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"¡A lo mejor, Luis María, mientras nosotros trabajábamos por el periodismo, tú trabajabas para la política!"

Discusión en la COPE entre Luis María Anson y Antonio Herrero por la supuesta ‘trama de acoso y derribo’

HECHOS

El 16.02.1998 en el programa ‘La Mañana’ de la Cadena COPE intervino D. Luis María Anson, pocos después de conocerse sus declaraciones a la revista TIEMPO sobre la supuesta ‘Trama de Acoso y Derribo’.

La entrevista del ex director de ABC y máximo dirigente de Televisa en España, D. Luis María Anson a la revista TIEMPO hablando de una ‘Trama de Acoso y Derribo’ en la que cvinculaba, entre otros, a D. Antonio Herrero, causó una importante discusión en antena entre ambos.

‘LA PARODIA NACIONAL’ DE ANTENA 3 SE BURLA DE LUIS MARÍA ANSON Y ACUSA A LA AEPI DE IR CONTRA LA DEMOCRACIA

zap_1998_ParodiaAnsonEl programa ‘La Parodia Nacional’ que la productora Gestmusic hacía para ANTENA 3 TV emitió una pieza de burla contra D. Luis María Anson y consideró que él y los otros periodistas implicadas en la trama habían actuado como ‘reyes del mambo’ y habían ido en contra de la democracia.

16 Febrero 1998

El nerviosismo creciente de González

Luis María Anson

Si en el próximo juicio sobre el GAL en el que está inculpado José Barrionuevo, el Tribunal Supremo condena al ex ministro, habrá sido condenado a la vez Felipe González. La opinión pública nunca aceptará que el responsable de los crímenes de Estado sea el ministro y no el presidente del Gobierno al que ese ministro pertenecía. La condena de Barrionuevo supone que Felipe González encontrará gravísimas dificultades para continuar en la vida política y presentarse a elecciones generales dentro de seis años, como es su disimulado propósito.

Si, por el contario, González y su equipo consiguen que Barrionuevo no sea condenado, estableciendo el cortocircuito en Rafael Vera o más abajo, el ex presidente quedará a salvo. Desde hace muchos meses, una parte del aparato del PSOE trabaja con tenacidad indeclinable en una minuciosa operación para llevar al ánimo de los jueces que convendría, por razones de Estado, que la marea no subiera hasta González y que, por eso, condenas en el asunto GAL, sí, pero sin afectar a Barrionuevo.

Dentro de la operación exculpatoria del ex presidente socialista, se ha retornado con ánimo de impresionar a los magistrados y con el pretexto de unas declaraciones mías en la revista TIEMPO, aireadas por el aparato mediático del felipismo antes de publicarse, a la teoría de la conspiración, que sólo es fruto del nerviosismo creciente de González, y del esfuerzo de sus incondicionales para salvarle de la quema.

Pues bien: como afirmo bien claro en esas declaraciones, no hubo conspiración alguna. Fue, en efecto, necesario poner en riesgo la tranquilidad del Estado y, al denunciarlo en los periódicos elevando el listón de la crítica, sufría el líder socialista per también el Estado. Ante esas denuncias, el felipismo desató desde 1993, y sobre todo a partir de 1994, una persecución implacable contra los periodistas independientes. Felipe González fue el escondido arquero que disparó las flechas contra la libertad de expresión. Nos defendimos creando, primero la Plataforma para la Defensa del Derecho a la información de los Ciudadanos, respaldada pr las firmas de cuatro mil profesionales, y luego la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI), donde se agruparon gentes de muy diversa ideología y en la que mantuvo, por cierto, una actividad lúcida e impecable en defensa de la libertad de expresión Antonio García Trevijano, que respetó siempre mi monarquismo como yo su republicanismo. Los directivos de la AEPI nos reuníamos con relativa frecuencia, a veces en mi despacho o en restaurantes, generalmente en la sede de la asociación en la colonia del Viso, en Madrid.

Un órgano del felipismo se refería a un almuerzo mío con Barrionuevo, Vera y Corcuera. Desde que estalló el asunto GAL, y como era mi obligación informativa, no uno sino muy numerosos almuerzos y cenas he tenido con Barrionuevo y con Vera, en lugares públicos, con escoltas y mecánicos, o en mi despacho de ABC. Siempre les he vaticinado lo mismo: “Vosotros afirmáis que el Ministerio del Interior no intervino en la creación y funcionamiento del GAL. Pero si un día los jueves establecen lo contrario, seréis las víctimas más propiciatorias porque Felipe González volverá la cabeza y procurará desentenderse del asunto”. Ellos, justo es reconocerlo, defendieron siempre con firmeza a su líder. En varias ocasiones, portadas de ABC premonitorias presentaron a Barrionuevo como chivo expiatorio. Las seguridades de que la trama GAL n se desentrañaría se fueron desvaneciendo mes a mes hasta la inculpación del ex ministro del Interior, el juicio próximo en el Supremo y el nublado horizonte penal de González.

Los dioses ciegan a quienes quieren perder. El líder socialista se ha visto atrapado poco a poco en la densa telaraña de los escuadrones de la muerte y tiene muy difícil zafarse de ella. Si en enero de 1995 hubiera reaccionado con lucidez, o le hubieran aconsejado sin adulaciones, en la entrevista con Iñaki Gabilondo, en lugar de afirmar que se enteró del GAL por la prensa, pudo decir: “En 1983, ETA amenazaba la democracia española, acabamos de salir de un intento de golpe de Estado, las Fuerzas Armadas seguían inquietas, Francia era un santuario para los terroristas, caían asesinado cada año decenas de inocentes… y yo di la orden de que se persiguiera a los etarras con todos los medios a nuestro alcance, dentro, naturalmente, del Estado de Derecho y sin que nadie se llevara a su bolsillo un duro de los fondos reservados. En el cumplimiento de mis órdenes se han podido cometer algunos abusos. Los asumo completamente. Soy el responsable de ellos. Y, si fuera necesario, convocaré elecciones de inmediato para que el pueblo se manifieste sobre la acción del Gobierno”.

Todo hubiera sido distinto para González, para el Estado y para la democracia si el ex presidente hubiera asumido sus responsabilidades. Y hoy no hablaríamos ni de crispaciones, ni de conspiraciones, ni de horizontes penales, ni de tantas cosas que han ensombrecido y enfangado la vida española en los últimos años. Pero Felipe González, instalado en su política entumecida, no supo hacer lo que exigía la grandeza del hombre de Estado. Y el GAL, tal vez sea ya para el sepulcro donde sus restos mortales se descomponen entre incesantes intoxicaciones de la conspiración imaginada o la maniobra inexistente.

Luis María Anson

09 Marzo 1998

La tentación ultra

Pedro Páramo

Colean las declaraciones de Luis María Anson a esta revista. Las informaciones aparecidas en días pasados en distintos medios confirman su testimonio de testigo de excepción y cada vez queda más claro que aquí, en un momento determinado, se corrieron en paralelo dos carreras para forzar un relevo en la Presidencia del Gobierno, aunque para ello hubiera que poner en peligro el Estado. Detrás de la conspiración o como se quiera llamar a aquellas reuniones de informadores organizadas para dar la batalla al presidente Felipe González, alentaban dos proyectos que hoy se nos antojan disparatados, pero que en su momento llegaron a condicionar el clima político en España y sobre cuyos peligros alertaron inútilmente algunas voces bien informadas. Ahora vamos descubriendo que durante algún tiempo convivieron en la conjura – real o aparente – dos modelos muy diferentes: uno, el encarnado por Mario Conde y su potencial económico, para apoderarse de la Presidencia del Gobierno respetando la Jefatura del Estado: el otro encarnado por el abogado Antonio García-Trevijano, relacionado con destacados personajes y grupos de la ultraderecha, pretendía cambiar la actual Monarquía Parlamentaria por una República Presidencialista al estilo de la de Estados Unidos de América, según se desprende de las conversaciones de Luis María Anson con los entonces responsables del ministerio del Interior.

Nada tiene de malo pretender la subversión de las instituciones por medios pacíficos. La democracia es así de fuerte. Pero tanto una como otra de las vías que se proponían como alternativa pasaban por el desprestigio y la sustitución de los partidos políticos por nuevas fórmulas de representatividad una especie de democracia orgánica que a todos nos suena a facismo puro y duro.

La democracia representativa está en crisis en todo el mundo. Los avances tecnológicos lo ponen en evidencia cada día. Nadie duda que hoy es factible un referéndum cada día y que la democracia electrónica podría reducir al Ejecutivo a un mero administrador sometido a permanente dictado popular. Pero no es esta la alternativa propuesta por algunos de los conspiradores de papel. También es cierto que en España hemos pasado de la prostitución de los partidos durante cuarenta años a un régimen en el que el partido es Dios. Ciertamente en nuestra vida política mandan los burócratas y algunas medidas, como un sistema electoral de listas abiertas, por ejemplo, contribuirían en gran medida a perfeccionar lo democrático de nuestro sistema.

Pero las conspiraciones mediáticas descubiertas por Anson – ahora se sabe – iba más lejos. No se trataba de perfeccionar la representatividad de los partidos sino de sustituirlos por fórmulas descabellada. El asunto no ha concluido aún. Basta afinar el oído a la hora de ciertas tertulias para escuchar no una crítica sino una descalificación de un sistema, malo, es cierto, pero el menos malo de todos, como decía Winston Churchill. Anson, con sus declaraciones a TIEMPO ha tirado una piedra a las tranquilas aguas del estanque. En el fondo se han agitado los inquilinos del fango y de la oscuridad. Se revuelven, como podemos ver en el asunto de nuestra portada de esta semana, no sólo los enemigos de los partidos sino también, lo que no deja de ser inquietante, los partidarios del partido único.

Pedro Páramo

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