4 octubre 1995

El deportista O. J. Simpson absuelto de doble asesinato tras un polémico juicio mediático

El deportista O. J. Simpson absuelto de doble asesinato tras un polémico juicio mediático

Hechos

En octubre de 1995 se conoció la sentencia absolutoria de Orenthal James Simpson del asesinato de Nicole Brown y su amigo Ronald Goldman.

Lecturas

La noche del 12 de junio de 1994, Nicole Brown Simpson, de 35 años, exesposa del antiguo jugador de fútbol americano Orenthal James Simpson, y Ronald Lyle Goldman, camarero de 25 años, fueron asesinados a cuchilladas junto a la entrada de la vivienda de Nicole, en el barrio de Brentwood de Los Ángeles. Goldman había acudido para devolver unas gafas olvidadas por la madre de Nicole en el restaurante donde trabajaba. La policía encontró indicios que apuntaban hacia Simpson: manchas de sangre, huellas de calzado, un guante ensangrentado en la escena del crimen y otro semejante en su residencia. También pesaban sobre él antecedentes de violencia doméstica contra Nicole, por los que había sido sancionado judicialmente en 1989. Cuando el 17 de junio de 1994 debía entregarse a la policía, Simpson desapareció acompañado de su amigo Al Cowlings, antiguo compañero de equipo, en un Ford Bronco blanco. En lugar de una fuga a gran velocidad, protagonizó una persecución televisada a velocidad reducida por las autopistas de Los Ángeles, mientras amenazaba con suicidarse. Millones de estadounidenses siguieron en directo el recorrido hasta su residencia, donde finalmente fue detenido. La huida no dio lugar a una condena penal independiente, y Simpson quedó procesado por dos asesinatos, cargos de los que se declaró inocente.

El juicio comenzó el 24 de enero de 1995, bajo la presidencia del juez Lance Allan Ito, y enfrentó a la Fiscalía del condado de Los Ángeles, encabezada por Marcia Rachel Clark y Christopher Darden, con un equipo de abogados de extraordinaria notoriedad. Robert Shapiro había organizado inicialmente la defensa y apostaba por cuestionar las pruebas científicas; Johnnie Cochran terminó convirtiéndose en su principal portavoz ante el jurado, con una estrategia que vinculaba las irregularidades policiales al historial de discriminación racial de Los Ángeles; F. Lee Bailey, veterano abogado penalista de fama nacional, destacó por sus interrogatorios agresivos, especialmente contra el detective Mark Fuhrman. También participaron Robert Kardashian, amigo íntimo de Simpson, Barry Scheck, especialista en pruebas de ADN, y otros letrados. La acusación presentó análisis de sangre y ADN, rastros encontrados en el vehículo y en la residencia del acusado, los antecedentes de violencia conyugal y testimonios sobre su comportamiento. Denise Brown, hermana de Nicole, declaró acerca del trato que Simpson había dispensado a su exesposa. La defensa replicó denunciando errores en la recogida y conservación de las pruebas, posibles contaminaciones y la hipótesis de que algún policía hubiera manipulado evidencias. Uno de los momentos decisivos se produjo el 15 de junio de 1995, cuando Darden pidió a Simpson que se probara ante el jurado los guantes atribuidos al asesino. Simpson aparentó no poder introducir adecuadamente sus manos en ellos. Cochran explotó el episodio en sus alegatos finales con una consigna memorable: si los guantes no encajaban, el jurado debía absolverlo.

Pero el gran vuelco del juicio llegó con Mark Fuhrman, detective que había encontrado uno de los guantes en la propiedad de Simpson. Interrogado por Bailey, negó haber utilizado durante años un insulto racista contra las personas negras (la ofensiva expresión ‘nigger’). Posteriormente aparecieron grabaciones realizadas por la guionista Laura McKinny en las que Fuhrman empleaba repetidamente esa expresión y hablaba de actuaciones policiales abusivas. Cuando volvió a declarar, se acogió a la Quinta Enmienda para evitar autoincriminarse, incluso ante preguntas relacionadas con la posible manipulación de pruebas. Aquello proporcionó a Cochran un argumento de enorme fuerza: si el policía había mentido bajo juramento sobre sus prejuicios raciales, ¿por qué debía confiarse en su testimonio sobre el guante?

El proceso terminó desplazando parte de la atención desde los indicios contra Simpson hacia la credibilidad del Departamento de Policía de Los Ángeles, profundamente cuestionado desde la paliza policial a Rodney King en 1991. Tras más de ocho meses de juicio, el 3 de octubre de 1995, un jurado compuesto por nueve personas negras, dos blancas y una hispana declaró a Simpson no culpable de ambos asesinatos. El veredicto fue recibido con reacciones muy diferentes en una sociedad dividida por las cuestiones raciales.

Sin embargo, la absolución penal no cerró el caso: las familias de las víctimas emprendieron una demanda civil y, el 4 de febrero de 1997, un jurado mayoritariamente blanco consideró a Simpson responsable de las muertes y le impuso una indemnización inicial de 8,5 millones de dólares. El 10 de febrero añadió otros 25 millones de dólares en daños punitivos, elevando la responsabilidad económica total a 33,5 millones. El contraste entre ambos fallos convirtió el caso en un ejemplo particularmente controvertido de las diferencias entre la justicia penal y la civil estadounidenses.

Cronología de los principales episodios (1989-1997)

Fecha Acontecimiento
1-1-1989 La policía acude al domicilio de los Simpson tras una agresión denunciada por Nicole Brown Simpson. O. J. acaba declarándose culpable de un delito menor de violencia conyugal.
1992 Se consuma el divorcio entre O. J. y Nicole Brown Simpson, aunque continúan manteniendo una relación conflictiva.
12-6-1994 Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman son asesinados en Brentwood.
13-6-1994 La policía interroga a Simpson y reúne indicios de sangre y otros rastros relacionados con el crimen.
17-6-1994 Simpson no comparece para entregarse y trata de darse a la fuga en coche. Se produce la célebre persecución del Ford Bronco conducido por Al Cowlings. Simpson termina detenido.
20-6-1994 Comparece ante el tribunal y se declara no culpable de los dos asesinatos.
Nov.-dic. 1994 Selección del jurado penal y sus suplentes, dirigida por el juez Lance Ito.
24-1-1995 Comienzan los alegatos iniciales del juicio penal.
3-2-1995 Denise Brown declara sobre los antecedentes de maltrato sufridos por su hermana.
9 y 15-3-1995 Mark Fuhrman testifica sobre el hallazgo del guante. F. Lee Bailey lo interroga sobre su utilización de expresiones racistas. Él lo niega.
15-6-1995 Simpson se prueba los guantes ante el jurado. Aparentemente no le encajan.
Ago.-sep. 1995 Se conocen las grabaciones de Laura McKinny que contradicen las afirmaciones de Fuhrman, de que sí usó en el pasado expresiones racistas.
6-9-1995 Fuhrman se acoge a la Quinta Enmienda al ser interrogado, fuera de la presencia del jurado, sobre posibles manipulaciones de pruebas.
26-29-9-1995 Alegatos finales de las partes. Cochran convierte el episodio de los guantes en uno de sus argumentos principales.
3-10-1995 El jurado declara a Simpson no culpable de los dos asesinatos.
2-10-1996 Fuhrman acepta una resolución judicial por perjurio, al haber mentido sobre su utilización de insultos racistas.
Octubre de 1996 Comienza el juicio civil promovido por las familias de las víctimas.
10-10-1996 Robert Kardashian manifiesta públicamente su cambio de opinión respecto a Simpson y sus dudas sobre su inocencia.
Nov. 1996 Simpson declara personalmente en el juicio civil, algo que no había hecho ante el jurado penal.
4-2-1997 El jurado civil lo considera responsable de las muertes y fija 8,5 millones de dólares de indemnización compensatoria.
10-2-1997 Se añaden 25 millones de dólares en daños punitivos: total, 33,5 millones.
EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

04 Octubre 1995

O.J. Simpson, o de cuando la justicia es cosa de un jurado

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Muchos defensores de que O.J. Simpson fuera absuelto -lo que efectivamente ocurrió ayer- no dudaban de que hubiera cometido el doble crimen. Sencillamente, convirtieron su causa en bandera: era un negro al que la Policía blanca había puesto rápidamente el ojo encima… por negro. Así lo confirmaba, según ellos, la grabación en la que un policía encargado de la investigación se refería al detenido utilizando un término racista (nigger). El jurado, compuesto por nueve personas negras y tres blancas, consideró que las pruebas no eran concluyentes: no había testigos directos y los rastros de sangre analizados por los laboratorios policiales no le merecían crédito. Un veredicto que, de paso, ahorró a la ciudad de Los Angeles unos incidentes que todo el mundo daba por seguros en caso de condena. El proceso de O.J. Simpson bien merece un análisis pro domo nostra, ahora que en España van a empezar los juicios con jurado. ¿Mejora la Justicia cuando intervienen en ella legos en leyes? ¿Qué garantías deben tomarse para que no se dejen arrastrar por prejuicios de uno u otro signo?

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

05 Octubre 1995

Veredicto polémico

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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ANTE EL veredicto absolutorio de O. J. Simpson, famoso jugador de fútbol americano de raza negra acusado de haber asesinado a su mujer y a un amigo de ésta, lo más fácil era cuestionar la imparcialidad y capacidad del jurado que lo ha emitido. Ésa ha sido la reacción mayoritaria de la sociedad blanca de EE UU para la que, según las encuestas, Simpson es culpable del doble asesinato de que era acusado. También ha sido esa la opinión que ha prendido en los sectores antijuradistas de otros países, entre ellos España.Pero en la comunidad negra de EE UU todo lo que concieme al caso Simpson ha sido visto de modo muy distinto. Su júbilo ante la absolución permite imaginar la desazón con que hubiera acogido su culpabilidad. Lo sucedido no es, pues, únicamente una cuestión del jurado. Revela la profunda fractura racial de la sociedad americana, que afecta también a sus instituciones, incluida la justicia.

La cuestión racial ha estado presente durante los nueve meses de proceso. Ha arrojado graves sospechas sobre la actuación de la policía de Los Ángeles que le detuvo ha cuestionado la solidez de las pruebas aportadas por la acusación y ha dado argumentos importantes al costoso equipo de abogados de la defensa. ¿Hubiera sido distinto el veredicto pronunciado en este caso por jueces profesionales? No hay modo de saberlo. Es un prejuicio dar por hecho que el veredicto habría sido más ajustado a las evidencias existentes. Veredictos de jueces profesionales bajo sospecha de prejuicio racial los hay abundantes en la historia de la justicia estadounidense.

Con ese transfondo de división racial, un juicio justo en un proceso como el de O. J. Simpson no es tarea fácil, con jurado o con jueces. Y habrá que analizar si la retransmisión televisiva en directo de las sesiones del juicio ha facilitado o dificultado aún más esa tarea. Lo cual no quiere decir que el veredicto no sea justo de acuerdo con las pruebas aportadas. La unanirnidad y la rapidez con que ha sido emitido muestra la firme convicción de cada uno de los 12 miembros del jurado -nueve ciudadanos negros y tres blancos- a la hora de decidirse por la no culpabilidad.

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

06 Febrero 1997

«Caso Simpson», o de cómo lo blanco se puede ver negro

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Por avatares de la justicia norteamericana, el deportista O. J. Simpson ha sido responsabilizado de un doble asesinato, del que había sido absuelto en un proceso penal anterior. La sentencia del jurado, retransmitida en directo por todas las televisiones estadounidenses, le condena a pagar una indemnización de 8 millones y medio de dólares (más de 1.100 millones de pesetas). Orenthal James Simpson fue detenido en junio de 1994, tras una persecución policial por las autopistas de Los Angeles que constituyó la primera entrega televisiva de un largo folletín: el Othello vulgar del siglo XX. Las dramatis personae prometían, y han brindado, un jugoso espectáculo: Simpson, la estrella caída del fútbol americano metido también a comentarista y actor; Nicole, su ex mujer; y Ronald, el novio de ésta. Los celos de un hombre extremadamente temperamental aparecieron desde el primer momento como el móvil del crimen. A mediados de 1994 se inició el proceso penal que se prolongó durante 15 meses. El elemento racial se introdujo en la trama al ser mayoritariamente negro el jurado que tenía que dictaminar sobre el caso. Y le absolvió el 3 de octubre de 1995. Entonces los abogados de las víctimas interpusieron una demanda por la vía civil; el show que debía continuar, continuó. Se configuró en este segundo proceso un jurado predominantemente blanco, que dictó ayer una sentencia unánime considerándole culpable del doble crimen. El que haya habido dos procesos, uno penal y uno civil, con resultados antagónicos es una paradoja aberrante, que sería imposible en España, pero no lo es en EEUU. Supone una contradicción dentro de la organización procesal que, en la práctica, niega la unidad del ordenamiento jurídico. Cualquier intento de encontrar una lógica lleva a preguntas incongruentes: ¿cómo puede condenarse a un hombre inocente a pagar una indemnización por haber asesinado a dos personas? O viceversa: ¿cómo puede un hombre al que se considera responsable de asesinato ser absuelto de ir a la cárcel? E invita a una reflexión profunda sobre hasta qué punto la raza de quienes juzgan puede influir en la justicia que administran.

Chelo Álvarez

12 Febrero 1997

La justicia condena a la ruina total a O.J. Simpson

Chelo Álvarez

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Cuando O.J. Simpson no se había levantado del cuadrilátero, un nuevo gancho de la Justicia le puede haber tumbado definitivamente. El héroe estadounidense deberá pagar unos 4.600 millones de pesetas.

El juicio civil contra el deportista retirado consideró probada su «responsabilidad» en la muerte de su ex mujer, Nicole Simpson, y del camarero Ron Goldman.

La sentencia, por la que O. J. Simpson tendrá que pagar 3.500 millones de pesetas a las familias de las víctimas, le ha podido arruinar de por vida.

Porque a esta cifra, por daños punitivos, hay que sumar otros 1.000 millones de pesetas por compesaciones y que fueron anteriormente fijados.

La decisión judicial sigue los consejos del abogado de la acusación, Daniel Petrocelli, que solicitó al jurado que sentaran un ejemplo con su decisión sobre la cuantía de la indemnización que impondrían al popular personaje.

Tras dos días de deliberaciones, el jurado cifró la cuantía en cerca de 1.700 millones de pesetas para cada una de las familias afectadas. En su castigo, el jurado incluso superó con creces la suma de 2.000 millones que la acusación había cifrado como supuesto valor de la fortuna de Simpson, que se queda en la ruina más absoluta.

«Encontrar a O.J. Simpson responsable de los asesinatos fue una de las decisiones más fáciles que nunca he tomado», declaró la jurado número 11 en una conferencia de prensa televisada.

La jurado número 400 aseguró que la decisión se basó en las pruebas «y no en el color de la piel» del acusado. La decisión fue celebrada por las familias de las víctimas pero no por el abogado de la defensa, Leo Terrell, quien declaró: «El veredicto está equivocado. Es ilegal».

El 12 de junio de 1994 aparecieron apuñalados los cadáveres de Nicole Brown Simpson, mujer del deportista, y Ronald Goldman, su supuesto amante.

La detención de O.J. tras una larga fuga por las autopistas de Los Angeles, y cientos de pruebas circunstanciales apuntaban desde un principio a su culpabilidad, pero fue absuelto en el juicio penal.

Ahora, se da la controversia de una culpabilidad que no dará con sus huesos en la cárcel. En cuanto al dinero que la familia Brown debe recibir, éste pasará a una fundación creada en nombre de su hija fallecida y de cuyos fondos serán herederos los hijos de O.J. y Nicole, Sydney y Justin, de 11 y 8 años, respectivamente.

Los niños se encuentran en la actualidad bajo la custodia paterna, pero la familia Brown ha hecho pública sus intenciones de litigar de nuevo por el futuro de los pequeños.

En una información publicada en la revista Newsweek, la madre de Nicole, Judith Brown, reconoce el envío de una carta a la juez pidiendo la custodia de los niños. Esta puede ser renegociable en base a la incapacidad paterna, tanto mental como económica, de facilitar el bienestar de sus hijos. El mismo día en que Simpson fue considerado responsable civil de las muertes de su ex esposa y un camarero, la policía y un asistente social acudieron a la casa del deportista para velar por la seguridad de los pequeños.

Al parecer, la policía había recibido una llamada telefónica de alguien a quien uno de los hijos de Simpson había confesado que temía por su vida y la de su hermano. Por otra parte, el presidente de EEUU, Bill Clinton, pidió ayer el respeto a la decisión judicial contra el héroe norteamericano y solicitó que vuelva la concordia entre todos tras el largo proceso. Esta es la segunda vez que Clinton pide calma a los ciudadanos en este caso.

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APOYOS

Muchas apelaciones para un caso interminable

El culebrón protagonizado por el juicio a O.J. Simpson está lejos de terminar. El equipo de abogados de la estrella norteamericana ya está trabajando sobre las posibles apelaciones que se van a presentar a la sentencia del juicio civil.

Por un lado está el asunto del jurado. El juez no mantuvo una vista sobre si la mujer negra que fue expulsada del jurado durante las deliberaciones, por descubrirse que su hija trabaja en el despacho del fiscal general Gil Garcetti (involucrado en el juicio penal), creó o no un posible conflicto de intereses envenenando al resto de los miembros.

Además, los letrados cuestionan el hecho de que se admitiera el testimonio de la operadora de un teléfono de emergencia de violencia doméstica, que declaró que una mujer llamada Nicole llamó una semana antes del asesinato diciendo que su marido, un hombre famoso, le había pegado y que temía que la matara

En cambio, el juez Hiroshi Fujisaki no permitió el testimonio del detective del cuerpo de policía de Los Angeles Mark Furhman, que tan drásticamente intervino en el resultado del juicio penal. Tampoco permitió alusiones al racismo achacado a Furhman, y aunque aceptó ciertas alegaciones sobre posible manipulación de pruebas, rechazó la teoría de una conspiración por parte de la policía.

Por último, los demandantes mostraron al jurado una carta de Nicole dirigida a Simpson en la que ella le decía, textualmente, «me pegaste hasta llevarme al infierno».

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Ni culpable, ni inocente, sino todo lo contrario

Ni culpable, ni inocente. ¿Cómo considera la justicia norteamericana a Simpson?

El acusado «no es culpable» según el veredicto emitido por un jurado mayoritariamente negro tras el juicio penal celebrado en 1995. La sentencia determinó que las pruebas no eran lo suficientemente claras como para considerarlo culpable.

Sin embargo, el jurado blanco que le ha juzgado en el proceso civil emitió el verdicto de «responsable por preponderancia de las pruebas». Quizás, con las apelaciones en marcha, a finales de año volverá la polém

El Análisis

¿Inocente para la justicia penal y asesino para la justicia civil?

JF Lamata

El caso de O. J. Simpson deja una de las paradojas más desconcertantes de la justicia estadounidense: un hombre puede ser declarado no culpable de dos asesinatos por un jurado en 1995 y, apenas dieciséis meses después, responsable de esas mismas muertes por otro jurado, sin que esta segunda decisión implique su ingreso en prisión. Para un observador ajeno al sistema norteamericano, la contradicción resulta difícil de comprender. La explicación reside en que los dos procesos persiguen finalidades diferentes y exigen distintos niveles de prueba: el penal pretende determinar si el Estado puede imponer una condena criminal y exige acreditar la culpabilidad más allá de toda duda razonable; el civil busca establecer una responsabilidad indemnizatoria y considera suficiente que los hechos resulten más probables que su alternativa. Por eso la absolución penal no impedía que las familias de Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman acudieran a la jurisdicción civil.

Pero que la diferencia tenga una explicación jurídica no significa que desaparezca su dimensión moral. ¿Cómo debe interpretar la sociedad que el mismo sistema judicial considere insuficientes las pruebas para encarcelar a una persona, pero suficientes para imponerle una indemnización multimillonaria por las muertes? A la controversia se añade otro elemento imposible de ignorar: el primer veredicto procedía de un jurado mayoritariamente negro, mientras que el segundo fue dictado por uno mayoritariamente blanco, en un país donde la desconfianza racial hacia la policía y la justicia sigue siendo profunda. Sería injusto atribuir automáticamente las decisiones al color de la piel de los jurados, como también lo sería ignorar que el comportamiento racista de Mark Fuhrman había dañado gravemente la credibilidad de la investigación.

Lo que el caso Simpson demuestra es que la verdad judicial no siempre ofrece una respuesta única y definitiva para la conciencia pública. En 1995, Simpson salió libre porque no se acreditó penalmente su culpabilidad; en 1997, las familias consiguieron que se declarara su responsabilidad civil en el doble asesinato y se le impusieran 33,5 millones de dólares. Dos respuestas legalmente compatibles, pero difíciles de conciliar para quienes esperan que la justicia proporcione una sola explicación de lo sucedido.

J. F. Lamata