16 octubre 1994

El Cervantes, premio que depende del Gobierno del PSOE, se le sigue resistiendo al escritor Novel

El escritor Nobel Camilo José Cela Trulock obtiene el premio Planeta y descalifica al Premio Cervantes: «Está cubierto de mierda»

Hechos

El 15 de octubre de 1994 D. Camilo José Cela Trulock obtuvo el Premio Nobel de las Letras.

Lecturas

El Premio Planeta no puede aspirar a más. En esta 43 edición su nómina se engrosa con todo un Premio Nobel. Camilo José Cela se alzó ayer con el galardón más sustancioso de las letras españolas. Su novela, La cruz de San Andrés, que presentó bajo el título de Aurora y con el seudónimo de Claudio Pascual, resultó ganadora, seguida de El peso de las sombras de la periodista Angeles Caso, que a partir de esta su segunda obra de creación anuncia que va a dedicarse de lleno a la literatura. Imposible más prestigio para un galardón tantas veces tachado de comercial, al que, sin embargo, cada año se van sumando nombres de más alto nivel: «Este año tenemos un ganador que le da categoría al premio. Que un Nobel se presente al Planeta es todo un honor» dijo José Manuel Lara en una concurrida rueda de prensa celebrada tras conocerse el fallo.

«Cuando me dieron el Nobel hace cinco años -declaró por su parte Camilo José Cela- pensé en retirarme pero enseguida me di cuenta de que no era el momento propicio y decidí medir mis fuerzas. Presentarme al Planeta ha sido una especie de pugilato conmigo mismo».

Parco en palabras y con la ironía que siempre le caracteriza, Cela no dudó en decir cuando se le preguntó que si el Planeta llenaría el hueco del Cervantes, el único premio que falta en el currículum del Premio Nobel, que dicho galardón «está demasiado desprestigiado y cubierto de mierda como para que a mí me preocupe». Sin embargo, un poco más tarde el escritor se desdijo al declarar que «de todos modos no me importaría ganarlo, ya que lo entrega el Rey, que es el único español que está en su sitio; y de todos modos quizás renunciaría al dinero». Dicho esto, Cela, ante la insistente demanda de los periodistas contó finalmente algo del argumento de La cruz de San Andrés. Un argumento que curiosamente conecta con un tema de bastante actualidad, «la derrota de un grupo de personas que militan en una secta y llegan al suicidio colectivo. He querido reflexionar sobre la gran debacle a que puede llevar una secta, al peligro de los integrismos, cuyo último y penoso ejemplo es el caso de un Nobel que me ha precedido, Naguib Mahfuz, cosido a puñaladas».

UN LISTON MUY ALTO.- Nadie mejor que Camilo José Cela para seguir en la lista al escritor peruano Mario Vargas Llosa, que la pasada edición puso el listón muy alto y marcó la línea del Planeta de apostar por valores seguros, olvidando, en cierto modo, los principios que deberían guiar a cualquier galardón literario: descubrir nuevos valores, ampliando la nómina de narradores y potenciando desde la base el ejercicio de la literatura.

Valorado con 50 millones de pesetas, el Planeta, sin embargo, parece un trozo de tarta muy grande para un autor novel y bastante apetitoso para escritores ya consagrados que ven ampliada su nómina de lectores de una forma estrepitosa.

Difícil será, sin embargo, que Camilo José Cela supere la popularidad de la que ya goza y que le convierte, por derecho propio, en el ganador por excelencia de un premio popular, que ha pasado a superar el terreno de la literatura para convertirse en todo un fenómeno social.

La lógica marca, eso sí, que el Planeta le hubiese llegado al autor de La familia de Pascual Duarte antes que el Nobel, que le fuera otorgado hace ya cinco años. Lo normal hubiera sido que un galardón de estas características hubiera ayudado a difundir más la obra del autor cuando no había sido reconocido mundialmente.

Pero tratándose del Planeta parece no haber lógica. Y, además, Lara se empeña en imponer la moda de que sean nuestros autores más veteranos los que se alcen con reconocimientos en principio destinados a jóvenes valores. Así, Torrente Ballester recibió el Premio Azorín hace unos meses y ahora Cela, el mismo año, obtiene el Planeta. Imposible una mejor cosecha para José Manuel Lara y poco probable que la misma combinación, en idéntico orden pueda volver a darse.

Tras un letargo de cuatro años, que puede entenderse como una lógica resaca después del Nobel, un lapsus de tiempo en el que Cela ha sido requerido para todo tipo de acontecimientos contribuyendo a acentuar su figura como personaje público en detrimento de la del escritor, el autor de La colmena parece haber vuelto de lleno a la literatura. La reentré la marcó hace unos meses la publicación en Seix-Barral de El asesinato del perdedor, una obra críptica en la línea de Mazurca para dos muertos, Oficio de tinieblas y Cristo versus Arizona. Un Cela sin concesiones, empeñado en experimentar con el lenguaje y en huir de lo fácil. Cuando presentó esa obra el escritor ya declaró que tenía un cajón lleno de proyectos, entre los cuales se encontraba aparcado esa Madera de boj, que se ha convertido en el título más anunciado, esperado y mítico de la literatura española. Uno de esos proyectos de los que hablaba ha dado lugar sin duda, a la novela que ahora es Premio Planeta. Una obra en la que distintas historias y personajes se entrecruzan, situada en su Galicia natal, muy en la línea del libro abierto que ha practicado últimamente.

Nada amigo de presentarse a premios literarios, algo que él ha repetido continuamente a lo largo de su trayectoria, Cela se desdice con el Planeta, desbaratando el argumento cierto según el cual el escritor ha levantado su obra sin necesidad de galardones comerciales, aunque no le hayan faltado los reconocimientos oficiales a un trabajo realizado, según sus propias palabras, «sobre todo con esfuerzo y tenacidad». En 1955 los críticos ya reconocieron la labor del escritor, otorgándole el Premio de la Crítica por La catira. El Premio Nacional de Literatura le llegó en 1984 por Mazurca para dos muertos y el Príncipe de Asturias de las Letras le fue concedido en 1987, dos años antes de que le llegase el Nobel, toda una fiesta nacional, en la que Cela alcanzó una popularidad de la que muy pocos escritores gozan.

Campechano y deslenguado cuando la ocasión lo requiere; irónico y crítico, también a ratos, Camilo José Cela es un personaje capaz de levantar las pasiones y los odios más encendidos. El Planeta será, sin duda, un motivo más para que detractores y partidarios vuelvan a polemizar más que sobre su obra, que es indiscutible, sobre sus actuaciones personales.

Y así, frente a los que sin duda se escandalizarán de que el escritor se haya prestado, con todo el peso de su prestigio, a la operación comercial del Planeta, habrá otros que se quitarán el sombrero ante un hombre que a sus 78 años, y cuando literariamente parece tenerlo todo, es capaz de seguir sorprendiendo.

Entre los escritores asistentes a la cena del premio -informa Alex Salmon-, las opiniones sobre la presentación de un Nobel al Planeta eran coincidentes. El también Premio Planeta el 92, Fernando Sánchez Dragó, consideraba que «la libertad sirve para algo. Ha sido muy libre de hacer lo que quería. Cela siempre ha sido un provocador, aunque a veces no ha sido el culpable de todos los escándalos que le han adjudicado».

De la misma opinión era, Juancho Armas Marcelo, que señalaba que «siempre me ha gustado la gente provocadora. Posiblemente, si me hubieran dado el Cervantes no se habría presentado. Siempre ha estado por encima del bien y del mal. Si no se presentó fue porque no lo necesitó». Sobre el mismo tema, Sánchez Dragó, apuntaba «es muy difícil negarse al Planeta cuando te lo ponen delante. Sólo conozco a un escritor que dijera que no: Miguel Delibes».

23 Octubre 1994

GILIPOLLAS

Eduardo Haro Tecglen

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Palabras que saltan en los periódicos, José Luis Gutiérrez, director de DIARIO16, recoge unas cuantas de un solo artículo ‘rebuznos fascistas’, ‘lacayo’, ‘cobarde que ventosea artículos’, ‘delator’, ‘corrupto’ (por Jesús Cacho, en EL MUNDO) y teme que ‘sería un ejemplo perfecto para historiar cualquier estudio semiótico sobre el lenguaje de los nazis en el que el dicterio, las críticas ad hominem y las injurias suplementan los argumentos’.

Pero aprovecha para considerar al mismo atacado por nazi de ‘sinuoso esquinado y obicuo’. Cielos, que contubernio. Gutiérrez, es también del sindicato de periodistas presidido por Cela, fundado contra el Gobierno y contra este periódico: porque no tuvieron premios o contratos, qué se yo. No valdrían lo que otros. Celismo, imitadores de Cela. Quien, ilustrando este neoperiodismo (otro) declara al recibir el Planeta como apéndice (monetarizado) al Nobel, que el Cervantes ‘está cubierto de mierda’ (también es la primera vez que escribo esta palabra). ¡No se lo dieron!

(Gala, del sindicato, pide que un vasco de un puñetazo a Arzalluz. Pasa a las manos: lo encarga a un matón. Él no vale).