25 agosto 1997

Su antecesor, Erich Honecker, con mayor responsabilidad, murió sin ser condenado

Egon Krenz, el último dictador de la desaparecida Alemana comunista, es condenado por crímenes del Muro de Berlín a seis años de cárcel

Hechos

El 25 de agosto de 1997 el Landgericht de Berlín declara a Egon Krenz culpable como autor mediato de cuatro homicidios y lo condena a seis años y seis meses de prisión.

Lecturas

CRONOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN A EGON KRENZ

18 de octubre de 1989 — Krenz sustituye a Honecker. Ante unas protestas populares cada vez mayores, Erich Honecker es apartado de la dirección del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED). Lo sustituye Egon Krenz, de 52 años, miembro del Politburó desde 1983, secretario del Comité Central responsable de cuestiones de seguridad y miembro del Consejo Nacional de Defensa. No representa una ruptura con el régimen: durante años había sido considerado uno de los posibles herederos de Honecker y en junio había elogiado públicamente la actuación de las autoridades chinas frente a las protestas de Tiananmén. El 24 de octubre acumula además las presidencias del Consejo de Estado y del Consejo Nacional de Defensa, convirtiéndose formalmente en jefe del Estado de la RDA.

Octubre-noviembre de 1989 — Una «Wende» para intentar salvar el sistema. Krenz proclama que comienza una Wende —un giro— y trata de responder a las manifestaciones mediante cambios controlados: relevo de dirigentes, promesas de reforma y una nueva regulación que facilite los viajes al extranjero. Su problema es de credibilidad. Para buena parte de la oposición no representa al reformismo, sino a la misma generación gobernante que intenta conservar el poder del SED haciendo las concesiones imprescindibles. Pesaba especialmente su condición de máximo responsable electoral durante las elecciones municipales del 7 de mayo de 1989, cuyos resultados oficiales habían sido manipulados.

9 de noviembre de 1989 — Se abre el Muro. Una confusa conferencia de prensa de Günter Schabowski precipita la apertura de los pasos fronterizos. La medida que debía contribuir a estabilizar la RDA acelera el hundimiento de su sistema político. El SED pierde rápidamente el monopolio del poder y Krenz queda desbordado apenas tres semanas después de haber sucedido a Honecker.

3-6 de diciembre de 1989 — Krenz pierde todos sus cargos. El 3 de diciembre, el Comité Central y el Politburó del SED dimiten colectivamente. Krenz deja la secretaría general. El 6 de diciembre renuncia también como presidente del Consejo de Estado y del Consejo Nacional de Defensa. Lo sustituye como jefe del Estado Manfred Gerlach, dirigente del Partido Liberal Democrático de Alemania. El hombre que debía asegurar la continuidad del sistema de Honecker ha permanecido apenas siete semanas al frente del partido y seis como jefe del Estado.

21 de enero de 1990 — Expulsado de su propio partido. El SED intenta transformarse para sobrevivir a su derrumbe, primero como SED-PDS y posteriormente como PDS. Para marcar distancias con la antigua dirección, expulsa a Krenz. La paradoja es completa: tres meses después de alcanzar la cúspide del partido, su propia organización lo convierte en parte del pasado del que necesita desprenderse para continuar existiendo.

1990-1993 — De antiguo jefe del Estado a investigado. Tras la reunificación del 3 de octubre de 1990, la Justicia alemana comienza a determinar las responsabilidades penales derivadas del régimen fronterizo de la RDA. Krenz había participado, como miembro del Politburó y del Consejo Nacional de Defensa, en decisiones referentes a la protección de la frontera. Paralelamente se investiga su actuación en la falsificación de las elecciones municipales de mayo de 1989. En 1993 existen formalmente investigaciones contra él tanto por las muertes fronterizas como por su posible participación en la manipulación electoral.

8 de julio de 1995 — Acusado por las muertes fronterizas. La Fiscalía de Berlín presenta acusación contra Krenz por homicidio y corresponsabilidad en el régimen fronterizo. No se trataba de demostrar que hubiese disparado personalmente ni de atribuirle una orden individual para matar a una víctima concreta. La acusación sostenía que, desde el Consejo Nacional de Defensa y el Politburó, había participado en decisiones que mantenían un sistema fronterizo basado en armas de fuego y otros medios potencialmente mortales para impedir la salida de ciudadanos de la RDA.

1996-1997 — Krenz rechaza la legitimidad del proceso. Su defensa sostiene que la República Federal no puede castigar retrospectivamente a antiguos ciudadanos de la RDA por decisiones adoptadas conforme al ordenamiento de un Estado entonces soberano. Los tribunales alemanes rechazan finalmente ese planteamiento: consideran que las muertes eran punibles incluso aplicando el derecho de la propia RDA y que los responsables políticos no podían ampararse en una práctica estatal que vulneraba gravemente derechos fundamentales. Krenz, por su parte, lamenta ante el tribunal las víctimas del Muro pero niega su responsabilidad penal personal.

25 de agosto de 1997 — Condenado a seis años y medio. El Landgericht de Berlín declara a Krenz culpable como autor mediato de cuatro homicidios y lo condena a seis años y seis meses de prisión. Los cuatro casos correspondían a personas desarmadas que, sin poner en peligro a terceros, murieron entre 1984 y 1989 intentando abandonar la RDA por la frontera interalemana. Los tribunales consideraron que Krenz había contribuido causalmente a mantener el dispositivo que produjo aquellas muertes mediante su participación en decisiones del Consejo Nacional de Defensa y del Politburó. Sus coacusados Günter Schabowski y Günther Kleiber fueron condenados a tres años.

Krenz es detenido al dictarse sentencia, pero una reclamación contra su prisión provisional prospera y 18 días después queda nuevamente en libertad mientras se tramitan los recursos. La sentencia todavía no es firme.

Noviembre de 1997 — Archivada la causa por fraude electoral. Krenz también había sido investigado por su papel en la falsificación de las elecciones municipales del 7 de mayo de 1989. La manipulación no era una invención posterior de la Justicia federal: el propio Código Penal de la RDA castigaba la falsificación electoral. Sin embargo, el procedimiento contra Krenz termina archivándose, teniendo en cuenta fundamentalmente que ya había sido condenado a una pena considerable por los homicidios fronterizos. Por tanto, Krenz no fue condenado por fraude electoral.

8 de noviembre de 1999 — La condena se hace firme. El Bundesgerichtshof, Tribunal Supremo Federal alemán, rechaza los recursos y confirma íntegramente los seis años y seis meses. Determina que Krenz fue corresponsable de cuatro muertes por su participación en las decisiones de las máximas instancias de la RDA sobre el régimen fronterizo. La sentencia de 1997 queda definitivamente confirmada.

12-13 de enero de 2000 — Fracasa el último recurso alemán y entra en prisión. El Tribunal Constitucional Federal rechaza admitir el recurso constitucional de Krenz. El antiguo jefe del Estado sostenía, entre otras cosas, que su condena vulneraba el principio de irretroactividad penal. Karlsruhe responde que ese principio no protege una práctica estatal que había convertido graves vulneraciones de derechos humanos en política de Estado. El 13 de enero Krenz comienza a cumplir condena en Berlín-Hakenfelde y posteriormente es trasladado a Plötzensee.

22 de marzo de 2001 — Estrasburgo respalda la condena. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos rechaza también el recurso presentado por Krenz —junto con los antiguos responsables militares Fritz Streletz y Heinz Keßler—. Estrasburgo considera que sus condenas no vulneraron la prohibición de castigar hechos que no fueran delito cuando se cometieron. La posición jurídica de Krenz queda definitivamente cerrada también en el ámbito europeo.

18 de diciembre de 2003 — Libertad anticipada. Después de cumplir casi cuatro años de prisión, parte de ellos en régimen abierto, Krenz queda en libertad anticipada y el resto de la condena queda suspendido. El último jefe comunista efectivo de la RDA termina así su recorrido judicial: una condena firme de seis años y medio por cuatro homicidios relacionados con el régimen fronterizo; ninguna condena por la falsificación electoral de 1989.

El Análisis

EL HEREDERO QUE HEREDÓ EL HUNDIMIENTO

JF Lamata

Egon Krenz había sido preparado durante años para heredar la República Democrática Alemana y terminó heredando únicamente su liquidación. Cuando sustituyó a Erich Honecker en octubre de 1989 no llegó precedido por una reputación de disidente o reformista, sino como uno de los hombres fuertes de una nueva generación del aparato. Había participado en la dirección política y de seguridad del Estado, respaldado públicamente la respuesta china en Tiananmén y presidido la comisión electoral que proclamó los resultados fraudulentos de mayo. Sólo cuando comprendió que el inmovilismo de Honecker conducía al desastre intentó su Wende: conceder reformas suficientes para calmar la calle sin entregar aquello que verdaderamente pretendía conservar, el poder del SED. Llegó demasiado tarde. En siete semanas perdió el partido, en diciembre perdió el Estado, en enero su propio partido lo expulsó y, una década después, la Justicia de la Alemania reunificada lo condenó por decisiones tomadas cuando pertenecía a la cúspide de aquel sistema.

Hay también una diferencia sustancial entre Krenz y los ancianos jerarcas que lo precedieron. Honecker, Willi Stoph y Erich Mielke pudieron ver frustrados o fragmentados los procesos sobre las muertes fronterizas por su avanzada edad y estado de salud; Krenz tenía 52 años cuando cayó el Muro y apenas 60 cuando fue condenado. Vivió lo suficiente para que los tribunales recorrieran todas las instancias que sus predecesores no pudieron recorrer: Landgericht, Bundesgerichtshof, Tribunal Constitucional y finalmente Estrasburgo. Él sostuvo que se estaba juzgando retrospectivamente a un Estado desaparecido; los tribunales concluyeron que ocupar la cúspide de aquel Estado no podía eximir de responsabilidad por un sistema que aceptaba la muerte de ciudadanos desarmados para impedirles marcharse. Krenz quiso ser el hombre que salvara a la RDA sacrificando parte del viejo régimen; ocurrió exactamente lo contrario: el régimen se hundió entero y su derrumbe acabó llevándose también a quien había sido elegido para salvarlo.

JF