31 octubre 1982

El último alcalde del franquismo, tras haber sido senador por designación real (1977-1979) aceptó integrarse en el partido de Manuel Fraga

El ex alcalde de Madrid franquista, Juan de Arespacochaga (Alianza Popular), replica con guasa a los ataques de Francisco Umbral desde EL PAÍS

Hechos

El 31.10.1982 D. Juan de Arespacochaga respondió a D. Francisco Umbral en una carta remitida al diario EL PAÍS.

15 Octubre 1982

Arespacochaga

Francisco Umbral

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Hay que agradecerle a Fraga -más temible que intratable- la galvanización de viejas figuras del museo de los horrores que realiza cada vez que tiene que presentar equipo electoral. Ahora se ha acordado de don Juan de Arespacochaga, alcalde de puro y pernada política que fue de la Villa. Don Juan de Arespacochaga era uno de los más terminados ejemplos de alcalde entre Calderón y Lope, con peor retórica, naturalmente, y remitiéndonos siempre al Pardo, así como nuestros alcaldes del Siglo de Oro se remitían a Dios. Ahora, Arespacochaga ha hablado en el Club Siglo XXI y ha dicho:- Cualquier política socialista puede romper el sistema económico.

Bellísima obnriedad que, de tan bella y tautológica, ni siquiera necesita ser verdad, don Juan. Una política socialista que no rompa el sistema económico (capitalista), que es la ecología a que usted se reflete, no sería económico, ni sistema, ni socialista. Pero he aquí que el psocialisnio de Phelipe Pgonzález no viene a romper nada, sino a corregir y reconducir sensatamente, discretairnente, el capitalismo salvaje, que ya no tiene otra salida que invertir en sí mismo. Incluso puede que los economistas del PSOE, don Juan, si les dejan, le hagan un favor al capitalismo. Porque nuestra pela larga ha en trado en una de,esas contradiccio nes internas que prenunciaba Marx, y la Banca española realiza sus mayores beneficios durante estos años inciertos de la transición y la crisis. Cuando los banqueros, que no son tontos, invierten en de mocracia y financian a los partidos es porque creen en la democracia o porque, como ya tengo escrito aquí, quieren comprársela. La democracia, hoy, don Juan, es mejor inversión que la dictadura, y sólo cuatro millonarios melancólicos del poder que tuvieron invierten en golpismo; están queriendo com prar no nuestra salvación, sino su juventud perdida. Un trance poético, en el fondo, mal llevado me diante el dinero. Ayer presenté un libro mío, Las Giganteas, que es la autobiografía de un río, del, río de mi infancia y juventud (el gran Bódalo leyó magistralmente uno de los personajes), porque yo resuel-, vo el trámite de la nostalgia y el tiempo perdido escribiendo, como otros tratan de resolverlo con la implantación cruenta de su pasado. En la presentación estuvo don Ramón Serrano Súñer, un hombre que también ha resuelto en libros (es la manera más descansada y gratificadora) su rico y contradictorio pasado. Arespacochaga ha dicho en el XXI que nuestra situación económica es «confusa e incierta», lo cual no queda muy científico como diagnóstico. Ya los memoriones de. este matutino te han reprochado a AP, en sus editoriales, cierta confusión económica, científica y de la otra. Dice don Juan:

Surge amenazante el fantasma del futuro, riesgo en el que personahnente no creo, pero que, indudablemente, puede hacerse realidad con el social¡smo.

Para nuestro alcalde (sólo le llamaremos ex en deferencia a Tierno) el futuro es un fantasma amenazante, así en bloque, como en Alien o el shock del futuro. Ya es malo sólo por ser futuro, y todo futuro es desaconsejable. Efectivamente, el cuarentañismo fue ún presente pétreo, un cantil en el que embarrancó el siglo. Arespacochaga considera el futuro como riesgo, filosóficamente. No es bueno que haya futuro, y ya llevamos cinco o seis años de futuro, que los rojos llaman democracia. Termina el señor (ex) alcalde: «Un experimento de este tipo (socialista) en la España de hoy encierra el riesgo de una deformación económica». Siempre nos parece deforme lo que no se nos adapta. Nunca pensamos que la deformidad pueda estar en nosotros. Don Juan, caballerazo español, tan terne.

31 Octubre 1982

Arespacochaga replica a Umbral

Juan de Arespacochaga

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Muchas gracias por el recuerdo que me dedica en uno de sus recientes artículos cotidianos, referido a mi conferencia pronunciada en el Club Siglo XXI, a la que, por cierto, no asistió usted, aunque le incluí en mi lista de invitados.Aunque la crítica no me es favorable en absoluto, la acepto de buen grado sabiendo que proviene de tan reconocida pluma como la suya, y pese a su ya clásica ironía en los artículos. Todos sabemos que en período electoral se abre la veda del candidato y a nadie ha de extrañar que le disparen los que no piensan como él, caso en el que usted se incluye a juzgar por sus alabanzas continuas al programa económico del PSOE.

Lo que no deja de ser curioso es que haya tenido la gallardía de romper con una costumbre que parecía hondamente arraigada. Siempre se consideró conveniente que la gente opinara de aquellas materias que domina; la referida crítica económica que dedica a mi conferencia muestra que la limitación de conocimientos ha dejado de ser una barrera. Rotas por usted las cadenas del saber, le llevan a hacer afirmaciones tan curiosas como que si dejan actuar a los economistas del PSOE le harían un favor al capitalismo. De verdad, me resulta dificil imaginar a Marx abrazando a Rockefeller, pero si usted lo dice…

Hay quien piensa que el objeto de su artículo es desprestigiar a determinada opción política (ya sabe que en este país son muy mal pensados). Yo no lo creo así.

Yo, amigo Umbral, le confieso que le tengo cierta admiración, y la frecuencia con la que me ha aludido usted, ahora y antes, me lleva a sospechar que la admiración sea, como siempre, mutua. Pero debo hacerle tres observaciones cariñosas a su artículo. Uno, que la economía es una ciencia muy complicada y tecnificada como para improvisar sobre ella. Dos, que no fumo. Y tres, que con una familia de nueve hijos y algunos nietos, los viejos derechos feudales, evidentemente, no me afectan.

El Análisis

El choque dialéctico entre Umbral y Arespacochaga

JF Lamata
En las páginas de El País del 15 de octubre de 1982, Francisco Umbral despliega su habitual ironía afilada contra Juan de Arespacochaga, ex alcalde franquista de Madrid y ahora figura destacada de Alianza Popular. Umbral retrata al antiguo regidor como un fósil del “museo de los horrores” resucitado por Manuel Fraga para engrosar las listas electorales. Con sarcasmo literario, critica las declaraciones de Arespacochaga en el Club Siglo XXI —donde alertaba de que “cualquier política socialista puede romper el sistema económico”— y las califica de tautológicas y anacrónicas. Para Umbral, el socialismo de Felipe González no destruye el capitalismo, sino que lo corrige y lo reconduce; incluso sugiere que los economistas del PSOE podrían acabar favoreciéndolo. El columnista contrapone esta visión progresista a la nostalgia reaccionaria de la derecha, presentando el futuro democrático como una amenaza fantasmagórica solo para quienes, como Arespacochaga, viven anclados en el “presente pétreo” del franquismo.
La réplica de Arespacochaga, publicada el 31 de octubre, adopta un tono de guasa elegante y casi paternalista. Agradece el “recuerdo” de Umbral, reconoce su “clásica ironía” y admite no haberlo visto en su conferencia (aunque lo invitó). Con fina ironía, cuestiona la autoridad del columnista para opinar de economía —“ciencia muy complicada y tecnificada”— y se burla de la idea de que los socialistas hagan un favor al capitalismo: “me resulta difícil imaginar a Marx abrazando a Rockefeller”. Cierra con tres observaciones “cariñosas”: la complejidad de la economía, su propia condición de no fumador y la irrelevancia de los “viejos derechos feudales” para un padre de nueve hijos y abuelo. El texto destila sorna conservadora: acepta el ataque sin dramatismo y devuelve el golpe con humor de salón, sin entrar en el fondo programático.
El intercambio ilustra, con nitidez casi teatral, la polarización de la Transición en vísperas del 28-O. Umbral encarna la voz de la izquierda intelectual que celebra la modernización y desprecia los vestigios del régimen anterior; Arespacochaga representa a una derecha que, consciente de su debilidad electoral, prefiere la ironía cortés al enfrentamiento frontal. Más allá del duelo personal, el debate refleja dos concepciones del futuro: para uno, la democracia es inversión rentable y corrección sensata; para el otro, riesgo incierto que conviene matizar con guasa. En un momento en que España decidía entre continuidad o ruptura, estos textos muestran que la batalla no se libraba solo en los mítines, sino también en las columnas y las réplicas de café. Eso sí, Francisco Umbral parecía olvidar que él también tenía un pasado, que incluía haber colaborado en la prensa del Movimiento franquista que ahora tanto denostaba.
J. F. Lamata