13 agosto 1996
Es hijo de Santi Arriazu, otro veterano periodista del corazón
El periodista español Carlos Hugo Arriazu, detenido por intentar espiar a Gigi Howard, presunta novia del príncipe Felipe, para obtener material para revistas de cotilleos

Hechos
El 13 de agosto de 1996 D. Carlos Hugo Arriazu fue declarado culpable del delito de espionaje.
Lecturas
El fotógrafo español Carlos Hugo Arriazu, hijo del veterano periodista Santiago Arriazu, director de una agencia especializada en información gráfica sobre personajes famosos, se convirtió en protagonista de un proceso judicial en Estados Unidos después de investigar la relación sentimental entre el príncipe Felipe de Borbón y la estadounidense Gigi Howard. Arriazu había conseguido fotografiar a ambos durante sus vacaciones de Semana Santa de 1995 en la isla caribeña de San Martín, pero continuó sus pesquisas para conocer mejor la identidad y los movimientos de la joven. Para ello contrató en Miami a los detectives privados Carlos Fernández, de origen cubano, y Luis Jiménez. La investigación desembocó en una operación de escuchas telefónicas realizada en Nueva York, en la que intervino Thomas Busciglio, un confidente de la Policía estadounidense. El 19 de junio de 1995, Arriazu fue detenido cerca del domicilio de Howard en Manhattan, después de que los detectives fueran sorprendidos escuchando conversaciones privadas desde un automóvil. La Fiscalía les atribuyó dos delitos: intervención ilegal de una línea telefónica y posesión de equipos destinados a realizar escuchas ilegales. Los tres investigados negaron inicialmente su culpabilidad. Arriazu sostuvo que había contratado a los detectives para realizar un seguimiento periodístico, pero que nunca les había encargado interceptar las comunicaciones de Howard.
El procedimiento fue instruido ante la justicia penal de Nueva York y llegó a juicio durante el verano de 1996. La acusación estuvo representada por la fiscal Catherine Mullen, mientras que la defensa de Arriazu contó con el abogado Michael Hertzberg. La principal controversia consistía en determinar si el fotógrafo había participado conscientemente en la operación de espionaje telefónico o si los detectives habían actuado por su cuenta. El confidente policial Thomas Busciglio declaró que había realizado materialmente la intervención por encargo de Luis Jiménez, después de poner sus planes en conocimiento de la Policía. Jiménez, aunque inicialmente detenido y acusado junto a los demás, fue separado del procedimiento principal a petición de su defensa. El 5 de agosto de 1996, Gigi Howard compareció como testigo de la Fiscalía y reconoció su voz en una grabación intervenida por los investigadores. Durante el interrogatorio también negó que fuera novia del príncipe Felipe. El jurado declaró culpables a Arriazu y Fernández de los delitos imputados, a pesar de que el fotógrafo continuó proclamando su inocencia. Antes del veredicto, Arriazu había rechazado una propuesta judicial que le habría permitido evitar la prisión mediante el reconocimiento de culpabilidad y el pago de una multa de 5.000 dólares.
El 2 de octubre de 1996, el juez Franklin Weissberg condenó a Carlos Hugo Arriazu a seis meses de cárcel, la misma pena impuesta al detective Carlos Fernández. El magistrado consideró que la obtención de una exclusiva de valor económico había sido el móvil de la operación. Arriazu ingresó en la prisión neoyorquina de Rikers Island, mientras su padre y diversos profesionales de la prensa española defendían la desproporción del castigo. La Asociación de la Prensa de Madrid solicitó clemencia para el condenado y las autoridades españolas realizaron gestiones diplomáticas y consulares relacionadas con su situación penitenciaria. Finalmente, el fotógrafo obtuvo la libertad condicional en diciembre de 1996, después de permanecer encarcelado algo más de dos meses. Como condiciones para su excarcelación, se comprometió a no regresar a Estados Unidos durante al menos un año y a mantenerse alejado de los miembros de la Familia Real española. Regresó a Madrid el 15 de diciembre de 1996, acompañado de su padre, y reiteró públicamente que no había ordenado ninguna escucha telefónica. La resolución cerraba su etapa de encarcelamiento, pero dejaba abierto el debate sobre los límites de la investigación periodística de la vida privada de los personajes públicos y sobre la responsabilidad de los informadores por los métodos utilizados por sus colaboradores.

Cronología judicial: detención, medidas cautelares, juicio y sentencia
| Fecha | Actuación judicial |
|---|---|
| 19 de junio de 1995 | Detención de Carlos Hugo Arriazu, Carlos Fernández y Luis Jiménez en Nueva York por la investigación sobre las escuchas a Gigi Howard. |
| 23 de junio de 1995 | El gran jurado considera que existen indicios suficientes para formular una acusación penal contra Arriazu. Se le retira el pasaporte, se le prohíbe abandonar Estados Unidos y se le ordena no contactar con Howard. Fernández y Jiménez permanecen inicialmente detenidos al no haber satisfecho sus fianzas. |
| 17 de julio de 1995 | Arriazu, Fernández y Jiménez comparecen ante el tribunal y se declaran no culpables. La siguiente comparecencia se fija inicialmente para el 1 de agosto. |
| 5 de marzo de 1996 | El juez Franklin Weissberg retrasa el juicio y anuncia una audiencia para decidir sobre la petición de archivo formulada por la defensa o establecer una nueva fecha. |
| Verano de 1996 | Comienza el juicio contra Arriazu y Fernández. El procedimiento contra Luis Jiménez se tramita separadamente. Thomas Busciglio declara como testigo de la acusación. |
| 5 de agosto de 1996 | Gigi Howard declara ante el tribunal. Reconoce su voz en una grabación intervenida y niega ser entonces novia del príncipe Felipe. |
| Agosto de 1996 | El jurado declara culpables a Arriazu y Fernández de interceptación telefónica ilegal y posesión ilícita de equipos destinados a realizarla. Arriazu rechaza una salida negociada que implicaba reconocer su culpabilidad y pagar 5.000 dólares. |
| 13-14 de agosto de 1996 | Se conoce públicamente el veredicto. Arriazu permanece en libertad bajo fianza mientras espera sentencia. Una referencia hemerográfica recoge una fianza adicional de 10.000 dólares, además de cantidades depositadas tras su detención. |
| 2 de octubre de 1996 | Sentencia: el juez Weissberg impone seis meses de prisión a Arriazu y seis meses a Fernández. Arriazu comienza a cumplir condena en Rikers Island. |
| 22 de octubre de 1996 | La Asociación de la Prensa de Madrid solicita clemencia al embajador estadounidense, Richard N. Gardner. |
| 13 de diciembre de 1996 | Arriazu obtiene la libertad condicional, con restricciones de regreso a Estados Unidos y de acercamiento a la Familia Real española. |
| 15 de diciembre de 1996 | Regresa a Madrid. Mantiene públicamente su inocencia y anuncia su intención de contar su experiencia. |


07 Julio 1996
Soltero y sin novia
El affaire del Príncipe con Gigi Howard no fue más que una aventura. El heredero de la Corona sigue soltero y sin compromiso. Su madre también tuvo otros novios antes de ser reina
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Cuando en 1993, yo desvelaba, en mi libro Dios salve a la Reina, que doña Sofía había tenido un primer amor que no era, precisamente, don Juan Carlos, sino el Príncipe Harald de Noruega, muchos lectores se sintieron contrariados, yo diría que desagradablemente sorprendidos. ¿Nuestra Reina?, ¿otro amor? Pues sí. Antes de estar enamorada de quien hoy es su marido, la Reina lo estuvo de otro. Y, a lo mejor, de otro y otro. Y, como toda muchacha, al mismo tiempo que vivía su primer amor sufría su primer desengaño. También el príncipe Juan Carlos, con la misma edad, experimentaba aquello de que quien no ama ignora la alegría de vivir. Y es que es mejor que se malogre un primer y hasta un segundo -¿por qué no un tercero?- amor de juventud que no enamorarse cuando se tiene edad para ello. Sería anormal.
La juventud es una embriaguez continua, la fiebre de la razón, como dijo alguien que en su día también fue joven y estuvo enamorado. Y es que, según Cocteau, «la juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere». Posiblemente, esta máxima del polifacético escritor francés resume la actual vida «amorosa» del Príncipe sobre la que se está hablando y, sobre todo, escribiendo demasiado. Más bien «a tontas y a locas».
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Jueves Santo
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Todo ha sido como una bola de nieve que ha ido creciendo sin más razones que unas espectaculares fotografías de un joven reportero español, Carlos Hugo Arriazu, tomadas el 13 de abril de 1995, que era Jueves Santo, en la isla caribeña de Saint Martin, donde el Príncipe Felipe había viajado para pasar las vacaciones. Como era natural, no fue solo sino con su primo Pablo de Grecia, la entonces novia de éste, la norteamericana Marie Chantal Miller, y otra joven amiga, Gigi Howard, para que sirviera de pareja al heredero. El grupo se hospedó cuatro días en uno de los bungalows junto a la playa del hotel «La Semana» a una media de 100.000 pesetas diarias.
Y allí, el reportero español realizó el sensacional documento gráfico que está dando la vuelta al mundo. Las fotos, que pueden tener todas las lecturas que se les quiera dar, son las primeras que se toman del Príncipe con una joven en actitud ¿cariñosa? desde aquéllas, también famosas, con Isabel Sartorius. Estas fueron tomadas en la embarcación «Njao», en agosto de 1989 y en aguas de la isla balear de Cabrera. La joven aparecía extendiendo crema sobre el torso desnudo del Príncipe. Fue la primera señal de que algo se movía en el corazón del heredero.
Pero después de que la revista Hola anunciara en su portada la ruptura del «noviazgo» entre Isabel Sartorius y el Príncipe Felipe -noviazgo nunca confirmado por la Casa Real, que sólo anuncia compromisos con fecha de boda incluida-, el interés de buscarle novia al Príncipe parece ser un tema prioritario en la prensa del corazón. Primero fueron estas revistas. Normal. Más tarde las de opinión, que dedicaron varios números a «La tormenta Gigi» (Tiempo) y «A la aventura americana» (Epoca). Por último, ha sido la prensa internacional, Paris Match, Point de Vue… las que han tomado el «romántico testigo» ofreciendo a sus lectores «el loco amor del Príncipe Felipe por Gigi». Y, al igual que en la prensa española, no sólo se han reproducido las sensacionales fotografías del reportero español, que son la única madre del cordero que existe, sino que se daba por cierto, y como la más importante clave de este «noviazgo», «el misterioso viaje de la reina Sofía a Nueva York» para entrevistarse con Gigi y la familia. Como periodista, comprendo el interés y el deseo de la prensa por emparejar al Príncipe con algunas de las candidatas «profesionales» que figuran en ese «book» principesco. O con la Gigi o la Isabel de turno. Posiblemente porque se piensa que tiene edad. Pero también para divertirse. Para «ligar». Para aventuras y, sobre todo, «para saber lo que no quiere antes de saber lo que quiere».
Después de una entrevista con una importante personalidad muy cercana al Príncipe -desde las 13 horas a las 14.35- a la que acudí para abordar seriamente el tema, el pasado lunes 1 de julio -lamento no poder desvelar, por razones obvias, la identidad de mi interlocutor-, puedo afirmar, sin la menor duda, lo que yo intuía pero necesitaba una oficiosa confirmación: el Príncipe sigue soltero.
Y sin compromiso. Lo de Gigi es, tan sólo, una aventura americana. Un «ligue». En todo caso una amistad, como se dice hoy, surgida con la naturalidad y normalidad que brotan las amistades en la época de estudiante. Por ello a las fotografías no se les debe dar más importancia. «¿Quién no le ha hecho una aguadilla a una amiga durante un baño en el mar o en la piscina?», me comentó mi ilustre interlocutor para quien el Príncipe, aparte de sus importantes obligaciones como heredero, no se diferencia en nada de la mayoría de los jóvenes: ni tiene prisa por casarse ni por marcharse de casa.
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Misterio en Nueva York
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Para la Casa Real estas fotos no tienen la menor importancia. Y si todo es como el famoso «viaje misterioso de la reina a Nueva York»… Porque doña Sofía fue el 30 de mayo a Toronto para asistir al «Foro Bildeber», al que había sido invitada por intelectuales, científicos y empresarios de diferentes países para abordar los problemas del mundo en sus diversas vertientes. En su breve escala en Nueva York, camino de Canadá, doña Sofía fue atendida por el cónsul general de España. No se entrevistó con nadie más…
Como joven soltero que es, y sin compromiso que está, el Príncipe es libre de entrar y salir. Y entre salir con… a ser… hay mucha distancia. Cuando tenga que elegir «se casará con quien tenga que casarse. Lo tiene claro. Lo hará por encima de cualquier inclinación eventual».
Posiblemente tenga presente, o no, lo que su abuelo el Conde de Barcelona pensaba sobre el futuro sentimental del nieto, y que el periodista Alfonso Ussía le oyó comentar en varias ocasiones: «El Príncipe sabe que no puede ser libre para elegir a su futura mujer. Porque ésta será la Reina. Su libertad de elección está limitada. No concibo que pueda poner en peligro todo lo conseguido por una elección irreflexiva y contraproducente».
Aunque a Don Juan no le gustó nunca el término «profesional» que el Rey utiliza para definir a la Reina, reconocía que «una reina tiene que serlo y para eso hay que prepararse desde niña. Cuando pienso en una copia para España de Diana Spencer, tiemblo». Yo no digo que Gigi sea como Lady Di, pero de lo que sí estoy seguro es de que esta chica americana ni ha sido educada ni preparada para ser reina.
Pero no hay que olvidar, como decía el Conde de Barcelona, que el español siempre encuentra un argumento para justificar un error personal del rey, pero es mucho menos generoso con los tropiezos o el pasado (que no puede tener porque es siempre presente) de la consorte. De todas formas, hay que esperar y desear que el Príncipe elija libremente, atendiendo, sobre todo, a los latidos de su corazón. Y que tenga suerte. Porque «el impresentable espectáculo que están dando las inglesitas, en España no se toleraría». Lo dijo Don Juan y lo comparto yo.


23 Octubre 1996
Las paredes oyen
El periodista español Carlos Hugo Arriazu, hijo del periodista español Santi Arriazu, se encuentra cautivo en una cárcel de alta seguridad de los Estados Unidos de América, mezclad con asesinos, atracadores, violadores y camellos de droga, y algunos de sus compañeros de aquí – no muchos – estamos con las manos en la cabeza.
El delito de Arriazu, junior, consiste en haber escuchado una conversación entre el príncipe Felipe y una bella muchacha llamada Gigi Howard mediante el procedimiento del pinchazo del teléfono. Para realizar el pinchazo, Arriazu contó con la colaboración de dos policías americanos que le denunciaron después de escuchar la conversación. En muy pocas semanas el periodista fue juzgado y condenado y ahora se encuentra cumpliendo condena.
Es probable que en Estados Unidos ese hecho no llame demasiado la atención. En un país donde un presidente tuvo que dejar el cargo por sus responsabilidades en un caso de escuchas y espionaje del partido político adversario, no suena demasiado extraño que un periodista vaya a la cárcel por pinchar un teléfono y poner el oído a una conversación privada. Quizá sea posible encontrar una cierta proporión entre el castigo que provocó el ‘Watergate’ y la condena de Carlos Arriazu. La dimisión de Nixon es una advertencia definitiva.
El Análisis
La condena en Nueva York del fotógrafo español Carlos Hugo Arriazu por las escuchas telefónicas a Gigi Howard constituye una advertencia sobre los riesgos de la creciente competencia periodística por descubrir la vida privada de los miembros de la Familia Real española. Hasta hace pocos años, la monarquía de Juan Carlos I había disfrutado de un tratamiento informativo relativamente respetuoso, muy diferente del que reciben los Windsor en el Reino Unido, donde la rivalidad entre periódicos sensacionalistas, fotógrafos y agencias de noticias ha convertido las relaciones sentimentales, las separaciones matrimoniales y los conflictos familiares en un espectáculo permanente. Los últimos años han ofrecido ejemplos elocuentes, desde la publicación de conversaciones telefónicas privadas de Carlos de Inglaterra y Camila Parker Bowles hasta el acoso informativo que rodea a Diana de Gales y las controversias protagonizadas por los duques de York. España todavía se encuentra lejos de aquel escenario, pero las fotografías del príncipe Felipe con Gigi Howard y la investigación judicial contra Arriazu muestran que también aquí empieza a existir un mercado dispuesto a pagar cantidades importantes por imágenes e informaciones sobre la intimidad de los herederos de la Corona. El interés público que suscita quien algún día puede convertirse en jefe del Estado es legítimo, y la Casa Real no debería pretender que su posición institucional la exima de cualquier escrutinio periodístico. Pero conocer con quién pasa sus vacaciones el príncipe no justifica intervenir ilegalmente las comunicaciones de una ciudadana ni recurrir a métodos de investigación que vulneren derechos fundamentales. La prensa española debe preguntarse si desea informar sobre una institución de indudable trascendencia pública o reproducir los excesos de una competición comercial en la que cada exclusiva exige una intromisión mayor que la anterior. El caso Arriazu demuestra que esa frontera puede traspasarse con consecuencias penales y que el prestigio del periodismo, tanto como la intimidad de los afectados, está en juego.
JF
