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El PSOE comunica que su ex coordinadora de finanzas, Aída Álvarez, investigada por el caso Filesa, ya no es militante del partido

HECHOS

Fue noticia el 31 de enero de 1993.

31 Enero 1993

A la sombra del carné

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

MEJOR LE hubieran ido las cosas al PSOE si las advertencias de su secretario general contra los logreros que medraron abusando de su militancia en ese partido, y que se han plasmado de inmediato en dos significativas dimisiones, hubieran sido llevadas a la práctica mucho antes. Los sarcasmos sobre lo tardío de la reacción de Felipe González o sobre la desproporción entre su advertencia y la entidad de los escándalos conocidos son hasta cierto punto inevitables. Pero ello no justifica subestimar la rectificación que el gesto parece anunciar. Si se trata o no de la tantas veces anunciada y aplazada perestroika socialista es algo que está por ver. Pero al menos da la impresión de que las encuestas han hecho despertar de su ensoñación al secretario general- el candidato González parece haber entendido lo que está pasando.Lo que está pasando es que puede perder las elecciones, y lo que no quería entender es que el descrédito que tal vez conduzca a los socialistas a la derrota se lo han ganado a pulso: que no es el resultado de una conspiración urdida por el Opus, la derecha y la prensa, como todavía finge creer Guerra, sino del conocimiento por la opinión pública -o por el sector más informado de ella- de comportamientos indefendibles desde cualquier punto de vista. Lo de la multinacional Siemens ha sido, efectivamente, muy fuerte, tanto por la naturaleza del asunto como por las personas implicadas. Pero son comportamientos nacidos con toda probabilidad de la vista gorda con que se contemplaron los primeros escarceos fuera del Dlato de personas de confianza que hacían su aprendizaje al amparo de la coartada de estar trabajando para el partido.

La dirección del PSOE dice ahora que Aida Álvarez, ex coordinadora de finanzas, ya no era afiliada; pero el martes pasado, una nota de prensa de esa misma dirección afirmaba que sí lo era, y en cuanto tal le pidió explicaciones el secretario de organización. La contradicción refleja seguramente la ambigüedad del estatus de las personas que comenzaron haciendo negocios para, con, desde, por el partido -como atestiguan algunas de las facturas reveladas por el caso Filesa- y siguieron luego por su cuenta.

La autoexculpación de los comisionistas, en el, sentido de que no se han aprovechado de su condición de militantes para mediar en las concesiones por las que cobraron fuertes comisiones, resulta tan inverosímil como la pretensión de la ejecutiva socialista de lavarse las manos con el argumento de que no podía reponsabilizarse de los negocios privados realizados por militantes que en el pasado hubieran desempeñado funciones «orgánicas o institucionales». Pues lo que interesa del asunto es que esos negocios tienen que 1 ver precisamente con decisiones políticas, y que, aparte su proximidad al partido del poder, se ignora qué Otra cualidad profesional adornaba a tales comisionistas para que una multinacional como Siemens les pagará tan sustanciosas comisiones.

Por lo demás, si su eventual renuncia al carné no impidió a Aida Álvarez seguir haciendo negocios en el en torno del PSOE, la dimisión de los otros dos comisionistas no es garantía suficiente contra estas prácticas. De ahí que, si bien es elogiable el gesto del secretario general para limpiar su partido, es insuficiente en su condición de presidente del Gobierno: cabe esperar de éste una investigación sobre los posibles efectos de esas comisiones en el encarecimiento de los contratos firmados por Renfe. Con todo, al afirmar que expulsaría del PSOE a quienes se hayan aprovechado de su militancia en él, al margen de que sus comportamientos sean o no delictivos desde el punto de vista penal, González no sólo enmendaba la plana a los redactores de esa nota autoexculpatoria, sino que corregía su propia doctrina sobre lo que es (y lo que no llega a ser) corrupción. La sinceridad de su sorpresa ante el nuevo escándalo y de su voluntad de no tolerar esos comportamientos se pondrá a prueba en las iniciativas que adopte para poner fin a la situación que los ha hecho posibles: la existencia, con el pretexto de la financiación y el amparo del patriotismo de partido, de redes de poder emboscadas en el secreto y en las que se difumina la distinción no sólo entre lo público y lo privado, sino entre lo colectivo y lo personal.

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