26 enero 1996

Ambos bandos dejan claro que no consideran al otro 'periodista'

Guerra total entre el Grupo PRISA (Jesús Polanco Gutiérrez) y EL MUNDO (Pedro José Ramírez Codina) por el caso Eductrade

Hechos

  • El 26 de enero de 1996 el diario EL MUNDO publicó en portada una información que vinculaba al presidente del Grupo PRISA c0n los créditos públicos FAD. El 27 de enero de 1996 EL PAÍS dedicó un editorial de página completa al diario EL MUNDO con el título ‘miente, manipula, difama’.

Lecturas

El periódico El Mundo publica en 26 de enero de 1996 una información en su portada sobre los negocios ruinosos de la empresa de comercio Eductrade en Uruguay atribuyendo la propiedad de esa empresa a D. Jesús Polanco Gutiérrez y asegurando que había recibido dinero público en forma de créditos FAD. En respuesta el 27 de enero de 1996 el periódico El País publica un editorial de tres columnas contra la persona de D. Pedro José Ramírez Codina, director de El Mundo, al que presenta como un incendiario que no sigue las normas básicas de periodismo y a El Mundo como ejemplo del periodismo amarillo y extorsionador. El 29 de enero e 1996 Ramírez Codina publicará una ‘carta abierta’ no al director de El País, sino a los directivos de PRISA, D. Jesús Polanco Gutiérrez y D. Juan Luis Cebrián Echarri a los que atribuye la autoría e aquel texto editorial.

PORTADA DE EL MUNDO CONTRA EL PRESIDENTE DEL GRUPO PRISA, D. JESÚS POLANCO

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EDITORIAL DE EL PAÍS (PRISA) CONTRA EL DIRECTOR DE EL MUNDO, PEDRO J. RAMÍREZ

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La continuación al debate mantenido en el coloquio del IPI llegó en la portada de EL MUNDO del 26 de enero de 1996 cuando D. Pedro J. Ramírez consideró que la noticia más importante del día no era nada relativo al GAL, ni a la campaña electoral, sino informar en su portada los negocios que hacían Focoex y Eductrade, empresas controladas por el dueño del Grupo PRISA, D. Jesús Polanco. Aun siendo una noticia relevante… ¿Era algo que justificara sacarlo en portada si no fuera porque PRISA era el principal competidor del diario EL MUNDO?

El 27 de enero de 1996 el diario EL PAÍS publicó el editorial más bestia no ya contra otro medio, sino contra nadie en la historia de su periódico. Bajo el título ‘Miente, manipula, difama’ EL PAÍS calificaba al Sr. Ramírez de ser responsable de ‘una escuela de amarillismo’, de carecer de ‘barreras morales’, de haber aplaudido a los GAL, de ser un ejemplo de ‘periodismo de queroseno’, ‘de haber sentado las bases de la quiebra de DIARIO16’ y de ser un ‘icendiario director con más amor a la gasolina que a la verdad’. De paso acusaba a los columnistas de EL MUNDO de ser ‘sicarios’ que ‘drenan sus frustraciones, sus celos o sus agravios personales’ y concluía que EL MUNDO era el ejemplo admirable de “periodismo amarillo y extorsionador”.

Sin esperar al siguiente domingo para responder, D. Pedro J. Ramírez publicaba un artículo al día siguiente en el que respondía expresamente a D. Juan Luis Cebrián (a quien consideraba autor del editorial) y a D. Jesús Polanco (al que consideraba inspirador del mismo). El Sr. Ramírez aseguraba que para él D. Jesús Polanco y D. Juan Luis Cebrián, al haberle insultad, dejaban de ser “periodistas con negocios para convertirse en negociantes con periódico”

Pero el objetivo principal del Sr. Ramírez era presentarse él y su medio como un medio ‘sólo’ ‘humilde’ y ‘valiente’ frente a un enemigo ‘gigantesco’, ‘temible’ y muy poderso.

Era la misma táctica que había usado D. Pedro J. Ramírez durante su guerra con D. Luis María Anson en 1980. Es inevitable comparar los argumentos que el Sr. Ramírez presentaba en el artículo de entonces de ‘Los Tentáculos de Anson’ con los que ahora presentaba en su artículo ‘…Algo vuestro se quema’.

“Lo tenéis todo a vuestro favor, prensa, radio, televisión, cine, libros, fútbol, hoteles, hacienda, caballo y pistola. Lo único que, al parecer, no está en vuestras manos es quitarme la palabra”.

27 Enero 1996

MIENTE, MANIPULA Y DIFAMA

Editorial (Director en funciones: José María Izquierdo Rodríguez)

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Cuando hemos denunciado las malas artes imperantes en un sector del periodismo español dedicado al chantaje, la extorsión, la mentira y la falsedad, se nos han pedido nombres y que no generalicemos. Pues bien, ahí va el primero: EL MUNDO

El 22 de julio de 1994 quedará en- la historia del periodismo español como la fecha del oprobio que la vanidad o la ambición pueden llegar a provocar en las actitudes profesionales. Ese día, el director de un periódico con pretensiones de ser un diario de referencia había citado a cenar en su casa a los (los líderes más destacados de la oposición, José María Aznar y Julio Anguita, a fin de urdir una operación política: la pinza del partido de la derecha con los comunistas para derribar al Gobierno de González. Es difícil imaginar una actitud así en nadie que se precie de ser un periodista independiente o en el dirigente de un periódico que pretenda, servir a sus lectores antes que a sus intereses. Pero la actitud del director de EL MUNDO, anfitrión del encuentro, que, por otra parte, silenció en su periódico, resultaba coherente con la escuela de amarillismo que ya había logrado establecer. Para los ingenuos que suponen que EL MUNDO es un periódico que piensa en sus lectores antes que en sus dueños o en la fortuna y fama de su director, el recordatorio de esta anécdota, profusamente contada en un libro hagiográfico del susodicho, bastará si se quiere iluminar los propósitos, y los despropósitos, del más joven de los diarios de la capital de España. Heredero de una escisión en la empresa editora de otro colega de Madrid -en donde la gestión del actual director de EL MUNDO sentó las bases de la quiebra posterior-, el periódico sobrevivió gracias a la intervención de Rizzoli, el monstruo italiano de la comunicación, que no dudó en aportar el oxígeno financiero necesario a cambio del 45% de las acciones. Rizzoli está controlada por Fiat, uno de los, conglomerados industriales más importantes del mundo.

EL MUNDO ha logrado sacar a la luz algunas informaciones interesantes. Eso facilita que su director, que mientras los GAL mataban y asesinaban aplaudía las acciones del «valeroso Damborenea», presuma ahora de haber contribuido a descubrir la trama en tomo a esa banda terrorista, olvidando que su silencio y su aplauso, según los casos, contribuyeron en su día al clima social que justificó los crímenes. En su desesperada carrera por vender, El Mundo no imagina barreras morales, y se escuda en la impunidad jurídica en la que se mueve este país frente a la calumnia y la mentira. Pertenece a esa clase de diario que el antiguo director de The Washington Post Ben Bradlee llama «periodismo de queroseno». Aquel en el que los reporteros echan gasolina en no importa qué fuego, antes de determinar lo que se está quemando y por qué. Y una de sus tácticas más queridas ha sido la de la difamación persistente de nuestro periódico, de sus redactores, directivos y empresarios, coreada por un buen puñado de columnistas que drenan sus frustraciones, sus celos 0 sus agravios personales con total desprecio del interés de los lectores. Si el director no respeta la norma básica del periodismo, que es el respeto a quien nos lee, ¿por qué han de hacerlo sus sicarios?

Amor a la gasolina

EL MUNDO nos ofrecía ayer una muestra más de su capacidad de manipulación cuando trataba. de confundir a la opinión pública y de desprestigiarnos como competidores. La noticia reina -en espacio e importancia- de su primera página no era ni las declaraciones de Barrionuevo, ni la firma del pacto social, ni el escándalo desatado en tomo a la comisión parlamentaria sobrelos GAL, ni la investigación oficial sobre el juez Moreiras, ni la inestable situación política en Colombia, ni la visita del presidente de México, ni nada de eso: la noticia más interesante para El Mundo -para su director, no para sus lectores-, publicada a cuatro columnas y con una gran fotografía, era ésta: «Equipos suministrados por Polanco con créditos FAD se pudren en Uruguay sin desembalar. Eductrade recibió cientos de millones del Gobierno español por un material que nadie pidió». Naturalmente, si ese reportaje fuera verdad, un periódico serio y de referencia lo hubiera publicado con todas sus consecuencias, pero es improbable que recibiera tales honores en la primera página. La única justificación de la desorbitada importancia que EL MUNDO dio a la noticia es precisamente que era mentira, y, como tal, no tenía el objetivo de informar, sino el de difamar al presidente de EL PAÍS, sobre el que viene volcando una serie de improperios y calumnias difícilmente imaginable. La meta final: crear dudas acerca de la independencia profesional, la honestidad informativa y, en definitiva, la credibilidad de EL PAíS, que no sería -según la versión de estos portavoces de la calumnia- sino una plataforma para los negocios y el enriquecimiento de su primer accionista. Probablemente, porque piensa el director de El Mundo que en esta casa se permitiría poner el periódico al servicio, de los intereses particulares, tal y como él ha hecho en su diario. Eductrade es una empresa integrada en el grupo Timón, que Jesús de Polanco preside, pero ni Polanco ha suministrado equipos ni ha ejercido nunca ninguna capacidad de gestión en Eductrade, ni ésta ha recibido cientos de millones del Gobierno español, ni nunca ha servido a nadie material que no se le haya pedido, ni ha llevado a cabo una «trama de negocios irregulares», como calumniosamente afirma El Mundo, ni «la compañía de Polanco vendió equipos defectuosos u obsoletos por encima del precio de mercado», como maliciosamente añade en un editorial. El director de EL PAÍS ha encargado una investigación minuciosa sobre las actividades de Eductrade y de Focoex -empresa pública dedicada al comercio exterior-, y desde estas páginas asumimos el compromiso formal de hacer públicas esas teóricas irregularidades que EL MUNDO denuncia, sí hubieran existido, o cualquier otra que apareciere, e invitamos a la prensa independiente de este país a sumarse a la investigación. En el entretanto conviene señalar que a lo que nos enfrentamos, una vez más, es a una gigantesca máquina de difamar y de confundir, animada no por el altruista motivo de establecer la verdad, sino por la impotencia manifiesta para batir a nuestro diario en circulación e influencia mediante las artes legítimas de la competencia y el esfuerzo profesional. Jesús Polanco, presidente del diario EL PAÍS, ha anunciado acciones legales en defensa de su imagen y de la dignidad de cuantos trabajamos en esta casa y en las empresas que él encabeza. Pero el amparo de los tribuna les no basta, y no sería bueno para la convivencia so cial que un diario montado sobre la manipulación y la mentira no se viera denunciado ante la opinión pública por el simple hecho de que se ha apuntado algunos éxitos profesionales -fruto en muchos casos de las filtraciones de Mario Conde y del pago de entrevistas a delincuentes convictos-, al tiempo que se apropiaba también, descaradamente, de los ajenos.

Nuestro silencio habitual ante estos ataques no debe confundirse con el de los corderos. Si la empresa y la dirección de EL MUNDO consideran que la buena vía para abrirse paso en el mercado es la calumnia, y si verdaderamente quieren hacer creer que ellos, y sólo ellos, definen la norma de la honestidad, vamos a reírnos mucho. Cuando hemos denunciado las malas artes imperantes en un sector del periodismo español dedicado al chantaje, la extorsión, la mentira y la falsedad, se nos han pedido nombres y que no generalicemos. Pues bien, ahí va el primero: EL MUNDO es un ejemplo admirable de periodismo amarillo y extorsionador. Y su incendiario director tiene más amor a la gasolina que a la verdad.

29 Enero 1996

…ALGO VUESTRO SE QUEMA (Carta abierta a Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián)

Pedro J. Ramírez

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Al publicar vuestro editorial contra EL MUNDO, habéis dejado de ser -y no me refiero por supuesto a nadie de la plantilla que no entre en el reparto- algo de por sí ya tan embarazoso como unos periodistas con negocios para convertiros en unos negociantes con periódico.

Querido Jesús, querido Juan Luis:

He leído este fin de semana el kilométrico editorial en el que me llamáis de todo para poder defender vuestros negocios de exportación de los más diversos y menos periodísticos utensilios a Sudamérica, con créditos fláccidos que el Gobierno español concede a vuestros más o menos supuestos clientes.

Quiero agradeceros, en primer lugar, que hayáis tenido el detalle de convertirme, siendo yo un simple colega de la pluma, en la persona individual contra la que habéis escrito un editorial más extenso -y uno de los más plagados de insultos- en los casi 20 años de existencia de vuestro periódico. Dicen algunos compañeros, tanto en vuestra redacción como en la mía, que eso demuestra que habéis perdido los nervios, que el caso Eductrade os tiene frenéticos y que ya no sabéis qué hacer para que los reporteros de EL MUNDO dejen de tocaros las pelotas con las cosas de comer. Yo más bien creo que ha sido un gesto de deferencia en aras de nuestra vieja y a menudo excelente relación: ya que vamos a ocuparnos de Pedro J., que no se nos quede nada en el tintero.

Desde luego, tímidos no habéis sido. Madre mía: qué diluvio de imprecaciones, qué alud de metáforas, qué tifón de adjetivos. Si yo no fuera una persona medianamente conocida por los lectores de periódicos o los oyentes radiofónicos, poco menos que tendría que marcharme de España después del repaso que por tierra, mar y aire (EL PAÍS, SER, CANAL PLUS) me habéis dado este fin de semana. Vuestro único problema es que, cuando alguien es periodista y nada más que periodista, sus hechos -es decir, sus artículos, sus opiniones, sus efímeros scoops- siguen brillando con luz propia en la morgue de las hemerotecas y en la memoria de una sociedad adulta.

Como director de un periódico que compite con el vuestro, os agradezco especialmente dos de las afirmaciones a las que dais más realce en vuestro solemne auto de excomunión: uno, que yo hundí DIARIO16 cuando era su director; dos, que yo estaba a favor del GAL y la guerra sucia. Ojalá la veracidad de vuestro diario, siempre tan bien envuelto y maquillado, empiece a medirse desde ahora con el rasero de la credibilidad que estas dos acusaciones van a merecer al sinfín de personas que recuerdan lo que hice y lo que dije -lo que unos cuantos colegas y yo significamos- en aquellos años de plomo del felipismo duro, mientras vosotros sentabais las bases de vuestra actual opulencia.

Hay que reconocer que habéis tenido una cuádruple desdicha con lo de la cena del 22 de julio del 94. De entrada, hacéis el ridículo cum laude proclamando enfáticamente que ese día «quedará en la historia del periodismo español como la fecha del oprobio». ¡Recórcholis! ¿Será porque en mi casa no había Casera? Demostráis por otra parte que no sólo os obsesionan mis escritos y opiniones, sino también con quién ceno o dejo de cenar: ya me montasteis un pitote parecido cuando, para justificar la reproducción de las cintas fruto del pinchazo delictivo del teléfono de Jesús Cacho -con la que pretendíais presentar a vuestro amigo Mariano Rubio como víctima de una, ay, ya entonces, conspiración-, sacasteis a relucir que yo había cenado hacía poco con Rodrigo Rato. En tercer lugar, os traiciona el lenguaje cuando, para referiros a aquel intrascendente encuentro social entre Aznar y Anguita, recurrís a las mismas chorradas sobre la «pinza» entre «la derecha y los comunistas» (sic) con que vuestros protectores y protegidos del Gobierno intentan enmascarar la negativa a responder por sus desmanes.

Pero lo peor de todo es que, sea por ignorancia o más probablemente por hipocresía, vuestro editorialista me reproche -falsamente- haber silenciado una cena de hace dos años… a los treinta días justos de la que oficiasteis en una de vuestras más lujosas mansiones con los mismos José María Aznar y Rodrigo Rato, amén del chico Gallardón. ¿Qué información habéis publicado en El País sobre ese encuentro secreto con multimillonarios intereses encima de la mesa? Nada que tenga que ver con mi fortuna personal o la de EL MUNDO depende de político alguno. ¿Podéis decir vosotros lo mismo sin que todo el patio de butacas os arroje mondas de naranja por farsantes?

Perdonadme. Pongamos en vez de «farsantes», no sé, trapaceros, embudistas, en fin, algo que suene más suave, para que no pueda decirse ni remotamente que os estoy pagando con la misma moneda del insulto.

Y es que al final, Jesús, Juan Luis, estamos en lo de siempre: yo en las musas, vosotros en el teatro; yo en la barandilla, vosotros en el parqué de operaciones. Yo, tratando de plantear debates de fondo sobre las relaciones económicas entre la Prensa y el poder; vosotros, metiendo a toda máquina los «bulldozers» para intentar llevaros por delante a cualquiera que represente un obstáculo para vuestro próximo «pelotazo».

Me ha llamado la atención que junto a todos los tópicos al uso («No le importa más que vender», dicen los patronos de Eductrade; «Es un amarillista», alegan los programadores de porno duro; «Manipula las portadas», claman los que casi olvidan recoger que Barrionuevo quedaba en libertad bajo fianza) en vuestro catálogo de invectivas abunden esta vez los denuestos relacionados con el fuego: «director incendiario», «periodismo de queroseno», «amor a la gasolina», etcétera. Enseguida me he acordado de aquella coda definitiva que puso el Perich a la campaña televisual de prevención de incendios: «Cuando el monte se quema, algo suyo se quema…, señor conde». ¿No os dais cuenta de que os ha traicionado el subconsciente y habéis cometido la torpeza de proporcionarnos a todos una prueba fehaciente de lo que negáis con tanta cólera divina, esto es, una demostración palpable de que utilizáis EL PAÍS y vuestros demás medios como gendarmes de negocios tan ajenos al interés de los lectores como la venta de plantas procesadoras de frutas o de litotrictores extracorpóreos a entidades uruguayas que no dan la menor muestra de necesitar ni lo uno ni lo otro?

Vosotros no habéis salido en defensa del honor perdido de Katherina Bloom: habéis tirado de escopeta, qué digo de escopeta, habéis tirado de «bazooka» y bombardero para ahuyentar al fisgón impertinente de las lindes del coto de caza que os administran el fiel Pancho y sus sarasolas uruguayos. Pero una carta no cambia de contenido porque el que la entregue sea Quasimodo o Robert Redford. Podría reunir mi pobre persona el dechado de defectos que acabáis de atribuirme elevado al cubo y ello no alteraría para nada el fondo de las cosas.

Aquí lo relevante, lo que deben discutir los periódicos, las emisoras, la opinión pública, el Parlamento y eventualmente los tribunales de Justicia, es si es lógico y aceptable que una empresa privada -vuestra santísima Eductrade- firme un Acuerdo General de Servicios con una empresa pública como Focoex para repartirse al 50% un pastel tan suculento como las exportaciones a países subdesarrollados que en la práctica se pagan con dinero de todos los españoles. Si es lógico y aceptable que esa empresa privada esté vinculada a un grupo periodístico tan potente como el vuestro, que constantemente debe tomar posición sobre las personas que remota o directamente controlan la empresa pública (recuérdese que la directora general de Focoex era nada menos que la esposa de Solchaga). Si es lógico y aceptable que el consorcio Focoex-Eductrade reciba sistemáticamente la adjudicación de proyectos que, aunque formalmente encargan las autoridades del país en cuestión, en la práctica son fruto de la aceptación de propuestas previas de los propios adjudicatarios. Si es lógico y aceptable que en operaciones que se realizan con créditos FAD destinados a ayudar al Tercer Mundo, por cuyo incremento hay personas dispuestas a dejarse morir de hambre, se estén pagando fabulosas comisiones a personajes tan desaprensivos como este Walter Estellano a cuyas andanzas empezamos a referirnos hoy, que no aportan otra habilidad sino la de amañar a menudo sobreprecios e incluso necesidades ficticias para crear una demanda que les permita a ellos repartirse el botín con vuestra Polancoex. Si es lógico y aceptable que suministros entregados -y cobrados a costa del dinero del 0,7- por vosotros hace años se pudran sin desembalar en destino, dando efectivamente la misma imagen de «exportaciones de pega» que enriquecieron primero y llevaron a la cárcel después al propietario de Matesa en los 60, y que la única explicación que vosotros mismos seáis capaces de dar es que los políticos de allí andan peleados entre sí, poniendo de relieve hasta qué punto eran superfluos o al menos prescindibles los envíos.

Al publicar vuestro editorial contra EL MUNDO, habéis dejado de ser -y no me refiero por supuesto a nadie de la plantilla que no entre en el reparto- algo de por sí ya tan embarazoso como unos periodistas con negocios para convertiros en unos negociantes con periódico. Es probable que, a base de agasajos como los de la otra noche, consigáis que un Gobierno del PP no revise ni la irregular concesión de CANAL PLUS, ni las condiciones de venta de las acciones del Estado en la cadena SER, ni la ilegal adquisición y asesinato de ANTENA 3 RADIO, ni las condiciones secretas del Expediente de Concentración autorizado por el Consejo de Ministros, ni el acuerdo monopolístico suscrito con Telefónica para el cable, que os permite explotar privadamente una red pagada por todos. Es probable incluso que, a base de contribuir a ningunear a IU, consigáis privar a Anguita y los suyos de la suficiente fuerza parlamentaria como para hacer del escándalo Focoex-Eductrade uno de los grandes asuntos de la próxima legislatura.

Lo tenéis todo a vuestro favor: prensa, radio, televisión, cine, libros, fútbol, hoteles, hacienda, caballo y pistola. Lo único que, al parecer, no está en vuestras manos es quitarme la palabra. Perdón, en qué estaría yo pensando: quiero decir la cerilla. Eso, quitarme la cerilla… Al parecer, no está en vuestras manos quitarme la cerilla.

Os saludo desde la amistad, desde la discrepancia, desde la crítica.

Pedro J. Ramírez