26 marzo 2010

El General Pérez Alamán considera en LA RAZÓN las condecoraciones un 'mal precedente'

El ministerio de Defensa condecora a los militares de la UMD que seguían vivos como ‘ejemplos’

Hechos

El 02.03.2010 el ministerio de Defensa condecoró a varios militares por haber pertenecido a la asociación ilegal UMD, entre ellos el periodista D. Fernando Reinlein.

17 Febrero 2010

Misión imposible... lograda

Fernando Reinlein

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Catorce oficiales que fueron procesados por pertenecer a la Unión Militar Democrática (UMD), organización militar clandestina antifranquista nacida en 1974, han sido condecorados por la ministra de Defensa con la Cruz del Mérito Militar. Con este acto se culmina un reconocimiento a la labor de esta organización, tras la proposición no de ley aprobada por el Congreso de los Diputados en abril del año pasado y la declaración institucional del Gobierno del 4 de diciembre del mismo año.

La imposición de estas medallas a los procesados, nueve de los cuales fueron expulsados del Ejército, llega 35 años después y supone un cambio cualitativo de primera dimensión. Hasta ahora, para muchos militares el haber pertenecido a la UMD era un baldón. Desde hoy es un mérito. Y lo es, no solamente para los condecorados, sino para el más de centenar de jefes, oficiales y suboficiales que integraron la Unión Militar Democrática, la inmensa mayoría de los cuales fueron represaliados, sin ser juzgados, y vieron truncada su carrera militar. Para todos ellos es la medalla.

No se debe olvidar a aquellos que fallecieron a lo largo de estos años, entre ellos Julio Busquets, uno de los principales promotores de la organización, o José Sagrado, Santiago Perinat o Guillermo Reinlein, que encabezan una lista de hasta 25 compañeros que ayer no pudieron estar entre nosotros.

Con este acto se cierra, casi definitivamente, un episodio de la historia de la Transición en el que la UMD puso su grano de arena o de roca -la Historia lo dirá- y hoy aquellos jefes y oficiales se sienten orgullosos de pertenecer a unas Fuerzas Armadas que con tanta dignidad, sacrificio y eficacia representan a España en las misiones internacionales, y que se han convertido en unos ejércitos inequívocamente al servicio de la Democracia y la libertad en España.

02 Marzo 2010

EL PREMIO A LA UMD, MAL PRECEDENTE

General Emilio Pérez Alamán

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Después de ver, oír y leer la noticia de la imposición de condecoraciones a los miembros de la extinta UMD se observa que la noticia, ampliamente recogida por todos los medios de comunicación, ha tenido, extrañamente, muy pocos comentarios.

Ha dado la sensación de ser un brochazo más de la conciencia sectaria de los promotores de la «memoria histórica» pero sin querer hacer mucho ruido. Tan sólo una disposición previa alabando la conducto de los antiguos miembros de la UMD precedida de un tímido elogio al conjunto del Ejército y a continuación un acto, casi íntimo, para imponerles la condecoración concedida con una difusión controlada de la noticia en todos los medios y el correspondiente reportaje dirigido en la TVE sin opciones para abrir un debate sobre la actitud de la UMD y sus miembros tal y como hace en otros temas el programa.

Sin atreverme a generalizar, creo que esa ha sido la impresión que muchos hemos tenido por distintas razones: La primera es la contradicción del reconocimiento a una organización clandestina detnro del Ejército con el argumentario que la ministra de Defensa está utilizando desde la Pascua Militar: ‘Las Fuerzas Armadas son de España y no de este o aquel Gobierno’ y menos de este o aquel partido político, añado yo. Los componentes de la UMD haían ingresado en el Ejército en los años 50 y dado que algunos provenían de una preparatoria cuyo director espiritual era el padre Llanos, pudieron ocurrir dos cosas:

Que siguiendo consignas o sentimientos adquiridos en su preparación se comprometieran con el Ejército y España con la idea premeditada de la posterior sedición e intento de arrastrar a más compñaeros. Está posibilidad es para mí la menos proable pese a que en alguna de aquellas promociones se expulsaron a dos o tres cadetes por actos vejatorios al Jefe de Estado. Pienso como más factible que, la decadencia del Régimen, la situación de poca operatividad y la falta de aliciente profesional en los Ejércitos, hicieron que muchos jóvenes oficiales no conformistas buscaran mejorar la situación encuadrándose en Unidades Especiales y realizando cursos nuevos y con expectativas. Otros más desilusionados buscaron actividades extramilitares y entraron en contacto con opciones políticas que más que dispuestas a desbancar la ‘Dictadura’ se dedicaban a preparar su actuación a la muerte del General Franco. Para ello les venía muy bien contar con un componente militar de sus ideas instalado en las FAS. Ambas opciones no parecen aconsejar  un reconocimiento a una conducta militar ejemplar. En cualquiera de los dos supuestos creo que los miembros de la UMD nunca pretendieron dirigir una asonada militar decimonónica ni siquiera al estilo de la portuguesa del momento, fundamentalmente porque sus ideas no tenían ningún eco en los Ejércitos y menos en las Unidades. Dos son, a mi juicio, los motivos de esa falta de conexión: El primero es que, haciendo bueno el argumentario de Defensa, el conjunto de las FAS no se posicionan frente al poder establecido porque tenían y tienen, asumido que su deber es para con España y no para con quien la gobierne o quien gobernarla. Esa fue su postura tanto entones como en ocasiones posteriores. La segunda se complementa con la primera y fue la actitud tan poco castrense de la UMD al realizar su actividad clandestina más cerca de las organizaciones políticas con las que se relacionaba que contactando con posibles compañeros para que secundaran sus intenciones. De ahí mi sorpresa por haberles premiado precisamente con la Cruz del Mérito Militar.

Junto al ya repetido argumentario y su contradicción con la alabanza y recompensa que nos ocupa, la Sra. Ministra ha expresado con rotundidad dos sentimientos que habría que debatir.

Por un lado dice que gracias a la UMD fue más fácil que las FAS asumieran y aceptaran la llegada de la democracia y el proceso de transición. Nadie ni dentro ni fuera deja de reconocer que la Institución que ha admitido sin objeción alguna la nueva situación de España ha sido la Militar, que si bien ha encontrado motivaciones y alicientes profesionales, no ha dejado de estar sometida a continuas reorganizaciones y cambios no siempre entendidos pero aceptados por sus componentes como  un último servicio más a España. Por último hemos podido escuchar cómo la Ministra, con voz entre entusiasmada y emocionada, calificaba a los miembros de la UMD condecorados de valientes. No voy a ser yo quien ponga en duda el valor que siempre se debe suponer a un militar, pero el énfasis de la Ministra no resultaba el más arpopiado pensando en la cantidad de soldados, que en aquella época en el Sahara y después en tantas misiones realizadas por orden del Gobierno de turno y sirviendo a España, han asumido y arrostrado riesgos, reconocidos o no, con la serenidad y entereza que definen el valor de los auténticos soldados, aunque no siempre se les reconozca adecuadamente e incluso se les nieguen las recompensas a que son merecedores.

En fin, estamos ante un acto más de los muchos que últimamente nos encontramos el conjunto de los españoles para contento de una parte, removiendo temas que deberían estar ya en la historia. Si nos centramos en este hecho concreto, el premio me parece injusto, innecesario y además un mal precedente.

General Emilio Pérez Alamán

El Análisis

Los UMD, del desprecio al homenaje

JF Lamata

El acto celebrado ayer en el Ministerio de Defensa, con la ministra Carme Chacón al frente, al condecorar a los antiguos miembros de la Unión Militar Democrática (UMD), marca un giro histórico. Aquellos oficiales que en 1976 fueron condenados y expulsados del Ejército, y que en 1986 apenas lograron un indulto discreto bajo Felipe González, son ahora homenajeados públicamente y presentados como referentes democráticos por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Entre ellos figura Fernando Reinlein, convertido en periodista tras su expulsión castrense, símbolo de ese tránsito de marginados a honrados.

Pero el homenaje, inevitablemente, reabre viejos debates. Como recordaba ayer el general Emilio Pérez Alamán en La Razón, la UMD encarna una paradoja irresuelta: desde el punto de vista político su gesto fue ejemplar, anticipando un Ejército democrático y subordinado al poder civil; pero desde la lógica estrictamente militar su actuación fue una violación grave de los principios de obediencia, jerarquía y disciplina. De ahí que muchos uniformados, incluso demócratas, sigan viendo con recelo el que se premie a quienes conspiraron contra sus mandos.

El reconocimiento llega, por tanto, con un sabor agridulce. La democracia española tiene el deber de agradecer a quienes arriesgaron su carrera para abrir las puertas de la libertad, pero sin olvidar que en un Ejército moderno lo que lo sostiene no son las simpatías ideológicas de cada oficial, sino el respeto a la cadena de mando y a la Constitución. La mejor lección que deja la UMD es que nunca más sea necesario que un grupo de militares se sienta obligado a conspirar para defender la democracia, porque esta debe estar garantizada por las urnas y no por las armas.

J. F. Lamata