30 julio 2025

EL MUNDO de Joaquín Manso prescinde de Santiago González como columnista y este es fichado por el digital THE OBJECTIVE

Hechos

El 30 de julio de 2025 D. Santiago González publicó su última columna en el diario EL MUNDO.

Lecturas

Nota de D. Santiago González publicaría en su blog el 30 de julio de 2025:

«Un lunes del pasado mes de julio me sorprendió una llamada de Joaquín Manso, director de EL MUNDO, hecho que me sorprendió por falta de costumbre. La razón era que la dirección del periódico había decidido cancelar mi columna. Era por razón económica, dijo. La delicada situación de las finanzas de la empresa aconsejaban una reducción de gastos y, por lo visto, la solución era lo mío».

30 Julio 2025

Adiós

Santiago González

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Publiqué mi primera columna de opinión el 9 de mayo de 1982 en ‘Tribuna Vasca’, un periódico que montó en Bilbao Eduardo Sotillos Palet el año en el que el PSOE se preparaba para su gran salto adelante. A la reunión previa con él llevé algunas cosas sueltas publicadas aquí y allá. Después de echarles un vistazo me propuso escribir una columna diaria en la última del periódico. Fue así como me estrené en el periodismo en un género que normalmente es punto de llegada, muy raramente de salida.

Cada vez que he visto ‘Pasión de los fuertes’ he visto mi biografía profesional en la brillante respuesta de Mac, el barman, con el que se confesaba un Doc Holliday con mal de amores: “Mac, ¿tú has estado alguna vez enamorado?”, a lo que el barman de Tombstone replicaba: “Yo siempre he sido camarero”. Análogamente yo tendría que responder: “Yo siempre he sido columnista”.

Han pasado desde entonces 43 años largos durante los que he escrito y publicado algo más de 8.000 columnas. Toda mi biografía profesional cabe entre aquella columna y ésta, que es la última por ahora, pero ya se sabe que todo lo que sube baja, todo lo que empieza acaba y que hay un tiempo para cada cosa: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, lo dice el Eclesiastés.

He tenido en este tiempo 15 directores y me he sentido bien tratado por todos, poco más o menos, sin exagerar. Uno de ellos fue mi primer director en ‘El Correo’, Antxón Barrena Ballarín, un gran tipo, aunque algo golfo, que me dijo en la conversación previa a mi fichaje: “Te he llamado porque yo no sé escribir, pero sí sé leer”. Me pareció una gran declaración de principios. No todos los directores tienen tan claras sus habilidades.

Seguiré escribiendo columnas, es mi oficio, aunque ya no será en ‘El Mundo’, periódico cuya camiseta vestí con orgullo mucho tiempo y en el que me honré con la amistad de compañeros admirables, algunos de los cuales ya no están con nosotros: Victoria Prego, David Gistau y Fernando Lázaro. Buena gente, me dispensarán que no cite a los vivos; son demasiados, me ocuparían la columna entera y siempre se corre el peligro de cometer algún olvido imperdonable. Hay también alguna leve decepción que ha dejado en mi pecho lo que Lorca llamaría “un pequeño dolor de ignorante leopardo”, pero estadísticamente es irrelevante y no tiene sentido citarla. En la parte positiva del balance hay decenas de compañeros, (y compañeras, faltaría más) que atendieron con amabilidad mis peticiones de información empleando en ello un tiempo que deberían dedicar a su propio trabajo informativo. Quiero, por tanto, agradecer muy sinceramente la colaboración y el afecto que he percibido en ellos durante estos 17 años y medio que he trabajado para este periódico. Además  y, sobre todo, mi gratitud eterna a los lectores de ‘El Mundo’ que dedicaban cinco minutos al día a mi columna.

Pronto, quizá mañana mismo, anunciaré el lugar donde a partir de septiembre podrán leerme. En esto me pasa como a Mac el barman: ninguno de los dos valemos para otro quehacer; no lo tenemos fácil para cambiar de oficio, aunque sí podemos cambiar de tasca. Después de todo tenemos la suerte de que en Tombstone haya varias tabernas y no todas estén controladas por los Clanton.

31 Julio 2025

Porque sabe cosas que solo sabe él

Arcadi Espada

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El principal problema de los jóvenes periodistas es que no saben cómo lidiar con la mentira, porque como el pez en el agua no han conocido otro medio

Tengo que avisar antes que nada que Santiago González no ha muerto. Ni siquiera que lo han matado, más allá de la metáfora. Está bien de salud y esa es la principal condición del columnista. Un espectáculo realmente desagradable es el de ver a los columnistas morirse en su columna, lugar incómodo y expuesto. Donde se murió Umbral, por triste ejemplo. Pero no es el caso de González, al que le quedan muchas columnas vivas. No estarán ya en este periódico, según explicó ayer. Un lamentable caso de lose-lose. Nuestro columnista cumple una condición que era envidiable en los antiguos periódicos: sabe cosas que solo sabe él. Cosas, obviamente, que tienen interés y valor: no pelusas de ombligo. Las sabe por viejo, por talentoso y porque es un memorión. Muchas de ellas tienen que ver con el infame caso vasco, del que siempre escribió con conocimiento y valentía. Por si fuera poco exhibe al cabo de la edad la figura desolada pero atractiva del socialdemócrata que va viendo estupefacto cómo los que así se llaman van dejándolo, corrompidos por el poder, por la arterioesclerosis moral o, como ha sucedido siempre, por las mujeres.

Al incorporarse al trabajo, la generación del columnista González vivió un problema de transmisión del saber profesional: tomaron a todos los viejos por franquistas y apartándolos como escoria dejaron de aprender varias lecciones, que acabaron tomando tarde y peor. Entre analógicos y digitales (por resumir) está sucediendo lo mismo. Y es una gran pérdida para el oficio y sus mejores prácticas que no haya nadie en una redacción capaz de abrir el libro de Revel y declamar: «La primera fuerza que gobierna el mundo es la mentira». El principal problema de los jóvenes periodistas es que no saben cómo lidiar con la mentira, porque como el pez en el agua no han conocido otro medio. De ahí que les sea tan valiosa la experiencia de los que una vez y otra fueron engañados y lo sabían, porque conociendo el engaño conocían la verdad. El tipo de adultos como González desempeña también un papel crucial contra la tiranía del apocalipsis diario desencadenado por las webs noticiosas. Hace tiempo que dejaron de ser adanes. El valor de esta circunstancia no es que puedan entonar la cansina y reaccionaria tonadilla Nihil novum sub sole ni que sepan latín. Bien al contrario: son los únicos que perciben con seguridad y autoridad lo nuevo. Y pondré el ejemplo del novedoso presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que seguro hará feliz a nuestro columnista.

Yo, siempre joven, inexperto e incluso adán de sangre, echaré de menos todas estas lecciones que impartía González. Y celebraré con melancolía que habiendo sido el glorioso traductor al español de la palabra bullshit (caca de la vaca) nunca se permitiera dar una porción a sus lectores