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Sálvador López de la Torre será el director de NUEVO DIARIO reemplazado a Juan Pablo de Villanueva, de PESA

Desmorone final de PESA (Opus): vende el periódico NUEVO DIARIO a Prensa Económica S. A., una sociedad vinculada a la familia Oriol

HECHOS

El 18.11.1970 D. Salvador López de la Torre fue nombrado nuevo director del periódico NUEVO DIARIO al mismo tiempo que el periódico hasta entonces propiedad de Prensa y Ediciones S. A. (PESA) pasaba a ser propiedad de la empresa Prensa Económica S. A. 

D. Sálvador López de la Torre será el director de NUEVO DIARIO reemplazado a D. Juan Pablo de Villanueva, de PESA, que seguía figurando como ‘Director en Funciones’ a pesar de que desde el 19.11.1970 había abandonado la dirección e incluso su permanencia en España trasladándose a Estados Unidos. Durante el tiempo de interinidad había dirigido el periódico D. José María González Torga que figuraba en la macheta como ‘Director Interino’ hasta la llegada de la nueva empresa y el Sr. López de la Torre.

EL FIN DE LA PRENSA DEL OPUS DEI

El grupo Prensa y Ediciones S. A. (PESA) logró tener gran influencia en los años sesenta por el éxito de sus diarios EL ALCÁZAR y NUEVO DIARIO haciendo destacar a un grupo de periodistas aperturistas del Opus Dei liderados por D. José Luis Cebrián Boné, D. Juan Pablo de Villanueva o D. Luis Apostua. Pero primero perdieron EL ALCÁZAR y ahora sus dificultades económicas le han hecho vender esa cabecera. Eso, unido a la situación cada vez más débil del ‘Diario MADRID’ puede erradicar definitivamente al a prensa opusdeista.

¿QUIÉN ES PRENSA ECONÓMICA S. A.? LA SOMBRA DE LOS ORIOL

Lucas Oriol D. Lucas María de Oriol y Urquijo

El consejero delegado la nueva empresa propietario de NUEVO DIARIO, Prensa Económica S. A., es D. Rafael Ruiz Gallardón. Su accionista más relevante es el Conde de Godó, D. Carlos Godó (presidente-editor de LA VANGUARDIA Española de Catalunya). Otros accionistas son D. Casimiro Molins Ribot, D. Manuel Grau y D. Andrés Ribera Rovira. Pero el accionista de Prensa Económica S. A. que más interés ha puesto en la adquisición de NUEVO DIARIO es la familia Oriol, en particular D. Lucas María de Oriol y Urquijo.

20 Diciembre 1970

Hasta luego

NUEVO DIARIO (PESA)

NUEVO DIARIO cambia de empresa. Este artículo editorial constituye, pues, un trance doloroso para el equipo que ha venido haciendo ND desde su nacimiento hasta ahora. A través de decenas de editoriales publicados en este corto tiempo de vida, queda constancia fiel del pensamiento y la conducta de ND hasta hoy.

El alma de esta aventura estimulante, el catalizador de tanto entusiasmo joven ha sido Juan Pablo Villanueva, cuyo instinto periodístico supo, en todo momento, ceñir sus actos al imperativo de lo justo, a criterios morales y a cánones humanistas. Desde estas páginas, donde ha quedado la impronta de su gestión, aprovechamos el dato de su ausencia para rendirle el público homenaje de gratitud y estima que se merece.

Aunque la emoción nos embarga en esta hora de despedida, no tenemos pensado cerrar con lágrimas el final prematuro de una empresa honesta e ilusionada. Sólo queremos expresar nuestra gratitud por el apoyo inestimable que nos han venido prestando nuestros crecientes: lectores. Consideramos, en efecto, que ND levantado sobre esquemas dialogantes, necesita dar alguna explicación pública del cambio de propiedad.

Como se sabe ND pertenecía a Prensa y Ediciones S. A. editora del vespertino EL ALCÁZAR, que bajo la inteligente dirección de José Luis Cebrián logró un éxito espectacular de difusión. Nació nuestro periódico, por tanto, con un plan financiero bastante claro, apoyándose en ese éxito y en la economía de la empresa. Al perder definitivamente Prensa y Ediciones Sociedad Anónima la edición de EL ALCÁZAR el proyecto ND se volvió inviable, haciendo necesaria su venta. Los expertos de la Prensa internacional coinciden en que para situar en el mercado un diario nuevo hacen falta cinco años y muchos millones de pesetas. ND tiene solamente tres años de rodaje, y no ha dispuesto del tiempo material necesario para saber cuál pudo ser su futuro. Puede decirse, sin embargo, que ND consiguió un nuevo estilo de periodismo, un periodismo sin paja, dirigido a un público que va la televisión y tiene poco tiempo para leer.

Por otra parte, queremos dirigir unas palabras al equipo que ha dado su personalidad al periódico. Deseamos decirle que en ningún caso deben sentirse fracasados. ND ha merecido el elogio unánime del os profesionales españoles y extranjeros. Realizado por una plantilla de redacción joven y animosa, ND fue evolucionando sin pausa hasta encontrar su propia y original fisonomia.

Agradecemos finalmente el interés puesto en el trabajo por cuantos han colaborado en la realización del Diario y de los suplementos. De ese suplemento de los domingos que tan buena acogida tuvo en los medios intelectuales, y que ha sido para todos motivo de satisfacción.

Adiós, o mejor hasta luego, porque aunque las personas cambien, el ideal permanece, y no es improbable que, de una forma u otra, volvamos a repetir el intento. A los que quedan y a la nueva empresa: Suerte y éxito. 

PESA

17 Marzo 1973

ENTREVISTA A JUAN PABLO VILLANUEVA

Juan Pablo de Villanueva

JUAN PABLO VILLANUEVA

Cuando yo empecé periodismo nunca pensé que el régimen de censura era aquello que te decían en la Escuela. Pero cuando te pones a hacer periodismo con una Ley sobre censura dictada en un tiempo excepcional, en un tiempo de guerra, como era la Ley del treinta y ocho, con censura previa de todos los textos, el periodismo se reduce a una cosa abusrrida, anodina, tan dirigida, tan controlada, tal filtrada… Hasta que llegó Fraga al Ministerio de Información y Turismo.

Y con él llegó el escándalo.

Empezó la etapa previa a la Ley de Prensa y la censura a hacer sus pinitos. Entonces comenzaban a publicarse artículos francamentes críticos, aun aprobados por la censura. Se trataba de crear una especie de clima sobre lo que ocurriría si no hubiera censura y demostrar poco a poco que no ocurría nada, para evitar que luego la Ley fuera una especie de bomba atómica.

Sin embargo es el momento en que empiezan a estallar pequeñas granadas.

Sí… a mí me ocurrió un incidente muy desagradable con un artículo que publiqué en EL ALCÁZAR. No era un artículo mal intencionado. Pienso que era un artículo hasta ingenuo, porque yo era muy joven y no sabía, digamos, hasta que punto está encastillada en posturas ideológicas. Y trataba, bueno… es lo que después ha sido la gran polémica entre la tecnocracia y la política. Entonces yo hablaba de la política y de la poesía, y se me echaron encima todos los poetas del país…

Un duro golpe

Se armó tal polvareda que tuve que estar quince días en un pueblo de la provincia de Salamanca escondido porque me querían dar una paliza. Y mientras se ocultaba el planeta aprovechando el plenilubio, los poetas resucitaban antiguos fuegos fatuos para purificar ciertas conciencias.

(…)

En los países en que ha existido siempre libertad de prensa, los puestos de responsabilidad se encuentran en manos de gente con mucha experiencia. Ahora bien, pienso en nuestro país, en profesionales que rondan los cincuenta años. Existen algunas personas destacadísimas, pero destacan por aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Pero si no hubiera ciegos serían personas normales y probabelmente habría mucho más para elegir.

Pero cómo empezó. ¿Cuál fue la órbita de Juan Pablo Villanueva?

Bueno, empecé a trabajar en Madrid en GACETA UNIVERSITARIA. Fundamentalemtne fueron dos años en que me dediqué casi por completo a estudiar y a leer. También colaboraba en publicaciones extranjeras. Era en octubre del sesenta y tres y en EL ALCÁZAR me aceptaron una sección semanal de información universitaria, donde dejaban decir bastantes cosas a pesar de que existía la censura. Vamos, me acuerdo de una polémica bastante sonora con Martín Villa, que entonces era el jefe del SEU. Fue muy interesante, pero al cabo de tres meses lo dejé.

¿Presiones políticas?

Presiones económicas… No me pagaban y un día ya les dije… “Bueno, señores o me pagan o me marcho”. Y como no encontré una respuesta clara al asunto, me marché. Entonces el director era Irazazábal y Luis Apostua el redactor-jefe.

Y así comienza esta aventura que empezó en el empeño de buscar una página y terminó en el desempeño de dirigir un periódico.

Cuando nombraron a José Luis Cebrián director de EL ALCÁZAR, a la hora de fichar a nueva gente se acordó de mí. El periódico entonces era muy populachero, no decía nada y Cebrián por lo visto trató de que empezara a tener opinión y me preguntó si quería trabajar en un equipo de editoriales. Me dijo que iba aensayar con editoriales muy cortitos para que la gente empezara a leerlos poco a poco. Recuerdo que un día Apostua me dijo “Oye, chaval, escríbeme un editorial de cuartilla y media”. Escribí entonces mi primer editorial que se llamaba “Sí a las regiones”. Al día siguiente lo publicó el ABC íntegro.

Se montó un comité editorial y nombraron director a Cerezales, que era el subdirector y a mí, secretario. Estaban también Guillamón, Alberto Minguez, Mariano del Mazo y yo. Nos pusieron juntos en un despacho y aquello funcionaba muy bien. Luego pasamos al Edificio Azul y el periódico pegó una estampida terrible hacia arriba. Más o menos estaba ya encargado de la opinión y era una opinión que empezaba a pesar, porque la difusión del periódico era mucho más grande y todo lo que se decía tenía eco.

¿Empezaba a resultar ya una de esas opiniones molestas?

Pero Cebrián era muy celoso de separar la información de la opinión, lo cual me parece un gran criterio, lo separó.

A mí me nombraron director de información nacional. Al poco tiempo coincidieron las elecciones sindicales. Entonces hicimos un despliegue informativo. Recorrimos Asturias, Guipuzcoa, Cataluña, Andalucía. No digo que lo cubriéramos maravillosamente pero en comparación con lo que se estaba haciendo se trataba de una ruptura absoluta con el resto de la información. Era la primera experiencia de unas elecciones más o menos libres con una prensa más o menos libre. Lo aprovechamos al máximo y tuvo un gran éxito. Desde el punto de vista profesional, yo quedé muy contento.

Fue el momento de las grandes polémicas, ¿no?

Sí… tuvimos grandes polémicas con PUEBLO sobre los sindicatos. Fueron bastante fuertes y yo pienso que esto contribuyó a un cambio de mentalidad sobre la Organización Sindical. No digo que fuese el único factor, pero es evidente que esta presión contribuyó a poner de manifiesto la necesidad de una nueva Ley Sindical.

¿A qué se puede atribuir aquel éxito absolutamente arrollador de EL ALCÁZAR?

El éxito del periódico yo creo que fue el conseguir una fórmula mixta entre la parte amena y la parte seria. Entonces estuve cuatro meses en el campo haciendo la mili y el resot me quedé en Madrid trabajando al mismo tiempo en el periódico… Fue una época agotadora, sin dormir apenas. Y al salir NUEVO DIARIO, Cebrián me pidió como jefe de opinión. No participé para nada en los preparativos y seguí en EL ALCÁZAR justo hasta el día anterior a la salida de NUEVO DIARIO. A los cuatro meses me nombraron subdirector. Por entonces también tuve una oferta de Rafael Calvo Serer para ir de director al MADRID.

¿Sí? Se ve que los hados te persiguen…

Fue cuando dejó el periódico Miner Otamendi, porque casi le dio un soponcio con aquellos editoriales de página entera con una fuerte carga crítica. Era una situación previa de la Ley Orgánica y estaban tratando de influir en su formulación y en su interpretación posterior. Me lo pensé… Hablé con Cebrián, pero me aconsejó que no aceptase, porque a él le iban a nombrar director general de la empresa y yo podría ser director de NUEVO DIARIO. Estuve de director en funciones ocho meses, hasta que en la empresa hubo un cambio de consejero delegado y se empezaron a preocupar porque EL ALCÄZAR había llegado a tiradas cumbres de doscientos mil ejemplares y había bajado un poco.

Eran esos momentos, cuando el muerto recién resucitado estaba a punto de volver a morir otra vez.

Le ofrecieron a Cebrián volver a EL ALCÁZAR. Y el mismo día que llegó fue cuando ocurrió la suspensión del periódico. Fueron unos días absolutamente trágicos para la empresa, para la profesión periodística, para los amigos y compañeros con los que había trabajado mucho…

Y así empezó la gran oscuridad. Ya no quedaba nada claro.

EL NUEVO DIARIO siguió adelante, aunque ya estaba amenazado de muerte política y económicamente, porque la fuente de ingresos de la empresa correspondía a EL ALCÁZAR, es decir… la empresa había hecho una gran inversión para llegar a una rentabilidad. Y cuando empezó a ganar dinero es cuando apareció NUEVO DIARIO.

Y en ese gran juego de ajedrez que se juega en las alturas alguien consiguió un perfecto jaque mate.

Y cosas de la vida… El Tribunal Supremo dictó el fallo a favor de PESA, pero el planeta se situó ya de pleno en la órbita política y le cubrió ya la negra noche para siempre.

NUEVO DIARIO cambió de empresa. Prensa y Ediciones se vio obligada a venderlo. Naturalmente al entrar la nueva empresa, el primero en salir fui yo. Además hicieron una lista con las personas que deberían salir y las que quedaban. Yo traté por todos los medios de reducir esa lista y evité un gesto de solidaridad que hubiera sido bastante fácil de conseguir.

En ese momento ¿cuántas personas dejaron el periódico?

En un mes se fueron del periódico veintidós personas. Algunos se solidarizaron conmigo, otros estaban en la lista y unos cuantos se marcharon inmediatamente al ver el ritmo que tomaban las cosas.

Me ofrecieron muchos trabajos. Jaime Campmany me oreció trabajar en el ARRIBA. Nunca consideré esta oferta, pero en aquellos momentos agradecí enormemente una mano de aliento. También me ofrecieron trabajo en EUROPA PRESS, pero la oferta más interesante la hizo Alejandro Armesto para trabajar en EFE. La gente me decía: “Ahí no vas a durar quince días”, pero me propuse permanecer por lo menos un año. Después estuve quince meses.

¿Y aquel asunto con Emilio Romero? ¿Cómo terminó?

Se querelló contra mí por un editorial publicado en NUEVO DIARIO titulado ‘De Risa’, en contestación a uno suyo titulado ‘En Serio’. Yo decía que Emilio Romero no era quién para dar lecciones de moral, lo cual le molestó como si le estuviera llamando inmoral… No es mi estilo insultar. El juez así lo entendió y medio la razón.

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