11 junio 1963

A pesar de que por ley se reconocía su derecho a asistir a universidades, amplios sectores sureños defienden que la educación de negros y blancos se mantenga segregada y no mixta. El Gobernador Wallace asegura que se limita a respaldar los 'sentimientos' de la población sureña

El presidente de Kennedy manda a la Guardia Nacional a Alabama para forzar la entrada de negros en la Universidad con la oposición del Gobernador George Wallace

Hechos

El 12 de junio de 1963 la Guardia Nacional, por orden del presidente de los Estados Unidos de América, John Kennedy, intervino en el Estado de Alabama para garantizar el acceso a la Universidad de los americanos de raza negra.

Lecturas

El presidente John F. Kennedy amenazó el 9 de septiembre al gobernador del Estado de Alabama, George Wallace, también del Partido Demócrata como él, con hacer que las tropas federales intervengan directamente en el estado si no se cumplen las órdenes del Tribunal Supremo.

Como se sabe, una ley federal ha suprimido las prácticas discriminatorias vigentes en 144 distritos escolares de los estados del Sur. Sin embargo, y con ayuda de la policía de Alabama, el gobernador ha impedido la entrada de escolares negros en escuelas reservadas hasta ahora para niños blancos.

Wallace había rechazado ya otras advertencias del presidente y había movilizado a la policía para preservar de los negros las escuelas de Alabama.

Kennedy dispuso hoy que el ministerio de Defensa utilizara todas las tropas necesarias para impedir que en Alabama u otros estados se viole una ley federal. Todo indica que, a pesar de la enconada oposición racista, los niños negros podrán comenzar el curso lectivo de este año en todas las escuelas.

12 Junio 1963

Éxito

LA VANGUARDIA (Xavier de Echarri)

Leer

Para quien crea en las constantes históricas, he aquí los acontecimientos de Alabama, que parecen darle la razón. A un siglo de la Guerra de Secesión, un grave conflicto está abierto entre el Gobierno federal y el de uno de los Estados del Sur. A propósito del trato a dar a los negros. Se trata de dos cuestiones que, desde los tiempos de Lincoln a los de Kennedy, aparecen inextricablemente unidas. Los blancos del Sur quieren tratar a los negros del modo que estiman conveniente, que es, en verdad, mal. Y se oponen, a la vez, a que el Norte trate de intervenir en lo que es, o consideran, competencia exclusiva de los Estados particulares: y se da la circunstancia de que esta materia acerca de cuya competencia se discute, en la cuestión racial. Con ello, como decía Kennedy, en su gran discurso del otro día en Washington, una grave crisis, moral y constitucional a la vez, queda planteada en los Estados Unidos. Una crisis que se polariza ahora como cien años atrás, en una grave disputa Norte-Sur. Muchas cosas han cambiado, desde luego, en torno a este esquema político y moral, desde los años mil ochocientos sesenta hasta esta segunda mitad del siglo XX. No es presumible siquiera que el Sur trate de separarse del Norte, desde luego. Pero la gravísima pugna moral interna, entre Norte y Sur, entre Estados y Estados, entre blancos y negros y entre blancos entre sí y en el seno de cada conciencia, está en un punto culminante. El más alto en intensidad, sin duda, desde la misma guerra civil de hace un siglo.

Una prueba de fuerza, quizá decisiva, se ha producido en el Estado de Alabama. El gobernador del Estado, Wallace, decidió abiertamente desobedecer a la autoridad federal: tanto a una sentencia concreta de un tribunal, como a la orden, también concreta, del presidente Kennedy, para que se diera cumplimiento a dicha sentencia. En ambos casos se trata de la matrícula en la Universidad de Tuscaloosa (Alabama) de dos estudiantes de color. Wallace, instalado en la puerta del centro cultural en cuestión, trata de cerrar personalmente el ingreso a los dos jóvenes negros. Con ello, el gobernador de Alabama ha iniciado una actitud de peligrosa ruptura abierta con el Gobierno federal. Replicando a esta conducta, el Presidente ha adoptado una medida de enorme importancia: autorizó al secretario de Defensa para que utilice en caso necesario, a las fuerzas armadas federales para imponer el cumplimiento de la Constitución, de las sentencias judiciales federales y de su propia autoridad como Presidente de los Estados Unidos, en el Estado de Alabama. Para hacer, sin duda, menos grave la medida, el propio Kennedy ha ‘federalizado’ a la guardia nacional particular del Estado en cuestión.

Wallace no se ha atrevido a seguir adelante en su actitud. Ante la amenaza de que las fuerzas federales impusieran la legalidad constitucional, el gobernador de Alabama ha cedido, permitiendo que los dos negros, objeto concreto de la disputa, se matriculen en la Universidad de Tuscaloosa. Kennedy ha obtenido una gran victoria política, de caracteres posiblemente históricos. Es de suponer que, desde ahora, aunque la integración seguirá su curso tan lento, tan lleno de obstáculos, dolores y dificultades, no volverá a haber un intento de abierta rebeldía por parte de los poderes de un Estado particular. Un gran paso se puede haber dado, ayer, 11 de junio de 1963.

Situación grave la creada por la nueva fase de la cuestión racial de los Estados Unidos. Gravedad que corresponde a la perfectamente previsible seria implicación de la cuestión moral y psicológica de las relaciones entre blancos y negros, con el tema siempre abierto, siempre hiriente, siempre lleno de cantos espinosos que es la relación entre el Norte y el Sur. País de tensiones, los Estados Unidos deben contar, en primer término, con esta del problema negro y, lo repetimos porque no hay que olvidarlo un solo momento; su ‘hermana siamesa’, las relaciones entre el Gobierno federal y los Estados particulares. Cuando la población negra, abandonando su tradicional comportamiento de temor y repliegue, se alza reclamando igualdad auténtica de derechos, en una acción coherente y organizada, el tema se eleva hasta su máxima tensión. Y, como era de esperar, al mismo tiempo, alcanza su más elevado nivel el problema de las relaciones entre Washington y los Estados particulares. Combinación que atribuye toda su magnitud al asunto. El éxito de Kennedy en Alabama, puede significar un paso muy importante hacia la suavización.

El Análisis

Una lección de autoridad federal en Alabama

JF Lamata

La intervención de la Guardia Nacional el 12 de junio de 1963, ordenada por el presidente John F. Kennedy y ejecutada bajo la firme dirección de su hermano, el fiscal general Robert Kennedy, marca un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Frente a la abierta rebeldía del gobernador de Alabama, George Wallace —también demócrata pero ferviente defensor de la segregación racial—, el Gobierno federal ha optado por afirmar con contundencia que las leyes de la nación están por encima de los prejuicios locales. La negativa de Wallace a acatar las sentencias del Tribunal Supremo, impidiendo con la policía estatal la entrada de escolares negros en centros educativos, ha sido respondida con la fuerza legítima del Estado de derecho.

Esta firme actuación no solo busca proteger a niños cuyo único «delito» es aspirar a estudiar donde estudian los blancos, sino también restaurar la imagen internacional de una potencia que libra guerras por la libertad en el extranjero mientras tolera la discriminación en su propio suelo. La paradoja de un país que permite que ciudadanos negros mueran por su bandera en Vietnam, pero les niega el acceso igualitario a la educación, no podía prolongarse sin minar su credibilidad moral. La decisión de los Kennedy ha sido, en última instancia, una lección de autoridad, pero también de dignidad democrática: la igualdad ante la ley no es una promesa vacía, sino un principio que debe hacerse valer, incluso —o especialmente— cuando algunos estados se resisten a cumplirlo.

J. F. Lamata