30 abril 2004
En cumplimiento de su programa electoral España retira la ayuda humanitaria al país invadido por los Estados Unidos
El Gobierno Zapatero ordena que las tropas españolas abandonen Irak para indignación de Estados Unidos y el PP
Hechos
El 18.04.2004 el Gobierno de D. José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) ordenó la retirada de Irak de las tropas españolas.
Lecturas
«Esta mañana, una vez que el ministro de Defensa ha jurado su cargo, le he dado la orden de que disponga lo necesario a fin de que las tropas españolas destinadas en Irak regresen a casa en el menor tiempo y con la mayor seguridad posibles. En marzo de 2003, hace más de un año, formulè un compromiso público que he reiterado nuevamente el pasado mes de febrero. Dije entonces que, en caso de ser elegido presidente del Gobierno por los ciudadanos, ordenaría el regreso de las tropas españolas de Irak si la ONU no se hacía cargo de la situación política y militar. Con la información de que disponemos y que hemos recabado a lo largo de las últimas semanas, no es previsible que se vaya a adoptar una resolución de la ONU que se ajuste al contenido que quedó condicionada nuestra presencia en Irak. Tanto las manifestaciones públicas de los principales actores implicados en el conflicto, como los contactos mantenidos por el ministro de Defensa a petición mía en el curso del último mes, no aportan indicios que permitan prever una variación sustancial en la situación política y militar existente en Irak en los plazos previstos y en el sentido reclamado por el pueblo español. Estas circunstancias me han llevado a adoptar la decisión de ordenar el regreso de nuestros soldados con la máxima seguridad y, por consiguiente, en el menor tiempo posible. Esta decisión responde, antes que nada, a mi voluntad de hacer honor a la palabra dada hace más de un año a los españoles. El Gobierno, animado por las más hondas convicciones democráticas, no quiere, no puede y no va a actuar en contra ni de espaldas a la voluntad de los españoles. Esta es su principal obligación y es tambièn su principal compromiso. La decisión responde tambièn al propósito de contribuir a la lucha que libra la comunidad de naciones contra el terrorismo desde el más estricto respeto a la legalidad internacional. El Gobierno español seguirá apoyando firmemente la estabilidad, la democratización, la integridad territorial y la reconstrucción de Irak. Y de acuerdo con este principio promoverá cuantas acciones de Naciones Unidas y de la Unión Europea ofrezcan un marco de cooperación internacional que contribuya eficazmente a que los iraquíes recobren su soberanía y puedan organizar libre y democráticamente sus elecciones para construir su propio futuro en paz, independencia y seguridad. El Gobierno mantendrá la condición de España como aliado fiel de sus socios. Cumplirá los compromisos internacionales de nuestro país, muy especialmente los relacionados con nuestra participación en misiones internacionales de paz y seguridad. Quiero expresamente mostrar mi reconocimiento a las Fuerzas Armadas Españolas que día a día cumplen sus misiones en España y en los lugares más diversos del mundo y que en Irak han dado muestras constantes de su preparación, profesionalidad y disciplina, así como de su humanidad y entrega en ayuda de la población iraquí. Vaya pues para ellos, y en nombre de todos los españoles, mi agradecimiento y afecto personal y el del Gobierno. El ministro de Defensa les dará cuenta en los próximos días del proceso de vuelta de las tropas. Por mi parte, les anuncio que, de acuerdo con lo que he manifestado en el reciente discurso de investidura, hoy mismo he solicitado la convocatoria urgente del pleno del Congreso de los Diputados para que el Gobierno informe a los grupos parlamentarios sobre las razones y el alcance de esta decisión que, por otra parte, hace unos minutos he comunicado personalmente al líder de la oposición. Muchas gracias». (18.04.2004)
En la sesión parlamentaria celebrada el 27.04.2004 el portavoz del Grupo Popular, D. Mariano Rajoy, expresó su rechazo a la decisión del Gobierno: «Se ha equivocado usted, señor Zapatero. Usted piensa que apoyar la intervención de Irak fue un error. No he venido a discutir eso. Lo que afirmo es que usted, para corregir aquel supuesto, ha cometido otro mayor. No lo va a disminuir por más apoyos que obtenga. (…) La retirada de las tropas españolas sólo ha contado con el apoyo de Cuba, Venezuela, Hamás, Bin Laden o Prodi. No supone una buena noticia en la lucha contra el terrorismo hacer gestos que los terroristas puedan entender como triunfos».
19 Abril 2004
Regresan las tropas
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció ayer que ha ordenado el regreso de las tropas españolas presentes en Irak «en el menor tiempo y con la mayor seguridad posibles». En su primera comparecencia desde La Moncloa, Zapatero actuó de modo claro y expeditivo. El mensaje es inequívoco: el líder socialista comienza a gobernar haciendo honor a su palabra, en este caso, la que dio al pueblo español «hace más de un año».
Las gestiones efectuadas en las últimas semanas por el nuevo Ejecutivo español, y en particular las de José Bono en Washington y Miguel Ángel Moratinos en distintos ámbitos, le han llevado a la conclusión de que es imposible que en las semanas que faltan hasta el 30 de junio puedan cumplirse las condiciones fijadas para el mantenimiento de nuestras tropas en Irak más allá de esa fecha. El caos y la violencia en la que está sumido Irak dificultan enormemente que la ONU asuma la dirección política de ese país. En cuanto a la dirección militar, EE UU ha dejado claro a Zapatero y los suyos que no aceptará que las tropas norteamericanas sean colocadas bajo el mando de ese organismo internacional o de cualquier otro. En esas circunstancias, Zapatero consideró que el principal criterio a seguir es que el Gobierno «no puede y no va a actuar en contra ni de espaldas a la voluntad de los españoles», claramente expresada en las urnas.
La posición española será muy criticada y hasta caricaturizada por los medios neoconservadores estadounidenses y de otros países, incluido el nuestro. Será bueno para la relación transatlántica que la tormenta sea meramente verbal. España y EE UU siguen siendo socios y aliados, y el nuevo Ejecutivo español, como va a decir Miguel Ángel Moratinos en Washington en los próximos días, puede ofrecer a los norteamericanos una cooperación leal en varios aspectos. El primero es el encarrilamiento de la catastrófica situación iraquí, que es fruto de la desdichada intervención del trío de las Azores. En el propio EE UU son numerosas las voces que critican las prisas, el unilateralismo, el belicismo y la falta de análisis de Bush. España, y mejor en un marco europeo, debe trabajar para que la presencia internacional en Irak no sea percibida por buena parte de sus habitantes como una ocupación colonial a la que hay que ofrecer resistencia, sino como una ayuda, en palabras de Zapatero, «a la estabilidad, la democratización, la integridad territorial y la reconstrucción de Irak».
La lucha contra el terrorismo es el segundo frente en el que el nuevo Gobierno, si Washington se decide al fin a escuchar a sus aliados, puede aportar cosas interesantes. España no se rindió ante el terrorismo de Al Qaeda el 14-M, como sugiere la campaña neoconservadora. Al contrario, acudió masivamente a las urnas, castigó al Gobierno saliente por mentir y manipular -algo imperdonable en democracia- y apostó por la alternancia, uno de los grandes valores de un sistema de libertades y derechos. La democracia española lleva más de cinco lustros luchando contra el terrorismo de ETA sin arrugarse. No hay motivos para afirmar que el castigo en las urnas al PP sea una rendición ante el reto lanzado por el terrorismo yihadista el 11-M.
Los nuevos gobernantes españoles, en sintonía con una amplia mayoría de la población, se opusieron a la guerra de Irak mucho antes de los atentados de Madrid precisamente porque entendieron que la guerra era un error monumental para conseguir el objetivo prioritario de derrotar al terrorismo de Al Qaeda y sus asociados. Las previsiones de los opositores a la guerra eran correctas: Irak se ha libanizado y el terrorismo campa allí por sus respetos; el conflicto israelo-palestino se ha envenenado aún más; no existe ningún movimiento por la democracia en Oriente Próximo, y Al Qaeda ha encontrado nuevos pretextos, nuevos reclutas y nuevos escenarios de acción. Ahí está la catarata de atentados en Bali, Túnez, Arabia Saudí, Marruecos, Turquía y la propia España.
Sadam era un dictador abominable, pero Irak no era el lugar adecuado para luchar contra el yihadismo, que, por el contrario, tenía en Afganistán un santuario público y conocido. Este combate exige una nueva definición internacional de los objetivos, los métodos y los frentes, y tras los fracasos que van desde el 11-S a Irak los norteamericanos deberían entenderlo. La guerra preventiva contra dictaduras árabes -además de Irak, hay otras muchas- es un instrumento de dudosa legalidad y resultados. Se impone una mejor y más intensa acción policial y de inteligencia -a pie, y no sólo con medios electrónicos- y una más eficaz cooperación internacional. EE UU y Europa deben cerrar filas y atacar los caldos de cultivo del yihadismo con un programa conjunto para el desarrollo político y socieconómico del mundo árabe y musulmán, y con una rápida y justa solución del conflicto israelo-palestino. Ahí puede estar la contribución leal a Washington y Londres del nuevo Ejecutivo español.
19 Abril 2004
FUGA DE IRAK
LA primera decisión de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno ha sido un flagrante incumplimiento de su palabra y de su programa electoral. Su compromiso era repatriar a las tropas españolas si antes del 30 de junio el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) no aprobaba una resolución para tomar el control de la situación en Irak. Zapatero había ignorado las resoluciones aprobadas en 2003, que legitimaban al Gobierno Provisional iraquí y apoyaban una fuerza multinacional para la pacificación y reconstrucción del país, a la que pedía que se incorporaran los Estados miembros de la ONU. Ya se sabía que una resolución más comprometida era improbable, pero la obligación de Rodríguez Zapatero era haberla buscado, aprovechando las posiciones de España en el Consejo de Seguridad, en la coalición aliada presente en Irak y en la propia Unión Europea. Aunque sólo hubiera sido por ganar en autoridad moral y política para sacar las tropas. Los primeros pasos estaban dados después de que los Quince apoyaran esa nueva resolución y de que Estados Unidos y Gran Bretaña retomaran la iniciativa de plantear más protagonismo de la ONU. Todos estos movimientos eran debidos, en gran medida, por la advertencia del nuevo Gobierno español y el temor a desestabilizar la coalición. Sin embargo, la defensa de la legalidad internacional, en la versión de Zapatero, ha consistido en anular a Naciones Unidas antes de comprobar hasta dónde podía llegar su intervención y despreciar cualquier posibilidad de consenso -¿dónde está el consenso?- con nuestros aliados y demás países implicados en el conflicto.
Naciones Unidas era una simple coartada en el discurso de Zapatero. Su decisión representa, ante todo, un golpe de efecto personal, orientado realmente a blindar a su Gobierno de cualquier riesgo que pudiera ser asociado a la presencia en Irak, como un nuevo atentado terrorista o nuevas bajas en el contingente español. Pero tras la amenaza de Bin Laden contra España y los ejemplos de firmeza ofrecidos por Italia y Japón, resistentes al secuestro de sus ciudadanos, la decisión del Gobierno socialista no puede siquiera generar comprensión fuera de nuestras fronteras. Tampoco la encontrará en el candidato demócrata, John Kerry, con quien Rodríguez Zapatero aspiraba a departir sobre la paz en el mundo.
El PSOE se ha ufanado de ganar al PP con la bandera de la verdad, pero Rodríguez Zapatero ha empezado su mandato ocultándola. La ocultó en su campaña electoral y en su discurso de investidura. Ahora su obligación es explicar al Parlamento los motivos -ocultos y sobrevenidos- de una decisión, tomada incluso antes de que su ministro de Defensa, José Bono, asumiera el cargo, que tendrá consecuencias graves para el prestigio y las relaciones de España, mucho más duraderas que el aplauso que recibirá Rodríguez Zapatero de quienes nunca deberían tener motivos para aplaudirle en esta materia. Por lo pronto, Zapatero tendrá que aclarar cómo piensa participar en el proceso de democratización de Irak después de abandonar la coalición desplegada en el país. Simplemente no es posible, y quedarse fuera de este esfuerzo conjunto va a debilitar la capacidad de interlocución de España, incluso ante quienes nunca han participado en él. Por eso, esta repatriación implicará una nueva política exterior, cuya gestión, en vez de hacerse con control de tiempos y formas, con la colaboración de los aliados y de las instituciones internacionales a las que pertenece España, habrá de improvisarse en función de las reacciones que provoque, retrotrayendo a nuestro país a una inestabilidad diplomática que había superado en los últimos años.
El Análisis
El Sr. Rodríguez Zapatero venía prometiendo en todos sus mítines desde 2003 que si ganaba quitaría las tropas del Ejército español destinadas en Irak para ayuda humanitaria, ergo… ¿qué sentido tenía no cumplir con su palabra? Existía la posibilidad de que Zapatero presionado por Estados Unidos, con ganas de quedar bien ante los mandamases del mundo se echara atrás (como D. Felipe González con la OTAN) con el argumento de que, tras el 11-M, no quería dar la satisfacción a los terroristas, cuando precisamente lo peor que se podía hacer es que un atentado te obligue a rectificar la palabra dada a sus electores.
No fue así, el Sr. Zapatero cumplió su principal promesa electoral y ordenó el regreso de las tropas de Irak dando una satisfacción a todos sus votantes. Las críticas del PP y Rajoy ni merecen ser comentadas, porque era evidente que si retiraba las tropas le acusarían de favorecer el terrorismo y si no lo hacía de ‘incumplidor’, por lo que el argumentario pepero carece de interés en esta cuestión.
J. F. Lamata