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El político socialista seguirá al frente del PSOE desde su cargo de 'Vicesecretario General'

Dimisión de Alfonso Guerra como Vicepresidente del Gobierno, tras el caso de corrupción de su hermano Juan

HECHOS

El 12.01.1991 el Vicesecretario General del PSOE, D. Alfonso Guerra, anunció su dimisión como Vicepresidente del Gobierno.


ARROPADO POR COMPAÑEROS ‘GUERRISTAS’

1991_Bono_Guerra_Marugán1991_onstts D. Alfonso Guerra escogió un entorno ‘amable’ para anunciar su dimisión: el congreso regional del PSOE extremeño que controla D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra (uno de los más destacados colaboradores ‘guerristas’) y flanqueado por D. José Bono y D. Francisco Fernández Marugán, considerados por la prensa como dos destacados ‘guerristas’.

EL ‘CASO JUAN GUERRA’, CLAVE EN LA CAÍDA

AlfonsoyJuanGuerra1990 Las investigaciones de corrupción en el entorno de D. Juan Guerra, terminaron por salpicar gravemente al Vicepresidente del Gobierno, D. Alfonso Guerra, que siempre negó desconocer las actividades empresariales de su hermano a pesar de que este hiciera gran parte de esos negocios amparándose, precisamente, en su condición de ‘hermano del Vicepresidente’.

LA PRENSA ANTE LA CAÍDA POLÍTICA DEL VICEPRESIDENTE

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El vicepresidente don Alfonso Guerra había asegurado en el congreso que don Juan Guerra no había utilizado su despacho oficial para sus negocios y la prensa había descubierto que sí. Luego o el vicepresidente había mentido o su hermano le había mentido a él. “Juan Guerra es un golfo y Alfonso Guerra es el que se ha dejado engañar por el golfo” analizó ante sus micrófonos don Antonio Herrero. La deseada dimisión del vicepresidente se produjo en enero de 1991, los medios de comunicación se apuntaban un tanto.

Las diferencias entre las redacciones ante la salida del vicepresidente salta a la vista. El ABC habla de que el Sr. Guerra ha sido “destituído”, en EL MUNDO marca que ha dimitido “obligado por el peso de la opinión pública” y en EL INDEPENDIENTE a que lo ha hecho forzado por la corrupción. Por el otro lado, EL PAÍS evita usar la expresión “dimisión” y “corrupción” en el titular contando que el vicepresidente “abandona el Gobierno” como quien un día deja de fumar. EL SOL, el periódico del entorno del vicepresidente, habla de su salida como de una nueva etapa. Lo más importante es que EL PAÍS y EL SOL hablan de una salida voluntaria del vicepresidente, mientras que ABC, EL MUNDO y EL INDEPENDIENTE marcan la dimisión como una destitución o una dimisión forzada por la corrupción. Pese a su salida del Gobierno don Alfonso Guerra mantuvo su poder dentro de “la apisonadora” como máximo controlador del PSOE. Otra detalle es que EL MUNDO – el periódico al que el propio presidente había acusado de ser “un gusano goebbeliano” – en su editorial pide confianza para presidente, limitando sus críticas al vicepresidente caído.

13 Enero 1991

ALFONSO GUERRA, EN SU DIMISIÓN

Miguel Ángel Aguilar

Alfonso Guerra ha dado cuenta de su dimisión como vicepresidente del Gobierno en un escenario, el del Congreso de los socialistas extremeños, donde ha encendido una explosión de afecto hasta las lágrimas entre los delegados.

Todo indica que a comienzos de semana el presidente del Gobierno, Felipe González, tuvo la conversación definitiva con Alfonso Guerra. En las redacciones de los medios informativos pasó inadvertido el cambio de programa para el Congreso Socialista de Cáceres. La intervención inaugural prevista para el viernes a cargo de Alfonso Guerra, quedaba pospuesta para la clausura del sabado.

Se han cuidado en extremo las formas. La salida de Alfonso Guerra del Gobierno se ha convertido en pieza separada y previa al cambio ministerial anunciado. Alfonso Guerra no es un miembro más del Gabinete y ha tenido el privilegio de dar cuenta él mismo de su dimisión y del a aceptación de la misma por el presidente.

Alfonso Guerra, fuera del Gobierno, se va al puesto de vicesecretario del PSOE para el que fue elegido en el XXXII Congreso del pasado mes de noviembre. Ha declarado que la primera tarea del partido es la de apoyar al Gobierno y se ha manifestado con toda rotundidad sobre el liderazgo de Felipe González.

El vicepresidente estima que su honor político ha quedado a salvo después de la victoria electoral socialista de octubre en Andalucía y del mencionado Congreso Federal. Dos ocasiones que él interpreta en clave de triunfo personal. Pero los políticos están hechos de una materia que finalmente es materia humana, no son de cuproníquel y resultan atacables por los ácidos y la crítica de los medios de comunicación.

Los que aprovechen ahora para declararse antiguerra pueden marrar el golpe e incurrir en el desafecto del propio González que, después de 25 años de colaboración, sigue persuadido de las calidades de fondo de su número dos, que tantas pasiones desata. Dicen que Guerra ha hecho mutis por Moncloa.

Otra ola intencionada surgirá estos días desde los lugares donde más se denigró al vicepresidente, para ensalzarle y hacer de esas loas ariete contra Felipe González. Esta línea argumental exonerará al dimitido de cualquier error y le indultará considerándole en sus desaciertos puro instrumento del maligno presidente, al que se reservarán las tintas más negras.

En todo caso estamos en el umbral de una novedad. Por primera vez desde la llegada de los socialistas al poder en octubre de 1982, Alfonso Guerra estará ausente del Gobierno. Uanod algunos pensaban que el tándem sevillano había llegado a su indisolubilidad y se gozaban en motejarles de copresidentes, la salida de Guerra del Gabinete deshace el juego y deja a cada uno en su lugar.

Seguro que el fantasma de la ruptura de Adolfo Suárez-Fernando Abril en 1980 y el análisis de las consecuencias que tuvo entonces aquel episodio para el inquilino de la Moncloa habrán convulsionado muchos de los espíritus que habitan aquel complejo  y aquellso gabinetes. Pero el gusto por las simetrías puede traicionar las relaidades. Se vio que UCD no pasaba de ser un aglomerado heterognéneo y provisional, mientras el PSOE, por el momento, tiene probada la consistencia de un partido.

Miguel Angel Aguilar

13 Enero 1991

Final de etapa

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Casi un año ha durado la resistencia, también la agonía, de Alfonso Guerra antes de tomar la decisión que ayer anunció en Cáceres. Como reconoció ante los socialistas extremeños, su continuidad en la vicepresidencia estaba suponiendo una enorme erosión para el Gobierno. Ello era evidente desde hace mucho tiempo para todo el mundo, incluyendo seguramente a Felipe González. Pero las complejas relaciones de lealtad entre las dos principales figuras del socialismo español contemporáneo, y el reflejo de esas relaciones en las estructuras internas del PSOE, retrasaron la adopción de una decisión que a las personas sensatas parecía inevitable. Habiéndose cerrado en falso el escándalo suscitado por las revelaciones sobre el súbito enriquecimiento del hermano y hombre de confianza del vicepresidente, iniciativas como la remodelación y reforzamiento de la autoridad del Gobierno -en nombre de la cual fueron adelantadas las elecciones legislativas de 1989- fueron aplazadas a la espera de una coyuntura favorable. Así, problemas que en otras condiciones hubieran tenido soluciones no demasiado complicadas fueron enquistándose a la espera de ese momento óptimo que no llegaba nunca.Ahora nos encontramos en la expectativa de una posible guerra en el golfo Pérsico, ante síntomas de una recesión económica bastante seria y en unos momentos en los que tiende a ensancharse la distancia entre la percepción de la realidad por los gobernantes y por la sociedad. En su conjunto, una situación que hacía materialmente imposible mantener por más tiempo la ficción de que el mero transcurso del tiempo iría resolviendo dificultades que requieren de un Ejecutivo cohesionado y con capacidad para suscitar amplios consensos sociales y políticos. La salida de Guerra del Gobierno se había convertido en una condición previa para la adopción de decisiones inaplazables, como así han acabado por entenderlo el propio interesado y el presidente del Gobierno.

En cualquier caso, la responsabilidad de Alfonso Guerra en el bloque de poder socialista no será, a partir de ahora, asunto de poca monta en su calidad de vicesecretario general del PSOE, cargo que adquiere automáticamente una nueva dimensión en la medida en que el secretario general, Felipe González, seguirá fuertemente absorbido en sus tareas de gobierno. La complicidad política entre ambos sigue siendo, pues, una necesidad perentoria para que todo funcione en el PSOE. Son dignas de elogio las palabras del vicepresidente en Cáceres cuando afirmó que «la dirección del PSOE y los militantes en su conjunto han mantenido un apoyo total al Gobierno socialista y a su presidente. Así ha sido, así debe ser y así seguirá siendo en el futuro, pese a quien pese».

En cuanto a las consecuencias del cese del vicepresidente en la composición del Gobierno, todo indica que estamos en una operación con dos fases -que hace buenas las palabras de González pronunciadas en el 32º Congreso del PSOE sobre la autonomía del Gobierno-, González se ha inclinado por dar un carácter único y especial a la dimisión de Guerra y no restarle protagonismo diluyéndola en una remodelación más amplia. Incluso es posible que el Presidente decida aguardar unos días en situación de provisionalidad (aprovechándolos para analizar las reacciones del PSOE y de la propia sociedad ante la dimisión de Guerra), evitando de momento el nombramiento de otro vicepresidente o dividiendo las tareas propias del cargo entre dos ministros pertenecientes a las áreas política y económica.

Si ello es cierto, también lo es que una profunda remodelación, con toda la calma que sea necesaria, se hace inevitable. Por dos razones: porque ante coyunturas complicadas -como lo es la actual escena política mundial- la sociedad necesita saber que tiene a su disposición al mejor y más completo Gobierno, ya que este partido no debe jugarse con 10 jugadores. Y porque con la desaparición de Alfonso Guerra del Gabinete no sólo acaba la etapa de un gobernante: finaliza también, al menos parcialmente, un modo de gobernar, una manera de relacionarse el Gobierno consigo mismo, con el partido que lo sustenta y con la oposición. En realidad, los socialistas se enfrentan a la tarea de reinventar en buena medida los equilibrios, los estilos, las liturgias de su poder.

En relación a la discusión sobre si la decisión llega demasiado tarde para superar el deterioro de la imagen de los socialistas, reconocido ayer por el propio dimisionario, no conviene olvidar la reciente experiencia del Reino Unido. Los conservadores, que estaban hace tres meses al borde del colapso, han remontado vertiginosamente posiciones tras la dimisión de Margaret Thatcher y hoy superan a los laboristas. Más vale tarde que nunca. Reconozcamos a Guerra el mérito de haber acabado reconociéndolo.

13 Enero 1991

Felipe González destituye a Alfonso Guerra

ABC (Director: Luis María Anson)

Felipe González ha decidido prescindir de Alfonso Guerra en el Gobierno, lo que abre una profunda crisis general. La opinión pública ha ganado una larga batalla iniciada hace un año con el estallido del escándalo Juan Guerra tras un informe publicado en ABC. El vicepresidente del Gobierno mintió al Parlamento el pasado 1 de febrero, pero el presidente anunció entonces que ‘si Guerra se ve obligado a dimitir, yo también dimitiré’. Un año después, Felipe González no ha tenido otro remedio que ceder ante el clamor ciudadano y destituir a Guerra. “No se trata ahora de hacer leña del árbol caído – han dicho círculos responsables del PSOE y de la oposición – sino de abordar con serenidad una nueva situación que, si se evitan radicalismos, puede redundar en beneficio del pueblo español”. La crisis socialista se ha abierto cuando soplan vientos de guerra en el Golfo, con la esperanza de que se diluya en medio de una cuestión del más alto interés mundial.

13 Enero 1991

Guerra abrió la crisis del Gobierno

EL INDEPENDIENTE (Director: Pablo Sebastián)

Cansado de las dilaciones y dudas del Presidente, Alfonso Guerra ha decidido por su cuenta, cogiendo por sorpresa al palacio de la Moncloa y a sus compañeros de gabinete, abandonar la vicepresidencia del Gobierno y abrir la crisis que Felipe González se mostraba incapaz de abordar desde hace más de un año. El hasta ahora número dos del Gobierno ha dimitido públicamente ante sus compañeros del partido en Extremadura, queriendo con este gesto darle un significado a su salida del palacio de la Moncloa, de donde se dice que estaba ausente desde hace varios días, como se vio con su no participación en el gabinete para el seguimiento del conflicto del Golfo, del que había sido excluido no se sabe si a petición propia o por decisión de Felipe González.

Las indudables responsabilidades de Alfonso Guerra en la corrupción detectada en su despacho de Sevilla, por los negocios urdidos por su hermano Juan en la citada dependencia, han puesto fin a la presencia del número dos del PSOE en el Gobierno. La corrupción le ha echado del Ejecutivo y ha causado un duro revés en su carrera política, que al parecer y de momento, intentará rehacer o continuar en el seno del Partido Socialista, donde ocupa un alto cargo rodeado de un comité ejecutivo totalmente adicto a su persona, tal y como lo organizó el propio Guerra en el XXXII Congreso del Partido Socialista, quizá con el ánimo e intención de refugiarse en el partido cuando veía como irremediable su salida del Gobierno. Ahora falta saber si la dimisión de Guerra, anunciada de extraña manera, no incluye un enfrentamiento personal o distanciamiento de Felipe González, dado que el Presidente del Gobierno no ha sido el primero en comentar tan importante decisión

El Análisis

CAE GUERRA, NACE EL GUERRISMO

JF Lamata

D. Alfonso Guerra dimitió como Vicepresidente del Gobierno – por voluntad propia o forzado – en un Congreso del PSOE extremeño ante muchos de sus fieles.  Pero su carrera política estaba lejos de terminar. D. Alfonso Guerra había medido bien sus apoyos, los ‘guerristas’ estaban presentes en la práctica totalidad de las federaciones socialistas – en muchas de ellas como mayoría – con figuras tan relevantes como eran los Sres. Carlos Sanjuán (Andalucía) Rodríguez Ibarra (Extremadura), Bono (Castilla-La Mancha), Jaime Blanco (Cantabria), José Acosta (Madrid), José Marco (Aragón) o Martínez Noval (Asturias).

Desde esa posición D. Alfonso Guerra, pese a no ser Vicepresidente, podía seguir ejerciendo autoridad y presión ante el Gobierno de D. Felipe González, con el argumento de representar ‘al partido’. La frase del Sr. González de ‘¡Se Gobierna desde Moncloa y no desde Ferraz’ resumía bien el conflicto ‘guerristas’ vs ‘felipistas’.

J. F. Lamata

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