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La dirección de EL MUNDO reconoce que Negre no actuó acorde con los principios del periódico, pero niega que se inventara la entrevista

EL MUNDO y el periodista Javier Negre condenados a rectificar por «vulnerar el derecho a la intimidad» de una mujer

HECHOS

El 21 de febrero de 2016 se publicó el artículo «HABLA LA PRIMERA MUJER A LA QUE TORTURÓ EL ASESINO DE CUENCA».

21 Febrero 2016

HABLA LA PRIMERA MUJER A LA QUE TORTURÓ EL ASESINO DE CUENCA

Javier Negre

Huele a puchero en la tercera planta de un céntrico edificio de Cuenca. Es hora del almuerzo. Un hombre con gabardina aparece en el pasillo con dos bolsas de Mercadona. Tocamos el timbre de una de las puertas. Nos abre un señor con pelo y barba canosa. Le preguntamos por su hija. «Aquí no vive ninguna Marta», nos asegura.

Sin embargo, una joven en pijama entra en escena. «Papá, sí que estoy aquí», afirma con voz angelical. Tiene el rostro cansado. Lleva encerrada todo el día hincando codos. Estudiando sus oposiciones a maestra. Se examinará en junio. Cuando se entera de que somos periodistas ya sabe que no venimos a venderle enciclopedias, sino a preguntarle por Sergio Morate. La pesadilla de su adolescencia.

«De ese cabrón no quiero saber nada. Ni de él ni de su entorno», nos dice Marta en la semana en que la madre del asesino ha roto su silencio para llamar «enfermo» a su propio hijo. El padre de la muchacha interrumpe la conversación.

—Apenas le conoce, dejad de remover la mierda —espeta enfadado.

Es la mentira de un abogado jubilado que quiere proteger a su niña. A la persona que mantuvo una relación de tres años y medio con Morate. A la primera víctima del brutal asesino de Marina Okarynska y Laura del Hoyo. A su pecado original.

—¿Cómo os habéis enterado de quién soy y de dónde vivo?—nos pregunta intrigada la veinteañera. Su identidad ha sido preservada por la Policía Nacional desde que se conoció la existencia de una primera damnificada de Morate, ahora en la cárcel de Estremera (Madrid), sin fianza e incomunicado. En los días posteriores al doble crimen de Cuenca del pasado 6 de agosto, trascendió que Morate ya había amenazado y retenido a una novia anterior. Unos hechos por los que había estado en prisión 18 meses.

A condición, acordada, de que guardemos el secreto de su identidad y que usemos un nombre ficticio (Marta) como hizo la Policía cuando denunció a Morate, la joven accede a narrarnos lo que la sentencia del juzgado penal número 1 de Cuenca estableció como hechos condenatorios: «Debo condenar y condeno a S.M.G. como autor de un delito de amenazas continuado y de un delito de detención ilegal». Aquel día (27 de abril de 2008), Morate hizo temblar de horror a su ya ex novia. «Sí, claro que temí por mi vida».

La historia había comenzado unos tres años y medio antes cuando Marta conoció a Sergio Morate. Él tenía 20 años y ella 16. Era una simple chica de instituto y una de las más atractivas de la ciudad de las Casas Colgantes. Morate, uno de los malotes que más atraían a las muchachas de su generación. Musculado y con alma de seductor de pueblo.

Por aquel entonces, tenía barba y pelo largo. No era el joven rapado que calcinaría siete años después a Marina por un ataque de celos y a su amiga Laura por estar en el lugar equivocado. Morate ya trabajaba en la tienda de muebles de su familia y manejaba dinero. Conducía flamantes deportivos y era de los de pagar las rondas a las jóvenes más guapas del bar. Elementos claves para enamorar a una chica amante de los personajes más altivos de Física o Química.

«Estuve tres años y medio con él. En los primeros se portó muy bien conmigo, era muy romántico, pero también celoso. Lo que en los primeros años eran unos celos tontos se convirtió en una obsesión, en una enfermedad. Empezó a no dejarme salir con mis amigas, a no dejarme hacer nada. Era un celoso enfermizo. Por eso le dejé, porque pensé: si me hace estas cosas ahora… imagínate lo que me hará cuando estemos casados», nos cuenta la chica.

Los problemas vinieron cuando Marta quiso cortar con aquella relación tóxica. Una decisión que Sergio no aceptó. «Se volvió loco. Empezó a llamarme, que tenía que volver con él… y el resto ya lo tenéis en la declaración que hice ante la policía. Prefiero no recordarlo. Es algo que tengo ya superado, pero fue horroroso», explica. Lo que no quiere rememorar Marta es precisamente el incidente más traumático de su vida. El episodio que llevó a Morate a ingresar en el centro penitenciario de Cuenca donde consiguió los contactos que utilizó el pasado verano para huir a Rumanía tras asesinar a Marina y Laura.

27 de abril de 2008. Morate llamó a Marta y le vociferó lo siguiente: «Esto se tiene que arreglar o por las buenas o por las malas. Te voy a joder la vida como sea. Si tengo que llamar a una gitana para que te pegue, lo haré». El hombre, que tenía 23 años, le pidió que se acercase al domicilio de sus padres en Palomera (Cuenca) para tener una breve conversación. Muy cerca de donde se encontraron los cuerpos de Laura y Marina quemados y boca abajo. Marta, carcomida por el miedo, se acercó a la casa. Allí comenzó su pesadilla.

Morate cerró la puerta con llave y rompió los pomos. Le arrebató el móvil y le dijo: «Mis padres no vuelven hasta las 12. Tengo todo el tiempo del mundo. Los teléfonos están desconectados. No intentes salir ni pedir auxilio porque no hay nadie», le espetó a Marta. Su acción violenta no quedó ahí. La desnudó arrancándole la ropa a tirones y le dijo que la iba a fotografiar para luego distribuir las fotografías a través de internet. «Se las voy a mandar a toda Cuenca», le gritó. La mantuvo retenida dos horas, pero finalmente la dejó marchar. Marta ni siquiera había empezado a conocer a otra persona. Tenía sólo 19 años.

AMENAZAS Y DETENCIÓN

«Temí por mi vida», reconoce a Crónica Marta, que esa «misma tarde» fue a la comisaría a interponer una denuncia. Morate fue condenado por los delitos de amenazas y detención ilegal a tres años y dos meses. Pasaría entre rejas 18 meses. Morate ni siquiera tuvo que enfrentarse a juicio pues reconoció las penas solicitadas por el Ministerio Fiscal. Seis meses después de salir de prisión, Morate volvió a ser detenido por almacenar archivos con pornografía infantil, aunque en esta ocasión no hubo condena. Morate no volvió a acercarse a Marta. Sí a otras mujeres. Como a Marina, una atractiva ucraniana que comenzaría una relación sentimental con él.

CELOS DE MUERTE

Marta conocía a Marina, pero jamas le advirtió. Nunca le contó que sus celos obsesivos estuvieron a punto de segarle la vida años antes. Fueron esos celos obsesivos los que llevaron a Morate a acabar con la vida de Marina. Justo cuando se enteró a través de Facebook de que se había casado con otro hombre en Ucrania.Precisamente la madre de Marina declaró el pasado martes en el juzgado de instrucción número 1 de Cuenca. La progenitora de la otra víctima (Laura del Hoyo) era muy cercana a la familia de Marta. «A nosotros el crimen nos afectó muchísimo porque éramos amigos de la familia de Laura», reconoce el padre, que decide cortar abruptamente la conversación.

«Ya está bien. El tema de mi hija ya está juzgado y hay que pasar página», dice. Quiere resguardar a su hija de los focos. La joven se convirtió en objetivo número uno de la prensa y los investigadores decidieron ocultar su identidad. Le recomendaron abandonar Cuenca y la chica puso rumbo a Gandía (Valencia) con su nueva pareja, el hijo de un conocido constructor conquense. Un perfil de novio en las antípodas de Morate. Educado, católico, inteligente y de buena familia. En la zona del Levante, Marta permaneció un mes y siguió el caso en las tumbonas de un conocido chiringuito gandiense.

Regresó a su tierra en septiembre, justo cuando había pasado la marejada mediática y Morate ya estaba en prisión tras ser detenido en la frontera de Rumanía con Hungría. Ningún periodista la molestó. Su identidad permaneció oculta y quedó la incógnita de quién sería la primera mujer agredida por Morate. De ese «enfermo», como le tildó su propia madre esta semana en un programa de televisión. De ese apestado hasta para su familia.

06 Marzo 2016

Rectificación

Marta

Dª Marta manifiesta

Dª ‘Marta’ en ejercicio del derecho de rectificación reconocido en la Ley Orgánica 2/1984, de 26 de marzo, ha solicitado la rectificación de la noticia publicada en este medio el pasado 21 de febrero de 2016 bajo el titular ‘Habla la primera mujer a la que torturó el asesino de Cuenca’, en los siguientes extremos: «Contrariamente a lo que se afirma en la referida publicación, Dª ‘Marta’ no concedió voluntariamente entrevista alguna al periodista de El Mundo, ni facilitó información alguna al respecto, ni mucho menos accedió a la difusión de imagen alguna de su persona, queriendo permanecer en el absoluto anonimato y que se respeten sus derechos fundamentales a la intimidad y a la propia imagen».

10 Noviembre 2019

SENTENCIA FIRME Nº 125/2019

EL MUNDO

SENTENCIA FIRME Nº 125/2019,

de fecha 18 de julio de 2019. Rectificación del reportaje publicado en el suplemento Crónica del domingo 21 de febrero de 2016 bajo el título «Habla la primera mujer a la que torturó el asesino de Cuenca»:

1º.- Jamás fue concedida una entrevista por la que fuera la anterior relación sentimental de D. Sergio Morate García, conocido como «El asesino de Cuenca», ni esta fue nunca víctima de tortura y tampoco conoció, ni pudo prevenir, a las chicas asesinadas.

2º.- Asimismo nunca consintió que este diario publicara una fotografía obtenida de su perfil de Facebook. Dicha fotografía fue obtenida y difundida sin su autorización.

3º.- Los hechos periféricos relatados en el reportaje respecto a la vida, profesión, familia y actual relación sentimental de la víctima, se ha procurado mantenerlos en el más absoluto anonimato.

21 Noviembre 2019

‘EL MUNDO’, A SUS LECTORES

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

Ante las informaciones difundidas por algunos medios de comunicación tras la publicación de una rectificación el 10 de noviembre de 2019 en el suplemento ‘Crónica’ de EL MUNDO, queremos aclarar a nuestros lectores los siguientes aspectos:

1. Que este diario respeta, como siempre lo ha hecho, las resoluciones judiciales que le afectan. Por ello, el texto publicado como rectificación el 10 de noviembre de 2019 en el suplemento ‘Crónica’, responde al cumplimiento del fallo judicial y al acuerdo alcanzado entre esta editora y la demandante en el procedimiento de referencia, con la absoluta finalidad de preservar la identidad y derechos de la demandante.

2. Sobre esta base, en protección de la intimidad y derechos de esta persona, el periódico había preferido hasta ahora guardar silencio, a pesar de los perjuicios sufridos.

3. En contra de lo que se ha informado desde diversos medios de comunicación y en redes sociales, el periodista, a pesar de poder haber actuado de forma más acorde con los principios fundacionales de EL MUNDO y con la buena praxis periodística, no se ha inventado ninguna declaración. Lo publicado el 21 de febrero de 2016 fueron unas declaraciones puntuales que formaban parte de un reportaje más amplio, manifestaciones que la persona aludida no autorizó a que fueran publicadas y, por las que, sobra decir, se vulneró su derecho a la intimidad y su estatuto de protección.

4. Que existen pruebas sonoras de las declaraciones que, en el momento procesal oportuno, fueron aportadas a las actuaciones.

5. Que EL MUNDO, en el marco de sus protocolos internos, inició un procedimiento de análisis y verificación de las circunstancias que dieron origen a los hechos, con el fin de esclarecer la verdad y depurar las responsabilidades en las que, en su caso, se pudiera haber incurrido.

Por todo ello, EL MUNDO reconoce y asume los errores que se hayan podido cometer, tanto en la elaboración como en la difusión de la información, y expresa su absoluta solidaridad y respeto con la víctima de los hechos, que se está viendo injustamente afectada por esta situación, si bien, considera que era preciso aclarar la realidad de los hechos.

Al mismo tiempo, EL MUNDO quiere aprovechar esta comunicación para poner de manifiesto su sólido compromiso de siempre con la información veraz, con el periodismo de calidad y, muy especialmente, con el conjunto de sus lectores.

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