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Acusan a Enric Hernández, director de El Periódico, de estar en campaña contra los mossos para hacer daño al independentismo

EL PERIÓDICO de Catalunya desvela que la Generalitat y los Mossos estaban avisados de la posibilidad de un atentado en Las Ramblas

HECHOS

El 31.07.2017 el diario EL PERIÓDICO de Catalunya informó de que Las Ramblas habían sido avisadas de un posible atentado terrorista.

Después de los atentados del 17 de agosto el diario El Periódico de Catalunya dirigido por Enric Hernández Llorente publica una información el mismo día de la matanza firmada por D. Luis Mauri que asegura que la CIA había avisado hace dos meses a la Generalitat de que había riesgo de atentado terrorista en Barcelona.

El día 18, día siguiente a los atentados El Periódico en su edición impresa publica un amplio reportaje en el que señala que la CIA previno expresamente a los Mossos de que podía producirse un atentado terrorista en Barcelona.

El 20 de agosto el presidente de la Generalitat D. Carles Puigdemont Casamajo es entrevistado en La Sexta de Atresmedia a Dña. Ana Pastor García en la que desmiente la información: “Evidentemente esto no ha ocurrido. Las policías se relacionan con otras policías, no con los servicios de inteligencia”.

El 22 de agosto D. Joaquim Forn, consejero de interior de la Generalitat es entrevistado en RAC1 donde también desmiente lo dicho: “Ya nos gustaría tener relación con la CIA. Desgraciadamente eso no se ha producido”.

 El 28 de agosto de 2017 El mayor D. Josep Lluís Trapero, máximo responsable de los Mossos es entrevistado en Catalunya Radio por Dña. Mònica Terribas. A la pregunta si es mentira lo publicado por El Periódico el Sr. Trapero responde “Sí. Los servicios de inteligencia se relacionan con servicios de inteligencia, no con cuerpos policiales”. Además ataca a El Periódico: «Unos echan flores a los mossos y otros echan mierda».

El día 31 de agosto de 2017 El Periódico de Catalunya reitera la información asegurando que la CIA alertó a los Mossos de que el atentado se podía realizar específicamente en la Rambla. D. Enric Hernández Llorente, además, publica una ‘reconstrucción’ de la presunta nota de la CIA fechada el 25 de mayo de 2017.

Ese mismo 31 de agosto de 2017 D. Joaquim Forn y D. Josep Lluís Trapero convocan una rueda de prensa conjunta para denunciar una campaña de desprestigio a los Mossos por parte de El Periódico, pero, eso sí, tienen que reconocer que a finales de mayo si que recibieron una alerta de Estados Unidos sobre un posible atentado en La Rambla, y que no la juzgaron creíble. El Sr. Trapero lamenta que en la rueda de prensa no estén los Sres. Hernández Llorente y Mauri de los que repite su acusación de ‘echar mierda’ contra los Mossos y les reta a que lo hagan en su cara.

Medios como La Vanguardia el 1 de septiembre (artículos de de D. Márius Carol Pañella y Dña. Pilar Rahola Martínez) o el digital El Nacional.cat (D. Bernat Dedeu y D. Iu Forn) publican artículos contra El Periódico, como también lo hace el digital OkDiario de D. Eduardo Inda Arriaga. En cambio el periódico El País de D. Antonio Caño Barranco y La Sexta de Atresmedia apoyan editorialmente la labor periodística de El Periódico.

A pesar de que los Sres. Trapero y Forn había negado que tuvieran relación con la CIA, el Sr. Trapero había mandado hasta a tres directivos de los Mossos el 12 de junio a Estados Unidos a entrevistarse con la inteligencia norteamericana.

31 Agosto 2017

Lo que hay que aclarar después de las mentiras

Luis Mauri

Qué barata sale la mentira política en este país. En el Reino Unido, un ministro dimite por haber fingido que el coche familiar lo conducía su esposa en lugar de él al ser cazado por un radar cuando circulaba con exceso de velocidad. No solo dimite, además acaba yendo a prisión. En Alemania, una miembro del Gobierno cesa al descubrirse que había plagiado su tesis doctoral. No solo cesa, también es desposeída de su título de doctora universitaria.

Aquí, las cosas no van así. En la Europa meridional, de matriz cultural católica, no se penaliza política ni socialmente la mentira como en los países del centro y el norte del continente, de raíz protestante.

No es un defecto exclusivo de los políticos tramposos que escurren el bulto pese a los escándalos de corrupción que los cubren de lodo. En el fondo, si logran seguir aferrados al cargo pese a que sus falsedades hayan quedado al descubierto es porque la sociedad lo tolera.

En este país, los ceses políticos derivados de un engaño son una excepcional excepción. Precisamente, hay un precedente en la dirección política de los Mossos d’Esquadra. Manel Prat hubo de dimitir como director general de la policía catalana después de haber negado por activa y por pasiva que ninguno de sus agentes hubiera dejado tuerta de manera totalmente gratuita a la ciudadana Ester Quintana. Prat se resistió lo suyo a dejar el cargo: antes hizo falta que un grupo de mossos mataran a golpes en la calle a otro ciudadano, Juan Andrés Benítez. Es decir, que en buena ley seguramente tampoco fue relevado por haber mentido, sino por la acumulación de escándalos policiales bajo su mandato y por la falta de sintonía política con el ‘conseller’ de Interior del momento.

Tres años después del cese de Prat, los Mossos, pese a haber realizado una brillante y celebrada gestión informativa del atentado yihadista de la Rambla, han vuelto a mentir a la ciudadanía. Para ser rigurosos, no solo los Mossos, por boca de su ‘major’, Josep Lluís Trapero, han engañado a la opinión pública al negar que hubieran recibido aviso alguno de la CIA sobre la posibilidad de que terroristas islamistas estuvieran preparando este verano un atentado en la Rambla de Barcelona. Antes que Trapero, habían hecho lo propio el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su ‘conseller’ de Interior, Joaquim Forn. La cadena de mando al completo faltando a la verdad. Forn Trapero no se conformaron con eso. El primero acusó además a los periodistas de «ensuciar el trabajo de los Mossos» y el segundo les culpó literalmente de «echar mierda» sobre la policía catalana. Edificante, realmente edificante, institucionalmente edificante.

Ahora, con la nota de la CIA sobre la mesa, el Gobierno catalán y su policía deben explicar por qué han mentido reiteradamente sobre la información de EL PERIÓDICO. Por qué han denigrado el trabajo de los periodistas. Pero, sobre todas las cosas, el Gobierno catalán y su policía deben aclarar a la sociedad qué medidas de protección de la población adoptaron después de tener conocimiento de la amenaza.

01 Septiembre 2017

Con la seguridad no se hace política

Marius Carol

En la película El club de la lucha, Brad Pitt interpreta a un vendedor de jabones que se pregunta para qué sirve la salida de emergencias de un avión a 10.000 metros de altura. Y él mismo se responde: “Es la ilusión de la seguridad”. Nos ha tocado vivir tiempos en que la seguridad es una quimera, hasta el punto de que nos hemos acostumbrado a convivir con el riesgo. No existen los lugares sin peligro, así que cualquier fanático con una bomba, un cuchillo o simplemente una furgoneta puede causar el terror en el más bucólico de los escenarios, ya sea lo alto de un moderno rascacielos, un paseo junto al mar o un bullicioso bulevar del centro. Sin embargo, hemos de exigir que las autoridades extremen el celo en protegernos, que la policía esté atenta a los pequeños detalles y que los gobernantes no utilicen la seguridad para hacer política.

No deja de ser sorprendente que en el momento en que los ciudadanos de Catalunya se sentían más orgullosos de los Mossos haya emergido una polémica en la que parece que se cuestiona no tanto el resultado de la resolución del atentado, sino su capacidad de prever la acción criminal. Una presunta nota de la CIA dirigida a la policía catalana fue portada de EL PERIÓDICO.

De acuerdo con esta información, los Mossos recibieron el 25 de mayo un aviso de los servicios de inteligencia de Estados Unidos que advertía de un posible atentado en la Rambla. La nota, que la policía catalana asegura que nunca recibió, habla de “una información no corroborada de veracidad desconocida”. Fuentes de la lucha terrorista se reafirmaron en su conocimiento por parte de los Mossos. Todo pareció un episodio más de esta tensión creciente entre Barcelona y Madrid. Pero alguien debería recordar que el yihadista de la Rambla no pensaba atropellar a nadie en este paseo, sino poner tres furgonetas bomba por la ciudad. La explosión del chalet de Alcanar le hizo cambiar de planes y esto no lo tenía previsto ni la CIA.

01 Septiembre 2017

Operación desprestigio

Pilar Rahola

Hicieron demasiado bien su trabajo. A pesar de que la tragedia nos había helado el corazón, la sociedad elevaba el grito de la vida, y nuestra policía, esos Mossos tan a menudo vilipen­diados, hacían demasiado bien su trabajo. Durante una semana, que debió de parecer una eternidad en los aledaños del poder central, ese que se alimenta del orgullo sobreactuado, el Estado no existió en Catalunya, porque el otro ­Estado, el que aspira a serlo, demostró arrojo y eficacia. Y cuando la eficacia se marida con la seguridad, en tiempos del miedo y la incertidumbre, se reviste de prestigio.

Los Mossos, pues, hicieron bien, demasiado bien, su trabajo, y en pocos días se detectó a toda la célula, se neutralizó el peligro y se cerraron los flecos po­liciales de la tragedia, con una rapidez insólita en un atentado de esa natura­leza. Y así, ese sonsonete cavernario de un Govern inepto, incapaz de resolver los problemas ciudadanos, se quebró de golpe, porque el aplauso fue general. Catalunya era capaz de gestionar con categoría una crisis con decenas de víctimas, y la mirada internacional lo elevaba a noticia de titular. Hicieron tan bien su trabajo, que lo hicieron de­masiado bien, y el adverbio hizo arder Troya.

Había que reaccionar. El 1-O está a las puertas, la Diada se atisba masiva y aunque el ruido usa palabras gruesas, nadie sabe cómo parar la marabunta catalana. La determinación de votar está intacta, arrecian las voluntades, casi a punto la logística, y sólo parece posible pararlo a las bravas. Pero ¿quién quiere la imagen de un Estado enviando a la policía a perseguir urnas? O, también nefasto, ¿quién está dispuesto a forzar la legalidad hasta el punto de ilegalizar al Govern? Sólo faltaba que los Mossos hicieran demasiado bien su trabajo.

Y así empezó el ruido. Primero fue un susurro…, sí, bien, pero la Guardia Civil no está contenta, lo de Alcanar fue una chapuza, había que poner bolardos, prever mejor… Era cierto: Barcelona estaba en la diana, tanto, que yo misma he escrito artículos afirmándolo, en este espacio. Era cierto: salíamos en los papeles yihadistas. Era cierto: los servicios de inteligencia internacionales observaban de cerca. Y porque todo era cierto, estábamos en alerta 4 y ya se había conseguido frustrar posibles atentados. ¿Y si hubiéramos blindado la Rambla? Habrían atacado en el paseo de Gràcia. Y, además, ni ellos habían previsto ese lugar para el atentado. Pero era igual, porque el ruido había empezado y ­arreciaba en micrófonos, en papeles, en declaraciones. Y no se trataba de ­informar mejor, sino de embarullar, contaminar, crear un atisbo de duda. Lo de los buenos abogados con los jurados populares. Es decir, se trataba de en­suciar el buen nombre que los Mossos habían conseguido, inesperadamente, porque habían hecho demasiado bien su trabajo. Nada, dicen que hacen ­periodismo. Pravda también lo ase­guraba.

01 Septiembre 2017

El fin no justifica los medios

OKDIARIO (Director: Eduardo Inda)

Enric Hernández se ha pasado de frenada en su intento de reanimar a un muerto viviente del periodismo como es EL PERIÓDICO. Los lectores vienen como resultado al trabajo duro y los temas propios, no de las mentiras. Pensar que inventando un documento falso iba a situarse en el candelero periodístico es tomar por tonta a la audiencia y, lo que es peor, frivolizar con un asunto tan serio como los atentados de Barcelona y Cambrils. Una tragedia que ha dejado por ahora 16 muertos y más de un centenar de heridos, por no hablar del estado de conmoción en el que ha quedado Cataluña y, por extensión, toda España. El propio portal Wikileaks, experto en filtrar documentos secretos, le ha enmendado la plana a Hernández tras la publicación de este supuesto confidencial de la CIA, donde han detectado numerosos errores. Ni siquiera han sido rigurosos a la hora de vender la falacia. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), no se comunica directamente con los Mossos, sino que lo hace con el CNI y, en este caso particular, también el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).

Por muy cierta que fuera la información, no se puede manipular un documento y venderlo como una nota oficial porque, además de no tener valor periodístico alguno, elimina para siempre la credibilidad de una publicación que, por otra parte, ya estaba herida de muerte. Hernández ha hecho rizas con su comportamiento los códigos elementales de la profesión. El texto inventado, además, estaba repleto de faltas de ortografía, demostrando así que quien lo hubiera escrito tenía un nivel de inglés muy por debajo del exigible a un nativo. Por poner algunos ejemplos en el texto aparece Irak y no Iraq, que es como se escribe correctamente en inglés. También utiliza el acrónimo ISIS (Estado Islámico), término propio del entorno periodístico en lugar de ISIL que es como lo nombran desde los servicios de inteligencia. Tampoco está bien enunciada la fecha de notificación y el lenguaje del escrito, en general, es de un coloquialismo impropio de un texo oficial… En definitiva, un despropósito que carece de justificación alguna.

02 Septiembre 2017

Periodismo frente a la propaganda

Enric Hernández

Ante lo visto, oído y leído estos días en algunos medios de comunicación, resulta inevitable rescatar la certera sentencia de George Orwell: «Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique; lo demás son relaciones públicas». Es decir, propaganda.

Desde el jueves, cuando EL PERIÓDICO difundió la fecha y el texto del aviso de la CIA sobre un posible ataque terrorista en la Rambla, Catalunya ha dedicado muchas horas de radio y televisión -tinta, más bien poca- no a aclarar la actuación previa al atentado de todas las fuerzas de seguridad del Estado, incluidos los Mossos d’Esquadra, sino a someter a un juicio sumarísimo a este diario para desacreditar la información que había desvelado. Propaganda oficial disfrazada de lecciones de periodismo.

Conviene recordar que la función democrática de la prensa es arrojar luz sobre la verdad y fiscalizar al poder. Y hoy, dos semanas después del ataque yihadista, la opinión pública conoce cinco datos que hasta ahora las autoridades españolas y catalanas habían mantenido ocultas:

1.- Que el 25 de mayo las fuerzas del Estado y los Mossos recibieron una alerta sobre un posible atentado de Estado Islámico en la Rambla este verano.

2.-Que lo evaluaron por separado y, conjuntamente, acordaron descartarlo por su escasa fiabilidad.

3.-Que la lucha antiterrorista española admite que esa información procedía de la CIA.

4.-Que los Mossos reconocen haber recibido exactamente la misma información que el Estado, y en idéntica fecha, pero sostienen que la suya no procedía de la CIA, sino de otras fuentes no especificadas.

5.-Que el 21 de agosto, cuatro días después del ataque, el mando antiterrorista de EEUU, que coordina entre otras agencias a la CIA, confirmó por escrito a España que el 25 de mayo envió la alerta a los Mossos.

Boicots y amenazas

Estos son los hechos, sin insinuaciones ni juicios de valor. Y la responsabilidad social del periodismo era ponerlos en conocimiento de la opinión pública. Sin reparar en las consecuencias políticas. Molestase más o menos a políticos o uniformados. Pese a las campañas de descrédito, los intentos de boicot e, incluso, las amenazas.

01 Septiembre 2017

Ataque a la libertad

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

Confunden la Generalitat y la dirección de los Mossos los papeles que desempeñan las fuerzas de seguridad y la prensa en la sociedad. El de los cuerpos policiales es claro y lo recordó ayer el jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero: la seguridad de los ciudadanos. El de los periodistas, debería saber, es arrojar luz sobre las zonas oscuras en asuntos de relevancia pública como los atentados del 17 de agosto. Aunque incomode, aunque moleste o aunque contradiga las informaciones oficiales en las que los ciudadanos tienen el derecho de poder confiar con máxima credibilidad.

Reconocer —como han hecho el conseller de Interior y el propio Trapero— que a finales de mayo sí recibieron una alerta de un posible atentado en la Rambla, aunque de fuentes distintas de la CIA o el Centro Nacional de Contraterrorismo de EE UU, aporta una información nueva y relevante al puzzle que aún está pendiente de completarse. Cuando EL PERIÓDICO de Catalunya publicó esta afirmación el propio día del atentado, Puigdemont, el conseller del Interior y Trapero la negaron con toda contundencia. Repasar ahora sus declaraciones de esos días permite llegar a la conclusión de que tergiversaron o mintieron. El president aseguró que “la policía se relaciona con otros cuerpos policiales y no existe una relación directa entre agencias de inteligencia y los Mossos”. El conseller aprovechó el desmentido para cargar contra la estrechez de competencias: “Desgraciadamente, como no somos Estado, no podemos tener relación con los servicios de inteligencia de otros países. Estaríamos encantados”. Y Trapero abundó en la valoración, sobrepasando con mucho sus competencias exclusivamente policiales: “Si ya tenemos problemas en el ámbito internacional para relacionarnos porque no es la competencia que nos reconoce el Estado, todavía menos relaciones con servicios de inteligencia”. Tal vez deberían comprender que hubiéramos entendido el silencio, pero nunca la mentira.

Ayer, después de que EL PERIÓDICO se reafirmara y aportara la textualidad de la alerta, el Govern no tuvo más remedio que reconocer que esta sí había existido, aunque procedente de otras fuentes, y que no la juzgaron creíble. Lo que Trapero calificó de mentira no era tal.

Pero no es el posible fallo policial lo que ahora está en cuestión, y que deberá dirimirse en un futuro próximo en una investigación de amplio espectro que abarque a todas las fuerzas de seguridad implicadas, sino la embestida de las autoridades catalanas contra la libertad de expresión y contra quienes les lleven la contraria, a los que atribuye una falaz campaña de desprestigio contra los Mossos. Trapero llegó a acusar personalmente al director de EL PERIÓDICO de que “su prioridad es desprestigiar a los Mossos y dar una exclusiva”. El viejo recurso de cargar contra el mensajero funciona de nuevo. Es el mismo método que utilizaron cuando EL PAÍS reveló los contactos entre la policía de Bélgica y los Mossos sobre el imán de Ripoll.

La Generalitat y la autoridad policial se revuelven contra los medios para tapar sus propios errores, en una huida hacia adelante que no repara en los daños que causan a sus instituciones y a la sociedad civil. Sin percatarse de que lo que desprestigia a los Mossos no es la información periodística, sino negarse a rendir cuentas como si un cuerpo policial democrático estuviera por encima de la obligación de responder a las legítimas preguntas de la sociedad. En este periódico no tuvimos dudas en elogiar a los Mossos cuando, en los primeros días, su actuación nos pareció diligente. Tampoco tenemos dudas ahora de la necesidad de investigar a fondo su trabajo y el de otros cuerpos policiales —preferentemente mediante una comisión parlamentaria de investigación— ante los múltiples y graves errores detectados desde entonces.

El atentado se está convirtiendo en nuevo campo de batalla como lo fue el del 11-M

Comparar esa investigación con un intento de desprestigio es uno más de los síntomas de autoritarismo de los que está haciendo gala la Generalitat.

Tanto el conseller Forn como Trapero repitieron una y otra vez que la alerta fue desestimada “por el Estado”, arrojando a Madrid la responsabilidad y el reconocimiento que tanto les cuesta contemplar cuando se trata de gestionar los logros.

España tuvo la desgracia de contemplar cómo el peor atentado de su historia, el 11-M, se convirtió en campo de batalla político. Conjurar ese peligro debería ser una urgencia ineludible y una responsabilidad de primer orden que no se vislumbra, sin embargo, en la actuación de la Generalitat. El peor atentado desde entonces, el cometido el 17 de agosto, comienza ya a convertirse en nuevo campo de batalla para librar esta vez la guerra de los independentistas contra todos los demás. La lección, por desgracia, no fue aprendida. Muchas instituciones y medios han elogiado a los Mossos en un determinado momento. Ahora el Govern debe comprender que sus aciertos en algunas circunstancias no les eximen en ningún caso de rendir cuentas en los capítulos en los que parece claro que se ha obrado mal. Y este lo es.

01 Septiembre 2017

Enric Hernàndez, el Eduardo Inda catalán

Iu Forn

La primera parte de la Operación Catalunya consistió en: 1/ falsificar en unos casos y fabricar en otros documentos para poder acusar de corrupción a varios políticos catalanes y 2/ conseguir publicar estas falsificaciones en medios «amigos» de Madrit (concepto) usando periodistas que formaban parte de la trama.

La segunda parte de la Operación Catalunya ha consistido en 1/ desacreditar a los Mossos d’Esquadra y a la Generalitat acusándolos de saber que sucedería el atentado y no haberlo evitado porque estaban demasiado ocupados con la independencia y 2/ hacer circular el contenido elaborado por la trama a través de un medio catalán para que tuviera más impacto y fuera más creíble.

En el primer caso, la cara periodística visible fue Eduardo Inda. Ahora lo ha sido Enric Hernàndez, director de El Periódico. Sobre su participación en la trama, nada que decir, porque todo el mundo es muy libre de hacer lo que crea conveniente con su reputación y todo el mundo sabe los motivos por los cuales hace las cosas.

En los dos casos la táctica ha sido la misma: a partir de noticias falsas, los acusados tienen que defenderse, siempre yendo un paso atrás y por lo tanto sin poder dominar los tempos. Y cuando han conseguido demostrar la verdad, da igual porque es imposible borrar la mierda extendida sobre ellos. Ya lo dice la famosa frase: difama, que algo queda. Y, sobre todo, difama porque siempre hay gente dispuesta a creerse las mentiras que confirman lo que ya pensaban anteriormente. Es el gran ejemplo de la posverdad, la mentira de toda la vida, pero más sofisticada y con unos altavoces mucho más amplios.

Analizemos, pues, todas las mentiras de la Operación Catalunya 2 y que forman parte de la guerra sucia contra el gobierno catalán:

– En el primer supuesto documento de la CIA avisando de que habría un atentado en la Rambla ya se dice que era «información no comprobada de veracidad desconocida». O sea, suponiendo que aquel documento fuera cierto y real, el propio contenido decía que aquello no tenía ninguna credibilidad. ¡Un gran inicio!

– Este primer documento de la CIA se demostró falso. Fue falsificada la presunta prueba que debía demostrar toda la teoría de la conspiración. Y fue falsificada de una manera tan vulgar que deja para la historia perlas como «off the nota» y «to the Mossos«.

– Se nos dice que esta nota falsa fue enviada a «The Mossos» y a la CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado). El CITCO depende directamente del Secretario de Estado de Seguridad y lo dirige José Luís Olivera, unos de los máximos responsables de la Operación Catalunya 1 y famoso por haber presionado fiscales para que investigaran pretendidas tramas corruptas. Pues bien, las sospechas de dejadez sólo van hacia «The Mossos» y hacia la Generalitat y quien comparecen son el conseller y el jefe de los Mossos. ¿Al ministro español responsable del CITCO no se le piden responsabilidades ni tiene nada que decir? ¿Ni a los responsables de la Policía Nacional y la Guardia Civil? ¿Por qué ellos tampoco hicieron caso de este aviso tan probable y nadie les exige explicaciones?

– El aviso que empezó siendo de la CIA, después resultó haber sido hecho por una especie de organismo que agrupa varias agencias y ha acabado siendo un aviso de los «Estados Unidos», así en general.

– Julian Assange, poco sospechoso de connivencia con la CIA, apareció diciendo que todo lo que decía Enric Hernàndez era mentira.

– El segundo documento, el publicado este viernes es este:

Como aquí no se ve muy bien, mirémonoslo ampliado y comentemos tres cositas:

Si vuelve a la captura con la noticia de El Periódico comprobará que el titular dice que «es la nota original». Es mentira. No puede ser la nota original porque la fecha del documento (marcada en rojo) es de cuatro días después de la fecha del atentado. Eso demuestra que en ningún caso puede ser el original porque en todo momento se nos dice que el aviso de los EE.UU. fue hecho dos meses antes. Si el aviso fue hecho hace dos meses, la fecha de la nota original no puede ser de cuatro días después de los atentados. Por otra parte, en el texto (marcado en negro) que está en el original inglés, se dice: «A continuación se muestra el texto de la nota que nuestro servicio envió a ‘the Mossos‘ el 25 de mayo del 2017″, olvidando – casualmente- que siempre se nos ha dicho que también fue enviado al CITCO. ¿Si fue enviado al CITCO, por qué en una aclaración creada posteriormente de olvida este detalle?

– Enric Hernàndez publica una hora después del atentado de la Rambla este famoso tuit:

Enric Hernández

Un tuit al cual, por cierto, después le ha cambiado la foto y ha optado por una menos sangrante, como se puede comprobar en esta captura más reciente:

Pues eso, que publica el tuit, y el documento que justificaría su afirmación, como ha quedado demostrado, ¿no lo tiene hasta cuatro (CUATRO) días después de haber afirmado lo que dice él que dice este documento? ¿Si este documento existía desde hacía dos meses (que es lo que él afirma en el tuit), por qué no lo tuvo entonces? ¿Y, como no lo tiene, lo pide a posteriori? Y entonces, ¿lo que no existía dos meses después, ahora sí que existe? ¿Pero, a ver, qué credibilidad tiene esto?

Ahora bien, estas verdades ya no pueden combatir la campaña de intoxicación y de mentiras, como lo demuestran las portadas de la prensa de Madrit de este viernes:

El objetivo ha sido alcanzado y, como pasó con la primera Operación Catalunya, se ha creado una realidad paralela a la que se agarran los interesados en presentarnos como un grupo de corruptos que ahora, además, hemos permitido el asesinato de 16 personas porque estamos obsesionados con la independencia. ¿Cómo queremos ser independientes si somos incapaces de gestionar un clarísimo aviso de atentado? Este tuit del diputado del PP por Zaragoza, Eloy Suárez Lamata (aunque después rectificado), es un buen ejemplo del clima que se ha conseguido crear:

¡Felicidades, Enric! ¡Misión cumplida!

03 Septiembre 2017

La Catalunya de Enric Hernàndez

Bernat Dedéu

A Enric Hernàndez se le tiene que reconocer una virtud no siempre habitual en los directores de diario de la tribu: el capataz de El Periódico publica editoriales y artículos de opinión que tienen influencia política contrastable y consigue, a menudo con muy buen olfato, superar el ámbito lector de los clientes que le compran el panfleto. Recordaréis a buen seguro uno de estos casos, con el título «No nos señaléis» y publicado el 30 de julio del 2015, un artículo en que el periodista se disfrazaba de recluido en Birkenau y reclamaba la no criminalización de todos los catalanes que viven en la sectorial de la Tercera Vía: «No nos apuntéis mientras vagamos en tierra de nadie —escribía Hernàndez— perdidos en este campo de batalla que tan laboriosamente habéis minado. Eso sí, cuando el fragor de añagazas y amenazas haya cesado, cuando la munición electoralista se agote y llegue la hora de reconstruir cuanto habéis destruido, entonces sí podréis contar con nosotros. Ahí estaremos, sin señalar a nadie.»

La cancioncilla de los neutrales ya es bastante conocida: hay dos bandos irreconciliables de gente obtusa (el independentismo y la derecha rancia, se entiende) y nosotros, pobrecitos, subsistimos abandonados en el camino de la reforma, del justo medio y del juicio, víctima de las iras respectivas. Ha hecho falta muy poco tiempo para dinamitar este argumento, que es fraudulento de base por el simple hecho de que los defensores de una reforma de España no se encuentran en el justo medio de ninguna ideología política, sino que apuestan por la utopía de mutar el alma de un país que encuentra perfectamente normal colonizar Catalunya a base de ignorar aquello que sus ciudadanos pretenden decidir sobre su gobierno, en tanto que adultos responsables. ¿Se puede defender perfectamente y racionalmente una reforma de España? Sólo faltaría, pero quien lo haga no se tiene que refugiar en la trinchera, sino explicar qué posibilidades reales de efectividad tiene su apuesta.

En la Catalunya de Hernàndez, no sólo se señala, sino que se desacredita

Pero la cosa no se acaba aquí, porque Hernàndez y los suyos también han señalado, y —como hemos sabido de sobras— no han tenido ningún tipo de pesar al fabricar un documento verbal y convertirlo torpemente en un ticket de compra de la CIA hecho portada, con tal de poner entre paréntesis la excelente tarea policial de los Mossos. Hernàndez también señala (y tiene todo el derecho del mundo, ni hay que decirlo), como así también lo señalaba, con dedo alzado, Soraya Sáenz de Santamaría en la ya conocidísima obra maestra fotográfica de nuestro gran Sergi Alcàzar. De hecho, el periodista ha hecho mucho más que señalar; ha intentado (con bastante éxito) generar un hervor según el cual el atentado de la Rambla podría haberse evitado y, a su vez, romper el idilio de la ciudadanía con los Mossos y su estupendu Mayor. En la Catalunya de Hernàndez, no sólo se señala, sino que se desacredita.

Según Hernández y los suyos, Catalunya es uno de los pocos países del mundo donde los atentados no son culpa de los terroristas, sino de la policía. Por mucho que Forn y Trapero aduzcan que conocían decenas de alertas similares y por mucho que hayan explicado como las habían puesto en conocimiento de las autoridades españolas, Hernàndez no tendrá nunca suficiente, porque aquí lo que hace falta es hacer entender a los españoles que el mando policial catalán es inepto y que eso explica la simple condición de autonomía que nos es regalada. De hecho, aunque el atentado se hubiera podido evitar (como así pasa en decenas de ocasiones ignotas), aunque un mosso o una mossa hubiera volado en tirolina desde el Ateneu Barcelonès y hubiera parado él o ella misma la furgoneta y abatido a los terroristas él solito o solita, Hernàndez habría inventado alguna transcripción verbal que pusiera en duda su heroísmo.

A medida que se acerca el 1-O estáis demostrando que, antes de ayudar a que los catalanes decidan su futuro, os inmolaríais con fuego

Celebro que Hernàndez señale a los Mossos, porque así nos ayuda perfectamente a ver qué se esconde tras la pérfida superioridad intelectual de la Tercera Vía, algo que pasa no solamente por la pervivencia del statu quo, sino que exige también la degradación de cualquier éxito de unas fuerzas de orden cuya cabeza visible ha prometido obediencia al president de la Generalitat. Yo te señalo, Enric Hernàndez, no sólo porque me da la gana, sino porque a menudo me gusta imitar a Soraya y su gesto. Yo te señalo, Enric Hernández, porque a medida que se acerca el 1-O estáis demostrando que, antes de ayudar a que los catalanes decidan su futuro, os inmolaríais con fuego. Yo te señalo, Enric Hernàndez, porque cuando fundemos el nuevo país edificaré los escombros de la verdad sobre las cenizas de tu fraude.

PS.- Por cierto, Évole: ¿cuándo harás un documentalito de los tuyos sobre Hernàndez? Lo esperamos con frenesí…

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