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Nuevo éxito de los directivos judíos Jeffrey Katzenberg y Michael Eisner

Disney arrasa con la película de animación ‘Aladdin’: tercer triunfo consecutivo tras ‘La Sirenita’ y ‘La Bella y la Bestia’

HECHOS

En 1993 se estrenó en todo el mundo la película de animación ‘Aladdin’.

JerryKatzenberg El director de Disney, Jeffrey Katzenberg, artífice del éxito.

 D. Antonio Lara será el encargada dirigir el doblaje en castellano de la película.

14 Noviembre 1993

Disney vuela sobre la alfombra del éxito

Beatrice Sartori

arís, octubre de 1993. Tiempo extremadamente lluvioso. Afueras de la ciudad, Marne la Vallee, EurODisney Theme Park, centro neurálgico del imperio Disney en el Continente. Por los pasillos del hotel de lujo, The Disneyland Hotel, pululan a toda velocidad hasta 200 periodistas venidos de quince países. Su intención: saberlo absolutamente todo de Aladdin, la película que ha batido todos los records logrados hasta la fecha por los filmes de animación.

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Un año en cartel y una recaudación de 30.000 millones de pesetas sólo en Estados Unidos ha provocado que los ejecutivos y creadores de Disney, comandados por su jefe absoluto, Jeffrey Katzenberg, director general de los estudios Walt Disney, conduzcan una formidable apisonadora promocional para dar a conocer en Europa esta película, que ya forma parte de la trilogía que, junto a La Sirenita, y La Bella y la Bestia ha abierto lo que se conoce como la segunda edad de oro de la casa Disney.

Todos los involucrados en Aladdin, desde el todopoderoso Katzenberg hasta el músico Alan Menken, inspirador del proyecto, pasando por el letrista Tim Rice o el nuevo genio de la firma, el británico Eric Goldberg, se lanzaron a explicar por pasillos, salones y rincones, poblados hasta la pesadilla de Goofys, Plutos, patos Donald y Mickeys, las razones del éxito.

Según ellos, no se trata de que hayan dado de repente con una nueva fórmula mágica, sino de haber reencontrado el estado de gracia del pasado y recuperado los «valores Disney».

Porque si hay un departamento en toda la factoría Disney de Glendale en el que la moral no esté afectada por los graves problemas creados por el parque temático parisino, es el de animación. Allí, a la llamada de Katzenberg, llegó hace una década un grupo de jóvenes treintañeros, «babyboomers» barbudos, en «jeans» y deportivas, que se han encargado de crear nuevas y revitalizadas obras, que han supuesto no sólo una nueva ola sino una segunda edad dorada en la historia de Disney.

Desde el formidable éxito de La Sirenita (1986), cada nueva película de dibujos animados de Disney ha constituido un bombazo que dinamitaba los precedentes. Si lo logrado por La Bella y la Bestia había supuesto lo nunca visto en la historia de los «toons», ahora llega, a bordo de su alfombra mágica, Aladdin, el largometraje que hace el número 31 de la factoría Disney, sexta adaptación de un cuento popular y que, como los tres anteriores, se deben a la astucia de Jeffrey Katzenberg y la inspiración de los compositores Alan Menken y Howard Ashman, auténticos artífices de la nueva etapa.

Con su llegada a la casa en 1984, a Katzenberg, que sobre las películas de dibujos animados lo ignoraba todo, le guiaba una única intención: el que, como en la época clásica, cada película fuera un éxito. Y esa herencia que se había perdido, y que llevaba añadido un estilo de trabajo, es la que se propuso recuperar. Porque la edad de oro de la Disney tuvo lugar, sin duda, entre 1940 y 1966, es decir, desde su creación hasta la muerte de su fundador.

Salir del tunel.- Entre 1967 y 1985 se dio lo que se podría llamar un largo túnel negro, en el que los viejos animadores no producían nada nuevo y, además, obstaculizaban el paso a los jóvenes. El dibujo animado perdió el favor del público y parecía no hallarse solución al problema.

De la mano de Roy Disney, sobrino del fundador, Katzenberg conjuró la vieja magia perdida y de nuevo hallada. Dio entrada a una nueva generación de técnicos, animadores y ejecutivos. Y buscaron la recuperación de los valores Disney: optimismo, fe en el hombre, el sentido de la familia, el triunfo del espíritu sobre la fuerza y del bien sobre el mal.

Pero faltaba el último golpe de genio definitivo. Katzenberg recordó que, antaño, los dibujos animados cantaban y, decidido a recuperar la alianza entre la comedia musical y el «cartoon», marchó hasta Broadway a contratar a los compositores de moda para tres películas: La Sirenita, La Bella y la Bestia y Aladdin, tres historias de amor muy romántico y cantado, por las cuales se hicieron acreedores de cuatro Oscars.

A partir de 1988, una vez formado el equipo, comenzó la creación de Aladdin, una formidable empresa que ha costado 4.725 millones de pesetas, requerido de los servicios de hasta 750 artistas, que han trabajado 219.000 horas durante cuatro años, y que constituye la segunda adaptación realizada desde Disney sobre el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa de Las Mil y Una Noches, que hace años se estrenó en cortometraje.

Los estudiosos sitúan en el tiempo la colección de 200 cuentos de origen hindú, persa y árabe de Las Mil y Una Noches hacia el año 850 antes de Cristo.

Sin embargo, aparecen escritos por primera vez entre 1704 y 1717 en una traducción de 12 volúmenes de Antoine Galland, un escritor francés y traductor de árabe. Galland no sólo los tradujo, sino que los adaptó al gusto francés y creó nuevos cuentos.

Más tarde, fue el escritor y aventurero británico Richard Burton, quien popularizó el cuento de Aladino, un ladronzuelo de una kasbah del mítico reino árabe de Agrabah, que sueña con salir de la pobreza y casarse con la bella hija del sultán, Yasmin, una princesa con mucho criterio y carácter.

Los obstáculos son muchos y muy grandes, el más infranqueable de ellos, el del ambicioso y malvado visir del Sultán, Yafar. Sin embargo, contará con la ayuda de un genio absolutamente genial emanado de una lámpara mágica robada a una esfinge de la «cueva de las Maravillas».

En 1988, el letrista Howard Ashman propuso convertir el cuento en un musical de animación para Disney. Muchos aspectos del cuento clásico se perdieron en esta adaptación, que no sólo se americanizó, sino en la que Aladino perdió a su madre.

La «hollywoodización» viene dada por el rostro y las actitudes de Aladino, basadas en el de Tom Cruise y las de Michael J. Fox, diseñado por Glen Keane, un veterano de la animación con veinte años de experiencia en la casa que confiesa «también haberme inspirado en mis días de instituto cuando apenas si me atrevía a saludar a la chica que me gustaba».

Pero, aunque el protagonista de Aladdin es Aladino, el rey absoluto de la función es el Genio, un tipo genial que, tras diez mil años de compresión en el interior de una pequeña lámpara, sale, raudo y veloz, micrófono en mano para recuperar los milenios perdidos montando un número en plan «entertainer» de Las Vegas.

Hablando como una ametralladora y sufriendo a lo largo de la película hasta 60 transformaciones que incluyen a Schwarzenegger, Eddie Murphy, Jack Nicholson, De Niro, Arsenio Hall, Groucho Marx, Roger Dangerfield, Peter Lorre, Maurice Chevalier, Ed Sullivan, el mismo Pinocho, varias metamorfosis animales y hasta un dinosaurio el Genio es el que les roba la película a todos.

Le ha creado el último fichaje de la Disney, el británico Eric Goldman, que se reconoce deudor del diseñador del New York Time Al Hirschfeld: «Mi humor personal es un humor muy judío. Me gusta imitar, disparar frases cortas y las réplicas rápidas. Creo que hay mucho del Genio en mí y viceversa. Lo mejor de este trabajo ha sido las enormes y muchas licencias que me he permitido. El que nos hayan dejado hacer a todos, ha convertido a Aladdin en el que ha sido, quizá, el proyecto más arriesgado de los estudios Disney».

Sólo uno de los actores norteamericanos más histriónicos, Robin Williams, podía prestarle la voz y la predisposición a la diarrea verbal. La versión que se estrenará doblada en España ha corrido a cargo de Josema Yuste, miembro del dúo humorístico «Martes y Trece», quien también se ha ocupado de la tarea de cantar dos piezas Príncipe Alí y Un genio genial.

Para Blake Todd, supervisor sonoro de las películas Disney, «se doblan todas a 34 lenguas y se supervisan todos y cada uno de los doblajes efectuados en cada país. Como no puedo conocer todas las lenguas, oigo los doblajes, oigo sintiéndome como un ciego con un palo y abandonándome a mis sentidos».

La más sexy.- Y si los dos anteriores éxitos de Disney estuvieron protagonizados por románticas mujeres, Ariel y Bella, en esta ocasión la princesa Yasmin ocupa un tercer lugar, aunque no por ello de menor importancia. Los jefes de los estudios no sólo consideran la importancia del crecimiento del público femenino, sino el poder de las madres para decidir el tipo de cine que ve su familia. Por eso, aunque en Aladdin ,Yasmin no sea la verdadera heroína como en las anteriores, no es el personaje débil de la historia.

Es, de hecho, la más sexy de sus predecesoras, tal y como les gusta a las audiencias juveniles. Ombligo al aire y cimbreante cintura se ponen en marcha para una danza del vientre mientras oculta apenas su cuerpo con dos piezas que resaltan generoso pecho y caderas. Además, es una joven con mucho carácter y criterio que deja claro que sólo se casará por amor y con el hombre de su elección.

Mark Henn, que ha sido el encargado de diseñar a las tres damas animadas, confiesa que «ésta es la primera vez que en una película de Disney los protagonistas se dan un beso más intenso de lo normal. Bien, quizá se deba a que Yasmin es menos inocente que las otras. Para mí, es mi preferida».

Aladdin es una película muy diferente a sus antecesoras por los prodigios técnicos logrados por ordenador. El departamento de Computer Generated Imagery ha logrado tridimensionalizar la escenografía y la coloración de los personajes a niveles asombrosos.El ritmo también ha variado, es infinitamente más vertiginoso, en la línea del canal televisivo norteamericano MTV y la película apuesta clara y definitivamente por el humor.

La música ocupa un papel fundamental, no en balde el proyecto nació de una propuesta del tándem Ashman-Menken, desaparecido en 1991 por la muerte por SIDA del primero. La banda sonora, premiada este año con dos Oscars, está compuesta por seis temas, a tres de los cuales les puso letra el británico Tim Rice, colaborador de sir Andrew Lloyd Webber en Evita y Jesucristo Superstar, en sustitución de Ashman. Menken recuerda la muerte de su amigo y colega como «algo brutal que me devastó durante mucho tiempo».

Sin embargo, le cambia la expresión cuando se le pregunta qué significa ser tan importante para un imperio como Disney: «Sé que les he permitido entrar en una nueva etapa y que me aprecian en lo que valgo. Ellos a mí, a su vez, me han dado influencia, dinero, respeto y que se me valore en lo que valgo. Fuimos como dos ríos que se juntan y creo que la nuestra es una relación que beneficia por igual a ambas partes».

Y tanto, con y sin Menken, Disney mantiene numerosos proyectos que llegarán a las pantallas estadounidenses estas Navidades y a Europa el próximo año: Nightmare before Christmas, de Tim Burton, en la que un esqueleto suplanta a un Santa Claus, mezcla de animación y marionetas; King of the Jungle, la historia de un leoncito que reina en la sabana tras la muerte de su padre, con música de Elton John y la voz de Jeremy Irons; Fantasía 2, reedición de la primera con seis secuencias nuevas, que supervisa Roy Disney, y Pocahontas, versión musical animada con partitura de Menken y la voz de Mel Gibson, basada en el romance entre el soldado y explorador británico John Smith y Pocahontas, hija de un gran jefe indio. La dirigirá Eric Goldberg, quien anticipa: «Puede ser la primera película Disney sin final feliz».

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Jeffrey Katzenberg, director general de Disney

El financiero de tio Gilito

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Noveno hombre más poderoso, temido y respetado en Hollywood; 44 años, director general de los estudios Walt Disney desde 1984; judío de Nueva York; responsable de la producción, márketing y distribución de todos los espectáculos filmados de Disney. Sus empleados temen a Jeffrey Katzenberg por su carácter duro y exigente. «Eso son bobadas que se difunden sobre mí. Yo soy un libro abierto. Un hombre que da lo mejor de sí cuando trabaja y que exige de los demás lo mismo». Sus enemigos sólo pueden decir que es casi tan listo como se cree.

Ambicioso, inteligente e incansable, ha reactivado la moribunda industria del cine de animación, sin descuidar la producción de películas «reales», y colocar a su estudio entre los más rentables de toda la historia del cine de Hollywood. «Hay una cosa clara, las películas que hacemos en Disney no son concebidas para hacer dinero, ni para ganar. En Hollywood, sí; en Disney, no. Esto es el corazón y el alma de nuestra compañía. Sin ello, no seríamos más que una compañía más, es decir, un momento del pasado». Cuando quiere ser preguntado, conmina: «¡Dispare!». Después, se muestra lacónico y extremadamente conciso. Cada respuesta suya podría ser una máxima.

Convencido de haber recibido el legado de Walt Disney a través de las manos y consejos de Roy, el sobrino del fundador, Jeffrey Katzenberg se siente su depositario y, como tal, está dispuesto a defenderlo. «En una película Disney lo más importante es la historia que se cuenta, los valores y las enseñanzas que se transmiten. Valores que no tienen nada que ver con la política, que nadie los busque por ahí, porque las películas Disney hablan de bondad, libertad, humanidad, responsabilidad y sueños que cada uno hace realidad creyendo en sí mismo. Son valores universales, no sólo norteamericanos, y que han estado desde la fundación en las raíces de la compañía». «Señor Katzenberg, ¿definiría las películas Disney, entonces, como humanistas?»

«Correcto, ése es el término absolutamente correcto».

Sin embargo este apasionado de todo lo Disney, no lo fue siempre, forzosamente. Comenzó su carrera en la industria después de trabajar como ayudante en la campaña electoral del alcalde de Nueva York, John Lindsay.

Empezó en United Artists, para trabajar durante diez años en la Paramount, de la que llegó a ser presidente durante dos. Su desembarco en Disney se produjo en el momento más bajo de la compañía, cuando ésta amenazaba con la quiebra total, y decidió reactivar las películas de animación, un territorio que desconocía. «Cuando llegué allí no tenía conocimientos de nada, pero sentía que había que redescubrir los dibujos animados, hallar la magia perdida. Me propuse hacer casi lo imposible y sin miedo, porque ésa es una palabra que mi vocabulario no conoce».

Dicho y hecho, Katzenberg mostró su capacidad, intuición y genio. Abrió Disney a la era de los videocasettes, batió sucesivos records de recaudaciones, desembarcó en televisión (Las chicas de oro, Nido vacío) y abrió con La Sirenita, La Bella y la Bestia y ahora, Aladdin la segunda edad de oro de Disney. «¿Estaría Walt Disney satisfecho con usted?»

«Si Walt viviera, tendría 80 años, ésa es la única certeza que tengo. Por lo demás, yo sólo he hecho lo que él dejó dicho. Que se trata de hacer películas no para los niños sino para el niño que habita en cada uno de nosotros».

Katzenberg dijó que hacer esta historia, que le fascinaba desde niño, era como convertir un sueño en realidad. Al preguntarle cuáles serían los tres deseos que pediría al genio, respondió sin titubear: «Más, Mejor y Más Grande»

14 Noviembre 1993

Aladino y la taquilla maravillosa

EL PERIÓDICO de Catalunya

La estrategia comercial de la multinacional Disney es absolutamente envidiable. Cada una de sus películas se convierte automáticamente en un éxito rotundo de taquilla y, a los pocos meses, la cinta aparece en el mercado del vídeo y duplica, como mínimo, sus beneficios. El producto se mantiene a la venta durante un tiempo determinado, coincidiendo generalmente con la Navidad, y desaparece del mercado durante unos años.

Con la amenaza de no poder comprar ‘El libro de la selva’ (el último vídeo puesto a la venta en España) hasta el año 2000, si no se adquiere ahora mismo, las compras aumentan considerablemente. Como las películas estrellas no se exhiben nunca por televisión, el año 2000 volverá a venderse otra cantidad ingente de copias. De aquí al 2000 hay otros productos de la empresa que ya tendrán permiso para volver al mercado, y así sucesivamente.

Aladdin (¿por qué no Aladino?) es la última entrega de Disney. No llega a la altura de ‘La Bella y la Bestia, el único filme de dibujos animados que llegó a competir por el Oscar a la mejor película, pero se trata de un producto de calidad, en el que se nota el talento de los creadores de la factoría. Una película que viene a la caza de una taquilla maravillosa que encontrará en los bolsillos navideños de padres e hijos en vacaciones. Cuando se pase la fiebre invernal, entrará en el circuito comercial arriba explicado.

by BeHappy Co.