18 septiembre 1988

Eduardo Goligorsky reprocha al periodista de RTVE José Manuel Martín Medem sus escritos de elogio a las cárceles de Fidel Castro en Cuba

18 Septiembre 1988

La cuestión cubana

Juan Manuel Martín Medem

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Cuba no es el paraíso, pero tampoco es el infierno que algunos pretenden presentar ante el mundo. Lo ha dicho el pastor bautista Raúl Suárez, presidente del Consejo Ecuménico Cubano. Y es una buena respuesta para el largo artículo de César Leante sobre Los derechos humanos en Cuba, que publicó EL PAÍS el 12 de septiembre. En ese artículo se denuncia «el trato inhumano a los presos políticos» y se defiende a Ricardo Bofill partiendo de un conocimiento fragmentario e indirecto de las críticas que sobre dicha persona han hecho los medios de comunicación en Cuba. Yo acabo de estar dos meses en la isla mediante un intercambio de la Unión de Periodistas de España y la Unión de Periodistas de Cuba. Allí visité cárceles y hospitales psiquiátricos, comprobando personalmente que la realidad es bien distinta de lo que ha denunciado la Administración de Reagan en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Pero no se trata de contraponer mi testimonio a las denuncias de Leante, sino de orientar de forma más útil la habitual polémica sobre «la cuestión cubana». Vaya, sin embargo, por delante lo que me dijo personalmente en La Habana el secretario de la Conferencia Episcopal Cubana, Carlos Manuel de Céspedes, tataranieto del hacendado cubano de idéntico nombre que en 1868 se alzó en armas contra España liberando a sus esclavos: «El régimen penitenciario cubano es ahora muy humano. Tan desagradable como pueda ser para cualquiera estar preso, pero dentro de un régimen humano con un buen trato y una buena asistencia. Creo que en eso ha habido una evolución positiva. Hoy en día es una situación aceptable. No entiendo por qué Estados Unidos se ha empeñado ahora en la denuncia de Cuba. Hace años todavía podría haber encontrado ciertas situaciones para dar base a sus denuncias, pero no ahora. Y menos con Valladares al frente de su delegación en la ONU. Bofill es similar a Valladares y por eso se han distanciado y se descalifican mutuamente. El propio Carlos Manuel de Céspedes me confirmó que Bofill quiso obtener el respaldo de la Conferencia Episcopal Cubana, pero no pudo lograrlo porque no se fían de él. «Lo he tenido muchas veces en mi despacho», dice Carlos Manuel de Céspedes, «y en cada ocasión diciendo cosas distintas». En cuanto a lo que la televisión cubana difundió sobre Bofill -y que Leante desconoce-, lo fundamental era una conversación con un agente de seguridad, filmada en secreto, durante la cual Bofill reconoce que el Comité Cubano pro Derechos Humanos es «un invento» suyo. En la grabación Bofill añade: «¡Yo vivo de esto, chico!».Pero lo que me preocupa no es la habitual polémica sobre Cuba -en la que siempre lleva la peor parte quien defienda al régimen cubano, como le pasó a Mario Benedetti en este rnismo periódico-, sino la utilización que de la misma se hace en los grandes medios de comunicación con credibilidad. EL PAÍS no ha escatimado espacio para reflejar la estupenda acogida al concierto de Amnistía Internacional en Barcelona y ha elogiado la labor de la organización. Pero Amnistía Internacional acaba de publicar un informe asegurando que «se han tomado medidas para mejorar la situación de los derechos humanos en Cuba» y EL PAÍS le ha dedicado seis veces más espacio a la opinión de César Leante, «escritor cubano exiliado en España». En el informe de AI se dice que «no hay pruebas de la existencia de malos tratos sistemáticos» y se habla del «ritmo creciente de las últimas excarcelaciones de presos políticos». Leante denuncia «el trato inhumano». Ahora viaja a Cuba una delegación de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. ¿Sería posible que EL PAÍS le dedique a su informe por lo menos tanto espacio como a César Leante? De momento, lo cierto es que la información sigue siendo sutilmente utilizada como otra forma de agresión contra la autodeterminación de Cuba. A quien no le gusten las tentativas de comunismo, que lo diga. Pero que no añada la miserable comparación con Chile o Paraguay.-

Redactor de RNE especializado en información sobre América Latina.

23 Septiembre 1988

Cárceles maravillosas

Eduardo Goligorsky

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La carta del apologista incondicional de las cárceles cubanas y redactor de RNE especializado en información sobre América Latina José Manuel Martín Medem (véase EL PAÍS, 18 de septiembre de 1988) me ha dejado perplejo. ¿Entre los afortunados huéspedes de tantas cárceles maravillosas no habrá por ventura personas acusadas de delitos de pensamiento y opinión? ¿Sus delatores no habrán sido los espías de los comités de defensa de la revolución, que controlan, manzana por manzana, todo el territorio de Cuba? ¿Las diatribas que la Prensa regimentada cubana lanza contra Ricardo Bofill no traen macabras reminiscencias de las que la Prensa regimentada soviética lanzaba en otra época contra Bujarin, Zinoviev y Sajarov, hoy reivindicados? ¿El señor Martín Medem aprobaría que la televisión pública española divulgue palabras de Julio Anguita filmadas en secreto? ¿Se ruborizará el señor Martín Medem si un día el comunismo cubano abomina de Castro?La amenaza de que la perestroika y la glasnost desembarquen en Cuba preocupa a Castro mucho más que el arribo de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Si se abrieran las compuertas de la crítica y la oposición política internas, probablemente quienes dirían que no les gustan «las tentativas del comunismo» (al menos del comunismo esclerosado y brezneviano que se jacta de encarnar Castro) serían los habitantes de la isla, y no los periodistas extranjeros. La «miserable» comparación con Pinochet y Stroessner sólo dejará de ser válida cuando los cubanos puedan expresar libremente sus ideas y elegir a sus gobernantes.