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Un grupo de redactores abandonó el periódico asegurando que había quedado sometido a comunistas

Resquebrajamiento del diario EL IMPARCIAL por las continuas luchas por su propiedad: Francisco Lucientes vs redacción

HECHOS

El 3.02.1933 D. Francisco Lucientes firmó ante notario la adquisición del periódico EL IMPARCIAL

En febrero de 1933 la redacción del diario EL IMPARCIAL publicó varios artículos contra los nuevos propietarios encabezados por el periodista D. Francisco Lucientes a los que ‘no reconocía’. El 14.03.1933 hasta 10 redactores del periódico anunciaron que abandonaban el medio por discrepancias con los nuevos medios. El 21.03.1933 los redactores que quedaban publicaban al fin un recuadro apoyando a los nuevos propietarios con el titular «¡En marcha!», para prometer una nueva etapa.

Pero la cabecera estaba ya quebrada y, en cuanto el Banco de la Construcción decidió dejarla caer, el periódico cerró al poco tiempo poniendo fin a una histórica cabecera que no volvería a aparecer hasta cuatro décadas después.

15 Marzo 1933

Una carta de varios redactores de EL IMPARCIAL

Salvador Martín Cuenca (y otros nueve periodistas)

Distinguido señor e ilustre compañero:

Siendo proverbial la asistencia que usted y su prestigioso diario prestaron siempre a las buenas causas del periodismo, confiamos en que ordenará la publicación de esta cuartilla.

Nadie ignora las vicisitudes, volteretas, cambios, idas y venidas que en los últimos años ha experimentado EL IMPARCIAL, con grave daño, tanto para su prestigio  como para los intereses y hasta para el decoro profesional de cuantos resignadamente hemos soportado la odisea. Bien claro ha sido el sacrificio por nuestra parte, si bien no tuvo otra justificación que el anhelo y la esperanza – ya desaparecida – de que el periódico entrara por cauces de normalidad en lo económico y de seriedad en los principios.

Huelga decir que en los últimos tiempos sólo por amor al periódico, en el que algunos de nosotros hemos dejado veinte y treinta años de juventud y de vida, el redactor de EL IMPARCIAL ha sufrido todo lo que había que sufrir: desde la morosidad en el pago de sus sueldos hasta la desconsideración en el trato, pasando por molestias morales y materiales de todo linaje.

El último episodio de este largo film periodístico ha sido, por demás, desconcertante. Hace un mes, en plena vorágine de barullo profesional y administrativo, surgió la perspectiva de una nueva Empresa, seria al parecer, y esto nos hizo concebir cierta esperanza: EL IMPARCIAL podría salvarse. A él llegaban Manuel Aznar y Paco Lucientes, dos periodistas de quienes, por el hecho de serlo, nada debíamos temer. Como elemento económico figuraba, a juzgar por todos los indicios, el Sr. Gómez Piñán, quien evidenciando un cariños familiar que le enaltece, no se recataba de decir que había comprado el periódico principalmente para que trabajasen en algo unos parientes suyos, mal avenidos con la fortuna.

La perspectiva, pues, nos pareció respetable, clara, seria y honesta. La realidad, ha sido muy otra.

Nuestro primer contacto con la flamante Empresa ha sido harto desolador.

Allí, la autoridad suprema no la ostenta Aznar, cuyo nombre, a ciencia cierta, no sabemos con qué designio se ha mezclado en este asunto; ni tampoco Lucientes, sino el conocido comunista (aunque expulsado del partido) Ramón Pinillos, en representación, según parece, de otro comunistoide destacado que se llama Fernando Cárdenas. Y claro, nosotros, que ya tenemos de EL IMPARCIAL tan tristes experiencias, no podemos conciliar como una persona de significación católica puede colaborar con tan fervoroso enamorado de Moscú. A unos nos repugna esta extraña mescolanza, por nuestro amplio espíritu liberal, y a otros por las profundas creencias religiosas que tenemos arraigadas en la conciencia.

El tal Pinillos ha lanzado un “ordeno y mando” apocalíptico y aterrador, como cualquier comisario de Leningrado o como un auténtico mandarin de la Tchecka periodística con que sueña. A tontas y a locas ha dispuesto cosas absurdas, anitiperiodísticas y extrañas. Como sueña con el soviet de EL IMPARCIAL, este delirio le hace desbarrar.

La situación que allí se crea es, por tanto, extraña, confusa y difícil. Y no podemos soportarla más. Estamos cansados de luchar, de sufrir y de perder en EL IMPARCIAL. Nos duele abandonar el periódico de nuestros amores, pero ¿qué hemos de hacer? Si por ley biológico es forzoso que vaya dejando en las zarzas de su azarosa senda jirones de su alto prestigio, nosotros creemos un deber salvaguardar el nuestro personal, que es todo el bagaje con que dignamente contamos para andar por el  mundo.

Y allá que los comunistas de nuevo estilo se las entiendan con EL IMPARCIAL. Quiera el cielo – de corazón lo deseamos – que aunque sea de Moscú, llegue la vitalidad que lo libere y lo salve. Como periodistas, no nos interesa que se deshaga ninguna organización profesional donde puedan tener su pan los compañeros que lo hayan de menester.

De usted, afectuosamente, con todo respeto y gratitud.

Salvador Martín Cuenca, Antonio Fernández Lepina, Bernardo G. de Carda, Federico M. Alcázar, R, Torres Endrina, Joaquín Corrales Ruiz, José Iribarne, Joaquín M. de Orense y Fernando García M. Jimeno.

17 Marzo 1933

Otra carta acerca de la nueva empresa de EL IMPARCIAL

Francisco Lucientes

Distinguido amigo y compañero: Nos sorprendió ayer la publicación en su diario de una carta suscrita por un grupo de redactores de EL IMPARCIAL. La nueva Empresa se ha limitado, en orden a la Redacción que aquí existía, a un saneamiento moral y material, saneamiento que, desgraciadamente era muy necesario. Esos señores – de algunos ni sabíamos que tuviesen la menor relación con EL IMPARCIAL – se dan por aludidios y se marchan. Pues que Dios les guíe. No nos queda sino lamentar que el sacrificio de su juventud que los firmantes invocan haya sido tan estéril para ellos mismos, y, lo que es peor, para EL IMPARCIAL.

La carta en cuestión, plena de falsedades y de insidias, tiene solamente a dañar, sin conseguirlo, el prestigio de EL IMPARCIAL, que renace con el mayor brío, asistido por personalidades preclaras del pensamiento y de las letras españolas y vigorizado económica y técnicamente por gentes de mayor relieve social. Semejante maniobra de quienes han estado al servicio de una política obscura no puede inferir el menor daño en nuestro propósito de hacer un periódico nacional, precisamente en abierta pugna con las teorías disolventes de tipo internacionalista.

La presencia del Sr. Pinillos durante dos días en esta casa obedeció al hecho de que el Sr. Pinillos, a cuyas órdenes estuvieron mansamente todos los firmantes de la carta año y medio, era necesaria para verificar el inventario de compra, ya que él conocía, como director que fue de los talleres, la distribución del material y enseres del periódico. Hay también en la carta que motiva esta contestación unas alusiones a D. Tomás Gómez Piñán, alusiones que no se califican como merecen por el respeto que debemos a la propia estimación del lenguaje. Sépase para quien tenga interés en saberlo, que don Tomás Gómez Piñán intervino exclusivamente como abogado, y que una vez acabada su gestión profesional ha dejado en absoluto de tener relaciones oficiales con la nueva Empresa. También en esa carta infeliz se trae y se llevan otros nombres. No hemos de explicar ahora lo que tales citaciones significan. Entre otras cosas, porque carecen de interés. Pero llegado el trance, sí se haría, y quizá se descubriese el origen de esta turbia maniobra y de otras que pretendían hacerse a costa de EL IMPARCIAL.

Nada más , sino agradecerle a usted la inserción de esta carta, la última con que molestamos su atención. De usted muy atentamente amigos y compañeros,

Francisco Lucientes y Víctor de la Serna

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