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El comandante Ynestrillas, padre del detenido, fue asesinado por terroristas en 1986

El juez Garzón ordena el encarcelamiento de Ricardo Sáenz de Ynestrillas como sospechoso del asesinato de Josu Muguruza

HECHOS

El 29.07.1990 el juez de la Audiencia Naciona, D. Baltasar Garzón ordenó la detención incondicional de D. Ricardo Saénz de Ynestrillas y el policía D. Ángel Duce, como sospechosos en el asesinato de D. Josu Muguruza.

SE DISPARA LA POPULARIDAD DEL JUEZ GARZÓN, EL ‘JUEZ ESTRELLA’

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Audio RADIO INTERCONTINENTAL – D. Ricardo Sáenz de Ynestrillas y D. Eduardo García Serrano hablan sobre el ‘caso Muguruza’:

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31 Julio 1990

Crimen evitable

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Si se demuestra que el conocido ultraderechista Ricardo Sáenz de Ynestrillas está implicado en el asesinato del diputado electo de Herri Batasuna (HB) Josu Muguruza, éste es un crimen que debería haber sido evitado. Con más razón resulta inexplicable que la policía haya tardado nada menos que ocho meses en detenerle y en verificar la hipótesis más obvia, que apuntaba a círculos de la ultraderecha como autores del atentado, tanto por la forma como por el tipo de armas y munición empleadas. Esta situación absurda sólo puede obedecer a una causa: la falta de medidas de vigilancia y de prevención que se ha hecho notar en estos años en relación con las actividades de la extrema derecha y, sobre todo, de algunos de sus elementos más recalcitrantes, suficientemente conocidos por la policía.En cualquier caso, es de esperar que el tiempo de ocho meses transcurrido desde la comisión del atentado haya sido suficiente para que la policía ate bien todos los cabos del caso y aporte las pruebas necesarias para conducir ante la justicia a sus presuntos autores. El asesinato de Josu Muguruza, cometido cuando los parlamentarios de la coalición abertzale se aprestaban a concurrir al Parlamento de Madrid, tuvo unas connotaciones muy especiales, tanto por la significación de la víctima como por el momento elegido para su comisión. El Gobierno ha asumido desde entonces una gran responsabilidad en la resolución de este asunto. Y es lógico que según pasaba el tiempo sin lograr su esclarecimiento aumentase la preocupación entre quienes consideran que su impunidad hubiera sido un signo de debilidad de las instituciones democráticas. Sobre todo cuando era patente que el atentado que costó la vida al diputado Muguruza, y en el que fue gravemente herido el también diputado Iñaki Esnaola, llevaba el signo inconfundible de la desestabilización del sistema democrático.

Tras el caso Brouard, repleto durante tanto tiempo de sospechas fundadas sobre sus autores como menguado de consecuencias judiciales, y las resistencias oficiales a la investigación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y sus tramas, el esclarecimiento del asesinato de Muguruza supone un balón de oxígeno en este clima enrarecido que ponía en cuestión la credibilidad y eficacia de los servicios de seguridad del Estado y, sobre todo, la firmeza del sistema democrático para defenderse de los ataques de sus enemigos.

31 Julio 1990

Algo más que una venganza

Melchor Miralles

EL juez Baltasar Garzón y el comisario Alberto Elías tenían identificados a los dos autores materiales del asesinato de Josu Muguruza desde hace, al menos, dos meses. Una laboriosa investigación de un grupo de la Brigada de Interior dirigidos por Elías y Garzón alcanzaron la certeza, pero toparon con problemas de prueba respecto a los dos terroristas que efectuaron los disparos. Tuvieron muy claro desde el principio que no podían precipitarse. En primer lugar, no conseguían establecer la conexión de los dos sospechosos con las armas empleadas en el asesinato. En segundo lugar, tenían bien presente que un crimen de estas características no se resuelve con la detención de los autores materiales. Es preciso, a partir de ellos, llegar hasta los inductores. La primera línea de investigación que siguieron les llevó al domicilio de la familia Ynestrillas. La Brigada de Interior tenía permanentemente en la cabeza el juramento de Ricardo, el hijo mayor del militar golpista asesinado por ETA, el día que enterró a su padre. Anunció que se vengaría. El interrogatorio de Ynestrillas pocos días después del asesinato de Muguruza no fue definitivo, pero les dejó muy claro a Garzón y Elias que algo sabía. La actitud de la Policía fue la de hacerle creer, no obstante, que se trataba de un sospechoso descartado. Elias encargó a algunos de sus hombres un seguimiento constante de Ricardo Sáenz de Ynestrillas, que no ha cesado hasta su detención. Esta actuación permitió a la Policía y al juez instructor la obtención de datos importantes. Como en el caso de la «Operación Mago» contra el narcotráfico gallego, la discreción ha sido absoluta. En un fin de semana, al menos siete hombres han sido detenidos. Pero este no fue el único seguimiento. Los investigadores sabían que el asesinato de Muguruza no era un crimen pasional, sino político, y detrás de los autores materiales había otras personas. Entre ellos, al menos, un funcionario de la Policía destinado en Madrid y bien relacionado con grupos ultraderechistas. Ahora, una vez que sean interrogados los detenidos, restará conocer los motivos que les llevaron a asesinar a un hombre clave de Herri Batasuna el mismo día que se acreditaba ante el Congreso de los Diputados. Ninguna hipótesis puede descartarse, y una de las que se manejan es la de que los organizadores del atentado estuvieran relacionados con miembros de los servicios de información, si no orgánicamente, si a nivel particular. Muguruza no era un cualquiera. Quienes le asesinaron sabían muy bien que estaban haciendo algo más que vengar la muerte de un militar.

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