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Su cese había sido pedido insistentemente por el grupo Atresmedia (LA RAZÓN - ANTENA 3 TV - LA SEXTA)

El presidente del PP, Pablo Casado, destituye a Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria tras seis meses de legislatura

HECHOS

  • El 17 de agosto de 2020 el Partido Popular comunicó la sustitución de Dña. Cayetana Álvarez de Toledo por Cuca Gamarra como portavoz del grupo parlamentario y el nombramiento de Dña. Ana Pastor como Vicesecretaria y del Sr. Martínez Almeida como portavoz nacional del partido.

El 17 de agosto de 2020 el presidente del Partido Popular, D. Pablo Casado Blanco, anuncia la destitución de Dña. Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos como portavoz del Grupo parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados tras haber permanecido apenas un año al frente de ese puesto para el que le designó el mismo Sr. Casado Blanco. Tras su cese la Sra. Álvarez de Toledo Peralta-Ramos, que sigue siendo diputada del PP, compareció ante los periodistas para acusar al presidente del PP de haber renunciado a dar ‘la batalla cultural’ a la izquierda que ella pretendía representar, pero seguirá siendo diputada del Grupo Popular aunque sin ninguna responsabilidad en comisión alguna.

Para reemplazarla D. Pablo Casado Blanco ha designado a Dña. Concepción Gamarra Ruiz-Clavijo como nueva portavoz del PP en el Congreso (‘Cuca Gamarra’). Además, crea un nuevo cargo ‘portavoz nacional del partido’, cargo que ocupará el alcalde de Madrid D. José Luis Martínez-Almeida y recupera a una histórica Dña. Ana Pastor Julián como vicesecretaria de política social.

La destitución de Dña. Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos tiene también una lectura mediática. La Sra. Álvarez de Toledo, lieberal, ferozmente anti-izquierdista, anti-nacionalista y anti-feminista, se identifica plenamente con los postulados del grupo Libertad Digital, con el que colabora con asiduidad y, en cambio, se ha enfrentado abiertamente con el grupo Atresmedia (Antena 3, La Sexta, Onda Cero y La Razón) que desde marzo de 2020 estaban pidiendo su cese, por lo que su caída es también un triunfo para el grupo mediático propiedad del Grupo Planeta.

18 Agosto 2020

La deslealtad de Cayetana

Francisco Marhuenda

Lo más sorprendente de la rueda de Prensa convocada por Cayetana Álvarez de Toledo fue su profunda deslealtad con Pablo Casado. Estaba convencido de que anunciaría que dejaba el escaño y que se comportaría con una exquisita elegancia. La calidad y la categoría se demuestran en los momentos difíciles. Desde que la conocí he valorado su preparación académica, su excelente tesis doctoral sobre el obispo Palafox, una figura fascinante que siempre me ha interesado, su capacidad oratoria e incluso me resultaba divertido ese punto distante. Creo que ha estado muy mal aconsejada, no ha valorado la confianza que le dio Casado al encargarle el cargo más importante que tiene un partido cuando está en la oposición y no ha sabido gestionar el grupo parlamentario. Esto último siempre es complicado y no todo el mundo es tan brillante como ella, pero no es necesario que sufran su indiferencia o menosprecio. Es probable que ni siquiera se dé cuenta, pero me lo han comentado muchos diputados. La batalla con el secretario general del partido, donde una vez más parecía que ella era la divina y el resto unos simples mortales, ha sido otro grave error.

Con lo inteligente que es me resulta un arcano entender su actitud. Lo tenía todo a su favor, tan sólo debía empatizar con diputados que no son doctores por Oxford pero que son sus compañeros. Casado la apoyaba sin fisuras, con una lealtad que no se vio correspondida ayer con la superioridad con que le trató y la forma arrogante con que desveló la conversación que tuvieron. No entiendo por qué tiene que dar lecciones a todo el mundo. No es la única que ha defendido la libertad en Cataluña y, por supuesto, en el resto de España. Por cierto, es un adanismo ideológico tan inconsistente que me recuerda a los dirigentes de Podemos y la pretendida superioridad moral de la izquierda. Casado apostó por ella como cabeza de lista por Barcelona y la hizo portavoz en contra de la opinión de mucha gente. Lo peor es que se lo haya pagado no cumpliendo con su papel y siendo desleal. Debería recordar que los militantes del PP votaron a Casado y no a ella. Fue designada por la persona que ha traicionado. Y el líder popular, además, no es precisamente un déspota o un autoritario, sino todo lo contrario. Desde luego, Aznar hubiera actuado con menos contemplaciones.

Francisco Marhuenda

17 Agosto 2020

El PP arriesga con su remodelación interna

ABC (Director: Bieito Rubido)

El PP anunció ayer una significativa remodelación de su dirección, en la que lo más relevante es la sustitución de Cayetana Álvarez de Toledo por Cuca Gamarra como portavoz en el Congreso, y el ascenso del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, a portavoz nacional de la formación. La decidida apuesta por perfiles moderados no oculta en cambio una dura pugna interna de poder más allá de las etiquetas que pretendan asignarse a cada uno de sus dirigentes. Almeida se ha revelado como un político con proyección, cuya gestión durante la pandemia ha sido modélica. Ha demostrado liderazgo, una convincente capacidad comunicadora y una eficacia resolutiva digna de elogio.

Más delicada en términos de disputas internas es la sustitución de Álvarez de Toledo, una apuesta personal de Pablo Casado que, como avanzó ayer ABC, decae ahora por discrepancias insalvables entre ambos, y por la creciente presión de algunos dirigentes territoriales y del secretario general, Teodoro García Egea, para que ella no actuase como un verso suelto con independencia de criterio y con un equipo «paralelo». Sin embargo, no es justo estigmatizar a Álvarez de Toledo como una exponente del «ala dura» o radical del PP. Ha sido una portavoz con solvencia intelectual y una innegable capacidad para retratar los abusos y contradicciones del Gobierno. Su relevo puede ser incluso contraproducente en la medida en que un sector representativo de votantes huidos del PP hacia Vox simpatizan con su estilo contundente. Por eso el PP arriesga, y en ningún caso debería renunciar a ese votante si de lo que se trata es de ampliar el espectro electoral. Precisamente es eso lo que Casado quería recuperar con su designación, y ahora deberá asumir el peligro de frustrar ese plan.

23 Agosto 2020

Con Cuca en vez de Cayetana, ya sólo falta el bolso de Soraya

Federico Jiménez Losantos)

Casado renuncia a que el PP intervenga en una sociedad conformada por socialistas, comunistas y separatistas. No se quiere cambiar nada.

Casado ya no cree en Casado y el PP no cree en el PP como partido político sino como gestora de intereses municipales y regionales que, de vez en cuando, gestiona los del Estado. El PP no renuncia al Gobierno pero sí al Poder, que depende de las leyes y las ideas vigentes en una sociedad. En el Congreso, Casado no pone otra portavoz, cosa razonable si fuera igual o mejor que la anterior, sino una gestora de trámites parlamentarios.

Lo primero que ha hecho la oradora de Logroño -cuyo gran éxito no ha sido ser la alcaldesa más votada, como dice Casado, sino perder la alcaldía porque se empeñó en seguir- ha sido pedir a Sánchez que «cese» a Iglesias, forma de reforzarlo que pronto tendrá habilitada ventanilla telemática. El eco de tan audaz iniciativa, que interfiere varias investigaciones judiciales, ha sido nulo. Pero pronto tendrá ocasión de estrenar su talento. Dice que «hay que salir de las trincheras». Barrunto que ya tiene peluquero de Bildu.

La coartada de Martínez Almeida

En el escrache a Cayetana, porque eso estamos viendo por parte de los Teócratas del partido y sus ‘hashsihins’ mediáticos, que degrada de forma irreversible la imagen de Casado entre los liberales, no sé si pocos o muchos, pero los únicos que lo apoyamos, me sorprendió la colaboración de Martínez Almeida, a quien conocí tan devoto de Cayetana como Casado, hasta que un día lo elogió Felipe González y tras él toda la Izquierda para atacar a Díaz Ayuso. Como viperinamente señala Lucía Méndez, ya es el nº 3 del PP… como Gallardón. No sé si lamentará esta traición ética y estética, infame en un colchonero, como Gallardón de mayor, o heredará, por Cuco, el erial. Pero ser coartada de la purga interna del PP hunde su imagen. Y cuando le exijan devolver ese préstamo progre con intereses que no puede pagar, será el sayón opusdeísta en la quema de la bruja laica. Al tiempo.

Para Cuco Casado, el sustituto ideal de Cayetana era Marhuenda, que ya fue Secretario de Relaciones con las Cortes y se ha significado, no diré distinguido, por su ferocidad atacando a Cayetana por dos graves delitos: el público de haber sido destituida y el privado de haber dicho que LA SEXTA, del mismo grupo que LA RAZÓN, ataca el régimen constitucional siendo una concesión del Estado. «Palabras como puños», le reprocha Casado, sin duda comparándola con Ferreras y señora, tan delicados siempre al tratar al PP.

En cuanto al símbolo del partido, la gaviota o «rata del aire», en realidad charrán, también debería ser sustituido por el bolso de Soraya, al cabo la fiel imagen del PP que estalló: el cultivo de intereses personales y la abdicación de los deberes nacionales. También es lo último que vimos de Rajoy, que prefirió irse a beber y dejar en el Gobierno a Sánchez antes que convocar elecciones y que pudiera ganarlas Rivera. Hasta ahí podíamos llegar. Ana Pastor, eterna renovadora moderada, gestionará bien el bolso.

Los palmeros del PP, que los tiene, porque entran como cuota en las tertulias del duopolio golpista, defienden, al unísono con los palmeros del Gobierno y los portavoces de los partidos separatistas y comunistas, que la sustituta de Cayetana es una mujer que «trabaja mucho», y es «humilde». No lo será tanto cuando se atreve a sustituir a la que los mismos palmeros dicen que era brillante pero mala para el PP, ahora que lo ha dicho Casado.

Cuca y su «Ante todo, mujer»

También le dijo Casado a Cayetana que el PP «no debía entrar en la guerra cultural». Es lo contrario de lo que él dijo para llegar a presidente del PP. Pero el PP siempre entra en las batallas culturales. Lo que pasa es que, para no darlas, lo hace al lado de la Izquierda. Precisamente Cuca Gamarra fue la que defendió públicamente, contra Cayetana y Díaz Ayuso, que el PP debía ir a la manifestación del 8M y que iba a hacerlo con el lema que parece un título de Sofía Loren de los años 50: «Ante todo, mujer». Ni persona, ni ciudadana: mujer, sexo ante todo. Le sobra el voto.

En lo que no entró el PP fue en la batalla cultural entre el feminismo liberal y el totalitario o discriminatorio, también llamado feminazi, ni se enteró de que el 8M se planteaba una guerra abierta entre el feminismo discriminatorio del PSOE, el de la Ley de Violencia de Género, y el queer de Podemos. Eso discutían en la pancarta la vicepresidenta de Sánchez, la mujer de Iglesias y la mujer de Sánchez. Todas, también ante todo, «mujer de». Y todas infectadas. Las del PP iban al final del infectódromo y así no le tiraron orines como a las de Ciudadanos en el Orgullo, pero insistieron.

Cayetana, que por disciplina asistió al aquelarre «Ante todo mujer», sí entró de lleno en el debate fundamental: si el feminismo, cualquiera de ellos, puede atribuirse la representación de todas las mujeres, si el 8M las representaba a todas porque, como dijo Carmen Calvo, «les iba la vida». A muchas, efectivamente, les fue, porque se infectaron y murieron. El PP cuco sabía del peligro, aunque luego lo negara, pero fue al 8M. ¿A qué? Y Público editó un vídeo contra Cayetana que la reivindica. En él decía:

«No hay una ideología machista que decida someternos a las mujeres por el hecho de ser mujeres». «No somos bloques las mujeres. No somos un colectivo identitario. No todas pensamos lo mismo. No todas somos iguales. No todas sentimos lo mismo. No todas nos identificamos de la misma manera».

«En mi nombre no puede hablar nadie. No habla en mi nombre ni un hombre ni habla en mi nombre una mujer». «¿Por qué tiene que hablar Carmen Calvo en mi nombre o Irene Montero en mi nombre? ¿Porque yo nací con los mismos órganos que ella? ¿De verdad vamos a caer en eso?

«A mí que no me metan en un bloque monolítico granítico llamado «mujeres» y no me digan que tengo que pensar de una determinada manera».

«No nacemos víctimas. Porque la victimización es el primer paso al dominio y el sometimiento por parte de otros». «No son los machos los que han decidido que las mujeres somos las que tenemos niños, es algo llamado naturaleza».

Casado dice que el PP debe «parecerse a la sociedad»

Pero lo peor que ha dicho Casado en el patíbulo de Cayetana no es que en el PP los proyectos personales deben ceder ante los colectivos, salvo el suyo, claro, sino esta frase digna de Arriola o de Iván Redondo:

«Un partido no puede pretender que una sociedad se parezca a él por mucha razón que tenga. Lo que debe hacer es parecerse a esa sociedad».

Es difícil encontrar una forma mejor para disuadir a cualquiera de votar al PP. No se quiere cambiar nada, todo está bien y lo que hay que ser es parecerse a lo que está. Dice Casado, que se queda en Prematrimonial, que «no quiere ser la muleta del PSOE». ¿Tal vez el monosabio de la plaza? La Joven Guardia Azul de KUK (Cuca en OK Diario) dice que «hay que escuchar lo que quiere la gente». O sea, que vamos a un maoísmo de oído o un franquismo de Orejilla del Sordete que, hasta ahora, impedía Cayetana. Lo que repite la Chiang Ching de la Banda de los Cuatro del PP (Casado, Teodoro, Feijóo y Pastor, con Almeida de bombero, o sea, Deng Xiaoping) es lo que siempre se ha dicho en las dictaduras comunistas o fascistas: dice el Líder que hay que escuchar al Pueblo, que tiene hilo directo con el Líder.

Pero Casado no aspira siquiera a un liderazgo despótico o amable. Sencillamente renuncia a que el PP intervenga en una sociedad conformada en sus leyes y costumbres por socialistas, comunistas y separatistas. Casado quiere parecerse a Feijóo, pero también a Urkullu y a Otegi, primeras fuerzas en el País Vasco, y a Torra y Junqueras en Cataluña (por eso la Teo-cracia odia a Alejandro Fernandez), y a Sánchez e incluso a Iglesias.

Si un partido debe parecerse a «la sociedad» sobran los partidos, la política y, sobre todo, la libertad individual e ideológica, incluso religiosa o moral. Mira por dónde, entre el Opus y los kikos, el PP nos sale jesuítico. Predica obedecer a esa «sociedad» en la que mandan los que no aparecen y los que aparecen no mandan. Thatcher decía: «No existe la sociedad, existen las personas y las familias». Que Casado no cite ya más Thatcher sino a Al Capone. Esa sociedad en la que partidos y política sobran es la de la mafia.

La oración fúnebre de Cayetana sobre el PP

Los hashisins de Teo y la progredumbre mediática han criticado que Cayetana explicara, magnífica y voluntariamente sola, a las puertas del Congreso, las razones que le había dado Casado para destituirla. Nada del «grupo paralelo», concepto soviético asumido por un escriba de ABC que seguramente desconoce un símbolo anticomunista llamado Dragón Rapide.

Cayetana estaba sola, porque sola, tras un mes de insidias teodiosas, la dejaba el partido y porque ni quería ni necesitaba comprometer a nadie. Los que en el lado voxero confiesan sinceramente, como Luis del Pino, que se alegran de la defenestración de Cayetana porque era la coartada del PP auténtico, que sigue siendo marianista y sumiso a la izquierda, deberían ir un poco más allá. Ante el Parlamento, media hora larga sin leer más que las notas de las «razones» de Casado para hacer feliz a la Izquierda, habló una representante de la soberanía nacional; no de un partido: de la Nación.

Es de agradecer que alguien, y no cualquiera, la mejor oradora del Congreso, no se callara a cambio del cargo venidero, como hizo Vidal Quadras, precedente de este error y talento descomunal, cuando lo decapitó Aznar para halagar a Pujol. Cayetana no representaba a Casado ni le debía «lealtad», como dice Marhuenda, sino a la Nación. La lealtad se la debe cada diputado a cada ciudadano español. Y si ya no podía explicarse en su escaño, debía hacerlo a sus puertas, con los leones mirando y las ratas escondidas, brujuleando. Lo que dijo que le dijo Casado, y que él no ha desmentido porque es verdad, dejó al presidente del PP a la altura de su responsabilidad, que ha sido privarnos de la mejor oradora del Congreso, protagonista del mejor debate en defensa de la nación y de la libertad y al que dedico un largo capítulo en mi próximo libro sobre el comunismo.

¿Cómo reaccionaron Casado y Teo a lo de «el hijo de un terrorista»?

Por cierto que, preparando el libro, y como ese debate fue la excusa de Feijóo, que ahora rehúye comentar su papel en el cayetanicidio, cuando espetó «no se pueden perder los papeles» a la única que los llevaba, y como ha sido la excusa posterior de la Teodiocracia, he vuelto a ver qué hicieron exactamente Casado y García Egea al terminar Cayetana su intervención con lo de «usted es el hijo de un terrorista» y «pertenece a la aristocracia del crimen político». Realmente vale la pena ver despacio el vídeo que ahora borrarán de «los mejores momentos de Cayetana» que editaba el PP, pero que alguien ha recogido en YouTube bajo el título «Gracias, Cayetana».

Cuando ella termina, Casado empieza a aplaudir, pero, como cogido en falta por mamá, el cura o LA SEXTA, esconde rápido una manita; Teo no: aplaude ostensiblemente y hace signos afirmativos con la cabeza, en recio gesto de aprobación huertana. Luego fue Teo el que le dijo que olvidase su recurso al Constitucional por el ilegal borrado de sus palabras en el Libro de Actas, que el PP no lo pagaría. Santiago González ha anunciado en su blog una colecta, mal llamada crowfunding para que lo pueda presentar. Ni qué decir tiene que cuenta conmigo. Ah, y también recuerdo en mi libro la historia de las víctimas del FRAP, olvidadas por Iglesias, Feijóo y Casado.

Pero siendo grave lo que Cayetana dijo de Casado a las puertas del Congreso, lo peor, en lo que nadie se ha fijado, es lo que repitió de Casado: la idea de que la alternativa al socialismo, al comunismo y al separatismo se debe construir en torno a la idea del individuo, de la libertad personal, de unos ciudadanos españoles libres e iguales ante una justicia independiente. Esa despedida de Cayetana, que cabe guardar como canto, nunca réquiem a los principios liberales, repetía, tal vez para mortificar la memoria del desertor, las mismas palabras de Casado en el discurso del Congreso del partido, con las que ganó la Presidencia e inauguró una esperanza que ha cancelado sin explicación. Esto decía Casado al llegar y Cayetana al irse:

«Vengo para enarbolar los principios que nos han dado sentido. Para reivindicar los valores que son nuestra columna vertebral (…) Esos principios empezarían con la libertad. Somos el partido de la libertad individual, el partido de las personas».

«Somos el partido de las mujeres que no quieren más que un país con igualdad de oportunidades en la que el género no sea un requisito, ni un plus ni un mérito ni un handicap«.

«Somos el partido que no colectiviza a la sociedad en mujeres, mayores, jóvenes, gays, lesbianas… sino el partido de las personas, de todas las personas, cada uno con su ideología, pero todos son personas».

La decepción de los que apoyamos a Casado

Prácticamente todos -caso raro- los «creadores de opinión» que desde su nacimiento político en ESRADIO apoyamos a Casado hemos lamentado la destitución de Cayetana. Florentino Portero sintetiza en su último artículo de LD, La batalla cultural, las razones de esta decepción:

«Pablo Casado no fue votado por los militantes del partido por su sólida formación ni por su capacidad de gestión. Lo fue porque representaba un ideal, en un momento en el que el Partido Popular amenazaba ruina tras la presidencia de Mariano Rajoy y a la vista de la emergencia de dos nuevos partidos que recogían los millones de antiguos votantes que migraban para recuperar la ilusión y la esperanza.

El nombramiento de Cayetana Álvarez de Toledo y Gabriel Elorriaga para comandar el grupo parlamentario era icono de una renovación en marcha, fiel al mandato de los votantes. Su decapitación política supone la renuncia, veremos si parcial o total, a aquel mandato, agravada por el encumbramiento de quienes nunca compartieron aquel ideal, sino que se mantuvieron fieles al marianismo. Bien está integrar a todas las sensibilidades, pero no conviene olvidar a las propias.»

¿Las propias? ¿Puede haber algo propio en un partido que se coloca al pairo de una sociedad cuyas ideas, leyes y sensibilidad conforman otros? Tengo cierto afecto por Casado, así que, a juego con la «Nueva Normalidad» del PP, le citaré una de las hermosas frases de Azaña, borradas por sus feos hechos: «Si usted no se sonroja, permítame que yo me sonroje por usted».

18 Agosto 2020

El impacto de la destitución de Cayetana en el PP

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

LA APRESURADA reestructuración en el Partido Popular deja cierta sensación de desandar el camino. Y que se haya hecho en mitad de agosto aumenta el eco de una crisis interna larvada desde hace bastante tiempo que debiera haberse resuelto de mejor modo por todas las partes. La entrevista a El País de Cayetana Álvarez de Toledo ha sido percibida por Casado como un «ataque a su autoridad» y contenía algunas opiniones que comprometían demasiado a la formación, que en determinados asuntos tiene necesariamente que hablar con una voz única. De ahí que se haya precipitado su destitución como portavoz, si bien ya estaba sobre el tapete.

Tiene el líder del PP la legitimidad y el derecho de ahormar su equipo y de variar las estrategias. Eso sí, sus pasos no están exentos de riesgo; para empezar debe evitar que se puedan sentir decepcionados tantos simpatizantes que recuperaron la ilusión en 2018 con un vigoroso mensaje que se tradujo en una frase concisa: «Vuelve el PP». Casado se impuso a Soraya Sáenz de Santamaría gracias a una vibrante enmienda a la última etapa del marianismo, que había dejado al partido, no se olvide, marchito. Rajoy, que tan gran labor había desempeñado para sacar a España de la terrible crisis económica y salvarla casi de la bancarrota, se equivocó en cambio al fiarlo todo a la economía. No se dio cuenta de que es la política, estúpido.

Casado prometió un rearme ideológico y emprendió la senda para recuperar sus principios esenciales. Ganó porque era quien encarnaba la renovación, tal como demandaba la militancia popular tan necesitada de sangre ideológica. La dirección estaba muy clara. Y a nadie pudo sorprender que situara a una dirigente tan combativa y lúcida como Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz de la formación en el Congreso. Su destitución ayer, paradójicamente, es mucho más celebrada por quienes nunca votarían al PP que por muchos españoles que nunca han aceptado que el centroderecha caiga en la trampa de Moncloa que presenta con éxito como radical a la oposición si no se pliega sumisamente al Gobierno y sus políticas. No le faltaba razón a Álvarez de Toledo ayer cuando lamentaba que en España hoy tengan la capacidad para establecer lo que es la moderación los nacionalistas rupturistas y la izquierda radical. Amarga ironía.

Lo ocurrido supone al fin una cesión de Casado a los barones del partido. Pero le obliga ahora a explicar qué significa y en qué se traduce el retorno a una centralidad que tanto parece asemejarse al marianismo que él prometió superar. En todo caso, la nueva estrategia del PP no puede significar otra vez evitar los conflictos u orillar las batallas ideológicas. Y mucho menos puede ser la cabeza de Álvarez de Toledo una ofrenda al Gobierno para cerrar pactos en asuntos tan relevantes como la renovación del Poder Judicial sin que se respeten como límites las líneas rojas regeneracionisas que con acierto viene defendiendo el PP. Una cosa son acuerdos de Estado necesarios y otra repartos de cromos.

18 Agosto 2020

Cayetana, portavoz de sí misma

Antonio Martín Beaumont

Ha cometido el peor error en un cargo político: la deslealtad con quienes la nombraron

 

La historia de Cayetana Álvarez de Toledo con Pablo Casado ha terminado mal. Era una crónica anunciada desde que el presidente del PP anunciase su fichaje como portavoz parlamentaria, para estupor de buena parte del partido. Tantas voces señalaron entonces el error que cometía, que casi lo que más le ha costado en estas horas ha sido tener que reconocer públicamente su desacierto. No es que Álvarez de Toledo haya ejercido de verso suelto y presumido de ello desde un puesto que debía ser la línea más directa de conexión entre la forma de ejercer la política del presidente del Partido Popular y su Grupo Parlamentario. Ha ido mucho más lejos, confundiendo su legítima adscripción a una determinaba corriente ideológica del centroderecha con un empeño diario y público por llevar la contraria a la dirección de su formación. En ocasiones, incluso boicoteando los grandes anuncios de Casado, o cayendo en las trampas que le ponían el Partido Socialista o Podemos, o agitando batallas internas que tanto tiempo ha dedicado a cicatrizar el líder. Como cuando acusó a los populares vascos, admirados en todo el partido, de vivir confundidos con el paisaje nacionalista. Nadie en Génova ha puesto nunca en duda la valía intelectual de Cayetana. Tampoco sus convicciones. Eso sí, muchos dudaron de que su perfil combinara bien con la estrategia de Pablo Casado de centrar el Partido Popular para ensanchar su espacio ideológico, según anunció tras llegar a su cúpula. Pero tal vez la gota que hizo rebosar el vaso y le ha costado la portavocía en la Carrera de San Jerónimo es haber confundido la defensa de sus convicciones con una patente de corso para «ir por libre». Cayetana Álvarez de Toledo ha ejercido de portavoz de sí misma. Jamás ha sido la voz del Partido Popular ni de la dirección de sus siglas. Y al final, ha acabado cometiendo el peor error en un cargo político de responsabilidad: la deslealtad con quienes la nombraron. No será porque Pablo Casado y Teodoro García Egea no hayan demostrado dosis de paciencia durante meses. Pero denigrar precisamente en «El País» al secretario general y enmendar las decisiones del líder nacional es algo que la cúpula de un gran partido jamás puede aceptar. La cosa ha terminado como el Rosario de la Aurora: en desbandada tumultuaria. Eso sí, a ella visión política no le falta. Si dio tal paso, ir a PRISA a quejarse, seguramente fue porque sabía que su cese ya estaba decidido y sólo faltaba ponerle fecha.

 

19 Agosto 2020

Cambios en el PP

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

El cese de Álvarez de Toledo debería ser el inicio de una estrategia más moderada

La destitución de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria del PP constituye un giro de envergadura en el primer partido de la oposición que solo el tiempo dirá si es ideológico y de calado o meramente táctico. El relevo adquirió el lunes un relieve especial por la comparecencia de alto voltaje que protagonizó la diputada a las puertas del Congreso para explicar las desavenencias que el líder del PP le había expresado. Según su versión, Pablo Casado cree que la “concepción de la libertad” de la portavoz es incompatible con su autoridad, que sintió cuestionada en la entrevista que concedió a este periodico. Álvarez de Toledo aseguró que no ha tenido autonomía para ejercer su cargo, y señaló los pactos con Vox que permiten gobernar a barones supuestamente moderados, en alusión al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que será portavoz nacional del partido.

Esa concepción de la libertad de Álvarez de Toledo no resulta convincente cuando lo que ha practicado ha sido la polarización, el tono bronco y un discurso que excluye a otras fuerzas del ejercicio del poder que les otorga legítimamente la soberanía conseguida con sus votos. El improperio contra Pablo Iglesias, al que calificó de “hijo de terrorista”, es una grave vulneración de la atmósfera de convivencia que debe primar en la política en general y en el Congreso especialmente.

Cuando Casado eligió a Álvarez de Toledo para un puesto tan visible y clave como el de portavoz, lo hizo como apuesta personal, a sabiendas de que no sintonizaba con los discursos más moderados de algunos barones y de dirigentes de la etapa de Rajoy que entonces pasaron a segundo plano. Su salida y el protagonismo que concede desde ahora a Almeida, a Ana Pastor como vicesecretaria de Política Social, y a Cuca Gamarra en sustitución de la propia Álvarez de Toledo es un giro en toda regla en un momento en que la fatiga por la crispación es notoria, en que el país necesita consensos para afrontar la reconstrucción sanitaria y económica y, por ende, en que ha visto que la estrategia de tierra quemada daba muchos menos frutos que la practicada por los dirigentes más moderados de su partido.

Casado ha jugado a la demolición del Gobierno, al que ha llegado a negar su respaldo en las dos últimas prórrogas del estado de alarma; lo ha acusado de atrocidades en la pandemia sin poder demostrar una mejor práctica en las autonomías que controla, especialmente en una Comunidad de Madrid azotada por los errores de Isabel Díaz Ayuso, su otra gran apuesta personal, y se ha dejado arrastrar por Vox a posiciones discutibles en un partido con vocación de volver a encabezar el Gobierno que ha ejercido durante 15 años en democracia.

España necesita recuperar una cultura de negociación que logre frutos en pactos vitales para la convivencia democrática y la lucha contra la recesión económica. La necesidad de unos Presupuestos que canalicen las inyecciones de dinero europeo, la urgencia de afrontar con consensos el fortalecimiento de la sanidad y la escolarización segura de los menores, la renovación de órganos como el CGPJ o el Tribunal Constitucional y de otras instituciones bloqueadas y la determinación de que este país avance con acuerdos y sin crispación son claves para el futuro. Los nombramientos de Casado pueden ser indicio de otra manera de hacer política. Pero ahora tienen que plasmarse en hechos concretos.

23 Agosto 2020

Cayetana

Mario Vargas Llosa

Está convencida, como ha mostrado en este año, de que en la política pacífica y tolerante de la democracia y el liberalismo todo se puede cambiar, a condición de que se dicten las leyes adecuadas y se defienda la libertad

Cuando Pablo Casado, el líder del Partido Popular, tuvo la valentía de nombrar a Cayetana Álvarez de Toledo portavoz de su partido, de oposición al Gobierno de Pedro Sánchez, muchos nos preguntamos cuánto duraría Cayetana en el cargo. Ha durado un año y, desde luego, no ha perdido en este trance un minuto de tiempo. Aunque sé que a ella no le gusta esta palabra, lo que ha hecho en España esta joven admirable ha sido una pequeña revolución, que, al menos yo, creo de largo alcance.

Por lo pronto ha mostrado que no es verdad que a los jóvenes más brillantes en España les interesan la economía y las empresas, pero detestan la política. Pocas personas hay mejor preparadas intelectualmente que Cayetana, con un doctorado en Historia en la Universidad de Oxford, y, sin embargo, a ella le apasiona la política y está convencida, como ha mostrado en este año, de que en la política pacífica y tolerante de la de la democracia y el liberalismo todo se puede cambiar, a condición de que se dicten las leyes adecuadas y, sobre todo, se defienda la libertad ante los que quisieran conculcarla, como ahora, en España, la extrema izquierda de Podemos y los independentistas de Cataluña. Es el mejor trabajo que Cayetana ha hecho y lo más que tenemos que agradecerle: demostrar, con palabras y con hechos, que no hay razón alguna para que la derecha democrática tenga complejos de inferioridad frente a la izquierda comunista, que arrastra, dentro de sus taras, cosas tan horrendas como el Gulag, la Revolución Cultural China y, más cerca de nosotros, la desgraciada Venezuela, uno de los países más ricos del mundo al que “el socialismo del siglo XXI” del comandante Chávez sepultó en la miseria y del que cinco millones de personas por lo menos han tenido que huir para poder comer y trabajar. ¿Por qué tendría que bajar la cabeza y rendirse la doctrina de la libertad frente a los responsables de esos crímenes sabiendo que ella representa lo más avanzado, libre y próspero de nuestro planeta?

¿Quiénes son los que se han desgañitado pidiendo a Cayetana en este año moderación y centrismo? Algunos distraídos militantes del Partido Popular, sin duda, pero sobre todo los socialistas y comunistas, sorprendidos de ver a alguien de la derecha que se atrevía a recordarles los horrores cometidos en nombre del sacrosanto marxismo. A mí me recordaba los años de Margaret Thatcher en Inglaterra, cuando socialistas y comunistas le exigían desesperados que se centrara y moderara, porque con sus inconveniencias políticas iba a llevar a los tories a la extinción. La verdad es que los llevó al poder por tres veces consecutivas —por primera vez en la historia— y que Gran Bretaña jamás estuvo tan bien, desde la Segunda Guerra Mundial, como con la señora Thatcher.

¿Cuáles son las posiciones que ha defendido Cayetana como portavoz del Partido Popular? Cosas tan sensatas y queridas por media España como que el Partido Socialista vuelva a ser lo que era en tiempos de Felipe González y el Partido Popular pueda unirse a él en una coalición que permita la recuperación del país en este año de gravísimas vicisitudes sanitarias y económicas. Y nadie ha expresado tan claramente como ella la distancia que hay entre un partido democrático y liberal como el Partido Popular y una fuerza conservadora y nacionalista como Vox. ¿Es ese el temido radicalismo de Cayetana? También ha dicho con la misma claridad con que siempre se expresa que un partido político democrático y liberal no es lo mismo que el Ejército, donde las “órdenes de los jefes se obedecen sin dudas ni murmuraciones”. Desde luego que no. En un partido democrático las ideas se discuten, al igual que los programas, dentro de una adhesión general a ciertos principios, que inevitablemente se traducen en políticas distintas. Esto lo saben de sobra todos los militantes democráticos, pero lo ignoran, por supuesto, los que hacen política para medrar, enchufarse en el Estado o sentirse —ay de ellos— poderosos.

El sociólogo alemán Max Weber diferenció muy claramente la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Un partido democrático necesita dirigentes que representen ambas cosas; caso contrario, puede llenarse de oportunistas corrompidos o condenarse a ser sólo un grupo de presión alejado de la masa ciudadana. El político de convicción obedece a sus ideas y principios antes que a otra cosa; el político responsable sabe que las ideas y principios son generalidades de difícil aplicación y que, en muchos casos, debe hacer concesiones, a veces muy amplias, para hacer avanzar su causa y las reformas que defiende. El político de convicción no cede ni hace concesiones sobre las ideas ni los principios. En España no ha habido muchos políticos de convicción y tal vez ésa sea la razón de la triste historia de sus partidos políticos; no los ha habido en el sentido que Cayetana Álvarez de Toledo lo es, defendiendo aquello que cree sin mirar a los costados ni atemorizarse por las posibles consecuencias. Es verdad que dirigentes tan estrictos pueden significar la desgracia de un partido; pero, sin ellos, lo que es seguro es que ese partido se pudrirá en vida, lleno de “moderados”, vale decir oportunistas, ventajistas e, incluso, ladrones y enchufistas. Los que hemos votado varias veces por el Partido Popular no queremos que este partido, lo que más se parece a una fuerza liberal en España, termine en la confusión y el pragmatismo cínico en que ha caído el Partido Socialista desde que Felipe González dejó de dirigirlo. Y por eso, muchos que sin ser militantes votamos por él, creemos que Cayetana ha prestado un servicio inmenso a los populares defendiendo en sus filas, a veces contra sus mismos militantes, la ética de la convicción. Los principios y las ideas antes que los cargos y la figuración.

Conocí a Cayetana hace algunos años cuando el Rey Felipe VI salvó a España, con un discurso, del frenesí de los independentistas catalanes, que, luego de organizar una consulta ilegal para justificar la independencia, se creían ya dueños de la realidad política española. Cayetana, sin tener ni recibir apoyo de nadie, organizó la resistencia a la ilegalidad catalana, con Libres e Iguales, que movilizó a muchos jóvenes y viejos a través de España, quienes, a su mando, salimos a las calles a recordar que la Constitución española prohíbe expresamente que una región autónoma convoque un referéndum sobre la segregación, y a recordar que en una democracia la Constitución y las leyes se respetan. Es decir, a defender aquello mismo que Felipe VI había defendido con tanta lucidez en su discurso. Refiero esto para mostrar que una dirigente política que promueve la ética de la convicción no es una tetelememe extraviada en el mundo de las ideas; puede ser también un ser práctico y valiente que recurre a la acción en defensa de aquello que cree y promociona. Cayetana lo ha hecho siempre, con coraje, en Cataluña, cuando trataron de impedirle que entrara a una universidad, o en las giras políticas en el País Vasco, sin inmutarse ante los insultos y las piedras nacionalistas. La ética de la convicción no está reñida con la valentía ni la acción.

Dicho todo esto, esperamos de ella, ahora que tendrá más tiempo, que escriba el ensayo político sobre España que nos debe. Y, por supuesto, todos quienes la admiramos y queremos, la vamos a extrañar, sobre todo cuando escuchemos los debates en las Cortes y nos muramos de aburrimiento.

10 Septiembre 2020

Aplaudidor

Carlos Boyero

No necesito estar de acuerdo con las ideas de alguien para constatar su brillante personalidad

Creo haber leído hace muchos años en un relato o novela del sombrío Onetti: “Solo soy un hombre apoyado en una pared que fuma en la oscuridad”. La imagen no es envidiable, pero me reconozco bastante en ella. Y pienso en la que yo tengo de otras personas. Por ejemplo, de un tal Rafael Simancas. Asocio a este señor con alguien que lleva casi toda su existencia en segunda fila y aplaudiendo con fervor en el Parlamento todo lo que salga de la sagrada boca de los presidentes de su partido. Es una profesión exótica, pero muy arraigada en la política lo de ejercer de palmeros de los jefes del tinglado. Simancas acarició el gran poder y coronarse presidente de la Comunidad de Madrid, pero la muy humana y sórdida corrupción de dos diputados sociatas le dejó llamando infructuosamente a las puertas del cielo y con un futuro de eterno aplaudidor. Y tampoco parece alguien muy dotado para la oratoria. Bueno, cada uno se busca la vida como puede. Sería una hermosa utopía que alguien dijera “lo que ha dicho el boss o el colega de partido me parece una gilipollez”.

No veía yo en trabajo tan entusiasta a la desterrada Cayetana Álvarez de Toledo, esa portavoz tan altiva, dueña de una insultante seguridad en sí misma, inteligente, leída, esgrimista feroz, una primera actriz rodeada de intérpretes tan fofos como previsibles. Y, por supuesto, no necesito estar de acuerdo con las ideas de alguien para constatar su brillante personalidad, la evidencia.

El emblema cansino del “y tú más” y el campeón de España de lanzamiento de huesos de aceituna le han cerrado su insolente y peligrosa boca. El espectáculo va a decaer un montón

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