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El atentado fue realizado por Henri Parot y Jacques Esnal, siguiendo órdenes de Pakito Múgica Garmendia

Carmen Tagle, la fiscal de la Audiencia Nacional que dirigía la acusación contra terroristas, es asesinada por el comando de ETA

HECHOS

El 12.09.1989 fue asesinada en Madrid Dña. Carmen Tagle, fiscal de la Audiencia Nacional.

SACADA A HOMBROS POR LOS COMPAÑEROS

TAgle1989 Los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional sacaron a hombros el féretro con los restos de Dña. Carmen Tagle. En el lado derecho se distingue a la fiscal Dña. Dolores Márquez de Prado, al juez D. Carlos Bueren, al fiscal D. Ignacio Gordillo y el juez D. Javier Gómez de Liaño. En el lado izquierdo al juez D. Baltasar Garzón.

Moscoso El Fiscal General del Estado, D. Javier Moscoso ha asegurado que cuando sean detenidos los asesinos de la Sra. Tagle tendrán un juicio justo ‘así lo hubiera querido ella’.

Hechos: 12 de Septiembre de 1989. Es asesinada a tiros la Fiscal de la Audiencia Nacional, Dña. Carmen Tagle, que fue acribillada y rematada por más de 10 tiros. Estaba adscrita al Juzgado Central de Instrucción Número 5, o lo que es lo mismo, era la mano derecha del juez titular, D. Baltasar Garzón. La Sra.  Tagle llevaba muchos asuntos sobre terroristas y era una firme defensora de que estos cumplieran las penas íntegras (30 años) y no se beneficiaran de las reducciones.

Víctimas Mortales:

Dña. Carmen Tagle (de 44 años)

LOS ASESINOS:

parot_esnal Los asesinatos de la fiscal fueron miembros del ‘comando Argala’, Henri Parot (que sería condenado a 30 años por aquel crimen en 1991) y Jacques Esnal, condenado a Cadena Perepetua en Francia.

pakito_mugica_garmendia Francisco Múgica Garmendia, del Comité Ejecutivo de ETA, ordenó el asesinato por el que sería condenado en 2001 a Cadena Perpetua. En el juicio afirmó a los jueces que le condenaron: «para nosotros, todos sois Tagle».

13 Septiembre 1989

Anular el juicio

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Cuando se produce un acto de barbarie para el que no se encuentra una explicación racional y cuya autoría se desconoce, es casi seguro que nos encontremos ante un nuevo crimen de ETA. Así ha ocurrido durante muchos años cada vez que los terroristas han descendido un nuevo peldaño de su degradación maflosa. Hubo un tiempo en el que, especialmente en Euskadi, la incredulidad era la primera reacción: cómo van a haber hecho eso, en qué cabeza cabe, no es posible. Sin embargo, pocas horas había que esperar para comprobar que sí habían sido ellos. Ellos, los heroicos gudaris capaces de asesinar, sin que les tiemble el pulso, a las niñas que dormían en el cuartel de Zaragoza, a los clientes de un supermercado, a la madre de un funcionario de prisiones.Casi siempre acaban siendo ellos, del mismo modo que en la Italia meridional suelen ser miembros de la Mafia o de la Camorra quienes asesinan a jueces y fiscales y que en la martirizada Colombia de nuestros días los más odiosos crímenes llevan el sello inconfundible de los gánsteres del narcotráfico. Y no otro objetivo que la Mafia, la Camorra o los narcotraficantes tienen los que ayer dispararon contra Carmen Tagle: amedrentar, advertir a todos los funcionarios de la Administración de justicia de que ellos pueden ser las siguientes víctimas si no se achantan, si persisten en cumplir con los deberes del cargo que desempeñan.

Las tareas de Carmen Tagle González, fiscal de la Audiencia Nacional, comprendían la investigación de crímenes como los de ETA o los GAL y representar al Estado en los juicios celebrados, con todas las garantías jurídicas, contra los presuntos autores de esos y otros delitos. Pero nunca, aunque lo hubiese pretendido íntimamente, podría esa o cualquier otro fiscal haber solicitado la pena de muerte para ningún acusado. Ni podrán mañana los compañeros de la fiscal asesinada decretar la ejecución de quienes ayer vaciaron el cargador de su arma contra una mujer indefensa. Porque en la España democrática que los terroristas querrían destruír no existe la pena de muerte. Y porque en un Estado de derecho la justicia es un instrumento de civilización, no de venganza.

En su degradación, los terroristas y quienes los halagan y jalean desearían que el sistema democrático dejase paso a uno en el que dasapareciera la distancia moral entre los criminales y quienes los persiguen, juzgan y sentencian, igualando a unos y a otros en la indignidad. Por eso tratan de intimidar a estos últimos buscando anular, mediante el miedo, su conciencia y su voluntad. Buscando reacciones de pavor que anulen el juicio de los individuos y atemoricen al conjunto de la sociedad. No es una práctica nueva. Es la que ha caracterizado desde tiempo inmemorial a quienes, habiendo comprendido que carecían de razones, se han acogido a una única razón: la de la fuerza.

13 Septiembre 1989

Atentado mortal contra la justicia

ABC (Director: Luis María Anson)

El asesinato ayer en Madrid de la fiscal de la Audiencia Nacional Carmen Tagle González es la tarjeta de visita de ETA ante las próximas elecciones generales: representa también un ‘triunfo’ que esgrimir ante sus bases.

La víctima acababa de ejercer una hora antes la acusación pública contra dos inculpados de pertenencia a la banda terrorista. Carmen Tagle se había distinguido especialmente por su rigor en las acusaciones contra miembros de la banda etarra: un rigor ejercido, naturalmente, dentro de la racionalidad y de la interpretación estricta de las leyes que definen el Estado (…)

Golpear a la Justicia es en bastantes sentidos causar – o pretenderlo – una herida de evidente gravedad a un órgano vital del Estado, en un acto que se presenta como continuador de los atentados que ETA ha llevado a cabo contra los funcionarios de prisiones. El aparato represivo del Estado se ha convertido ahora en el objetivo de la banda.

ETA sabe que a medio plazo tiene perdida la batalla. Sus presos se sienten cada vez más inquietos; acaba de amenazarlo. En el País Vasco, donde también ayer se producía un segundo atentado mortal, el proceso de mentalización antiterrorista ha dado saltos de gigante. En la democracia la que está ganando la batalla aunque episodios trágicos como el de ayer puedan nublar los ojos y estremecer el corazón más duro. Si se considera que Inglaterra lleva 20 años de presencia militar en Irlanda del Norte con medidas durísimas y que en ese tiempo ha sufrido muchas más víctimas que España en un lapso análogo, habrá que convenir que las soluciones definitivas distan de ser fáciles.

La fiscal Carmen Tagle González ha muerto en acto de servicio. Estamos seguros de que su sangre derramada no será inútil. ETA no podía exceptuar a un miembro del Poder Judicial en su larga cadena de asesinatos. Cabe, no obstante, preguntarse si es prudente que el Gobierno no de escolta a miembros del ministerio público, cuyas actuaciones se centran en los delitos de terrorismo.

El Análisis

Una mujer frente a los asesinos

JF Lamata

Muchas son las frases de Dña. Carmen Tagle que muestran su firmeza contra los asesinos: «¡No puede ser que en este país cueste lo mismo matar a una persona que matar a siete!», dijo ante los micrófonos de RNE poco antes de su asesinato. «Los de los GAL son aún peor que ETA, porque les dan una excusa para seguir matando». Y más allá de sus palabras, ella fue la que pidió la mayor pena solicitada nunca hasta entonces en la Audiencia Nacional: penas que sumaban más de 2.000 años contra los autores de la matanza de la Plaza de la República Dominicana. Tras su asesinato, que conmocionó a la Audiencia Nacional, y daría origen a la leyenda de ‘los indomables’, se intentó reflexionar si tal vez la prensa debía omitir la aparición en sus páginas de menciones y fotos de los jueces y fiscales dedicados a la lucha anti-terrorista. Durante unos meses dejarían de publicarse, pero aquella actitud mediática no duraría mucho.

J. F. Lamata

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