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Gigantescas pérdidas económicas del diario que intentaron los alemanes sensacionalistas con los conservadores españoles

Cierra el periódico-tabloide CLARO tras apenas cuatro meses de existencia, fracaso de Guillermo Luca de Tena

HECHOS

En agosto de 1991 cerró el periódico CLARO, fundado en el mes de abril.

springer_luca_tena D. Gunter Will (presidente de Springer) y D. Guillermo Luca de Tena (presidente de Prensa Española) cosecharon un rotundo fracaso con el diario CLARO.

El 18 de marzo de 1991 había nacido el diario CLARO con el objetivo de imitar el estilo de BILD en España. Para editar el periódico se creó la empresa Sílex Media (propiedad al 50% de Springer y 50% de Prensa Española) y se hizo una gigantesca inversión económica: pero la respuesta de los lectores fue nula. D. Ferrán Monegal, el primer director escogido para intentar liderar el periódico era despedido a los 22 días por su fracaso: los titulares sensacionalistas y las señoritas ligeras de ropa en la portada no obtuvieron los resultados esperados. (Y encima el Sr. Monegal lograba llevarse una importante indemnización al ser declarado su despido como ‘improcedente’.

Tampoco D. Arsenio Escolar, que dirigió el periódico en los meses siguientes logró que aumentaran las ventas. En junio Springer impuso un alemán al frente del periódico ‘experto en prensa sensacionalista’  Willi Schmitt, pero tampoco él logró que cambiara la escalada de pérdidas.

Tras cuatro meses en los quioscos, en agosto de 1991, Prensa Española y Springen anunciaron el cierre de CLARO. Don Guillermo Luca de Tena explicó a La Hemeroteca del Buitre que fue él en persona quién puso punto y final a aquella aventura periodística: “Vino Springer de Alemania, cenamos en el Hotel Ritz y le dije que yo no pensaba aportar ni un céntimo mas a partir de la siguiente semana o sea que o se lo quedaba él o lo cerraba y él me contestó `pues lo cerramos´ y se cerró, pero con un alto coste, porque habíamos comprado edificios y plantas. Fue una mala inversión”.

El  resultado  es que de los cuatro diarios nuevos de ámbito nacional que habían aparecido en los noventa:  EL  INDEPENDIENTE,   EL SOL,   CLARO  y  EL  MUNDO,  sólo  este  último había logrado sobrevivir para el año 1992.

“La diferencia que tuvimos nosotros es que conseguimos que la gente se identificara con nuestro proyecto”, opina el Sr. García Abadillo en declaraciones a La Hemeroteca del Buitre. Es posible, aunque también pudo influir que EL MUNDO lograra un aliado tan valioso como era Rizzoli (RCS Mediagroup)

ARSENIO ESCOLAR CRITICA EL TRABAJO DE LOS ALEMANES DE BILD EN CLARO

En un artículo publicado 15 años después en el periódico gratuito 20 MINUTOS, el ex director de CLARO, D. Arsenio Escolar, puso muy en duda el trabajo de los alemanes en aquel periódico. Aludiendo a un ‘señor X’ alemán que se largaba todos los días a las 16:00 de la tarde, pero daba órdenes de que se hiciera creer que se quedaba hasta la noche. No dice el nombre, pero dice que fue ‘consejero editorial’ y que estuvo hasta el final de existencia del diario. El único consejero editorial alemán de CLARO fue D. Willy Schmitt que además fue el último director de CLARO, que queda así en la historia del periodismo español como un redomado vago, de acuerdo al relato del Sr. Escolar.

07 Agosto 1991

El pequeño «Bild» no despegó

Víctor de la Serna Arenillas

Al final el último ha sido el primero: el más reciente de los cuatro diarios nacidos en Madrid durante los dos últimos años ha sido el primero en desaparecer 121 días después de su lanzamiento como diario sensacionalista «porque busca las sensaciones», según declaraciones de su primer director, Ferran Monegal. Monegal, que ha ganado a la empresa su juicio por despido indebido, no ha estado a la hora amarga del cierre. El último director ha sido el alemán Wolfgang Kryszohn, exótico periodista que, según las malas lenguas de la casa, iba con un intérprete a su vera por la Redacción para decidir el titular de primera página… Claro era la criatura, al 50%, de Axel Springer Verlag, la editora del diario amarillista alemán Bild, y Prensa Española, que edita ABC. La idea era muy sencilla; demasiado sencilla, según se ha acabado por comprobar. Se trataba de trasladar con armas y pertrechos a la lengua española la fórmula de la Boulevardzeitung o diario popular que ha permitido a Bild sobrepasar los cuatro millones de ejemplares diarios. Para adecuarse a usos hispanos, sólo se «dobló» el gran formatosábana para dejarlo en tabloide, con lo que la primera plana perdía algo de su abigarrada vistosidad al reducirse el tamaño de los titulares.

La empresa era muy ambiciosa: se declaraba que la inversión llegaría a los 10.000 millones de pesetas en tres años (el capital inicial de los otros tres diarios nuevos, El Independiente, EL MUNDO y El Sol, nunca sobrepasó los 2.000) y se anunciaba un objetivo de 600.000 ejemplares de difusión diaria en un país en el que nadie ha alcanzado nunca los 400.000. Pero en medios periodísticos, incluidos los cercanos al propio ABC, existía mucho escepticismo en torno a esas cifras imponentes. Una copia servil de una fórmula germana (y no sólo germana, sino producto de las peculiares condiciones de la inmediata posguerra en la zona aliada) tenía que encontrar muchas dificultades fuera de Alemania. Más, en España, donde el hábito de lectura de Prensa diaria es poco desarrollado por sus propias circunstancias históricas (bajo nivel cultural, gran desarrollo de medios competidores como son la radio, la televisión y los semanarios «del corazón»). Y más en un entorno latino en el que jamás ha encontrado relativo éxito más que una sola fórmula de Prensa sensacionalista o popular: la de «muchos sucesos y mucha política» desarrollada por Pierre Lazareff en su FranceSoir y hábilmente adaptada por Emilio Romero en el Pueblo del tardofranquismo.

Un Bild da, además, y casi a diario, auténticas noticiasbomba gracias a una redacción nutrida, muy cara y altamente motivada, que descompone hasta al canciller Kohl con sus revelaciones. El sensacionalismo de Claro, en cambio, se basó en una redacción muy joven e inexperta que se «distinguió» con grandes titulares como el de «Veremos a Isabel Pantoja desnuda» del primer día (rápidamente desmentido) o el de «Un héroe, un cobarde» del último número… Al final, con concurso millonario de por medio, las escuálidas ventas de Claro (poco más de 20.000 ejemplares después de dos semanas) habían sobrepasado los 100.000 ejemplares. Pero los costes -los responsables alemanes han sido acusados de llevar un tren de vida «faraónico»- se dispararon hasta el punto de anular las promesas de ese avance. La iniciativa del cierre, como era de prever, partió del desencantado socio español en la exótica iniciativa.

Memorias

Rafael Pérez Escolar

Consejero de Prensa Española y del Banco Banesto

El ABC volvía por sus fueros, con éxitos crecientes en cuanto a venta y publicidad, frutos directos del prestigio periodístico recuperado brillantemente por Luis María Anson en un escenario en el que se estaba librando una dura lucha con los demás medios. Hasta que llegó una de las ocurrencias más originales de Guillermo Luca de Tena: ponerse en relación con los alemanes del poderoso grupo Berstelsmann para hacer en España un periódico sensacionalista, CLARO, editado por una nueva sociedad en la que Prensa Española tomaría el 50% del capital. Me consta que Luis María se mostró contrario a esa iniciativa, cuyo protagonismo fue asumido con obstinada decisi´n por Guillermo. El fracaso de la empresa fue tan estrepitoso y notorio que me excusa de cualquier comentario. Lo cierto es que Prensa Española, que ya había saneado su patrimonio al vender a muy buen precio los antiguos locales entre las calles de Serrano y la Castellana, en lo que también participé activamente y que le permitió construir el nuevo edificio de la carretera de Barcelona, próximo a Barajas, se enfrentó de nuevo a una situación aún más delicada que la que había padecido unos años antes. Los alemanes habían animado a Guillermo a que Prensa Española pidiese un crédito por 5.000 millones de pesetas con la Deutsche Bank, cuya póliza, después del fracaso de CLARO, estaba a punto de vencer, lo que permitía presumir oscuras maniobras para hacerse con el ABC.

Yo me encontraba pasando unos días del mes de agosto en Burgos, con una fuerte gripe propia de los veranos burgaleses, cuando a veces se asemejan al invierno más crudo. (Se dice, y no sin razón, que en Burgos hay dos estaciones: el invierno y el ferrocarril). Con una fiebre del demonio correspondí a una llamada telefónica que nos hizo Guillermo Luca de Tena, preso de la mayor angustia: “Rafael, estos cabrones del Deutsche Bank nos van a ejecutar. Soy incapaz de resolver la situación de inmediato, como me pide esa gente. Te ruego que hagas todo lo posible con Mario Conde para ver si podemos evitar la catástrofe”. Llamé por teléfono a Madrid y me dijeron que el presidente había regresado de Mallorca e iba a reunirse con la comisión ejecutiva al día siguiente. No lo dudé un punto: preocupado al máximo por lo que me había dicho Guillermo, me presenté por la tarde en el despacho de Conde para asegurarle en mi condición de consejero de Prensa Española que solamente el edificio de la carretera de Barcelona cubría sobradamente el crédito que ostentaba la Deutsche Bank. “No puedes dejar que caiga el ABC en manos de los alemanes”. “Estoy de acuerdo – contestó Conde – pero me temo que habrá dificultades por parte de Belloso”. “Por muy socialista que sea el Sr. Belloso, creo que esta casa tiene la obligación de impedir que el ABC deje de ser un periódico español”. Aproveché también la ocasión para hablar con Ricardo Gómez-Acebo, que me prometió apoyar en la comisión ejecutiva la propuesta de sustituir a la Deutsche Bank como acreedora de Prensa Española.  Y así pudo hacerse todo en menos de veinticuatro horas, un tiempo más breve todavía que el que empleaba lope para escribir “más  de una comedia”. Guillermo no se lo creía hasta que firmó la póliza y así pudo pagar íntegramente el crédito del banco alemán. Luego, cuando estalló la crisis de Banesto en diciembre del 93, nadie en el ABC publicó una sola línea en defensa de Pérez Escolar, y lo que aún fue peor, el periódico se acomodó en todo a las tésis oficiales, sin reparar en que se había producido un gigantesco expolio, en perjuicio de los accionistas del banco, basado en la prevaricación y la falsedad de los máximos rectores del Banco de España.

09 Noviembre 2005

Algunos laboriosos alemanes

Arsenio Escolar

Me bastaron dos o tres semanas en CLARO para que se me rompiera estrepitosamente la leyenda de paradigmas del esfuerzo, la racionalidad y la eficacia que los españoles les solemos otorgar a los germanos.

Hace ya 15 años, trabajé en una empresa gobernada por alemanes, en la editora del diario CLARO, donde eran accionistas al 50% el conservador ABC y el sensacionalista BILD. Me bastaron dos o tres semanas para que se me rompiera estrepitosamente la leyenda de paradigmas del esfuerzo, la racionalidad y la eficacia que los españoles les solemos otorgar a los germanos. Aquello era un desastre: burocracia, cargos y funciones duplicados, procesos lentísimos que nadie quería revisar ni cambiar, resistencia a la innovación tecnológica, indicios de corruptelas… La dedicación y el rendimiento de los empleados españoles superaba, duplicaba, la de los empleados alemanes, pero sus sueldos eran muy superiores a los nuestros, a veces casi los duplicaban.

Yo empecé de subdirector y acabé siendo el director del diario, y contaba con dos consejeros editoriales: uno español y otro alemán. Éste, llamémosle X., tenía un despacho frente al mío, y compartíamos un grupo de secretarias.

Una tarde, en torno a las siete, salí en busca de X. Su despacho estaba abierto. Tenía la chaqueta en el perchero, el ordenador abierto, la mesa iluminada, unos folios y un bolígrafo encima, unas gafas de leer sobre los folios, un vaso con agua al lado… Pero no di con él ni allí ni en otras dependencias del periódico. Otro día me pasó lo mismo en torno a las seis de la tarde. Y un tercer día, en torno a las cinco…

El diario fue un rotundo fracaso, apenas duró cuatro meses en la calle. Supongo que, entre otras causas, por mi falta de acierto (no de dedicación, porque llegaba a las 10 de la mañana y me iba a las 12 de la noche).

Vendíamos unos 130.000 ejemplares diarios, pero necesitábamos el doble para que las cuentas salieran. Cuando los editores cerraron el CLARO y los empleados andábamos recogiendo nuestras cosas, una de las secretarias que compartía con X. me contó un secreto:

-Se iba todos los días a primera hora de la tarde, a las 4 o así, pero yo tenía órdenes suyas de no decírselo absolutamente a nadie y de mantener su despacho abierto hasta la ocho. A esta hora, yo guardaba la chaqueta de pega en el armario y las gafas también de pega en un cajón, tiraba los folios (donde nunca había nada importante anotado), recogía el vaso de agua, cerraba el ordenador, apagaba la luz…

Arsenio Escolar

El Análisis

EL FRACASO DE LOS TABLOIDES EN ESPAÑA ¿TRIUNFO DE LA HIPOCRESÍA?

JF Lamata

El fracaso de los tabloides sensacionalistas en España – casos casos como el Diario LIBRE del Grupo16 y luego CLARO) bien podría suponer un punto de elogio al público español: “aquí sólo queremos periódicos serenos de calidad”, aquí ni BILD, ni THE SUN, pero eso es una visión exageradamente optimista hacia los lectores de nuestro país. Ciertamente el sensacionalismo está presente en todos y cada uno de los sectores del periodismo español: prensa, radio y televisión, la diferencia es que se hace de manera oculta, en pequeñas dosis, intentando dárselas de medios serios. Por lo que quizá más que lectores de calidad, hay lectores hipócritas. No obstante, al irrumpir en escena los periódicos digitales, llegaría el sensacionalismo más puro que convertirían a los titulares de CLARO en hermanistas de la caridad.

J. F. Lamata

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