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Brutal polémica desde las páginas de la revista INTERVIÚ

Duro enfrentamiento del Presidente de EFE, Luis Mª Anson con el franquista Emilio Romero: «Antes dabas miedo, ahora das pena»

HECHOS

Un artículo de D. Emilio Romero sobre D. Luis María Anson en la revista INTERVIÚ inició una polémica entre ambos.

             

15 Septiembre 1977

UN PERIODISTA

Emilio Romero

Luis María Anson es un periodista como una catedral; como una catedral gótica, porque es un monárquico biológico y además estuvo al servicio desde su más tierna adolescencia, de la Monarquía ortodoxa, que era la de don Juan de Borbón, el padre de nuestro Rey. Cuando fui director de la Escuela Oficial de Periodismo le pedí que viniera conmigo a la subdirección porque quería un profesional de brillo. Fueron reticentes conmigo el almirante Carrero y Alfredo Sánchez Bella, y allí continuó, y los dos, y algunas personas más – desde luego no Antonio Fontán, ahora presidente del Senado, que quería llevar la Escuela a su cátedra o a su reducto del Opus – llevamos el periodismo desde una mala Escuela de Formación Profesional a la Universidad (Por cierto, Juan Aparicio, mi maestro, mi viejo director y mi amigo, ha dicho este verano una cosa injusta e inexacta en EL ALCÁZAR: que el cerrojazo a la Escuela de Periodismo que él fundara, se lo dio Carrero. Y yo, amén. Fue todo lo contrario. El almirante se opuso a mi proyecto, diciéndome que no complicara más la vida universitaria llevando una nueva Facultad. Y la llevé. Luego la echaron a perder dentro.).

El presidente Suárez llevó a Luis María Anson a la presidencia y a la dirección de la agencia Efe, con lo cual remuneraba políticamente al Rey padre, daba satisfacción a un periodista importante y retiraba una aguda pluma política de la circulación crítica. Todo esto es razonable. Y todo está bien. Pero alguna vez algún periodista se permite dar un zarpazo a Luis María Anson, y entonces el presidente de la Efe recurre a un oportunismo inútil; empieza a resaltar sus persecuciones en el franquismo, a presentarse como una víctima de aquella situación. Ese es un oportunismo barato, y se lo digo a un periodista y a un personaje a quien tengo una especial admiración y afecto. A los zarpazos hay que acostumbrarse; yo tengo cicatrices de elefante. En principio, hay que decir que el ABC fue un periódico del 18 de Julio, del régimen, anirrepublicano, franquista y , además, respetuoso y fervoroso de don Juan de Borbón. Este doble juego de fidelidades lo hacia magistralmente el ABC y todos los que estaban dentro. Juan Ignacio Luca de Tena – personaje a quien he tenido mucho afecto – era el no va más de don Juan de Borbón, y al tiempo, embajador de Franco. Y Luis María Anson, ha estado siempre gloriosamente en el ABC. Cuando se marchó, se fue con otro franquista de tomo y lomo, con el conde de Godó, a quien siempre designaba Franco para el Parlamento por la vía digital. Y Luis María Anson hizo admirablemente el suplemento de ABC, el BLANCO Y NEGRO de los Luca de Tena, y LA GACETA ILUSTRADA de Godó. La persecución, como se ve, era entretenida y cómoda. ¡No exageremos! Lo importante es ser un gran periodista y un buen escritor, y por eso Luis María Anson vivió entonces, y sobrevive ahora. Naturalmente, como era un monárquico biológico, está más atendido ahora por la prevalencia de los Reyes.

Me parece oportunismo facilón airear constantemente credenciales de perseguido. Lo que hay que hacer es escribir, imaginar, conectar con el país, tener talento. Lo otro que lo hagan los políticos, o los rastacueros, o los trepadores. ¡Ay, Luis María Anson! Yo podría contar algunos méritos importantes que tengo, y que ahora podrían ser útiles. Pero me los callo. ¿Sabes por qué? Primero por decoro, y después, porque pienso que mi pluma no es de temporada. Tú escribes muy bien; lo que tienes que tener es un gran cuidado en no poder la pluma en malos lugares, ni oxidarla.

22 Septiembre 1977

Recuerdos a Emilio Romero

Luis María Anson

¡Que fuera de la realidad te estás quedando, Emilio Romero! En tu artículo de INTERVIÚ, y entre mil alabanzas que te agradezco, vienes a decir que me dedico a resaltar ahora las persecuciones de que fui víctima durante el franquismo. Pero, hombre, si en el año que llevo presidiendo la Agencia EFE no he publicado un solo artículo – ¿te das cuenta?, un solo artículo – salvo la réplica hace unos días a una andanada injusta, en la que recordé una anécdota persecutoria para después afirmar que no soy de los que hacen leña del árbol caído y siendo un desprecio inextinguible por quienes inciesaban a Franco y ahora le niegan tres mil veces. ¿No leíste esas frases? Y si las leístes, ¿Por qué escribes lo contrario?

Para subrayar lo cómoda que fue mi vida con el franquismo – tú sabes mejor que nadie que la obsesión persecutoria de Franco fueron sobre todo don Juan y sus partidarios – indicas que fui director de BLANCO Y NEGRO y LA GACETA ILUSTRADA.

Pues bien: fui director de LA GACETA ILUSTRADA después de la muerte de Franco (a ver si atinas un poco mejor) y al segundo número, dedicado a los sucesos de Vitoria, el ministerio secuestró la revista.

La dirección de BLANCO Y NEGRO fue, como indicas ‘entretenida y cómoda’ para mí. Tuve que levantar una publicación hundida y en unos meses la revista fue secuestrada cuatro veces. En septiembre de 1975 fue uno de los pocos semanarios que, a pesar de prohibiciones explícitas, publicó un informe detallado de los fusilamientos de aquel mes. Total: secuestro de la revista y sumario al canto camino del Tribunal de Orden Público, bajo la recién promulgada Ley Antiterrorismo, y ocho años de cárcel en perspectiva, que la muerte de Franco, unas semanas después, se encargó de despejar. Todo muy ‘entretenido’ y ‘cómodo’, como ves, maestro. Que Dios te conserve la memoria.

Luis María Anson

29 Septiembre 1977

Réplica a Anson

Emilio Romero

Luis María Anson ha replicado desapaciblemente a mi afectuoso apercibimiento sobre su barata, inútil y frecuente presunción de decir a todos los vientos sus persecuciones durante el franquismo. Pretende convencernos, seguramente no por otra razón que por actualizarse políticamente mejor contra los que le atacan o censuran, de que fue una víctima de aquel régimen. Yo sostenía la tesis de que habían sido ciertas aquellas persecuciones, pero cómodas. Las persecuciones incómodas fueron las de las cárceles, el destierro o el silencio forzado. Luis María Anson no pasó por ninguna de estas tres persecuciones; lució en Madrid socialmente, brilló en su oficio merecidamente y ocupó posiciones relevantes en varias publicaciones importantes. Y ahora rentabiliza justamente sus lealtades a la Corona, y no precisamente a la que defendió, sino a la que trajo Franco.

“¡Que fuera de la realidad estás quedando, Emilio Romero!” – me dice – ¿Desde cuándo se llama desenfadadamente ‘realidad’ al hecho de estar fuera de la servidumbre oficial, que solamente ese es mi caso, y sin la angustia de fabricarme todos los días un pedigree democrático? Luis María Anson está en esa realidad de temporada, gozosamente. La realidad es estar en una situación no necesariamente en un pesebre.

Y luego añade: “En el año que llevo presidiendo la agencia EFE (la agencia oficial) no he publicado un solo artículo’. ¡Clamorosa declaración! El franquismo, cuando menos, permitía a Luis María Anson la arriesgada posibilidad de escribir. EL triunfo de sus lealtades, sin embargo, ha reducido paradójicamente a Luis María Anson a un silencio sin riesgo.

Emilio Romero

06 Octubre 1977

Emilio Romero en su pedestal

Luis María Anson

Mientes de nuevo descaradamente, querido Emilio Romero. “Las persecuciones incómodas fueron las de las cárceles, el destierro o el silencio forzado. Luis María Anson no pasó por ninguna de estas tres persecuciones’, dices. Y te consta que pasé un año de obligada ‘estancia’ en Extremo Oriente, tras la publicación de mi artículo ‘La Monarquía de Todos’ y el secuestro de ABC. Artículo al que tú atacaste al día siguiente en PUEBLO sabiendo que yo no podía contestar. ¿Silencio forzado? Durante tres períodos distintos de cerca de un año cada uno, no pude firmar en el periódico por disposición de la censura. A otros les fusilaron o le encarcelaron largos años. Yo llevé la modesta y permanente cruz que cayó sobre mí, no por servir al comunismo, que entonces estaba fuera de la ley, sino por apoyar a don Juan de Borbón. Tras la restauración monárquica, no he querido dar lanzadas a Franco muerto ni aprovechar mi biografía antifranquista para pasarme a la izquierda, sino que continúo estando a la derecha. Soy conservador y defiendo la Monarquía de todos. Y sólo desempolvo pasadas peripecias persecutorias si alguien, como tú, con irremediable inclinación a confundirlo todo, las niega o las olvida. Por lo demás, no escribo artículos porque la Agencia EFE es de todos los periódicos y pienso que su presidente no debe escribir en ninguno, ya que a todos debemos servir por igual.

En tus artículos, escritos admirablemente, intentas una y otra vez, Emilio Romero, la imposible pirueta de saltarte tu pasado. A pesar de tu legendaria habilidad para el maquillaje, todo es inútil. Eres el símbolo máximo del periodismo franquista. Nadie te podrá bajar nunca de ese pedestal. Ni tú mismo. No te ciegues, no te aceptarán nunca en la izquierda, que es donde a ti te gustaría instalarte ahora. Ser el símbolo del periodismo franquista, por otra parte, tal vez no sea un orgullo, pero tampoco una vergüenza, aunque el traje no resulte cómodo en la actualidad. Lo que sí resulta un poco penoso es que en tu lucha con el pasado te estás quedando tan fuera de la realidad que escribes en tu réplica frases como ésta: “Y ahora Anson rentabiliza justamente sus lealtades a la Corona y no precisamente a la que defendió, sino a la que trajo Franco”. ¿De verdad crees que si Franco levantara la cabeza no volvería a morirse del susto al ver esta Monarquía? Mi afecto hacia ti se mantiene tan intacto como mi admiración al gran periodista Emilio Romero y, créeme, después de esa frase tuya, maravilla de funambulismo periodístico, me rindo sin condiciones y concluyo el suave juego dialéctico al que tan irrespetuosamente he osado someter al gran maestro del periodismo franquista.

Luis María Anson

13 Octubre 1977

Al son de Luis María Anson

Emilio Romero

Esta réplica a Luis María Anson no hubiera querido escribirla. Tengo afecto a este personaje, y pienso que es un periodista importante. Pero está jaquetón con su Monarquía restaurada y con sus privilegios oficiales, y yo con los jaquetones tengo dos comportamientos: o los mando a la mierda, o enhebro un desafío dialéctico. Confieso que me gusta ahora mucho más mandar a la mierda. Es más cómodo. Pero ¿cómo voy a hacer esto con Luis María Anson?

Su gran acusación es que soy el símbolo del periodismo franquista, con lo cual me manda bondadosa y cristianamente al ostracismo silencioso, a la mendicidad profesional y al destierro eterno. Es un honor el que me hace envuelto en un cóctel Molotov. Es un modelo de compañerismo ejemplar. Resulta que la inventa el símbolo y luego lo dinamita. Este maniqueísmo no es, precisamente, el más útil para la Monarquía. La indigencia democrática de monárquicos como Anson no se resuelve con cadáveres franquistas efectivos o inventados, sino con credibilidad democrática. El señor Anson no ha querido otra cosa en su vida que poner a don Juan y quitar a Franco. En esto también ha sido un símbolo, aunque menor, porque ha habido conspiradores más lúcidos y ahora más aprovechados. La democracia le ha importado un rábano. Ahora dice: “¿De verdad crees que si Franco levantara la cabeza no volvería a morirse del susto al ver esta Monarquía?” Naturalmente. Pero esa pregunta es inconscientemente, perversa y aterradora, y no precisamente referida a mí. Esa malignidad tiene otros destinatarios.

El análisis de la vida política y profesional de Luis María Anson es muy atractivo. ¿Es que el ABC y LA VANGUARDIA los dos periódicos de Anson, eran antifranquistas? Esto sería para tirarse al suelo de risa, colgarse de una lámpara de Aranjuez – por mencionar palacios reales – o escupir despectivamente como las llamas en sus jaulas de los parques.

Los prohombres de ABC y de LA VANGUARDIA estuvieron siempre cargados de honores por Franco, y eran nombrados digitalmente para el Parlamento, mientras yo tenía que ir azarosamente, frente a don Camilo, buscando mis votos campesinos por Ávila. Nadie desconoce que el franquismo era insuperable en ABC y en LA VANGUARDIA, que era la derecha específica del país y constituida por monárquicos y católicos. Pero ahora resulta que el símbolo periodístico franquista era yo.

Otra cosa sucedía durante el régimen de Franco, como es que yo estuve de parte de Juan Carlos, mientras que Anson era algo así como un paje ilustrado de su padre. Yo acerté en mis pronósticos y, sin embargo, Ansón está en la carroza. No seré yo el que se maquilla políticamente, o el funámbulo – como dice – sino Anson. Ahora aparece enchufado con la Corona que no sirvió. Esto tiene que representar algún parecido políticamente al a transmigración de las almas.

Pero existe algo insólito, abracadabrante, inverosímil, misterioso y excelso. Yo descubrí no hace mucho tiempo que el inventor del franquismo era Anson, desde el antifranquismo. Me apasioné por el tema y lo guardé celosamente por pura perversidad contra lla Historia. Anson elaboró una doctrina original con el pensamiento de la Iglesia, el falangismo, la tradición y el Opus Dei, y, naturalmente, inventó el franquismo del almirante Carrero, que era un franquismo purísimo, y al que Franco tenía que echar agua porque era mucho. Vamos a verlo. Voy a reproducir unos párrafos – pocos para no cebarme – del libro de Luis María Anson, ‘La Hora de la Monarquía’, publicado veinte años después de estar Franco ocupando ‘el poder personal’.

“Los monárquicos, por consiguiente, unidos en la verdad, respetando a todos, pero apartando a todo aquel que renuncie a la verdad o a parte de la verdad, deben estar preparados para llevar a cabo la heroica empresa colectiva que es devolver España a su auténtica cauce histórico, empresa que tuvo su iniciación en julio de 1936, cuando los españoles se alzaron en armas contra un Gobierno ilegítimo, contra la República atea y marxista”.

“El monárquico liberal, por consiguiente, o es un ambicioso, en el mal sentido de la ambición política, o es un débil mental”.

“Resulta curioso comprobar que cuando no les queda otro remedio que aceptar la Monarquía, los republicanos defienden siempre la liberal. Propiamente se puede decir que la Monarquía liberal es la Monarquía de los republicanos”.

“Al hablar de Monarquía tradicional se habla de un régimen modernísimo y renovado, de una Monarquía católica y representativa, social y popular, antiliberal, antiparlamentaria, orgánica y descentralizada, legítima de origen y de ejercicio en el sucesor de los Austrias y los Borbones”.

“O restauramos íntegramente la Monarquía de Su Majestad católica o empujamos a la nación hacia la República, hacia la revolución y hacia el abismo”.

“Es necesario extirpar, con el bisturí luminoso del pensamiento tradicional, la entraña estéril de la revolución, la adoración casi supersticiosa que los intelectuales españoles profesan a los dogmas revolucionarios y a sus filósofos”.

“El comunismo es la coronación natural de todo el proceso revolucionario: herejía, naturalismo, nacionalismo, liberalismo, totalitarismo y socialismo. Es la voluntad sin límites del hombre actuando en beneficio exclusivo de las fuerzas del mal”.

“El pensamiento tradicional, en sus amplias dimensiones religiosa, social y política, marchó por los caminos de la Edad Media persiguiendo horizontes sin fin; se abrió esplendoroso con Suárez, Vitoria, Soto, Mariana; atravesó la entraña misma de la Historia de España por la carrera de los siglos en un continuo relevo de las mentes excepcionales que fueron Balmes, Donoso Cortés, Menéndez Pelayo, Vázquez Mella, los hombres de Acción Española, Maeztu, Pradera, Vegas, Pemán, Vigón, Eliseda, Quintanar, Valdeiglesias, para hacerse hoy solidez en la erudición increíble de Gonzalo Fernández de la Mora, sencillez expositiva en Calvo Serer, sentido humano en Pérez Embid, agudeza en López Amo, brillantez en Luca de Tena y fe ilimitada y gozosa en Vázquez-Dodero, Marreno y Gambra, Palacios, López Ibor, Bejamín Morán y 100 hombres más”.

“El Rey, con las Cortes, ejerce la función legislativa. Ordenada al bien común, no hay ley sin la sanción del Rey. No hay ley sin la intervención de las Cortes. En la Cámara legislativa deben estar representados, los más perfectamente posible, los diversos sectores sociales y profesionales de la nación. Este supuesto rechaza de plano el sufragio universal inorgánico, pésimo sistema representativo, ya que la sociedad no está formada por la mera agregación de los individuos indiferenciados, sino que se encuentra estructurada orgánicamente. Y a través de estos órganos, por el cauce fecundísimo de las familias, las corporaciones, los municipios, las instituciones sociales, deben surgir los representantes en Cortes”.

“Y no hay que olvidar que si la Monarquía tradicional volviera a hacer alguna concesión a la ideología revolucionaria, habría firmado su sentencia de muerte. La Institución monárquica no está hecha para la revuelta ni para la agitación. Más claro aún: en España la alianza de la Monarquía con el liberalismo o el izquierdismo significaría, en un plazo más o menos corto, indefectiblemente, la anulación o eliminación de la Monarquía. Por eso sobra la miopía política de algunos monárquicos que propugnan la colaboración con los grupos liberales o izquierdistas, lo cual no demuestra más que una completa superficialidad doctrinal y un desconocimiento casi total de los principios sobre los qe se asienta la Institución monárquica”.

“Los delirios liberales conducen primero a la mediocridad, luego a la corrupción, finalmente a la anarquía y al caos, abonando fecundamente la obra babeante de la revolución que inunda con su veneno y su resentimiento las resecas fauces de la sociedad liberal”.

“La guerra, planteada hace doscientos años, está próxima a estallar en su máxima violencia. Y será guerra terrible, más tremenda que la de las armas nucleares. Será la guerra de las ideas, otra vez la guerra de religión, la cruzada, por fin, en defensa del os derechos de Dios, contra los hijos de la revolución, contra los hijos del infierno”.

“El socialismo desprecia o se olvida de la parte espiritual del hombre, de su dignidad y de su libertad y le encamina al desastre”.

El libro tiene 254 páginas. Fue publicado en 1958. Las Leyes Fundamentales del Régimen resulta que son ese libro. Pero el franquismo se quedó corto. Si el franquismo cumple a rajatabla todo lo de Anson, la cosa habría sido tremebunda. ¿Dónde aparece todo este material, en mis artículos o en mis libros? ¿Dónde va a parar mi pobre símbolo, ante este rico manantial de Anson? Diez años antes de que Luis María anson publicara este libro aparecía otro mío en las librerías – el primero – cuyo título era ‘La conquista de la libertad’, por el cual nadie me sufragó un viaje de desterrado al Extremo Oriente.

Ahí tiene Luis María Anson, traídos por el cambio impulsado por la Corona, a todos aquellos liberales socialistas y comunistas cuyo destino era el infierno.

“No te aceptarán nunca en la izquierda – me dice Anson – que es a donde a ti te gustaría instalarte ahora”. ¿Y por qué te preocupa, celestial y tradicional compañero? Has detectado mi respeto por la izquierda, y me encañonas. Pues sí; y ¿sabes por qué? Por nada político, pero por todo moral. La izquierda ha pasado por una larga proscripción, y no ha cambiado. Tiene ideas y creencias. Ha sido consecuente, sufrida, valerosa y honesta, y, además, ha venido moderada. ¿Pero qué me dices de tantos franquistas de la Transición? Sí. Aquellos que del brazo del Opus Dei y de Ibález Martín coparon las cátedras de la Universidad. Aquellos que medraron políticamente con López Rodó y con el almirante. Aquellos que se beneficiaron largamente de la estructura del franquismo. Todos esos que de la noche a la mañana pasaron de la dictadura a la democracia a través de disfraces inverosímiles y de desvergüenzas políticas inenarrables.

Esto ha sido, Luis María Anson, una de las más sucias páginas contemporáneas. Si a esto le añades que mi cabeza nunca ha sido conservadora – y a la vista está – mi conciencia ha sido siempre social y mi condición de escritor se aclimata mejor con la libertad, ¿de qué te asombras?

Pero tranquilízate; no aspiro a instalarme en ninguna parte. No es buena ocasión el Carnaval. Pero en tanto dura la farsa, hay que estar lejos de las caretas y de los carotas.

Emilio Romero

20 Octubre 1977

Romero 3, Anson 3

Luis María Anson

Necesitas, querido Emilio Romero, páginas enteras para intentar arañarme. Yo sólo preciso unas líneas para ponerte en tu sitio, y ello sin ánimo de hacerte daño, porque no ignoras la admiración que siento por tu capacidad profesional. Eres el símbolo supremo del periodismo franquista. Te guste o no, eso lo saben hasta las ranas del estanque del Retiro. Durante la dictadura tuviste la habilidad de pasar de un ministro a otro, del totalitarismo a la apertura, de la Falange a la tecnocracia, del republicanismo al Príncipe de don Alfonso a don Juan Carlos, todo ello sin perder el equilibrio, siempre a la vera de Franco, generoso el incensario, enternecedora la lealtad al dictador.

Tu camaleonismo político, sólo a segundos niveles, producía una mezcla de desprecio moral y de asombro. Por aquella época dabas miedo. En los últimos meses sólo das pena en tu esfuerzo ridículo por pasarte a la izquierda. Intentas una y otra vez la pirueta, pero te caes siempre. ¿Por qué no haces lo que te llevaría de dignidad y te devolvería tal vez parte de la fuerza perdida?: defender a Franco decididamente y a todo lo que de positivo tuvo el franquismo, mucho menos de lo que tú afirmabas hace unos años, pero mucho más de lo que ahora silencias.

Para intentar arañarme sólo te queda el pobre recurso, utilizado antes que tú, hace unos meses, por una publicación ultraderechista, de exhumar viejos textos escritos cuando yo tenía veinte años. Pues ahí también te equivocas, ¿o tal vez mientes de nuevo descaradamente

Desafiar la dictadura… algo que nunca pasó por tu cabeza, porque era el dictador quien mandaba, como ahora, fracasadas tus aproximaciones iniciales a Suárez, no parece entusiasmarte la idea de desafiar a la izquierda, que es la que presumes va a mandar en el futuro y entre cuyas faldas desearías cobijar a tu gallito, que es ya sólo una gallina medio desplumada que da pena con el penoso cacareo al que te dedicas.

¿Por qué te haces tanto daño a ti mismo, Emilio Romero? ¿De verdad no estás consciente de que tu tejado es de fragilísimo cristal? ¿Qué te parece si yo exhumara ahora viejos textos de tus veinte años, y no precisamente literarios, sino judiciales? ¿Por qué te metes tú mismo en la ratonera con tus estériles agresiones? ¿Qué pensarían los lectores de INTERVIÚ si alguien les explicara por qué estuviste en sombrío lugar entre el 18 y el 24 de abril de 1944? ¿No comprendes que cualquiera puede publicar íntegra la sentencia de 9 de abril de 1946 de la Audiencia Provincial de Castellón, en la que un joven periodista de veintiocho años fue condenado por malversación de fondos tras sustraer el dinero de los tuberculosos del sanatorio de Villarreal de los Infantes? ¿Olvidas que ya no hay censura que te proteja? ¿Y si el dossier de otras hazañas de las que sí hay cuenta cierta se pone ahora a la luz pública? Créeme que no deseo golpearte. Estás en el suelo y no es mi estilo sacarle virutas al leño caído. Al revés. Deseo verte otra vez en pie al frente de tu EL IMPARCIAL, de nuevo con el viento de cara. Y mis manos estarán siempre tendidas si en algo pueden  favorecer para que emprendas la nueva aventura.

Luis María Anson

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