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El número de víctimas de los asesinos de ETA se acerca a 800 (Santamaría era el setecientos cincuenta y tres), siendo los militares del ejército los objetivos principales.

El brigada Mariano de Juan Santamaría asesinado por el ‘Comando Donosti’ de García Gaztelu ‘Txapote’, Lasarte y Carasatorre

HECHOS

El 10.04.1995el Brigada del Ejército de Tierra D. Mariano de Juan Santamaría, casado y con dos hijos, fue asesinado de un tiro en la cabeza.

LOS ASESINOS:

comando_donosti_txapote_lasarte_carasatorre García Gaztelu ‘Txapote’, Valentín Lasarte y Juan Ramón Carasatorre formaban parte del comando que asesinao a Santamaría.

11 Abril 1995

ETA sigue matando

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

LOS TERRORISTAS han vuelto a matar. A falta de la reivindicación por vía de sus siempre orgullosos portavoces, existen pocas dudas de que ha sido ETA quien asesinó ayer al brigada del Ejército Mariano de Juan, de 37 años, cuando regresaba paseando hacia su cercana casa desde el cuartel de Loyola donde trabajaba. Se supone que los autores, intoxicados por su primitivismo ideológico y por su necedad, estarán hoy convencidos de que la muerte de este joven profesional del Ejército, la desolación de una nueva viuda y la existencia de dos huérfanos más, otros dos, suponen una nueva gesta que les hace avanzar hacia objetivos gloriosos.Y desde ayer hay probablemente algún asesino más, 1 a sumar a los aún no capturados que asesinaron a Gregorio Ordóñez y a otras víctimas, y a añadir a los ya encarcelados. Más muertos, más asesinos y más dolor. Nada más. Porque -y ésta es la realidad que muchos se. empeñan aún en ignorar y algunos en cambiar- lo único que han vuelto a lograr los asesinos ayer en Loyola es, hacer daño, sembrar dolor gratuitamente.

Han destrozado una familia y han herido e indignado a toda la sociedad vasca y española, salvo a esos pocos que participan de sus vilezas. Y han creado las condiciones para que sus propias familias pasen a sufrir cuando tengan ellos que pagar por sus crímenes. No están ni un milímetro más cerca de su quimera tribal y socialista. No han desestabilizado nada ni a nadie. No han demostrado nada. Han matado a un hombre honrado. Punto. Ni más ni, por desgracia, menos.

Lamentar la gratuita muerte y el dolor que sufre hoy de nuevo una familia por culpa de descerebrados inducidos al crimen sería todo lo que habría que decir del suceso de Loyola, si los inductores no hubieran estado particularmente activos en los últimos meses. Y éstos no están en ningún mítico refugio de supuesta resistencia en las montañas ni santuarios secretos, sino cómodamente instalados en sus despachos en Euskadi y algunos cobrando sueldos de parlamentarios del erario público.

La perversión total del lenguaje es una de las. características propias de las adhesiones- inquebrantables al fascismo y al crimen. Por tanto, que los portavoces de HB y KAS hablen de la necesidad de la paz cuando se felicitan de la muerte es, en cierto sentido, normal por mucha que sea la repugnancia que produce tener que escucharlo. Pero no debería aceptarse como normal que algunos sectores del nacionalismo democrático caigan cíclicamente en la tentación de comprender ese discurso. Porque es irresponsable y porque es inútil.

Primero porque confieren parte de su propia credibilidad a la retórica criminal de ETA. Y segundo porque la paz no está en buscar las razones que llevan a unos criminales a matar al padre de familia que se va a casa después de su trabajo. Porque no existen. La paz está en impedir que se mate. Y para ello hay que aislar a quienes viven de fabricar las razones para matar y de animar y ordenar a otros que lo hagan. Y por supuesto, hay que detener, juzgar y condenar a quienes cumplen con esta sucia y criminal tarea.

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