2 marzo 1939

Como secretario de Estado del Vaticano fue el encargado de firmar - en nombre del Papa Pío XI - con el vicecanciller alemán Franz von Papen el concordato de 'no agresión' entre el nazismo y la Iglesia

El político eclesiástico italiano Eugenio Pacelli es elegido nuevo Papa con el sobrenombre Pío XII

Hechos

El 2.03.1939 El Vaticano proclamó a Pío XII como nuevo Papa de la Iglesia Católica.

Lecturas

El 2 de marzo de 1939, el cónclave eligió, casi por unanimidad en la tercera vuelta, a Eugenio Pacelli, cardenal secretario de Estado del Vaticano, para suceder al difunto papa Pío XI. La decisión de la asamblea de cardenales en favor de ese experto político eclesiástico fue tomada sabiendo que existía un notable peligro de que se desencadenara otra guerra mundial como la de 1914-1918. Hijo de una familia de juristas de Roma, incluyó en su escudo el lema ‘Paz, obra de la justicia’.

La intermediación pacífica ya había sido su tarea principal durante la Primera Guerra Mundial en su calidad de nuncio de Baviera y en Alemania. Y aunque los intentos del papa Benedicto XV de convencer a las grandes potencias de acabar con la guerra fracasaron, se demostró la voluntad del Vaticano de actuar como mediador entre los estados, y Pacelli decidió continuar esa política en favor de la paz cuando ocupó el más alto cargo de la Iglesia católica. Siendo nuncio en Múnich y Berlín y como cardenal secretario de Estado a partir de 1930, Pacelli cerró una serie de concordatos para asegurar la posición de la Iglesia con Baviera (1924-1925), Prusia (1929), Austria (Junio de 1933) y la Alemania nacionalsocialista (julio de 1933). Se llamó a sí mismo el ‘Papa de la Paz’, e impulsó una intensa actividad diplomática hasta el último momento para evitar la Segunda Guerra Mundial.

Convocó una conferencia internacional para solucionar pacíficamente las diferencias de opinión. En su discurso navideño dictó las condiciones imprescindibles para la paz: desarme universal, reconocimiento de los derechos de las minorías y el derecho a la autodeterminación de las naciones. Ninguno de sus esfuerzos tuvo éxito.

POLÍTICO ECLESIÁSTICO Y DIPLOMÁTICO

Pio_XII_!936  Como secretario de Estado del Vaticano fue el encargado de firmar – en nombre del Papa Pío XI – con el vicecanciller alemán Franz von Papen el concordato de ‘no agresión’ entre el nazismo y la Iglesia.

El Análisis

Nuevo Papa para un mundo en vísperas de guerra

JF Lamata

La elección del cardenal Eugenio Pacelli como nuevo pontífice bajo el nombre de Pío XII marca la continuidad de una línea vaticana que ha combinado diplomacia, prudencia y defensa del orden católico tradicional. Pacelli no es una figura improvisada: fue estrecho colaborador de Pío XI, su Secretario de Estado y artífice de algunos de los acuerdos más decisivos de la diplomacia vaticana reciente, como el concordato con la Alemania de Hitler en 1933. Nadie puede negar su perfil de político eclesiástico: formado en el cuerpo diplomático, conocedor de los equilibrios europeos, políglota y reservado, Pacelli asume el papado en un momento en el que la Iglesia necesita habilidad y temple para no quedar arrastrada por las fuerzas que dividen al mundo.

Su elección se produce, además, en la antesala del final de la guerra civil española, donde el bando nacional, apoyado espiritual y moralmente por Roma desde el principio, se encamina a una victoria definitiva y a establecer una dictadura militar. Para el Vaticano, la derrota del Frente Popular y el triunfo de esa dictadura franquista supone la restauración del orden católico en una tierra que se ha vivido como tierra de mártires durante los años de conflicto. España se ofrece así como modelo de «resurrección católica» frente a los regímenes ateos o anticlericales, y la figura del nuevo dictador Franco aparece en sectores eclesiásticos como garante del catolicismo hispano mucho más ‘ordenado’ para ellos que Hitler o Mussolini. Pío XII hereda, por tanto, un escenario ibérico en el que la Iglesia podrá ejercer una influencia directa y profunda, tras años de persecución y violencia.

Pero si España se estabiliza para la Iglesia, Europa entera tiembla. Apenas unos meses después de los Acuerdos de Múnich, el expansionismo alemán sigue su curso, e Italia continúa su aproximación a Berlín. Desde el primer momento, el nuevo Papa ha ofrecido su voz como mediador para evitar el estallido de una nueva guerra mundial. Sin embargo, las palabras de paz, incluso pronunciadas desde el trono de San Pedro, parecen cada vez más insuficientes ante la carrera armamentística, la desconfianza entre las potencias y el avance de los totalitarismos. Pío XII llega al solio pontificio con una reputación diplomática impecable, pero también con un mundo al borde del abismo. Su pontificado, en definitiva, comienza bajo el signo de la inminente tormenta. Y las oraciones no parecen, esta vez, suficientes para evitar que vuelva a desencadenarse el horror.

J. F. Lamata