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La población ceutí permaneció en sus casas, con los comercios cerrados y los colegios vacíos forzando al presidente del Gobierno a dar un discurso a la nación para pedir tranquilidad

Marruecos permite la entrada en una noche de 8.000 inmigrantes en Ceuta como represalia por la acogida en España del líder opositor Brahim Gali saharaui para ser atendido en un Hospital

HECHOS

La entrada masiva ocurrió la noche entre el 18 y el 19 de mayo de 2021.

19 Mayo 2021

Unidad ante un pulso inaceptable

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

España y la UE deben responder con firmeza al desafío de Marruecos en Ceuta

La entrada irregular en Ceuta de más de 8.000 personas en pocas horas no es una crisis migratoria, sino un inaceptable pulso estratégico que Marruecos ha echado a España, ante el que resulta necesario responder con máxima unidad y firmeza. El desafío, el más grave desde el episodio de la isla de Perejil en 2002, es intolerable, entre otras cosas porque utiliza irresponsablemente, poniéndolas en riesgo, a personas desfavorecidas (entre ellos muchos menores) como instrumentos para afirmar intereses políticos. Al margen de declaraciones oficiales, es evidente que las llegadas responden a la decisión de las autoridades marroquíes de aprovechar la hospitalización por covid en España del secretario general del Frente Polisario, Brahim Gali, como ocasión para elevar la presión sobre el Gobierno español. Rabat busca satisfacer una serie de intereses, siendo el principal el reconocimiento de la soberanía sobre el Sáhara Occidental, como hizo Donald Trump en los estertores de su mandato.

Ante este escenario, España y la UE harán bien en dejar claro por los canales pertinentes que episodios de esta clase no avanzarán ni un milímetro los intereses marroquíes, ni en la cuestión saharaui ni en la de las ayudas económicas. Al contrario, provocan un serio desprestigio internacional. Acertó el presidente Pedro Sánchez en advertir con gravedad a Rabat de que la integridad territorial de Ceuta y Melilla será defendida “en todo momento, bajo cualquier circunstancia y con todos los medios necesarios” y en desplazarse a la zona. Fue adecuado también el explícito respaldo de autoridades europeas, y muy importante el contacto telefónico entre Sánchez y el líder de la oposición, Pablo Casado. Es de esperar que el Partido Popular no utilice este grave episodio para desgastar al Ejecutivo. No cabe esperar tal cosa de la ultraderecha de Vox, que no dudó ni un momento en utilizar un contraproducente lenguaje incendiario, pero sí de la principal formación conservadora.

Gobiernos españoles de distinto color han gestionado la relación con Marruecos de forma similar. Se trata de una política de Estado, fundamental por muchas razones, entre ellas la gestión de los flujos migratorios, la cooperación en la lucha antiterrorista y una creciente imbricación económica mutuamente beneficiosa. Esta no debería ser objeto de pugna partidista.

La hospitalización por razones humanitarias de Gali es una decisión soberana de España. Podría haberse ejecutado de forma más transparente. Puede entenderse que no guste a las autoridades marroquíes, pero de ninguna manera justifica una represalia como la realizada en Ceuta. Rabat no lo ha explicitado, pero la embajadora marroquí en Madrid ha llegado muy cerca, al afirmar que “hay actos que tienen consecuencias”. La iniciativa de Ceuta va en línea con un creciente envalentonamiento marroquí después del desafortunado reconocimiento de la soberanía de Rabat sobre el Sáhara por parte de Trump, sin base ninguna en el derecho internacional, y motivado por el deseo de amarrar una nueva normalización de relaciones de un país árabe con Israel. Cabe señalar la presión diplomática ejercida recientemente por Marruecos ante Alemania. Joe Biden no lo tiene fácil para dar marcha atrás, aunque esta sería la decisión correcta. En cualquier caso, debería tomar buena nota de las maneras de Rabat, y manifestarle su parecer al respecto.

Es necesario ahora gestionar con eficacia los aspectos logísticos del desafío, entre otras cosas para garantizar los derechos de los menores en el proceso de devoluciones y evitar riesgos de propagación del virus en Ceuta. Las autoridades marroquíes parecían ayer decididas a evitar una escalada del incidente. Pero el Gobierno tendrá que mejorar los dispositivos para afrontar posibles nuevas provocaciones parecidas. En conjunto, firmeza y unidad —en España, y en la UE— son la clave para reconducir la situación y dejar claro a Rabat que una cooperación leal es la mejor opción.

19 Mayo 2021

Crisis de estado

ABC (Director: Julián Quirós)

La invasión de más de 8.000 inmigrantes llegados a Ceuta demuestra que las relaciones con Marruecos están en estado crítico, y que el Gobierno ha sido tan indolente que no previó las consecuencias de su dejadez diplomática

Las imágenes del Ejército desplegado en Ceuta, junto a la frontera con Marruecos, revelan la gravedad de la invasión que ha consentido el régimen marroquí como señal de advertencia a España. Jamás se había producido una llegada tan masiva de inmigrantes a nado, y jamás Marruecos había retirado a sus propios policías con tanto descaro. Este episodio demuestra que las relaciones con Rabat atraviesan un momento crítico, y que es absurdo que el Gobierno esconda la cabeza sin sacar conclusiones objetivas y sin atender a las causas reales de esta suerte de ‘marcha azul’ por el mar hacia nuestras costas. España cometió un error muy serio comprometiendo las relaciones con Marruecos cuando La Moncloa permitió a Pablo Iglesias reivindicar la soberanía del Sahara en favor del Frente Polisario, desautorizando así el aval que Estados Unidos había concedido a Rabat. Aquello reveló las enormes carencias de nuestra diplomacia y la superficialidad con la que Pedro Sánchez aborda la política exterior. No en vano, debe preguntarse por qué Joe Biden ya ha hablado con Rabat y aún no lo ha hecho con él. El ninguneo es humillante. Tanto, que el aparato de Exteriores marroquí se jactó ayer de amenazar a España tras recibir el respaldo de la Administración estadounidense: «Hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir».

La segunda lección es que no se pueden cometer errores irreversibles. Por ejemplo, cuando el Gobierno ha permitido que el líder polisario Brahim Ghali, perseguido por la justicia, sea atendido en secreto de su enfermedad en un hospital español sin siquiera haber comunicado a Marruecos que era por razones humanitarias. En la diplomacia, los gestos formales son tan cruciales como los intereses de fondo. Pero Sánchez no ha calculado en sus justos términos el precio de desairar a Marruecos, que siempre debe ser un aliado estratégico por muchas tensiones que puedan producirse. Hay más de 8.000 inmigrantes -cifra oficial- llegados a Ceuta de manera premeditada y organizada. Y el Ministerio de Asuntos Exteriores ni siquiera intuyó la entidad de una crisis que va más allá de lo diplomático y lo migratorio. Es una crisis de Estado y un chantaje internacional. Hasta que reaccionó ayer, la ministra González Laya había infravalorado esta avalancha con una indolencia carente de lógica. Esto aboca también a poner en cuestión la eficacia de nuestros servicios de información, por más que duela admitirlo. Tampoco Interior previó el calado de tanto error. Se ha visto tan desbordado que ha tenido que ser el Ejército quien acudiese a garantizar la integridad de la frontera y la devolución expeditiva de inmigrantes. Hasta ahora, España ha realizado unas 3.000 devoluciones ‘en caliente’, esas mismas que ahora la izquierda llama cínicamente ‘inmediatas’ y que tanto denostó siempre, pese a que hoy las acoge como la solución a su torpeza. Se ve que su demagógica vis humanitaria, su complejo de Peter Pan y su ‘buenismo Aquarius’ siempre fueron reversibles.

España no puede parecer un país impotente ante esta ofensiva, de la que solo tiene la culpa Marruecos. Sin embargo, Sánchez tiene la responsabilidad por su recurrente incapacidad para reorientar las relaciones con Rabat. Llegados a este punto, el debate es en qué medida España va a plantear soluciones contundentes, porque va a ser necesaria mucha más firmeza y fortaleza institucional que la invocada por Sánchez con su retórica habitual. Ceuta está atónita y temerosa, los centros de atención humanitaria están desbordados, y hay miles de personas vagando por la calle y agrediendo a las Fuerzas de Seguridad. El conflicto no permite más paños calientes de este Gobierno superado.

Marruecos ha incurrido en una provocación para desestabilizar a España, y por eso es el momento de que Sánchez deje de lado tanta palabrería hueca. Ayer se lo recordaron en Ceuta, recibiéndolo entre abucheos. Es la integridad la que se ve amenazada, y defender la frontera es la prioridad. Sánchez sabrá por qué ayer ni siquiera citó a Ghali como origen del conflicto, pero si Marlaska admite la necesidad de proteger esa integridad es porque el Gobierno intuye que peligra. Marruecos ha utilizado indignamente a miles de personas, y juega de modo inmoral con sus vidas para someter a España a una extorsión sin que le importe ver a niños exhaustos en la arena. Produce escalofríos, tantos como contemplar la inoperancia europea en materia migratoria para plantar cara a esta coacción, y la impotente petición de auxilio de Moncloa a la UE. Pero no hay ningún plan estratégico. Solo improvisación y negligencia.

19 Mayo 2021

La fatal incompetencia de Exteriores

LA RAZÓN (Director: Francisco Marhuenda)

La decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de viajar de urgencia a Ceuta y Melilla es, sin duda, un gesto necesario de reafirmación de la soberanía nacional y envía, además, una advertencia directa a las autoridades marroquíes sobre la vigencia de unas líneas rojas que no se pueden sobrepasar. Dicho esto, que ilustra la gravedad de la crisis diplomática abierta con el Reino de Marruecos, no es posible ocultar la absoluta incompetencia demostrada por los responsables de nuestra política exterior a la hora de gestionar una crisis, por otra parte, perfectamente previsible una vez que los servicios de Información de Rabat descubrieron que el líder del Polisario, Brahin Gali, había sido acogido en España bajo un nombre supuesto y a petición de Argelia. Que, ahora, el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, aduzca que estaba en contra de tal decisión añade gravedad al hecho, no sólo porque traslada la responsabilidad del fiasco a otro miembro del Gabinete, algo insólito, sino porque es una confesión paladina de la inacción y la falta de previsión gubernamental ante la eventualidad, nada remota, de que Marruecos tomara represalias. Tal vez, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, carezca de experiencia directa en el trato con nuestro vecino del sur, pero, con toda seguridad, debe quedar alguien en el Ministerio que sepa lo que se juega Marruecos en el Sahara y aconseje la estrategia a seguir ante un problema que, por supuesto, no es nuevo y representa el principal motivo de fricción con Rabat. No es cuestión, ni mucho menos, de aceptar la posición marroquí sobre la antigua provincia española, sujeta, además, a una resolución de la ONU, ni de que un gobierno extranjero se arrogue el derecho a decidir a quién damos asistencia hospitalaria, pero es evidente que, en este caso, se ha faltado a la mínima cortesía con un país vecino, con el que mantenemos estrechas relaciones comerciales, pero que viene dando muestras de irritación hacia la política bilateral con España y que busca de manera decidida un reequilibrio de poder a ambas orillas del Estrecho.

Que, ayer, la Casa Blanca se apresurara a expresar su apoyo al Gobierno de Rabat, mientras el presidente Joe Biden no encuentra un momento para atender las llamadas de Moncloa, demuestra, cuando menos, la mayor eficacia de la acción exterior marroquí y nos advierte de las posibles consencuencias del cambio de la política norteamericana en la zona del norte de África, impulsado por Donald Trump, pero mantenido, como es de rigor en los países serios, por su sucesor. Si nunca es fácil reconducir la situación con un Marruecos que considera que ha llegado el momento de imponer a Madrid la aceptación de su soberanía sobre el Sahara, menos lo es cuando nuestra política exterior cae en la irrelevancia.

19 Mayo 2021

Un Gobierno y de España

Federico Jiménez Losantos

LA invasión de Ceuta por Marruecos es el modelo, ya ensayado en Canarias el pasado año, que seguirá siempre el país vecino con el nuestro. Es fundamental entender que, desde la Marcha Verde, Marruecos, que siempre ha querido anexionarse Ceuta, Melilla y las Canarias, ha seguido la misma táctica: una invasión masculina y joven disfrazada de espontaneidad. Sólo los lerdos de Televisión Espantosa pueden seguir diciendo que «huyen de la miseria». Pues son los «miserables» marroquíes más robustos y mejor alimentados que se han visto desde que existe el reino y la dinastía alauita.

Una necia como la ministra de Exteriores puede creer que lo más importante en la política exterior española, lo que considera «prioritario» para nuestras embajadas, es celebrar las festividades LGTBI, que no sabía yo que los paniaguados del sexismo fluido habían inventado un calendario. Pero alguien menos necio que González Laya sabrá siempre que el primer problema de la diplomacia española es Marruecos o, para ser precisos, la defensa de la integridad territorial española, dentro y fuera de España. Y es ley inmemorial que el enemigo ataque cuando ve al otro debilitado o con otro frente abierto. Con el flamante gobierno de Puigdemont, porque es el fugitivo de Waterloo el que ha formado gobierno en Cataluña, con España viendo cómo se cronifica el cáncer catalán, tiene una ocasión perfecta para apretar por el sur. Es lo que ha hecho y lo que seguirá haciendo, porque le conviene y porque no hay un Gobierno capaz de defender nuestra frontera.

¿Qué hacer en esta circunstancia? Lo primero, apoyar al Gobierno de España. Ya sé que puede resultar chocante que al tiempo que criticamos al Gobierno digamos que cuenta con nuestro apoyo. Pero así debe ser. Sánchez, mientras no permita a los españoles el gesto de inteligencia de largarlo, es nuestro Gobierno y hay que apoyarlo frente a una crisis que, como todas, le ha cogido por sorpresa. No estaba en la Agenda 2030 y tampoco en el Proyecto UTI (Un Tal Iván, genial Bustos/Guerra) de 2050.

Hay que apoyar al Gobierno frente a Marruecos porque no tenemos otro. Y porque sólo apoyándolo podremos exigirle que cambie de política. No se trata sólo de patriotismo sino de sentido común. Así que, sin que sirva de precedente, cuente conmigo, señor Sánchez, para defender a España. Aunque no lo crea es su obligación. Y la nuestra.

19 Mayo 2021

Marruecos y Sánchez

Luis María Anson

ANTE la agresión de Marruecos, la seriedad política exige la solidaridad nacional, al margen de simpatías partidistas. «Con la patria -escribió Cánovas del Castillo- se está con razón o sin razón, en todas las ocasiones y en todos los momentos, como se está con la madre».

Tras esta afirmación, habrá que desmenuzar por qué se ha producido el desencuentro con una nación vecina, clave para la estabilidad de España. La fragilidad del actual ministerio de Asuntos Exteriores y, sobre todo, el Gobierno de Frente Popular que preside Sánchez, definen una tórpida política distante cuando no hostil a Marruecos.

Con el pretexto, tal vez con el motivo, de una acogida humanitaria, Sánchez ha amparado al líder del Frente Polisario, Brahim Gali. Para Marruecos, la acogida se debe a razones políticas no humanitarias. Pedro Sánchez y sus cómplices se han solidarizado con la extrema izquierda que representa Brahim Gali, al que los analistas marroquíes impregnan además de terrorismo. En torno al Polisario se agitan muy complejos intereses, no solo de España y Marruecos, sino también de Argelia, de Francia y de Estados Unidos. Y de toda Europa, pues «las fronteras españolas -como ha dicho Yiva Johansson- son fronteras europeas». Meter las manos en el avispero Polisario sin tomar máximas cautelas es una ligereza impropia de una política seria.

Aunque la reacción de Rabat, abriendo el caño libre para los migrantes, sea intolerable, habrá que convenir que al Gobierno español le ha faltado cintura para evitar que estallara la crisis. La política es una larga paciencia, un largo, largo saber negociar. Negociar hasta la extenuación, antes de que el conflicto se encienda.

De lo que se trata ahora es de tender los puentes y las manos que impidan la extensión del incendio porque el esplendor de esas llamas abrasará aún más la maltrecha situación de España que soporta una doble pandemia: la del coronavirus y la del Gobierno frentepopulista. Sosiego, calma, prudencia, moderación es lo que exige la situación para devolver a sus cauces las aguas desbordadas de la relación con Marruecos.

He escuchado a Pedro Sánchez. Su declaración al país ha sido discreta, si bien ha procurado desviar la crisis hacia el problema inmigratorio, cuando la realidad es que Marruecos ha reaccionado ante una cuestión de fondo: el amparo del Gobierno español al líder del Polisario, Brahim Gali.

Luis María Anson, de la Real Academia Española.

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