Search
Los historiadores pro-judíos Avener Shalev, Richard Evans, Ian Kershaw, entrevistados en el mismo ciclo de entrevistas, se muestras indignados por que EL MUNDO les ocultara que el polémico historiador estuviera incluido

Críticas al diario EL MUNDO por entrevistar al historiador ‘negacionista’ del holocausto David Irving considerado antisemita

HECHOS

El 5.09.2009 el diario EL MUNDO publico una entrevista al Sr. David Irving dentro de un ciclo de entrevistas sobre el 70 aniversario de la Segunda Guerra Mundial.

SatnierANtisemita D. Jorge Trías Sagnier, que fue abogado de la judía Dña. Violeta Friedman en el pleito de esta contra el dirigente nazi belga, León Degrelle, analizó la actitud de EL MUNDO con el título «un mundo antisemita».

03 Septiembre 2009

El embajador de Israel sobre Irving

Raphael Schutz

Embajador de Israel

En la edición de EL MUNDO del 30 de agosto se anunciaba la publicación esta semana de una serie de entrevistas a varios destacados especialistas conmemorando el 70 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Lamentablemente, han encontrado apropiado incluir entre los entrevistados al negacionista del Holocausto David Irving. Es cierto que indicaban que sus opiniones «ofenderán a muchos» pero el problema no es la ofensa o la polémica, sino la ausencia de cualquier referente moral, histórico y ético por parte de quien ha tomado la decisión de entrevistar a Irving junto a importantes expertos en la materia. La decisión responde a una postura que pone al mismo nivel las palabras de acreditados historiadores e intelectuales y las de un charlatán falsificador criminal que cumplió una pena de prisión en Austria.

Uno de los fenómenos perversos relacionados con el llamado post-modernismo es la falta de voluntad, que lleva a la pérdida de la capacidad de diferenciar entre la verdad y la mentira, lo importante y lo superfluo, lo alto y lo bajo. Ya no hay una verdad, solamente existen narrativas. No hay jerarquía, todo está al mismo nivel moral. Todo está en el mismo nivel ético: el asesino y su víctima, el sabio y el ignorante, la ópera de Mozart y el último engendro de la música pop. No ha de extrañar, pues, que desde esta perspectiva, los valores éticos fundamentales se tambaleen y resulte difícil identificar los valores auténticos en el océano de basura que los rodea.

Un acompañante de este clima venenoso es la estereotipada multiculturalidad; puesto que si no hay jerarquía, estaremos obligados a aceptar lo diferente, «el otro» (término cliché en este contexto). Ya sabemos de azafatas de líneas aéreas europeas obligadas a cubrirse el rostro en algunos aeropuertos, y no parece lejano el día -o quizás ya ha llegado- en que algún «liberal» se levante exigiéndonos aceptar la poligamia, la ablación del clítoris o la lapidación de las adúlteras. ¿Quiénes somos nosotros para fijar qué es bueno y qué es malo?

No. Aquí no estamos ante un caso en el que pueda invocarse el derecho a la libertad de expresión. El único derecho que no está limitado es el derecho a la vida. Para la libertad de expresión hay (y debe de haber límites). Estoy convencido de que para usted también los hay, y que ciertas cosas no las publicaría.

Por lo tanto, la desafortunada decisión de entrevistar al criminal Irving no puede justificarse en nombre de la libertad de expresión; sólo es reflejo de la falta de ética por parte de su responsable, de su desprecio a los lectores, a los otros entrevistados y, obviamente, al propio diario. No es más que una provocación barata en la línea del peor sensacionalismo.

Le agradecería que anulara la decisión de publicarla.

Raphael Schutz. Embajador de Israel

03 Septiembre 2020

Mentiras capitales

Hermann Tertsch

HABLAR de mentiras hoy en este país produce en principio mucha pereza. Viene casi a ser como hablar del tiempo en un ascensor en Londres. Tan tedioso como una queja resignada por estas obras en Madrid que ya veremos cómo y cuándo acaban, pero que pocos negarán se están haciendo de una forma que supone un maltrato objetivo a los ciudadanos, un peligro para los viandantes y la ruina para no pocos comerciantes. Que las obras se tuvieran que hacer bajo el lema del «ahora o nunca», impuesto por un Gobierno central desesperado por ocultar las realidades económicas y laborales de este país, atenúa sin duda las responsabilidades del ayuntamiento y de su alcalde. Aunque sí cabría advertirles que muchas de las obras ahora en marcha en pleno centro, si fueran sometidas a una inspección de seguridad de algún país un poco riguroso en la materia, generarían serios problemas a sus responsables. Pero volvamos a las mentiras. Hubo tiempos en los que también en este país las mentiras tenían precio. Mancillaban el honor del que las profería, especialmente si eran públicas y de un gobernante, y acarreaban consecuencias serias para el mentiroso -en países muy civilizados se va a la cárcel por ciertas mentiras-. La necesidad de la condena social a la mentira formaba parte de un código de honor asumido por la ciudadanía. Hoy aquí las mentiras han perdido todo poder de generar indignación o sorpresa. Tenemos unos gobernantes para los que la verdad no existe. Los hechos han pasado a ser meras interpretaciones de la verdad. Opiniones. Todo son interpretaciones de una realidad a su vez moldeable y cambiante, en los que la palabra -siempre al servicio de la política, como dice nuestro Gran Timonel- no tiene sentido propio, sino intención. La España zapateril ostenta el liderazgo en esta perversión moral y semántica en Europa. Con no menos rotundidad que la del desempleo.

Pero pese a toda la magnanimidad y condescendencia frente a la mentira, y a la espera de tiempos mejores en los que la palabra pueda recuperar su sentido, su valor y -¿por qué no?- su honor, hay líneas rojas que no podemos permitir se traspasen, porque del deshonor nos conducen al crimen. Un diario de Madrid está a punto de cruzar esta línea con su invitación al negacionista del Holocausto, David Irving, un delincuente que ya ha cumplido pena de cárcel en Austria y que vive de negar el hecho del exterminio de millones de judíos en los campos nazis. Esto no tiene nada que ver con libertad de expresión. Negar un crimen comprobado es exculpar a los criminales. Y humillar a las víctimas. Matarlas otra vez al negar su existencia. Eso es -mentira capital- un delito. Y por eso se debe ir a la cárcel incluso en el reino de la mentira que es la España de hoy.

04 Septiembre 2009

Contra la entrevista a Irving

Avner Shalev.

Director del Museo del Holocausto

Quiero expresarle mi profunda preocupación por el hecho de que su periódico ha considerado apropiado entrevistar a David Irving en el marco de una retrospectiva sobre el estallido de la Segunda Guerra Mundial y publicar sus opiniones. He dedicado algunas horas de entrevista a uno de sus reporteros partiendo de la suposición de que se trataba de una mirada honesta a los asuntos relacionados con esa guerra y el Holocausto. Si hubiera sido informado de que Irving estaba siendo entrevistado como parte de esa retrospectiva, no hubiese consentido de modo alguno a participar en las series que se están publicando en el diario.

Además de ser Irving el más tristemente célebre propagador de la negación del Holocausto en el mundo -y condenado a prisión en Austria por sus actividades negacionistas-, en el juicio por difamación que inició contra la profesora Deborah Lipstadt, fue completamente desacreditado como historiador.

Es más, al finalizar el proceso, la corte inglesa concluyó que, en sus escritos, David Irving tergiversó y manipuló intencionadamente los documentos. Incluirle como un «experto» o «historiador controvertido» confiere una inmerecida legitimidad y una falsa credibilidad a sus repugnantes ideas.

Irving no es sólo un propagador de odios; es también una fuente indigna de confianza para el debate de cualquier evento histórico. Poner sus opiniones junto a las de figuras respetadas como Sir Ian Kershaw y el profesor Richard Evans, o instituciones como Yad Vashem, recipiente del Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, le otorga un crédito que no le corresponde y pone en duda la credibilidad de su periódico.

Es inconcebible que un periódico serio provea una plataforma al antisemitismo y la negación del Holocausto. No es este un asunto que concierne a la libertad de expresión. Más bien va al fondo mismo de lo que deberían ser periodismo y juicio responsables.

Hay algunos asuntos que no son cuestión de estar a favor o en contra. El Holocausto es uno de ellos. La integridad de su periódico -tanto en la forma a través de la cual se ha dirigido a mí para la entrevista, como en la colosal carencia de criterio al entrevistar a alguien como Irving- ha sido dañada de forma irreparable.

Avner Shalev.

Director del Museo del Holocausto de Jerusalén.

06 Septiembre 2009

Moratinos no puede dar lecciones de nada

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El ministro de Asuntos Exteriores se sumó ayer a las voces procedentes de Israel que han criticado la publicación en EL MUNDO de una entrevista con el polémico historiador David Irving, con motivo del 70 aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Moratinos lamentó «que se dedique espacio» a una persona que niega el Holocausto. ¿Desde cuándo un ministro establece lo que puede o no publicar un periódico? Parece claro que Moratinos ha querido agradar a las autoridades israelíes en vísperas de la gira de Zapatero por Oriente Próximo. Este diario dejó ayer muy claro que no comparte en absoluto las tesis de Irving, aunque ello no obsta para que defienda su derecho a expresarlas. Cosa que, por cierto, ha hecho el historiador no sólo en EL MUNDO, sino en otros grandes diarios europeos, sin que los gobiernos hayan intervenido. Además, tal y como detallamos hoy, el ministro Moratinos ha estrechado demasiadas manos de personajes implicados en atroces matanzas como para dar lecciones de nada.

08 Septiembre 2009

Un mundo antisemita

Jorge Trías Sagnier

Existe un mundo, alimentando por algunos estados como Irán o Siria, profundamente antisemita. Son quienes divulgan esas ideas sobre la falsedad del Holocausto, sirviéndose de personajes como David Irving que llevan años intentando colar sus ‘investigaciones’ en el mismo plano de igualdad de las de historiadores o investigadores indiscutiblemente competentes como Avne Shalev o Richard Evans. Pues eso es lo que, por fin, consiguió Irving el otro día cuando EL MUNDO le publicó una entrevista, al mismo nivel de las publicadas a Shalev o Evans, en la que con la desfachatez que le caracteriza negaba melifluamente la existencia del Holocausto.

El ministro español de Exteriores mostró su justa indignación, recordando que la entrevista no podía ser enmarcada en el derecho a la libertad de expresión, ya que lo que hacía EL MUNDO era equiparar opiniones respetables con otras deleznable. El editorial de EL MUNDO, en una rabieta infantil, una especie de ‘y tú más’, le recordó al ministro una serie de entrevistas que había tenido – ¡faltaría más! – en el digno ejercicio de su cargo. El diario que dirige Pedro J. Ramírez no recoge opiniones repugnantes, como han hecho otros diarios europeos, sino que colcoa esas opiniones en el mismo plano de igualdad que otras investigaciones responsables. De ahí la indignación de algunos de los historiadores entrevistados en días anteriores. EL MUNDO incurre en el mismo error que, hace años, cometió la revista TIEMPO cuando la dirigía Julián Lago, al permitirle a Degrelle, el nazi belga de las Waffen SS, despacharse a gusto y afirmar que los campos de exterminio eran un invento judío.

Quienes le conocemos, y en algún momento de la historia de EL MUNDO ayudamos a Pedro J. a levantar sus páginas, sabemos cómo piensa. Y esta es la razón por la que nos sorprende y duele lo que ha ocurrido. ¡Qué forma más absurda de deslegitimar de un plumazo tantos años de dignidad!

Jorge Trías Sagnier

18 Septiembre 2009

Todo no vale, Pedrojota

Pilar Rahola

Dilecto Pedro J. Ramírez, permíteme esta carta pública, que empiezo con una pregunta: ¿estamos hablando de libertad de expresión? Según parece, este es el argumento que das para justificar, en tu periódico, uno de los ejercicios más abominables que he leído en años: la entrevista a un fanático, que niega el asesinato de seis millones de seres humanos, enaltece a Hitler y defiende la bondad del nazismo. Haber incluido la entrevista a David Irving en tu serie sobre la Segunda Guerra Mundial es algo más que una de esas provocaciones periodísticas que sabes hacer con maestría. Es una ofensa impúdica al recuerdo de millones de víctimas, a sus familiares, a los supervivientes que aún llevan el número del horror grabado en su carne, a las gentes que nos avergonzamos de esa maldad brutal que, por negar la razón humana, hasta negó la existencia de Dios. No hay, en la historia de la humanidad, un crimen planificado más abyecto, y su negación no es información periodística, es pura basura. Basura fascista. No me sirve, pues, que asegures que tu periódico no comparte las tesis del negacionista David Irving, porque no tengo dudas de ello. La cuestión no está en compartir unas ideas malvadas, la cuestión está en tener muy claros los límites de la libertad de expresión. No sé si tú crees en ellos, pero yo soy de los que piensan que la libertad sólo es sólida, si bascula entre una gran permisividad y una limitada pero sana dosis de prohibición. ¿O es que descubriremos ahora que el sustantivo libertad también se conjuga con el verbo prohibir? Ya sé que otros, antes que tú, han entrevistado a este tipo deleznable, pero por mucho que las moscas vayan a la mierda, no tienen razón. En cualquier caso, personalmente me reconozco en aquellos países que condenan la magnificación del nazismo, impiden su glorificación y, por supuesto, castigan con la ley a los que se burlan de sus víctimas. Me parecen más sanos. Pero, sobre todo, me parecen más libres.

Y, querido mío, esto no tiene nada que ver con Israel, cuya crítica forma parte de la dialéctica democrática. No confundamos los planos. Tiene que ver con Europa, con sus monstruos, con el horror de niños, madres, abuelos asesinados por haber nacido judíos, tiene que ver con nuestra propia culpa. Es decir, con nuestra responsabilidad con la memoria. Perdona, pues, mi insistencia, pero no creo que tenga justificación posible. Si tu única excusa es la libertad, tu periódico va a ser, a partir de ahora, una galería de monstruos. ¿Cuál será el próximo? ¿Un etarra negándonos el asesinato de Fernando Múgica, o de Miguel Ángel Blanco o de Ernest Lluch?, ¿o banalizando sus muertes, enalteciendo a sus verdugos? Esto es lo que has hecho con seis millones de judíos: dar voz a los que se mofan y defecan en sus tumbas. No creo que tengas demasiados motivos para estar orgulloso.

by BeHappy Co.