas del periódico El Debate, fundado en 1910. Dentro de ese diario nació el Ya como una página suelta que, según el «historiador», se ideó «para hacer más populares las noticias al público menos lector».

Fotos del fundador del Ya, el cardenal Angel Herrera Oria; la primera portada en formato tabloide, de 1960; imágenes de los 15 directores; viejos artefactos de imprenta y cámaras de fotografía con flash de magnesio. Son algunas de las reliquias que Díaz atesora como si fuesen las joyas de su familia.

Una planta más arriba, en la redacción, no había nostalgia. El periodista Eduardo González, de 32 años, entró en la última etapa, cuando todavía era creíble el relanzamiento del Ya prometido por su actual dueño, Aurelio Delgado. González es rotundo: «No defendemos cualquier puesto de trabajo, sólo nos interesa conservarlo si es digno». Todos los trabajadores exigieron judicialmente su propio despido por el impago de sus sueldos desde noviembre. Ganaron el juicio y por eso ayer, día en que se hacía firme la sentencia, sólo esperaban un milagro.

Por la tarde recibieron la visita de un colaborador «de lujo» para los redactores. El periodista José Luis Legaza, de 65 años, un histórico de la casa ya jubilado, se desplazó hasta el edificio de Alcobendas para acompañarlos.

15 Junio 1996

Pícaros y sepultureros

EL MUNDO (Pedro J. Ramírez)

Ayer se despedía de sus lectores el diario YA. El último titular era harto elocuente: «Aurelio Delgado cierra el YA». En unas líneas, los trabajadores de este Alamo de papel impreso sintetizaban el perfil de su enterrador: «Se comprometió a sacar el YA adelante mediante un plan de regulación, no lo ha hecho. Todo lo que se propuso hacer con este periódico, salvo su desaparición, ha sido un cuento». Una farsa comparable a la de Miguel Angel Jiménez que acaba de presentar su dimisión como vicepresidente del Grupo 16. El comentario que le dedicaba el propio Diario 16 no tenía desperdicio: «Desde que Jiménez asumiera la gestión, la plantilla no ha cobrado puntualmente ningún mes. Otros hitos han sido un editorial vitriólico, peleas públicas con diputados electos y un peculiar contrato de exclusiva publicitaria. Enhorabuena, señor Jiménez». Delgado y Jiménez no son los únicos «empresarios» que se han presentado como salvadores de empresas periodísticas en crisis, sin otro caudal que el que pretendían obtener mediante el «pelotazo» de las ayudas públicas. No es ésa la vía para afrontar la crisis de la prensa escrita. Lo procedente sería ayudar al sector con medidas equivalentes a las de otros países de la UE. En definitiva, con un plan que estimule el pluralismo y no la actual concentración de medios.

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