1 enero 1995
Dimite el presidente de Aragón, José Marco (PSOE), acusado de corrupción y enfrentado a los dirigentes de su propio partido
Hechos
El 17.01.1995 dimitió el Presidente del Gobierno autonómico de Aragón, D. José Marco, del PSOE.
Lecturas
D. José Marco Berges asumió la presidencia de Aragón como candidato del PSOE gracias a una moción de censura respaldada por un diputado tránsfuga del PP.
Escándalos de corrupción le obligan ahora a dimitir. Le reemplazará como candidato del PSOE en las próximas elecciones D. Marcelino Iglesias, y para sustituirle como secretario general del PSOE se celebrará un congreso en junio de 1996.
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Dieciséis meses después de alcanzar la Presidencia de Aragón mediante una moción de censura, José Marco Berges abandona el cargo y renuncia también a su acta de diputado autonómico. Su salida pone fin a uno de los periodos más convulsos de la todavía joven autonomía aragonesa. Marco había llegado al poder el 15 de septiembre de 1993 derribando al Gobierno de coalición PAR-PP presidido por Emilio Eiroa García: los 30 diputados socialistas necesitaban cuatro votos adicionales y los encontraron en los tres de Izquierda Unida y, decisivamente, en Emilio Gomáriz, diputado elegido por el Partido Popular que meses antes había abandonado su grupo y pasado al Mixto. Los 34 votos permitieron que el PSOE recuperase mediante una moción de censura el Gobierno que no había conseguido formar después de las elecciones de 1991.
Marco llega a enero de 1995 políticamente cercado. Sobre él pesa el denominado «caso del sillón», por la supuesta utilización de fondos de la Diputación Provincial de Zaragoza para pagar un sillón destinado a su domicilio particular, y está en marcha además la investigación sobre el «caso de los espías», relativo al empleo de dinero público para investigaciones privadas sobre políticos y empresas. La crisis termina trasladándose al interior de su propio gabinete. El 10 de enero Marco destituye al consejero de Economía, Eugenio Nadal Reimat, después de que éste y otros consejeros le reclamen que abandone la Presidencia. Presentan entonces su dimisión los consejeros Ramón Tejedor Sanz, Isidoro Esteban Izuel y Simón Casas Mateo; al día siguiente Tejedor y Esteban formalizan sus renuncias y otros miembros del Ejecutivo y numerosos altos cargos amenazan con seguirles. El grupo parlamentario socialista considera ya insostenible la situación y reclama también la marcha del presidente.
Marco termina cediendo. Su cese formal se dispone por Real Decreto de 19 de enero de 1995, haciendo constar tanto su dimisión como presidente como su renuncia al escaño. El PSOE intenta sustituirlo mediante la investidura de Ángela Abós Ballarín, pero ésta sólo reúne 31 votos frente a 33 contrarios y tres abstenciones de IU, por lo que fracasa tanto en primera como en segunda votación. Ramón Tejedor Sanz queda entonces como presidente en funciones hasta las elecciones autonómicas de mayo. El PSOE conserva provisionalmente el Gobierno, pero ha perdido a su presidente, no consigue elegir otro y se dispone a afrontar las elecciones con el recuerdo inmediato de una legislatura iniciada mediante el voto decisivo de un tránsfuga y terminada con el presidente socialista enfrentado a una parte de sus propios consejeros y bajo investigación judicial.
EL CASO DEL SILLÓN
1990 – EL SILLÓN. Los hechos se remontan a la etapa en que José Marco preside la Diputación Provincial de Zaragoza. Según determinarían posteriormente los tribunales, Marco ordenó que un sillón de piel valorado en 77.977 pesetas fuese instalado en su domicilio particular y pagado con fondos de la Diputación. Para justificar el desembolso se confeccionó una factura bajo un concepto diferente: la reparación de varias sillas del Palacio de Sástago, propiedad de la institución provincial.
1994 – LA DENUNCIA. El asunto sale a la luz a partir de las acusaciones de Adolfo Blanco, responsable de Buró Oficinas, empresa que había suministrado el sillón. Blanco realiza la denuncia después de que su empresa no consiguiese una adjudicación para amueblar dependencias del Gobierno aragonés. Marco niega los hechos y sostiene que la factura utilizada contra él contiene irregularidades y que nunca encargó aquel sillón. La controversia se incorpora rápidamente a la crisis política que atraviesa su Gobierno.
ENERO DE 1995 – DIMISIÓN. Cuando Marco abandona la Presidencia todavía no existe condena. El asunto se encuentra judicializado y constituye, junto al caso del espionaje, una de las cargas políticas que hacen insostenible su continuidad.
14 DE JUNIO DE 1995 – JUICIO. La Audiencia Provincial de Zaragoza sienta a Marco en el banquillo acusado de haber utilizado dinero público para una adquisición destinada a su uso particular. Junto a él son juzgados Adolfo Blanco y el funcionario provincial José María Valero.
22 DE JUNIO DE 1995 – CONDENA. La Audiencia considera probado que el sillón fue adquirido para el domicilio de Marco, pagado por la Diputación y encubierto mediante documentación falsa. Lo condena por malversación de caudales públicos y falsedad documental a trece meses de prisión, seis años de inhabilitación y 75.000 pesetas de multa, además de la devolución del importe correspondiente. Marco mantiene su inocencia y recurre al Tribunal Supremo.
11 DE FEBRERO DE 1997 – CONDENA FIRME. La Sala Segunda del Tribunal Supremo desestima el recurso de casación y confirma la condena. El «caso del sillón» queda definitivamente cerrado judicialmente con Marco condenado por haber utilizado dinero de la Diputación para pagar el mueble destinado a su vivienda.
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EL «CASO DE LOS ESPÍAS»
1993-1994 – INVESTIGACIONES PRIVADAS. Durante la Presidencia de Marco, el Gobierno aragonés contrata trabajos de la agencia privada Diamond. La investigación posterior determinará si detrás de facturas correspondientes aparentemente a informes empresariales se habían ocultado gastos destinados a investigar a políticos. Entre las personas objeto de seguimientos o investigaciones aparecerán dirigentes como José María Mur Bernad, presidente del Partido Aragonés, y el exalcalde socialista de Zaragoza Antonio González Triviño. También se realizaron investigaciones sobre empresas que habían recibido subvenciones públicas.
NOVIEMBRE-DICIEMBRE DE 1994 – ESTALLA EL ESCÁNDALO. Las denuncias sobre vigilancia de políticos y empresarios alcanzan a las Cortes de Aragón y a la Fiscalía. El asunto incluye además la realización de barridos para detectar posibles micrófonos en dependencias de la Diputación General, en el domicilio de Marco y en la Academia Marco. El elemento penalmente relevante será determinar si dinero público había financiado investigaciones realizadas por interés político o particular.
ENERO-MARZO DE 1995 – INVESTIGACIÓN PARLAMENTARIA. Las Cortes investigan el asunto y remiten sus conclusiones a la Justicia. La crisis contribuye a la ruptura entre Marco y la dirección federal del PSOE. En marzo, el partido le abre expediente por falta muy grave, reprochándole además que esté arrastrando a la organización a un problema judicial personal.
20 DE ABRIL DE 1995 – LA FISCALÍA APRECIA POSIBLES DELITOS. Después de cinco meses de diligencias, la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Aragón concluye que la utilización presuntamente irregular de fondos públicos puede constituir diversas infracciones penales y remite las actuaciones a la Sala de lo Penal del TSJA.
30 DE OCTUBRE DE 1995 – DECLARA UN DETECTIVE. Un antiguo detective de Diamond afirma judicialmente que realizó investigaciones sobre políticos por encargo de responsables socialistas y que determinados trabajos fueron sufragados con dinero público. Fernando Gimeno Marín, dirigente del PSOE aragonés, admite que se encargaron investigaciones sobre el patrimonio de José María Mur, aunque sostiene que fueron pagadas por el propio PSOE y no por la Administración.
MARZO DE 1996 – MARCO PIERDE EL AFORAMIENTO. Al haber dejado de ser diputado autonómico, las diligencias ya no tienen que continuar ante el órgano competente para aforados y son remitidas a la jurisdicción ordinaria.
1996-1999 – CONTINÚA LA INSTRUCCIÓN. La causa termina concentrándose en el uso de fondos públicos para pagar trabajos de Diamond. La acusación sostiene que se utilizaron unos 15 millones de pesetas en investigaciones sobre políticos y empresas y que parte de los informes empresariales sirvió para encubrir contablemente el verdadero destino de los fondos.
20 DE SEPTIEMBRE DE 1999 – CONFORMIDAD Y CONDENA. Al comenzar el juicio ante la Audiencia Provincial de Zaragoza se alcanza un acuerdo entre las partes. Marco y el detective Juan Manuel Gómez Moreda restituyen aproximadamente 15 millones de pesetas al erario público. La reparación del daño permite reducir sustancialmente la petición inicial de la Fiscalía. Marco acepta una condena de nueve meses de prisión por malversación, dos años de inhabilitación para cargo público y otros seis meses y un día por falsedad en documento público, además de multa. La acusación por prevaricación queda fuera del acuerdo.
El balance judicial de José Marco queda, por tanto, muy alejado de una simple sucesión de denuncias políticas: los dos grandes asuntos que lo perseguían cuando dejó la Presidencia terminaron en condenas. El sillón produjo una sentencia posteriormente confirmada por el Supremo; el espionaje terminó cuatro años después mediante una conformidad que incluyó la devolución del dinero público utilizado.
17 Enero 1995
Marco se va, pero se queda
La salida a la, grave crisis institucional y política que vive la sociedad aragonesa tiene todos los visos de convertirse en tan personalista como lo fue la propia génesis del problema planteado por José Marco. al empecinarse, primero, en llegar al poder a cualquier precio (comprando la voluntad del tránsfuga Gomáriz) y, luego, en no dejarlo aunque se lo pidieran desde todos los sectores sociales de su comunidad.El presidente aragonés se decidió el sábado a presentar su dimisión ante el comité regional del PSOE, pero cuidando de marcar la línea sucesoria con la designación de una persona de su confianza: la consejera de Cultura y de Educación, Ángela Abós. Esta decisión puede condicionar, sin duda, los necesarios apoyos de Izquierda Unida (IU) y del Partido Aragonés (Par) para salir de la crisis a la hora de plantear su refrendo ante las Cortes de Aragón.
El apego al poder ha llevado a Marco a conseguir el récord de ser reprobado hasta por los segundos niveles de la Administración que encabezara a partir de septiembre de 1993, uniendo sus voces a partidos políticos, instituciones, sindicatos, empresarios, sectores estudiantiles y todos los medios de comunicación aragoneses. En el listado destaca el grupo parlamentario y por lo menos la mitad de la ejecutiva regional del PSOE. Su resistencia, con el salvoconducto de Alfonso Guerra, y José María Benegas y con el apoyo de un aparato de seguridad que sin amparo legal se dedicó al control de los díscolos y a otras funciones no suficientemente aclaradas, ha estado plagada de coacciones y amenazas que han infundido hasta miedo físico a quienes se han atrevido a distanciarse de él. Desde sus filas se han lanzado calificativos de «traidores» a los críticos y hasta a los periodistas, convirtiendo las reuniones de partido en asambleas cuasifamiliares, en las que se ha llegado a votar hasta el titular de portada de un periódico.
Aún le queda a Marco pasar por el banquillo de los acusados por llevarse a casa un sillón que, según el juez que ha examinado el caso, fue pagado con dinero público; también lo hará por haber empleado supuestamente fondos gubernamentales para espiar a otros políticos y por habérsele calentado la boca en sus afirmaciones contra el presidente regional del PP.
Aragón tardará mucho más tiempo que el que falta hasta las próximas elecciones, en recuperarse de la autarquía marquista (primero en el Ayuntamiento de Pedrola, luego en la Diputación de Zaragoza y después en el Gobierno autonómico). Fundamentalmente, porque antes de atrincherarse en el partido ha dejado colocados a sus peones en el Gobierno que tratará de gestionar la comunidad los próximos cuatro meses.
La táctica de irse pero quedándose mediante persona interpuesta, unida al abultado expediente de despropósitos en su comportamiento, parece más que suficiente para hacer intervenir a la dirección socialista e impedir que Marco siga condicionando, aunque sea de manera indirecta, la marcha de la política aragonesa. Los contactos con la comisión ejecutiva federal del PSOE, iniciados ayer, deberían ser la ocasión para encontrar ese sustituto idóneo capaz de aglutinar a todos los sectores socialistas de Aragón, que evitase el atrincheramiento de Marco en el partido y no ahuyentara los imprescindindibles apoyos parlamentarios de IU y del Par para superar institucionalmente la actual situación.
18 Enero 1995
Y al final… Marco se va
Ha dimitido el presidente del Gobierno aragonés, José Marco. Todo tiene un límite hasta el sentido del ridículo. Accedió al cargo en virtud de una iniciativa espuria, propiciada por la inestabilidad de un tránsfuga. Luego vendrían la sucesión de escándalos, los espionajes, sillones, inculpaciones y, como telón de fondo, la aparente ausencia de una línea divisoria contundente entre la gestión de los intereses públicos y los negocios particulares del ex presidente de la Diputación de Zaragoza, todo ello, mientras navegaba en las aguas turbulentas de los conflictos internos del PSOE. Pero Marco se las arregló para sobrevivir aferrado a su vitola de ‘guerrista’. Su afán se cifraba en aguantar hasta mayo. Ha estado a punto de lograrlo. ABC ha tenido su papel en esta crisis al denunciar solvente y documentalmente los abusos. A nadie complace el traspié de un político y no es nuestro papel derribar Gobiernos. Pero sí nos enorgullece el haber servido de cauce y caja de resonancia para la expresión del sentir de una opinión pública impotente y atónita. Para so, sí estamos. Y estaremos.
18 Enero 1995
Por la puerta de atrás
Abandonado incluso por los órganos federales de su partido, el presidente del Gobierno aragonés, el socialista José Marco, anunció ayer, finalmente y de manera pública, la dimisión de su cargo como presidente del ejecutivo autonómico y su renuncia al acta de diputado regional. Dos meses atrás, esta decisión – tan necesaria como inevitable – hubiera tenido a buen seguro algún efecto balsámico sobre la agitada vida política aragonesa. Pero en estos momentos se ha alcanzado ya tan nivel de deterioro que van a ser enormes y muy serios esfuerzos para reconducir la actividad política por la senda de la normalidad de aquí a las elecciones del próximo 28 de mayo. Después de una resistencia numantina, Marco se va por la puerta de atrás, dejando tras de sí un panorama bien desolador: no sólo ha devaluado su imagen personal; ha dividido también, como nunca nadie lo había hecho hasta la fecha, a su propio partido, y para colmo de males, ha conducido a la comunidad autónoma a una situación de desprestigio y de muy difícil gobernabilidad.
El Análisis
José Marco Berges llegó a la Presidencia de Aragón de una manera que sus adversarios nunca dejaron de recordarle y se marcha de una manera que su propio partido deseará olvidar cuanto antes. El PSOE había sido la primera fuerza en las elecciones de 1991, pero sus 30 diputados no le permitieron gobernar frente a los 34 que sumaban PAR y PP. Dos años después Marco consiguió invertir aquella mayoría sin pasar por las urnas: necesitó los tres votos de Izquierda Unida y el decisivo de Emilio Gomáriz, elegido diputado por el PP y convertido después en tránsfuga, para desalojar mediante una moción de censura a Emilio Eiroa García. Dieciséis meses después, el balance político es difícil para los socialistas: Marco abandona la Presidencia acosado por investigaciones judiciales, enfrentado a una parte de su Gobierno y después de que varios de sus propios consejeros hayan preferido dimitir antes que continuar bajo su dirección. El PSOE ni siquiera dispone de votos suficientes para elegir libremente a su sucesor: el intento de investir a Ángela Abós Ballarín fracasa y Aragón deberá llegar a las elecciones con Ramón Tejedor Sanz como presidente en funciones.
Las urnas de mayo determinarán cuánto cuesta electoralmente este episodio al PSOE, y sería simplista atribuir anticipadamente a Marco cualquier futura derrota: Felipe González Márquez y su partido atraviesan una crisis nacional de desgaste y escándalos que excede ampliamente las fronteras aragonesas. Pero el daño específico que Marco deja en Aragón resulta difícil de separar de ese contexto. Un partido acostumbrado a ser la primera fuerza regional deberá explicar por qué recuperó el Gobierno mediante el voto de un tránsfuga para terminar perdiendo al presidente que había colocado en él; y por qué ese presidente abandona el cargo mientras la Justicia investiga si se pagó con dinero público un sillón destinado a su casa y si fondos de la Comunidad sirvieron para investigar a adversarios políticos. Sabemos retrospectivamente hasta qué punto resultó costoso: en las autonómicas del 28 de mayo de 1995, el PSOE cayó a 180.728 votos y 19 diputados, perdiendo once escaños, mientras el PP de Santiago Lanzuela Marina consiguió 263.524 votos y 27 diputados y pasó por primera vez a encabezar unas elecciones autonómicas aragonesas. Marco no explica por sí solo aquel vuelco, pero difícilmente pudo ayudar a evitarlo. Para los socialistas aragoneses quedará como el dirigente que consiguió recuperar un Gobierno que las urnas no les habían dado y que, menos de dos años después, dejó al partido en condiciones mucho peores para volver a pedírselo a los electores.