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Reemplazó al General Garrido, asesinado por ETA

El ministro Narcís Serra (PSOE) destituye al General Ángel Díaz Losada después de que declarara que el Ejército estaba dispuesto a aceptar la independencia del País Vasco si lo aceptaba el Estado

HECHOS

El 16 de junio de 1987 el general Ángel Díaz Losada fue destituido como Gobernador Militar de Guipúzcoa por decisión de D. Narcís Serra.

El Gobernador militar de Guipúzcoa, general Díaz Losada (que había reemplazado al general Garrido asesinado por ETA) en una entrevista al diario bilbaino LA GACETA DEL NORTE (co-propiedad del PNV) declaró que «si las instituciones del Estado lo aceptan, las Fuerzas Armadas tendrían que respetar la independencia de alguna región española o la creación del Estado Federal».

El ministro Sr. Serra consideró que aquellas declaraciones eran inapropiadas para el Gobernador Militar de Guipúzcoa.

El episodio quedó sepultado para la opinión pública por la matanza de Hipercor. 

17 Junio 1987

Un cese discutible

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

LA DESTITUCIÓN del gobernador militar de Guipúzcoa, general Ángel Díaz Losada -que se había pronunciado, en una entrevista periodística, en favor de la supeditación de los Ejércitos al poder político, incluso en el caso de que las decisiones de éste condujeran a la independencia o separación de una zona del país-, se trata de una medida altamente discutible. A preguntas del informador, que insistió en saber si el Ejército respetaría la decisión del poder civil si éste decidía implantar un régimen federal o acordar la independencia de una parte del territorio nacional, el general respondió textualmente: «Si las instituciones del Estado lo aceptan, habría que respetarlo». Como luego le difundieran por otros medios versiones más o menos tremendistas de sus palabras, el propio general se esforzó por matizarlas, precisando que su intención era «poner énfasis en algo que es elemental: que el Ejército no tiene posición propia, autónoma, distinta de la de los poderes legítimos del Estado».Nada hay que reprochar; pues, al contenido de las declaraciones de este militar, estrictamente acordes con la Constitución y con la ley. Pero quizá pueda objetarse su oportunidad. Aunque ninguna norma prohíbe que los militares profesionales realicen declaraciones a la Prensa, no parece que los criterios de prudencia aconsejen la proliferación de manifestaciones de esta naturaleza por quienes ostentan mando directo de fuerzas.

La explicación de la destitución habría que buscarla en la explotación interesada que de las declaraciones han hecho el abertzalismo radical, de una parte, y sectores de la reacción más o menos golpista, de otra. El dirigente de Herri Batasuna Iñaki Esnaola ha opinado que de las palabras citadas cabe deducir que el Ejército está a favor de una negociación política con ETA, hipótesis a la que ya sólo se opondría el Gobierno. Pero la responsabilidad de esa interpretación, que en absoluto se deduce de las declaraciones del general ni del sentido que encierran, corresponde enteramente a Esnaola. Otros sectores, defensores más o menos vergónzantes del autonomismo militar «en situaciones límite», han interpretado que esas declaraciones contradicen el texto y el espíritu de la Constitución, al poner en entredicho la unidad nacional. La argumentación es una. perfecta sandez. El núcleo sustancial de nuestra Carta Magna es la consagración de la soberanía popular, de la que emana la legitimidad del poder político, al que se supeditan todas las instituciones del Estado. únicamente quienes se oponen al sistema democrático deforman ese espíritu al pretender que las instituciones están cautivas de las fuerzas armadas, o que éstas son coautoras del funcionamiento de aquéllas.

Nada menos que el presidente del Congreso, a la sazón Gregorio Peces-Barba, declaró hace algunos años en Pamplona que toda opción política, incluidas las independentistas, cabían en nuestra Constitución, siempre que sus reivindicaciones fueran planteadas de manera pacífica y democrática. Existen partidos declaradamente ¡tidependentistas que han sido legalizados por los tribunales. ¿Qué sentido tiene entonces esa rasgadura de trajes? La fulminante destitución del gobernador militar de Guipúzcoa es, en cambio, la contestación a las palabras de un militar constitucionalista y respetuoso del poder civil. Insistimos en la probable inoportunidad de esas palabras. Pero si, del primer ministro para abajo, todo el que dice algo inoportuno en este país fuera apeado del cargo, las poltronas hoy estarían vacías.

17 Junio 1987

Narciso Serra

ABC (Director: Luis María Anson)

El ministro de Defensa ha actuado con acierto y energía al destituir al gobernador militar de Guipúzcoa por las declaraciones en las que afirmaba que ‘si las instituciones del Estado aceptan la independencia de una región, habría que respetarla’. Estas palabras del general Díaz Losada causaron indignación en medios políticos y militares, en los que se destacó su improcedencia por su carácter anticonstitucional y no ser un asunto sobre el que deba expresarse sin haber hecho antes una milimétrica medida del alcance de sus palabras.

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