20 mayo 1931

El periódico de la Editorial Católica permanecerá suspendido durante 9 días y el de Prensa Española 25 días

El Gobierno provisional de la II República cierra los periódicos ABC y EL DEBATE que no podrán informar de la quema de conventos

Hechos

  • El 11 de mayo de 1931 el Gobierno provisional de la II República suspendía los periódicos EL DEBATE y ABC. El diario EL DEBATE no reaparecía hasta el 20 de mayo y el ABC hasta el 5 de junio.

Lecturas

El 11 de mayo de 1931 el Gobierno provisional de la II República decide – ante la jornada de quema de conventos masiva – el cierre de los periódicos ABC (Prensa Española, D. Juan Ignacio Luca de Tena García de Torres, que será encarcelado) y El Debate (Editorial Católica, D. Ángel Herrera Oria). El Debate volverá a publicar el 20 de mayo y el ABC el 5 de junio. La Libertad, Ahora, El Sol y La Voz, Informaciones expresan su respaldo al Gobierno y al Gobierno. Durante el cierre de ABC el periódico La Correspondencia Militar publicará una carta de protesta de los trabajadores de Prensa Española y en el diario El Sol se publicará una carta de D. Juan Ignacio Luca de Tena García de Torres defendiendo su inocencia.

 El 11 de mayo de 1931 se produjo una quema masiva de conventos en toda España. Los diarios ABC de D. Juan Ignacio Luca de Tena y EL DEBATE de D. Ángel Herrera Oria no pudieron informar de ella. Ese mismo día fueron suspendidos por orden del ministerio de la Gobernación de la II República. Además el director de ABC, D. Juan Ignacio Luca de Tena fue sometido a prisión preventiva.

El problema religioso causaría una crisis de Gobierno.

19 Mayo 1931

Carta de D. Juan Ignacio Luca de Tena desde la cárcel

Juan Ignacio Luca de Tena

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(Desde la Cárcel Modelo a Luis Montiel director de Estampa y AHORA el 16-5-1931)

Muy señor mío: sería inocente y perjudicial para mi defensa que yo intentase rectificar uno a uno los diferentes cargos que se me han hecho, absolutamente falsos todos ellos; la verdad se irá abriendo camino y espero tranquilo el fallo de la justicia. Pero me interesa rectificar sobriamente, por la insistencia de la versión, el incidente que se me atribuye relacionado con el ‘chauffeur’ Francisco Hurtado, quien afirma en ‘Estampa’ de hoy, como antes en otros periódicos que yo le apalee en la calle de Alcalá momentos antes de ser quemado mi coche, o sea, entre una y dos de la tarde del domingo 11 del actual.

Todas las versiones comprobadas por la Policía y testigos presenciales coinciden en señalar las horas indicadas. Añade el citado ‘chauffeur’ que entre él y sus compañeros me dieron ‘una buena paliza’ y que, en fin, pude refugiarme en una farmacia.

Yo puedo demostrar con testimonios de toda clase de personas, algunas de ideas opuestas a las mías a cuya caballerosidad apelo, que entré en el Círculo Monárquico Independiente a las once en punto de la mañana, y que no volví a poner el pie en la calle hasta las cinco de la tarde, que salí después de presentar mi cédula a un guardia civil, pudiendo salvarme milagrosamente de las iras de la multitud amotinada contra mí (decían que había matado a un chauffeur) subiendo a un automóvil particular que pasaba por la plaza de la independencia. Puedo demostrar así mismo donde estuve, sin moverse desde que salí del Círculo hasta el momento en que, sabiendo que la Policía me buscaba, fui a presentarme a la Dirección de Seguridad. Allí me detuvo el entonces director de Seguridad. D. Carlos Blanco en presencia de D. Ángel Galarza, y ambos pueden atestiguar que no se advertían en mi persona los síntomas de la ‘buena paliza’ que dice Francisco Hurtado me dieron entre sus compañeros y él.

Cuanto se ha dicho relacionado con mi intervención en los últimos tristísimos sucesos que tanto me han perjudicado en todos sentidos es tan absurdo e inexacto como lo de chauffeaur.

Me permito rogar a usted la publicación de esta carta y confío en que así lo hará si encuentra en ella algo periodísticamente interesante.

Suyo aseguro servidor y ex compañero.

Juan Ignacio Luca de Tena

20 Mayo 1931

La suspensión de EL DEBATE

EL DEBATE (Director: Ángel Herrera Oria)

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Por primera vez en su vida, ya no corta, EL DEBATE ha sido objeto de una suspensión gubernativa. Durante más de una semana hemos estado incomunicados con nuestro público. No se nos dijo por qué se nos imponía tan grave sanción: ni siquiera nos fue notificada por escrito. Una orden telefónica, seca y sin razonar fue considerada como suficiente para hacernos saber la suspensión acordada, con omisión de todo fundamento y aún sin expresar si el castigo habría de durar un día, una semana o un año. Conste nuestra firme protesta contra este acto arbitrario del Gobierno. Del cual hemos de dolernos en último término por la lesión arbitraria del Gobierno. Del cual hemos de dolernos en último término por la lesión económica causada a los legítimos intereses de una Empresa honrada, y en primer lugar por el quebranto y la ofensa de los valores morales y sociales representados y amparados por EL DEBATE.

Tan injustificada medida encuentra agravación en muy singulares circunstancias. Se ha tomado contra un periódico sin vínculo ni conexión con el Gobierno actual, situado fuera de su campo, opuesto a él por ideología… y que, no obstante, desde el primer día de vida de ese régimen acató lealmente al nuevo Poder constituido, por imperativo de la propia convicción, por consciente patriotismo y por consejo de aquel sentido gubernamental, inspirador de cualquier gran diario de nuestro tiempo, sean las que fueren sus doctrinas y su posición política.

Más. EL DEBATE ofreció al Gobierno provisional su leal colaboración para el mantenimiento del orden público y para formación de un nuevo Estatuto jurídico de la nación española. Nosotros tenemos un gran público adicto y fiel porque nuestras ideas son las suyas y nuestros sus más caros sentimientos: pero al cual no manejamos como queremos, porque sabe discurrir por sí mismos.

Pues no hemos vacilado en requerirle a que, como nosotros, fuese un sincero colaborador de los nuevos Poderes. Y hacia éstos le hemos atraído; en él hemos borrado, destruido, toda idea de rebeldía violenta, por el hecho, o de rebeldía mansa, por la abstención; y con nosotros se ha colocado en la única actitud civil y ciudadanía posible; la de prepararse para constituir las Cortes futuras y colaborar o luchar dentro de ellas.

Como pocos periódicos de Madrid hemos seguido con serena atención todos los actos del Gobierno, apartados de todo prejuicio. A cada uno de aquellos ha seguido nuestro comentario, de aplauso o de censura. Hemos combatido con viveza, cierto – que la convicción hondamente sentida no gusta de la frialdad académica – algún decreto como el relativo al laboreo de tierras; más con igual viveza de frase, porque respondíamos también a la convicción que nos dicta todos nuestros artículos, aplaudimos el proyecto de decreto del ministro de Justicia sobre arrendamientos rústicos. Un periódico que no vende ni olvida su decoro no puede prestar a un Gobierno más colaboración digna que la expresión sincera y respetuosa de sus pareceres. Así lo hemos hecho.

Otra circunstancia. Ha coincidido con la suspensión de EL DEBATE la de nuestro colega ABC, lo que quiere decir que a la derecha española se le ha privado de sus dos órganos de opinión más importantes. Y aún más: ocurre todo esto convocadas ya unas elecciones municipales y a la vista de unas constituyentes. En suma, un incidente periodístico, un grave incidente periodístico, conviértese así, en una cuestión de política nacional, porque ¿es posible que a unas Cortes y nada menos que a cortes constituyentes se pueda ir prescindiendo de todo un sector del país? ¿Y qué sector acudirá a la lucha si se ve privado de derechos políticos, tan esenciales, como el de libertad de propaganda? Con la claridad con que siempre nos producimos preguntamos al Gobierno si entra en sus planes el declarar el ostracismo absoluto de los elementos conservadores. No queremos creerlo. No podemos creerlo, y el levantamiento de la suspensión por EL DEBATE padecida nos confirma en nuestro parecer.

Hablamos hoy palabras que en otras muchas ocasiones escribimos. ¡Y dirigidas al general Primo de Rivera! Con reiteración señalábamos como uno de los más graves yerros de la Dictadura el haber prescindido de grupos enteros de la nación española. Obra de sana y prudente política es encuadrar, dentro de la legalidad constituida, el mayor número posible de ciudadanos; y tanto más sólido y prestigioso es un régimen cuanto sea en mayor grado el fruto. La expresión de una ley hecha por todos y para todos. Excluir de la vida común a clases sociales por entero, no es obra de políticos constructores. Aquel apartamiento crea una situación de discordia intestina, de violencia permanente, y lo violento no es durable. Un régimen no puede vivir sobre una nación escindida en dos fracciones: enfrentando además con la turbamita levantinua enemiga siempre de toda legalidad constituida – la que fuese – y numerosa e irritada como nunca en los días que vivimos.

No exageramos al esbozar las consecuencias de estas exclusiones en masa. Tanto de una prohibición de intervenir en la confección de las leyes constitucionales futuras, como privar de voz en las antevísperas electorales, y sin que olvidemos a otros meritísmos periódicos derechistas, es evidente que sin ABC y EL DEBATE queda tan debilitada la derecha española que se la priva de toda eficacia política.

Así lo creo una enorme masa de opinión. En los últimos días, desde todas las provincias de España, de los núcleos vastísimos ahora coincidentes con las orientaciones de EL DEBATE llega hasta nosotros una sola voluntad, expresada en una sola palabra: abstención. Nosotros, sin embargo, hemos mantenido nuestro espíritu libre de ese abatimiento colectivo. Nos lo explicamos y lo comprendemos porque son inolvidables los pasados sucesos: y el oleaje sentimental en que se mezclan la pena y la indignación, el dolor y la vergüenza, si a veces conduce a la acción violenta, otras lleva a la inacción desesperanzada. Pero lo hemos dicho otro día y lo repetimos hoy: aún no hay motivo para la abstención. Con el pensamiento puesto en sagrados deberes de ciudadanía, deberes para con el Poder público, deberes para con España, creemos y decimos que hay que llevar los esfuerzos de todos hasta el último extremo y decimos que hay que llevar los esfuerzos de todos hasta el último extremo, hasta el confín de lo imposible, para lograra que la vida futura de España discurra por cauces jurídicos.

No se nos ocultan las dificultades de nuestra situación. No es la menor la de extremar los criterios y procedimientos de prudencia; que, en este caso no es disfraz de la debilidad, antes al contrario, no podrá prevalecer, sin el apoyo de una gran fortaleza espiritual. Luchar legalmente, sin garantías y sofocar nobles y vivos sentimientos, difícil deber. Pero los deberes se cumplen. Y el de ahora expuesto queda. Ah, pero si el gobierno intentase apartar a la derecha de toda intervención en la preparación del nuevo estado español, también EL DEBATE aconsejaría decididamente reconducir la situación porque entendería que el Gobierno de la República seguiría una política de exterminio político y de expulsión de la vida nacional.

05 Junio 1931

Decíamos ayer

ABC (Director: Juan Ignacio Luca de Tena)

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“Nuestra fe y nuestros principios no se los lleva el huracán de pasiones que ha turbado tantas conciencias y ha extraviado a una gran parte del pueblo, sumándolo – creemos que pasajeramente – a esa otra porción que en toda sociedad propende a la rebeldía. Seguimos y permaneceremos donde estábamos: con la Monarquía constitucional y parlamentaria, con la libertad, con el orden con el derecho y nunca fuera del a ley: respetuosos de la voluntad nacional, pero sin sacrificarle nuestras convicciones”.

Con esta declaración que hizo ABC ante la República el 14 de abril nos apresuramos a recoger y contestar la interrogación de todo el mundo por los atropellos de que se nos ha hecho víctimas, por las persecuciones y las amenazas que nos asedian. ¿Cómo va a salir ABC de la inaudita vejación que ha sufrido, cómo afrontará la conjuración de odios envidias y venganzas que le rodea? Exactamente en la misma actitud en que se hallaba, firme, invariable, sin borrar ni mitigar, ni esconder un punto de su significación y de su historia. ¿Y cómo se conducirá con el Gobierno que lo ha tratado tan airadamente? Para que nuestra conducta posterior, invariable como nuestra doctrina no parezca en ningún caso ni el modo alguno influida por la arbitrariedad del Poder o por la violencia impune de nuestros enemigos, para que en cualquier ocasión se compruebe que, sin dejarnos llevar de la ira y mucho menos del temor, nos mantemenos en la línea trazada.

Habíamos previsto y pronosticado todo lo que está ocurriendo en España y sobre la fácil previsión fundábamos nuestros insistentes llamamientos al orden, a los procedimientos legales y jurídicos para la contienda civil.

Una revolución arrastra siempre colaboraciones peligrosas, cuando no las pide; no se hace con criaturas angélicas; no se aquietan todos sus elementos con el triunfo, y después del triunfo es muy difícil recoger las escorias y las heces removidas por la preparación revolucionaria. Los revolucionarios, comprometidos a la abstención electoral y resuelto exclusivamente a la acción violenta encontraron su República en las elecciones municipales, pero no fue en ellas donde la buscaban y la esperaban. Evitado el hecho de fuerza por la patriótica cesión del a Monarquía, no dejó de salir a la calle la multitud trabajada para la revolución. Hubo en Barcelona, en Valencia, en Sevilla y en algún otro lugar desórdenes que luego se han reproducido más gravemente en Madrid y provincias por esa ley de peligro y expiación que nunca falla en las revoluciones, cuyos protagonistas han solido acabar inmolados como Prim, espantados como Figueras, contritos como Castelar, prudentes y escrupulosos como Salmerón. Subsiste en daño de la República y del país lo más virulento de la subversión elaborada contra la Monarquía y no tiene otro origen los conflictos con que lucha el Gobierno provisional.

El Análisis

La libertad de prensa en entredicho

JF Lamata

El 11 de mayo de 1931, el Gobierno provisional de la II República, en un acto que cuestiona profundamente el concepto de libertad de prensa, ordenó la suspensión de los diarios ABC y El Debate, impidiendo que estos informaran sobre la quema de conventos que sacudió el país. Este acto arbitrario no solo lesionó los intereses económicos de estas empresas honradas, sino que también ofendió los valores morales y sociales que representaban. En su reanudación, El Debate expresó su firme protesta contra esta injustificada medida, subrayando su leal colaboración con el nuevo régimen, mientras que ABC reafirmó su compromiso con la libertad y el orden, mostrando una inquebrantable determinación de mantenerse fiel a sus principios y a su historia. Esta suspensión, lejos de acallar las voces conservadoras, evidenció la difícil relación entre el nuevo gobierno republicano y la prensa crítica, dejando un amargo precedente en el naciente régimen.

J. F. Lamata