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Luis María Anson (ABC) y Juan Tomás de Salas (Grupo16) reaccionan con ira al ataque de Juan Luis Cebrián

EL PAÍS (Grupo PRISA) hace públicas las deudas de sus competidores – las editoras de ABC y DIARIO16 – en medio de su asalto a la SER

HECHOS

  • Un reportaje publicado en EL PAÍS el 31 de enero de 1985 hacía públicas las deudas con el Estado de las empresas Prensa Española (editora de ABC) y el Grupo16 (editor de DIARIO16 y CAMBIO16). Los responsables de ambas empresas publicaron editoriales descalificando a EL PAÍS por ello.

Desde su llegada a la dirección del diario ABC, D. Luis María Anson se había referido siempre a EL PAÍS como ‘diario gubernamental’ (del Gobierno del PSOE), logrando con éxito que ‘calara’ aquel apodo en amplios sectores, de lo que el propio Sr. Anson se mostraba muy satisfecho:

Dicen que la mejor defensa es un buen ataque. Y eso debió de pensar D. Juan Luis Cebrián, director de EL PAÍS y Director General del Grupo PRISA. Inmediatamente después de oficializada la compra del paquete mayoritario de la Cadena SER por PRISA,  D. Pedro J. Ramírez desde DIARIO16 y D. Luis María Anson desde ABC cargaron contra las maniobras de EL PAÍS al que ABC ya había bautizado hace tiempo como ‘diario gubernamental’. Consideraban que el Gobierno había cometido un caso de favoritismo, puesto que el Comité de Empresa y la familia Fontán también habían hecho ofertas para la adquisición de una parte de aquellas acciones y el Gobierno no les había dado un permiso que sí, por el contrario, habían recibido los Sres. de EL PAÍS. Estos podrían argumentar que tenían un acuerdo con la familia Garrigues (léase Banco de Levante), que como presidentes dieron el mismo apoyo para que el Sr. Polanco se hiciera con la SER que el que D. José Ortega Spottorno le dio en EL PAÍS. El periódico DIARIO16 se apresuraba a enviar a un periodista a entrevistar a las principales estrellas de la SER (D. Iñaki Gabilondo, D. Robeto Gómez, D. Joaquín Luqui, D. Dña. Paloma Varela o Dña. Ely del Valle) si no temían a que con el nuevo dueño tuvieran menos libertad. Algo que contradecía los intereses de los Sres. Polanco y Cebrián que deseaban una llegada más discreta.

Pero si todo eso ocurría el día 30, el obus mayor iba a llegar el día 31. El diario EL PAÍS tenía previsto un ataque a toda página contra sus ‘compañeros’.

El 31 de enero de 1985 el diario EL PAÍS, dirigido por D. Juan Luis Cebrián, publicó a página completa un análisis a la ‘crisis de la prensa’, presentando a la mayoría de empresas periodísticas como empresas ‘endeudadas’ que debían créditos al Estado.

Las empresas peor paradas en el informe eran Prensa Española (editora del diario ABC, presidida por D. Guillermo Luca de Tena) y el Grupo16 (editora de DIARIO16 presidida por D. Juan Tomás de Salas), es decir, los propietarios de los periódicos que competían con EL PAÍS.  El ABC tenía unas deudas con el Estado y Hacienda de 242.417.419 pesetas y debía además a la Seguridad Social otros 231 millones de pesetas. Y en lo que se refiere a DIARIO16, se aseguraba que debía a la Seguridad Social hasta 10 millones de pesetas y a Hacienda otros 87 millones de pesetas.

El ataque tenía su gracia si se tiene en cuenta que DIARIO16 y, sobretodo, el ABC, no se habían cansado de decir los muchos favores gubernamentales que el Gobierno hacía EL PAÍS y ahora con el tema de la SER se disponían a lanzar toda su artillería en esa dirección y resultaba que ambos periódicos – aunque sus lectores lo desconocieran debían su subsistencia al Gobierno, que no había ejecutado todo el dinero que estos debían al Estado que resultaba ser su principal acreedor. Dado que no parece probable que una empresa o comercio debiera 200 millones sin que se la ‘ejecutara’ en un embargo o una quiebra.

En ese mismo informe se apresuraba a aclarar que el Grupo PRISA – la empresa editora de EL PAÍS – no estaba endeudada y era ‘el único diario que está al día en sus cuentas con el Estado’. Era una forma de arrear a la competencia y auto-elogiarse a ellos mismos.

Si EL PAÍS pretendía que se dejase de hablar del tema de la Cadena SER, lo consiguió. Si pretendía que no se le criticase entonces no, porque ABC y DIARIO16 le dieron hasta en el carné de identidad.

Si D. Luis María Anson fue contundente con un editorial titulado ‘El Diario Gubernamental miente’, el Grupo16 de D. Pedro J. Ramírez, D. José Oneto y D. Juan Tomás de Salas lanzaron la mayor oleada de artículos contra el Grupo PRISA que los publicados hasta ese momento contra ellos.

Los artículos en DIARIO16 y CAMBIO16 en los que por primera vez se identificaba a D. Jesús Polanco con el divertido mote de ‘Jesús del Gran Poder’ se atacaba a D. Juan Luis Cebrián como alguien que ‘se había vuelto loco’, ‘que se erigía en arcángel y que pretendía que su amistad con dictadores colorados (por Fidel Castro y Daniel Ortega) iba a hacer olvidar su pasado”. CAMBIO16 publicó una caricatura en portada de D. Juan Luis Cebrián con el ojo y el triángulo sobre la cabeza: “El Dios Cebrián”.

Por su parte el Sr. Anson recurría a su habitual ironía publicando un recuadro en el que se decía “Juan Luis Cebrián realiza una positiva actitud contra la libertad de expresión al servicio de los intereses del Gobierno. En la dirección del periódico oficioso se espera con impaciencia un telegrama de adhesión del dictador Fidel Castro”.

01 Febrero 1985

EL DIARIO GUBERNAMENTAL MIENTE

Editorial (Directo: Luis María Anson)

ABC tiene el deber de denunciar ante los lectores la insólita información publicada ayer por el diario gubernamental sobre la situación económica de la Prensa en España.

Desde hace algunos meses el nerviosismo domina a los dirigentes del periódico. La reciente encuesta que relegaba al diario oficioso, tanto en influencia como en número de lectores, a un segundo lugar por detrás de ABC, está sin duda en el fondo de la  pérdida de nervios demostrada ayer por nuestro colega, que dio un espectáculo de nuevo rico, un espectáculo de petulancia sin precedentes en el mundo profesional. La actitud de los trabajadores de la SER, que han puesto al descubierto una maniobra de capitalismo duro por parte de un periódico que presume de progresista, ha contribuido también la crispación demostrada ayer.

Además el diario gubernamental miente. Cuando afirma que la deuda de Prensa Española (sociedad editora de ABC, ediciones de Madrid y Sevilla) con la Seguridad Social es de 231.000.000 de pesetas, el diario gubernamental miente. Esa deuda es de 43.159.690 pesetas, cuyo pago está previsto por moratoria legalmente acordada en los próximos cuatro meses. Cuando afirma que la deuda de Prensa Española con Hacienda es de 242.417.413 pesetas, el diario gubernamental miente. Es de 169.560.413 pesetas, de las cuales 46.281.602 no son actualmente exigibles y serán satisfechas dentro de plazo. Las filtraciones a las que tan adicto es ese periódico juegan a veces malas pasadas. Es cierto que, con fecha 30 de noviembre de 1984, Prensa Española hizo una declaración preceptiva de deuda por un montante de 242.417.413 pesetas. (La filtración de ese documento al diario gubernamental puede ser, por cierto, constitutiva de delito). Posteriormente – y eso no se ha filtrado – con fecha 10 de enero de 1985, se dejó constancia ante la Hacienda Pública de nuestra comunicación para que la cantidad de 72.857.000 pesetas que no correspondía en concepto de ayuda a la Prensa se aplicara, de acuerdo con la ley, a satisfacer la deuda.

Ante el evidente propósito del diario gubernamental de erosionar la imagen de ABC con cifras falsas, se han cursado instrucciones en la mañana de ayer a la asesoría jurídica de Prensa Española para que proceda ante los Tribunales de Justicia contra el medio difusor de la falsedad.

No hace falta expresar al lector las dificultades por las que atraviesa una empresa con tantos años de compromisos laborales como es la nuestra, aunque por fortuna la crecida de ABC en difusión y publicidad haya sido espectacular en los últimos ejercicios. Nuestra sociedad editorial, respetuosa incluso con leyes que combatió en defensa de la libre empresa, ha asumido una abrumadora carga de presiones, jubilaciones y exceso de personal. El diario gubernamental carece de esas cargas y, además, fundado hace sólo ocho años, ha recibido de diversos Gobiernos, para reconversión industrial, una cantidad muy superior a la que se concedió a ABC, que, con sus ochenta años de existencia, sí necesitaba la renovación de sus instalaciones.

Finalmente no podemos dejar de expresar nuestra tristeza cuando se producen acciones de la naturaleza que comentamos, porque en nuestra historia contemporánea, ni en lso peores tiempos de enfrentamiento civil, ni en los años de máxima adulación al poder, se había difundido en la Prensa de Madrid una ‘información’ de este jaez sobre la interioridad económica de las empresas periodísticas. Por el contrario, entre las sociedades que editan periódicos ha existido siempre, por grandes que fueran sus diferencias ideológicas, colaboración en materia empresarial; y ello porque a los lectores nada interesan estas cuestiones, sino la calidad e independencia del periódico que compran cada día. La información montada ayer por el diario oficial contra toda la Prensa crítica parecía un nuevo servicio al Gobierno y podría resumirse así: ‘Cesad en vuestras críticas porque si no tomaremos medidas económicas’.

A la bajeza con que ha actuado el diario gubernamental se ha unido, al menos en el caso de ABC, la mentira. Con no poco dolor, con no poca vergüenza ajena, escribimos estas líneas que nuestro periódico debía hoy, como aclaración y reflexión, a los lectores de ABC.

02 Febrero 1985

JUAN LUIS CEBRIÁN

Editorial (Director: Luis María Anson)

Juan Luis Cebrián, antiguo director de los Servicios Informativos en la televisión de Franco, recibirá, sin duda, incontables testimonios de adhesión desde diversos Ministerios por la ‘información’ publicada desde el diario gubernamental que ahora dirige, en la que delataba las dificultades económicas de los periódicos españoles. Se subrayará en muchos de esos testimonios la positiva actitud del señor Cebrián contra la libertad de expresión al servicio de los intereses del Gobierno. En la dirección del periódico oficioso se espera con impaciencia un telegrama de adhesión del dictador Fidel Castro.

03 Febrero 1985

EL PAÍS Y JUAN LUIS CEBRIÁN

Juan Tomás de Salas

EL PAÍS nos despertó hoy a cuchilladas. Logró que el Gobierno le filtrara ayer una relación más o menos atinada de deudas fiscales de sus competidores periodísticos, y con tal lanza envenenada en ristre arremetió contra todos nosotros, llamándonos ‘pobres y, por tanto, nada honrados’.

Que soberbia y qué cantidad de juego sucio. Malo será que muchas empresas periodísticas pasen apuros en una etapa que ha vivido profundos cambios tecnológicos y de mercado en nuestro sector, pero mucho peor es que uno, que parecía de los nuestros, convierta casi en delito y en vergüenza lo que no son más que dificultades, casi siempre pasajeras y, desde luego, no queridas.

Y peor aún que EL PAÍS haya actuado de portavoz y valido de la creciente paranoia del núcleo dirigente del Gobierno contra la prensa. Prestarse a ese juego es algo que hacía Emilio Romero desde PUEBLO cuando azuzaba a la dictadura contra el diario MADRID. Pero desde entonces nadie se había atrevido a aullar tan descaradamente desde un periódico, en nombre del Gobierno y contra la Prensa libre. (Se puede ser libre y pobre, no lo olvide el señor Cebrián; CAMBIO16 fue libre y pobre, DIARIO16 también).

Los hombres de EL PAÍS se desgañitan afirmando que es una infamia tildarles tantas veces de voceros de altas esferas del Gobierno. Pero lo malo es que lo son, desde hoy más que nunca, y no tanto porque les filtran las noticias como si del BOE se tratara, sino porque en esta campaña antiprensa han decidido vender su primogenitura por un canal de televisión, por el permiso de comprar acciones de la Cadena SER y controlarla, así, a medias con el Gobierno (permiso que se negó por el Gobierno a los Fontán, pero se otorgó de inmediato a EL PAÍS), o por ventajas insondables en lbros y folletos de todos conocidos. PAÍS, PAÍS, nos das a veces un poquito de vergüenza.

EL PAÍS gana dinero. ¿Por qué es un buen periódico? Seguro. ¿Gracias a Fraga, ministro de Arias y socio de EL PAÍS cuando le dieron el permiso antes que a nadie? Más seguro.

Lo único seguro es que EL PAÍS, los dos o tres hombres fundacionales de EL PAÍS aún quedan en las alturas de la casa- con la única excepción honesta y amiga de Javier Pradera – no pueden darle clases a nadie sin que en el limbo de la decencia y la honestidad, y hasta del sufrimiento, tiemblen también de vergüenza las flores y se estremezcan de pánico los bolsillos.

Juan Luis Cebrián, Juan Luis Cebrián, todos estamos dispuestos a olvidar y perdonarte, pero por favor no te (…) tu amistad con dictadores colorados en aviones privados te salva de las bajezas; las conocemos, las compartimos, las perdonamos, pero, por favor, no hagas de la astucia, la habilidad, la largueza de escrúpulos y la conciencia ecuatorial, regla de oro para esta España que queremos todos repleta de honestidad, de brillo y de grandeza. Chiquitos todos, y tú el primero.

Ya sé, ya sé, que a ellos – dos o tre – a ellos les gusta tu agresión contra nosotros. Sueñas con engañarles y burlarse a costa de nuestra honra y nuestra imagen. Y a lo mejor te dan tu TV privada, y dos medallas, y bula de fascero, y monopolio de libros y quioscos, y exclusiva de la noticia raradiada y amnistía por asesinar a Onega, y perdón por Miguel Ángel, tantas cosas. Hasta dos Ipi para ti solo, y la Aede de rodillas, aplaudirán los Crespos, rechinarán los Guerras, Ansón no existirá porque tú lo ordenaste, Gramma será el Washington Post si tú lo escribes, sin firma, en la página anónima de tu periódico; hay Gobierno socialista porque lo ordenaste tú y serán reelegidos mientras tú te creas que los eliges tú.

Todo eso está muy bien, pero al próximo loco de EL PAÍS que se crea que es DIOS y su Santa Madre España, le voy a dedicar tiempo bastante para que le sangres las cachas del alma y aprenda, con humillación, expiación, arrepentimiento y penitencia congrua, que aquí nadie está libre de culpa ni es más venerable porque gana más dinero. Las ideas, joven, no son porcentaje abismal de las subvenciones estatales que acumulas, como tampoco la dignidad se mide con tus millones de prestado. Son cosa modestas, sacrificio, un poco de dolor, camino recto, jamás juego de influencias, la espalda enhiesta aunque te aplasten plano, pagar los impuestos tan pronto como se pueda, pero, eso sí, antes la nómina o cerramos la barraca. Y con Pinochet no jugar nunca, pero nunca, ni con libros, ni con silbos, ni con silencios. Nunca.

Podría seguir escribiendo medio DIARIO. Alguien me tocó una veta antigua que yo creí dormida desde la muerte del Gran Hermano. Podemos aguantar multitud de cosas, pero aviso al próximo loco, tahúr, coleccionista de Mercedes blindados, encubridor de asesinatos aplaudidos, tramposo de la Banca o la notaría, que se le ocurra acusarnos de bajeza porque él gana hoy más dinero o manda más; al qu lo haga pienso dedicarle tiempo bastante para ponerle colorado y de rodillas en todo los libros de historia que no editará él de ahora en adelante, ni le mentarán siquiera, por decoro.

Tranquilos, me enfadé.

Juan Tomás de Salas

10 Febrero 1985

JESÚS DEL GRAN PODER

Juan Tomás de Salas

Parece que la cuchillada de Juan Luis Cebrián contra la Prensa la semana pasada ha traído rechinares y molestias en el seno de EL PAÍS. No todo el mundo de esa casa está de acuerdo con la estrategia de hacerle el juego a la paranoia gubernamental contra la Prensa. Me alegro.

Parece que la rabieta puñalona de EL PAÍS se debió a informaciones de Prensa no aplaudían, sólo relataban, la toma de la SER por Jesús Polanco, o Jesús del Gran Poder, como le llaman merecidamente ahora. Pero basta preguntar un poco para poder afirmar, sin ningún género de dudas, que la ocupación de la SER la realizó Polanco con la connivencia activa de muy altas esferas del Gobierno.

Primero compró el paquete del 9 por 100 que fue del accionista Gómez Mira, con inmediato permiso gubernamental, permiso que se negó al grupo de accionistas que quiso comprarlo. Después se apoderó del 10 por 100 que pertenecía al Banco Urquijo, 10 por 100 que la familia Fontán trató en vano de comprar durante casi un año. Los Fontán no recibieron permiso del Gobierno, Polanco lo recibió en el acto.

Por cierto, otros grupos negociaron con el banco la compra de esas acciones sin lograrlo convenció a Alejandro Albert con suma habilidad o algún bálsamo de Fierabrás que todos imaginamos.

Como guinda divertida de este matrimonio entre EL PAÍS y las altas esferas del Gobierno, basta ésta: RADIO EL PAÍS pidió cambiar de frecuencia y, ahí la tienen, de inmediato colocada en el dial donde le dio la gana. Al contrario, nuestra Radio Minuto ha pedido cambiar de frecuencia para salvarnos del atropello oficial radiado desde el Piruli de la M-30 y nos han contestado que nos chinchemos. Eso se llama gobernar con rectitud: todo para Polanco.

EL punto clave de esta historia lunática que encabezó EL PAÍS la semana pasada se llama televisión privada. Fuentes fidedignas aseguran que la ley Polanco está hecha, artículo por artículo y lista para ser llevada al Parlamento. Por cierto, su autor parece ser Polanco. Ocurre sólo que las prisas y los excesos de soberbia han suspendido el plan por ahora. Esperemos que así siga. Más vale Calviño solitario que Calviño y Polanco solitos y al alimón. Nos harían salir corriendo del país a palo limpio. Y este país también es un poquito cosa nuestra, aunque el otro, el importante, EL PAÍS con mayúsculas, sea sólo cosa de ellos.

Las mismas fuentes aseguran que las negociaciones televisivas las llevó directamente Jesús Polanco, y obtuvo la profesa firme de la concesión con varias condiciones. En primer lugar, que no se notara mucho que la cadena era para Polanco, para enmascarar esta realidad había que comprar la SER y, luego, constituir una sociedad mayestática, con miles de millones de pesetas de capital, en la que estuvieran representados varios grupos de Prensa – ni el ABC, ni el YA, ni EUROPA PRESS, por supuesto – y en la que Jesús Polanco dispusiera sólo del 40 por 100 del capital directamente a través de la SER y EL PAÍS. Los demás íbamos de oyentes y paganos (por cierto, ¿de dónde íbamos a sacar los miles de millones si, según afirma EL PAÍS somos una cuadrilla de pobres y, por lo tanto, abyectos?). Con el 40 por 100 de partida, algún amigo y alguna ampliación de capital oportuna, el control de la televisión privada prevista era para don Jesús Polanco.

La segunda condición puesta por las altas esferas gubernamentales se refería al contenido de la futura cadena privada. Debería quedar claro lo siguiente: Ni la Familia Real ni la Segunda Familia podían ser objeto de la menor crítica. ¿Cuál es la Segunda Familia? Fuentes malintencionadas la definen como ‘la familia del pic-nic con tortilla’ refiriéndose a una fotografía tomada en Sevilla en los primeros años setenta en la que aparecen de excursión los líderes sevillanos que ahora nos gobiernan. Intocables.

¿Y al resto del Gobierno y del partido, qué? Al resto leña, que para algo son gente intercambiable. Luego habrí algunos ‘temas de Estad’ que en su momento, y según las circunstancias, se dirían.

¿Esta estrategia no le recuerda, como una gota de agua, a la que sigue EL PAÍS desde hace años, desde que Anson – que hace casi lo mismo – les llama ‘diario gubernamental’? La Segunda Familia en los altares, y a Barrionuevo que lo salve la Santa Madre Iglesia de la manta de palos que le atiza EL PAÍS cada dos por tres. O Carlos Romero o Fernando Morán o tantos otros, intercambiables.

Que error el nuestro, hicimos lo contrario, aplaudir políticos y responsables ministeriales que nos parecían actuar bien, y no canonizamos a la Segunda Familia. Así nos va.

Yo creo que el tema televisión privada se merece una nueva lectura en las alturas. Alutras que deben también reflexionar sobre la necesidad de poner fin de plano al vacio de irritaciones, paranoias, zancadillas y trapisondas, que se está abriendo a marchas forzadas entre la Prensa y ellos mismos. Me parece muy fácil establecer unas reglas de juego que a todos satisfagan en ese partido siempre tenso que debemos jugar Prensa y Gobierno. Lo que no vale es secuestrar al árbitro, cambiar de sitio la portería o jugar cada equipo con balón independiente. Y conste que no digo que estemos libres de culpa, lo que digo es que el partido hay que seguir jugándolo respetando ambos las reglas. En este juego, aplastar a palos al contrario es derrotarme a mí mismo.

Voulez vous jouer avec nous?

Juan Tomás de Salas

18 Febrero 1985

SOBERBIA

Juan Tomás de Salas

Una de las instituciones más prestigiosas de la transición española, el diario EL PAÍS, ha cometido pecado de soberbia. A poco de adquirir el paquete mayoritario de la principal cadena española de radio, la Cadena SER, con el apoyo descarado del Gobierno, y convencido de que el mismo Gobierno a punto está de entregarle la televisión privada inminente, EL PAÍS lanzó un brutal ataque contra sus competidores de la prensa. Sólo la soberbia desatada puede explicar una conducta así.

¿Por qué estalló la soberbia? Eso mismo tratamos de indagar en este número en el que relatamos con detalle el nacimiento, el triunfo y el ascenso a los altares de ese gran diario que se llama EL PAÍS y de sus principales protagonistas, el director, Juan Luis Cebrián, y el editor, Jesús Polanco. La lectura detallada de nuestra información, esperemos dé algunas claves para entender este fenómeno sin par de dos o tres personas que creen mandar omnímodamente en el Gobierno y el país, desde EL PAÍS.

Razones hay para dejarse cegar estilo Luzbel, dado el éxito sin precedentes de la institución que encabezan. Pero nadie, ni el diablo, ni EL PAÍS puede salvarse de la podredumbre moral que traería consigo la soberbia. Si así fuera, me temo que el cenit lo habría alcanzado hace unas semanas, y aún temo más que el servilismo del Gobierno que ha puesto la televisión del Estado a su servicio incremente su sensación de divinidad en papel impreso. Lo malo es que entonces aflorarán sus vicios como cactus morados del infierno. Son cosas de la vida.

Este número dará unas claves. Pero el tema no se agota, seguiremos tratando de desentrañar tan particular fenómeno. Y seguiremos, no por gusto, sino porque parece irresistible esa ascensión al limbo del superpoder y la soberbia de esos dos o tres hombres que gobiernan y utilizan EL PAÍS. Con la SER y la televisión privada, concentrarán tal magnitud de poder, que España puede volverse el ‘primer país a un diario pegado’. El primer país apéndice de un diario.

Juan Luis Cebrián, su director, es en gran parte la clave de esta historia que alcanza el apogeo el Gobierno socialista y EL PAÍS. La tentación de poseer el mundo puede ser demasiado fuerte para este periodista excelente, que aprendió su oficio en la Prensa del Movimiento, estudió la libertad en el INFORMACIONES bancario y alcanzó el doctorado al convencer a don Manuel Fraga, de que él podría dirigir su diario mejor y más lealmente que nadie.

¿Cómo este hombre joven, astuto, ambicioso y brillante, ha sido capaz de convertirse en el Luzbel del paraíso socialista? Es una bella historia, turbia, tensa y audaz, sobre cómo un hombre tan sorprendentemente ubicuo y flexible es capaz de enamorar a la izquierda en apariencia más ideologizada de Europa.

Juan Tomás de Salas

El Análisis

EL DIARIO GUBERNAMENTAL

JF Lamata

La información de EL PAÍS era un sablazo en toda regla. ¿Cuántos lectores de ABC, tan antisocialistas, ellos, sabían que su periódico recurría a créditos del ‘odiado’ gobierno socialista (aunque el golpe de efecto pierde fuerza si, como sentenciaria un tribunal posteriormente la cifra de la dueda no era del todo exacta).

ABC llevaba tres años repitiendo hasta la saciedad que EL PAÍS era ‘el diario gubernamental’, presentándolo como un periódico ‘al servicio del PSOE’. La afirmación parecía exagerada, más aún si se tiene en cuenta que los apoyos del ABC a las políticas de la derecha eran más frecuentes que los de EL PAÍS a las políticas del Gobierno. Pero el origen de la información que EL PAÍS relataba aquel 31.01.1983 sobre las deudas de la prensa, sólo podía habérselas filtrado el Gobierno socialista que tenía motivos para estar molesto con ABC.

Por  tanto, parece exagerado presentar a EL PAÍS como ‘diario gubernamental’, pero aquel día, desde luego, exhibió una información gubernamental.

J. F. Lamata

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