27 febrero 2024

Consecuencia del 'caso Koldo'

El exministro José Luis Ábalos abandona el Grupo Socialista y se pasa al Grupo Mixto después de que el PSOE le diera 24 horas para renunciar a su acta

Hechos

El 27 de febrero de 2024 D. José Luis Ábalos anuncia que abandonaba el Grupo Socialista y pasaba al Grupo Mixto.

Lecturas

El 26 de febrero de 2024 la dirección del PSOE solicita oficialmente en público a José Luis Abalos Merco que renuncie a su acta de diputado al abrirse una investigación al que fuera su principal colaborador en su etapa de ministro Koldo García Izaguirre.

El 27 de febrero de 2024 José Luis Abalos Meco anuncia en rueda de prensa que abandona el PSOE y que, como diputado se pasa al grupo mixto.

EL PSOE PIDE EL ACTA A ÁBALOS:

ÁBALOS SE PASA AL GRUPO MIXTO.

EL INTERMEDIO SOBRE EL DESAFÍO DE ÁBALOS AL PSOE, ÓSCAR PUENTE.

27 Febrero 2024

Ábalos debe seguir de diputado, incluso como castigo

Arcadi Espada

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UNO de los más graves problemas españoles, por no decir el que más, es que no baste con escribir las columnas una vez. Sería lógico que una vez escrita y leída la primera, los hechos severamente desbrozados no se repitieran y las personas críticamente aludidas cambiaran radicalmente su actitud. El columnista y sus lectores podrían avanzar juntos en su particular camino de perfección, bañándose en mil nuevos mediterráneos y no en una bañera de agua usada. Pero no, hay que escribir de Ábalos.

Ahora, cuando empiezo a hacerlo, solo ha dimitido de la presidencia de la Comisión de Interior, pero ve a ver si antes de que la acabe ha entregado también su acta de diputado. Por supuesto, en modo alguno debería hacerlo. No hay responsabilidad política alguna sobre hechos que no han sido aún establecidos. El infecto populismo exige desde aquel nefasto 15-M, celebrado por Pablo Iglesias y Albert Rivera en la casa del pingüe Évole, que cualquier político deje de serlo a partir de que empiecen a circular sobre él acusaciones más o menos fundamentadas. Como el populismo tiene la cabeza podrida por la necesidad de venganza, es imposible que alcance a comprender no solo que un hombre es inocente hasta que no se demuestre lo contrario, sino que la permanencia en el cargo es un justo castigo suplementario para el culpable y la organización que lo cobija. De operar alguna inteligencia artificial en la política descubriría que el Partido Socialista exige la dimisión de Ábalos para que la autopista hacia el olvido vaya consumiendo sus peajes. Así que la oposición -y el monaguillo periodismo de oposición- debería dejar de gritar candorosamente: «¡Dimisión!» para solazarse con el ir y venir semanal del rotundo Ábalos en el hemiciclo mientras se le investiga en canal y, con él, a su partido.

Por lo demás, y admitiendo momentáneamente que dice la verdad cuando proclama que nada sabía de lo que implica a su tronco, Ábalos no debe entregar el acta por la llamada responsabilidad in vigilando, porque esa responsabilidad no existe en su caso. El latinajo lo trajo Esperanza Aguirre a la política con el fin de hablar de su curiosa elección de vicepresidentes, pero ninguno de sus dos golpes de pecho sirvió para darle la razón. Lo primero que hace el supuesto vigilado es eludir la vigilancia y burlar las instrucciones explícitas o tácitas que recibe de su superior. ¡Se trata de un crimen y de la necesidad de ejecutarlo! Para dejar su acta Ábalos debe ser señalado como cómplice. Porque si él tuviera que dimitir por haber nombrado a un purulento aizkolari, ¿qué habría de hacer, in vigilando, el que lo nombró ministro?

¡Quia in vigilando! In vigilándose tuvo y tendrá que estar la que lo sustituiría en el escaño, que hace tres años la pillaron borrachita conduciendo, y era alcalde y siguió siéndolo.

28 Febrero 2024

José Luis Ábalos como factor de inestabilidad

EL PAÍS (Directora: Pepa Bueno)

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La negativa del exministro a abandonar su escaño desafía a Pedro Sánchez desde sus propias filas

Cuando acaban de cumplirse los primeros cien días de una legislatura muy complicada, el nuevo Gobierno se ha visto obligado a lidiar con un episodio de corrupción que golpea a un miembro muy destacado del PSOE de Pedro Sánchez y de uno de sus ejecutivos. Los socialistas han hecho lo que tenían que hacer: exigir responsabilidades políticas mientras los tribunales hacen su trabajo. Pero la negativa del diputado socialista José Luis Ábalos a abandonar su escaño debilita la autoridad de Sánchez y complica aún más la acción de un Gobierno necesitado de encontrar apoyos parlamentarios externos para cada movimiento en el Congreso.

El caso Koldo, nombre del asesor principal de Ábalos y uno de los implicados en la trama, estalló el pasado 20 de febrero con la detención de 20 personas supuestamente relacionadas con el pago y el cobro de mordidas por las compras de mascarillas desde el ministerio de Transportes en las primeras semanas de alarma por la pandemia de covid.

La querella —presentada por Anticorrupción hace varios meses tras más de un año de investigación a raíz de una denuncia del PP de Madrid— señala a Koldo García, el hombre de confianza de Ábalos cuando este era ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE. Era, supuestamente, el hombre que facilitó a una empresa sin apenas actividad el contrato de 8 millones de mascarillas por 20 millones de euros. A cambio, según la Fiscalía, cobró comisiones por 1,5 millones que invirtió en la compra de tres pisos y varios terrenos en suelo rústico.

Ábalos era el Secretario de Organización socialista en 2018 cuando se presentó la moción de censura contra Mariano Rajoy a raíz de la sentencia del caso Gürtel, que condenó al Partido Popular como partícipe “a título lucrativo”. Fue hombre clave en las negociaciones para forjar las mayorías necesarias para apartar al entonces presidente del Gobierno y situar a Pedro Sánchez como jefe de un Ejecutivo que exigía tolerancia cero contra la corrupción.

Durante los tres años que siguieron a ese episodio fue un dirigente socialista con inmenso poder en el partido y en el Gobierno. A la luz de los datos —su asesor principal cobró supuestamente comisiones de la empresa que hizo un negocio redondo con la venta de mascarillas— resulta evidente su responsabilidad política, por la que debería dimitir como diputado, como le exigió su partido. Y eso a pesar de que, como defendió el propio Ábalos ayer, su nombre no aparece en las pesquisas judiciales. No está imputado, pero la responsabilidad in vigilando que el PSOE ha exigido al PP en otras ocasiones debía aplicársela Ábalos en esta.

La gravísima emergencia desatada por la covid en marzo de 2020 permitió a las administraciones saltarse los requisitos formales que exige la Ley de Contratos del Sector Público en la búsqueda desesperada de material de protección. Como ha informado este periódico, el Tribunal de Cuentas detectó adjudicaciones a dedo, sin que las empresas acreditaran experiencia ni solvencia y con precios más que inflados, pero el decreto que puso en marcha el estado de alarma permitía lo que en otro tiempo habría sido motivo de grave reproche penal.

La dimisión temprana de José Luis Ábalos habría ahorrado a los ciudadanos este lamentable espectáculo, del que sale malparado el Partido Socialista pero también la clase política española. La sobreactuación del Partido Popular, una formación que se enfrenta todavía a decenas de causas por corrupción y con algunos cargos autonómicos y municipales envueltos en graves sospechas de irregularidad en la compra de mascarillas, no ayuda a un debate sereno sobre lo ocurrido.

La negativa de Ábalos a abandonar su escaño es un desafío a la autoridad de Pedro Sánchez en sus propias filas, algo que no sucede desde que ocupa la Secretaría General del PSOE y la Presidencia del Gobierno. El paso del exministro al Grupo Mixto del Congreso añade un factor de inestabilidad, en principio insignificante porque ya ha anunciado que votará disciplinadamente con el Ejecutivo, en una legislatura ya de por sí complicada para formar mayorías parlamentarias.

La gestión del PSOE de este escándalo —pese a la rapidez y a la suspensión de militancia acordada ayer de urgencia tras negarse Ábalos a dejar su acta— es manifiestamente mejorable porque a partir de ahora se encontrará con un ex secretario de Organización del partido en el Grupo Mixto.

Ha tenido que ser una actuación judicial la que ha destapado un escándalo que requiere una investigación profunda y que empieza con mal pie del lado político. El PP exige en el Senado una comisión de investigación y el PSOE propone otra en el Congreso para indagar en todos los contratos suscritos durante el estado de alarma. Sería deseable que ninguna de las dos se convirtiera en una coartada para buscar vergüenzas ajenas en lugar de esclarecer los errores propios y aprender de ellos para el futuro.

28 Febrero 2024

Ábalos, el escudero que plantó cara al caudillo

Maite Rico

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PEDRO Sánchez se ha encontrado con la horma de su zapato. A un tipo más resiliente y más chulo. Otro que tiene su propio manual de resistencia. Hace bien José Luis Ábalos en aferrarse a su acta de diputado. Nada, en efecto, le implica de momento en la trama de las mascarillas, más allá de las sospechas y los señalamientos al «entorno» del ex ministro. Pero, sobre todo, nadie está obligado a someterse a un linchamiento.

Asediado por varios frentes, el presidente necesitaba con urgencia una cabeza de turco para zanjar (en falso) el escándalo. Es posible que el propio Ábalos se hubiera prestado a serlo a cambio de una salida negociada. Pero a Sánchez no le bastaba con sacrificarlo: quería también humillarlo. Por eso el desabrido ultimátum público, por boca de la insignificante portavoz del PSOE, y las admoniciones de ministros tan poco idóneos para dar lecciones como María Jesús Montero, consejera del Gobierno de los ERE.

Demasiado para Ábalos, que estuvo con Sánchez en los peores momentos, lo aupó a la Secretaría General del PSOE tras su defenestración en 2016 y le ha servido de fontanero para todas las averías. Poseído como está por un espíritu norcoreano, y confiado por la sumisión que le rodea, al presidente empiezan a fallarle los reflejos y ha cometido un grave error de cálculo.

La comparecencia del ex ministro fue un espectáculo político. Quiso reivindicar su honorabilidad y su gestión. Pero eso, en realidad, a nadie le importa. Tampoco su victimismo resulta creíble. Lo que tenga que salir saldrá en las investigaciones. Lo interesante fue ver a un hombre herido, tratado como una piltrafa, que se apresta a dar la batalla. «Sé que tienen muchas preguntas», dijo a los periodistas, «y yo tengo muchas respuestas y las iré dando». Una advertencia a Sánchez que recuerda al chiste del paciente y el dentista: «No nos vamos a hacer daño, ¿verdad?».

Quitando a los socialistas históricos, hoy laminados, y a las tenues protestas de algunos barones, nadie hasta ahora se había rebelado contra un caudillo que hace gala de la mentira, las purgas, los juegos de tahúres y el abuso de poder. Y le ha ido a plantar cara, por primera vez, un escudero que, sin nada que perder, puede convertirse en su verdugo. Pura justicia poética.

28 Febrero 2024

El manual de resistencia de Ábalos 'el renegado'

Juanma Lamet

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El lunes llamé a Koldo García Izaguirre y esta vez sí que me lo cogió. Reconocí su voz, profunda y norteña como si me llegara desde un caserío de Baracaldo. Pero a la primera pregunta se arrepintió de haber descolgado y me dijo que no, que él no era él. Y, tras titubear cuatro o cinco veces seguidas sobre qué hacía él con su móvil si él no era él, se pasó al usted para meterse más en el papel -«como usted comprenderá, eeeeh… mire… eeeh»- y colgó abruptamente. Me recordó a aquella vez que mi hermano fue a casa de Luis Aragonés a pedirle un autógrafo, llamó al timbre y él le contestó desde detrás de la puerta y sin abrir: «¡No estoy!».

Lo que pasa es que Koldo ya no es Koldo y Ábalos ya no es Ábalos. El ex asesor, ex chófer, ex escolta y ex aizkolari ha pasado de ex a presunto. Su rostro empapela todas las pesquisas del caso porque es un rostro transparente: no sabe actuar ni por teléfono ni delante de empresarios. Y su ex jefe cruzó ayer la frontera imaginaria, y muy cinematográfica, de la venganza contra su partido.

Los 25 minutos que duró la comparecencia -leída, pero también interpretada- del ex ministro alcanzaron algunas de las más altas cotas de intensidad que se recuerdan en la sala de prensa del Congreso. La puesta en escena, las pausas dramáticas, la carga emocional subrayadísima de todo cuanto iba diciendo, la guionización exacta de su sed de desquite. ¿A qué suena un desgarro emocional? A lo que dijo Ábalos cuando se autoproclamó la némesis de Pedro Sánchez. «Quiero que los que me quieren echar me miren a la cara», proclamó, como poseído por Liam Neeson.

Convertido de inmediato en un villano de película para el PSOE, el nuevo diputado estrella del Grupo Mixto (lo siento, Ione Belarra) interpretó a la perfección el arquetipo del renegado que jura resarcirse y que promete limpiar su nombre aunque tenga que hacerlo desde el gallinero del Hemiciclo. Aunque sea a costa de enfrentarse él solo contra «todos». Aunque sea lo último que haga: «No puedo acabar mi vida política como un corrupto. Sé lo que es un apestado político».

Todo sonaba sincero, más allá de que sea o no una huida hacia adelante o una espectacularísima cortina de humo. En la forma, fue sin duda el mejor discurso de su carrera. Y en la escritura (¿quién le habrá ayudado?). En el fondo, supuso la voladura atómica de todos sus lazos con el PSOE, con su casa.

Hubo un pasaje que concentró en unos segundos toda la pirotecnia filmográfica con la que iba salpicando su alegato de defensa: «Vengo solo en mi coche, no tengo secretaria, no tengo a nadie detrás, ni al lado. Me enfrento a todo el poder político, quién me lo iba a decir. De una parte y de otra. Y lo tengo que hacer solo». Todo configuraba un Ábalos en trance, convencido de que no tiene nada que perder y exhibiendo una determinación a prueba de bombas. Lo que nos quiso decir es que se va a enfrentar a su amigo el presidente del Gobierno con sus mismas armas. Con su mismo Manual de resistencia.

El ministro a cuyo alrededor brotó una trama de comisiones ilegales en plena fiebre del oro de la pandemia se dibujó a sí mismo como una víctima de un sistema que quiere engullirlo, que ha creado «un ambiente artificioso para condenarme». Solo, en su coche, como en aquel Peugeot 407 que los unió de pueblo en pueblo contra el aparato del PSOE.

Después de que rematase, al borde de las lágrimas, su exhibición discursiva contra su partido («me hubiera gustado tener el beneficio del compañerismo»), le pregunté a Ábalos si Sánchez se había puesto en contacto con él: «No, sólo Santos Cerdán». Y si le habían explicado por qué lo iban a expulsar del partido. Tampoco, dijo, porque «ya no hay normas» en el PSOE, sino mandatos verticales. De camino al registro para formalizar su paso al Grupo Mixto, quiso despejar las conjeturas aritméticas sobre su marcha: «Votaré como el Gobierno».

Es su última promesa de lealtad, antes de transfigurarse definitivamente en el Edmundo Dantés del PSOE. Como el conde de Montecristo de Dumas, Ábalos trama desde su encierro -él lo llama «cancelación civil»- su vendetta contra el que fuera su amigo, Ferdinand/Pedro. Más allá del relato, lo que pesa es la amenaza sobre Ferraz y Moncloa. «Tengo muchas respuestas y las iré dando», advirtió. Traducción: «Me sobra manta de la que tirar».

Podemos, UPN, BNG, Coalición Canaria, Ábalos… ese Grupo Mixto va a ser el Primavera Sound de las cuentas pendientes.

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BOLA EXTRA

CUANDO EL FANTASMA DE LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA SE LES APARECIÓ A SUS SEÑORÍAS

Aunque la oposición ha hecho ‘casus belli’ de la trama de Koldo y apunta contra todos los responsables políticos que contrataron con ella, José Luis Ábalos sí logró concitar ayer la aprobación -en privado, claro- de algunos diputados del PP y Vox a uno de sus argumentos. ¿Cuál? El del respeto a la presunción de inocencia antes de tomar medidas drásticas para expulsar de la vida pública a un político. No es que haya parlamentarios que crean que Ábalos no debe dimitir, sino que opinan que en su discurso tocó una clave que en el futuro habrá que «repensar».

DOS AÑOS EN UN CAJÓN: ¿POR QUÉ EL GOBIERNO NO INFORMÓ DE LOS CONTRATOS DE LA TRAMA?

Al estallar la pandemia se desató también una ‘carrera de ratas’ por conseguir material sanitario (casi) al coste que fuera. Quien más y quien menos, todos se lanzaron a la fiebre del oro de las mascarillas chinas, sin apenas controles. Pero hubo una senadora, Teresa Ruiz-Sillero (PP), que pidió investigarlo desde julio de 2021, con las primeras sospechas. Registró una solicitud de informe -obligatorio- sobre los contratos de Soluciones de Gestión (la empresa del caso Koldo), pero el Gobierno nunca contestó y la iniciativa caducó al acabar la legislatura, en junio de 2023.