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El dictador de Perú, Alberto Fujimori, destituye a su esposa Susana Higuchi como primera dama y esta amenaza con aspirar a la presidencia del país

HECHOS

Fue noticia el 11 de agosto de 1994.

11 Agosto 1994

La esposa del César

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

LA SEÑORA Fujimori ha vuelto a casa. Todo regresa al orden: pero ¿quién conoce los tigres escondidos en la alcoba? Su marido, el presidente de Perú, llevaba ya una semana sin ella, y, por fin, decidió llamarla por teléfono. El teléfono, naturalmente, era móvil: lo llevaba en el bolso cuando hacía una obra de caridad, rodeada de un enjambre de periodistas que asistieron, así, a la escena histórica de la reconciliación. La esposa del presidente de Perú había abandonado el hogar porque su marido no tiene «sensibilidad social», y había decidido presentarse ella a la elección presidencial contra su esposo para cubrir ese importante frente en un país subdesarrollado.La ley peruana impide esa candidatura: ningún familiar del presidente puede presentarse a las elecciones. Parece una violación de la. democracia, puesto que cada ciudadano es elector y es elegible; pero se trata, al contrario, de evitar las dinastías dominantes: los Trujillo, los Somoza, los Kim de Corea.

Lo habitual en las damas es esperar a quedarse viudas o huérfanas para ejercer el poder a la luz del día: Aquino, Isabelita Perón. Pero Zulema Yoma, en la Argentina de las bellas y dominantes viudas, que rría serlo sin esperar a la muerte de Menem, como Susana Higuchi quiere optar en Perú. Triunfar des pués de muerto el esposo tiene menos valor que triunfar en vida de él: que lo vea, que se entere. Como hizo Eva Duarte de Perón. Los pleitos matrimoniales son muy complejos en las familias dominantes. Ya existían en los griegos, con sus Yocastas y Medeas.

La solución que podía plantearse para este caso es la del divorcio. Pero en un país mayoritariamente católico el divorcio no sería suficiente sin la, no siempre fácil, disolución del matrimonio por el Tribunal de la Rota. Al final, Susana Higuchi de Fujimori se ha dado cuenta de que no estaba en las mejores condiciones para llevar una lucha feminista por su cuenta. Y ha vuelto, ha proclamado que en ningún momento recurrirá al divorcio y ha suspendido las «desavenencias ideológicas» y quizá su ideal de aventura.

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