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El Real Madrid de Florentino Pérez ficha al jugador francés Zinedine Zidane en el fichaje más caro de la historia hasta el momento

HECHOS

El 10.07.2001 Zinedine Zidane fue presentado como nuevo jugador del Real Madrid.

10 Julio 2001

El falso lento

Jorge Valdano

Zinedine Zidane es un elefante (está por encima de los 80 kilos) con el cerebro de una bailarina. Su andar es pesado, pero sus decisiones son ágiles. Es uno de los jugadores que más placer me da observar, aunque siempre tengo la impresión de que la atolondrada urgencia del partido (Italia y su fútbol físico y táctico) lo va a superar.

Sin embargo, su inteligencia trabaja a la velocidad del sonido para meterle a la pelota una mayor carga de peligro y malicia de la que traía. Zinedine Zidane es un talento altruista que le da a un equipo muchas prestaciones. No es un gran recuperador, pero perdida la posesión de la pelota se puede contar con él: no resulta fácil eliminarlo y es capaz de perseguir a un rival 30 metros para dificultar su maniobra. Su gran aporte tiene que ver con la construcción del juego (toca más de 70 balones por partido) y la ya mencionada lectura rápida para aportarle a la acción una claridad profunda.

Ningún centrocampista del mundo hace un uso tan inteligente del balón como Zidane. Lo sabe guardar, intenta asociarse, elimina a un rival cuando la jugada lo requiere. Tiene un buen tiro, pero le falta gol para juntarse en la historia con uno como Platini.

10 Julio 2001

Negocio

Santiago Segurola

El fichaje de Zidane por el Real Madrid supone un giro radical en la relación de poder del fútbol. Por primera vez desde el traspaso de Maradona al Nápoles, una estrella indiscutible -en este caso el jugador más popular del mundo- ha abandonado Italia para establecerse en un club español, con lo que eso significa de prestigiosa conquista para el Madrid y, por extensión, para la Liga. Hubo un tiempo en el que nuestro fútbol era el faro de Europa, iluminado por genios del calibre de Di Stéfano, Cruyff y Maradona, cada uno de los cuales marcó una época. Pero en los últimos 15 años, España había aceptado un papel subsidiario con respecto a Italia, lugar de destino de los astros consagrados. El fugaz paso de Ronaldo por el Barça sólo sirvió para constatar esta realidad. Una vez convertido en el mejor futbolista del planeta, Ronaldo saltó inmediatamente al imbatible mercado del calcio. Imbatible hasta que el Real Madrid decidió pagar 13.000 millones por Zidane.

Lo más socorrido es abrumarse por la colosal cifra del traspaso, hasta considerarla obscena, lo mismo que se consideró indecente el millón de dólares que el Barça pagó por Cruyff o la cuantiosa cifra que se desembolsó por Maradona. Los mismos argumentos que se utilizan ahora con Zidane, se esgrimieron en los años setenta y en los ochenta. Por lo tanto, no hay novedad alguna en este asunto: se mantiene una retórica de tipo piadoso, probablemente relacionada con los tiempos en los que el fútbol era una actividad apenas profesional, practicada porgentlemen con calzones largos. Pero la realidad es diferente. El fútbol se alejó hace décadas de su raízamateur para transformarse en un formidable aparato mercantil, sostenido por las mismas reglas que condicionan la industria del espectáculo. No hay esencialmente nada que distinga al fútbol del cine, por citar a los dos mayores tinglados del entretenimiento.

La consideración del fútbol como una actividad casi familiar, ligada a mitos preindustriales, es un error y una falacia. Ese mundo se desvaneció hace mucho para dejar sitio al negocio, al comercio y al riesgo, con todo lo bueno y lo malo que ello significa. En cualquier caso, resulta inadecuada tanta prevención, tanto gimoteo, contra una estructura decididamente mercantil. Si no sucede lo mismo en otras áreas económicas, ¿por qué debería suceder con el fútbol? Otra cosa es permitir que el fútbol lleve una doble vida, la que ventajosamente le sirve para aparecer como un negocio cuando quiere y como honorable vehículo deportivo cuando le da gana. Ese ventajismo intolerable es el que sirve para hablar del marco específico del fútbol, o lo que es igual, para actuar con patente de corso y no respetar leyes laborales, administrativas y económicas que son de obligado cumplimiento.

Desde que Silvio Berlusconi integró al Milan en su cadena empresarial, o desde que Rupert Murdoch salvó a Sky Television con la compra de los derechos de la Liga inglesa, se sabe que el fútbol es negocio o negocio, y a veces un mal negocio. Muy probablemente, la contratación de Zidane por el Madrid tendrá éxito en todos los aspectos. En el futbolístico, porque se trata de un jugador más que probado como estrella, y en el económico, porque las posibilidades de amortización del fichaje serán infinitamente mayores que las de sobrevalorados futbolistas de medio pelo. Los Bulls de Chicago desearían fervientemente volver a pagar 40 millones de dólares por temporada a Michael Jordan -el hombre que les dio títulos y beneficios incalculables- antes que sobrevivir miserablemente con la recua de malos y caros jugadores que les ha llevado al desprestigio actual. De este material está hecho el deporte profesional y, muy especialmente, el fútbol. En el Madrid, lo saben muy bien.

26 Junio 2001

Zidane y pinocho

Gaspar Rosety

Hace un año que DIARIO16 informó del acuerdo entre el representante de Zinedine Zidane y los representantes de Florentino Pérez.

Aquella misma noche a tres de las elecciones un caduco y trasnochado José María García, hipotecado hasta las cejas por Sanz y Onieva afirmó que ‘a los compañeros de DIARIO16’ les han metido un gol». Acto seguido con su senil diarrea verbal informó en rigurosa primicia y exclusiva mundial que ‘el voto por correo estaba muy igualado’ (A esas horas todo Madrid sabía ya que Florentino llevaba 12.000 votos en las sacas y el socio de García sólo 7.000). El pobre García, viejo juguete inservible, no tenía idea de lo que se cocía en el Madrid. Más preocupado de cerrar su pelotazo con Villalonga, era comprensible su ignorancia. El pobre García, con la nariz más larga que Pinocho, más larga que los puros que fuma gratis durante las timbas en Trihers, intentaba un ataque a la desesperada para castigar a Florentino. Ahora, el pobre García, embutido en sus miserias, sigue peleando por desprestigiar a quienes no le reímos las gracias. ¿Jugará con Zidane en el Madrid? Lo sabrá el miserable que presume de insultar a Alierta y a Sáenz de Buruaga por los bares. Aquella tarde DIARIO16 dijo la verdad y José María García, o lo que queda de su pobre y mísero recuerdo, contó las mentiras que a su interés convenían. Sanz perdió las elecciones. García perdió 700.000 oyentes y el Madrid está a punto de ganar a Zidane. Está visto, García, que los muertos que vos matáis gozan de buena salud. ¿Gustan en Telefónica las mentiras interesadas contra el Real Madrid? Ave, Cesar.

24 Agosto 2001

Una contradicción en los términos

Juan José Millás

Me cuesta llegar a mi nivel’, ha dicho Zidane con gesto de preocupación ante la prensa. La frase, en sus labios, parecía un ejercicio de modestia. Y lo era: trataba de pedir disculpas, pero ¿se imaginan ustedes esa frase en boca de un pintor, de un músico, de un poeta? Resultaría petulante en lugar de estremecedora. Un poeta jamás intenta estar a su nivel, sino al de Dante; un músico, al de Mozart; un pintor, al de Picasso, y así sucesivamente. Claro que no sabemos de ningún poeta que haya sido fichado por 12.000 millones de pesetas. Cuando alguien te paga esa cantidad, se supone que lo hace para que seas tú y no para que seas Mozart. Sería absurdo gastarse 10.000 millones en Figo para que compusiera una misa de réquiem al Real Madrid.

Me cuesta llegar a mi nivel. Eso sólo puede decirlo alguien que está absolutamente satisfecho de su nivel y que tiene la humildad necesaria para reconocerlo. Pero si se trata de una afirmación inquietante, es sobre todo porque incluye la posibilidad de que Zidane haya perdido su talento justo cuando había logrado venderlo al precio más alto. ¿Cómo sería un Zidane sin talento? ¿Cómo sería un Cervantes sin talento? ¿Y un Verlaine sin talento? Conocí a un tipo que tenía un talento enorme para la bebida, por lo que era reclamado para que hiciera de borracho en casi todas las fiestas. Su fama creció y creció hasta que un día fue invitado a esa fiesta que le colocaba socialmente en el lugar al que siempre había aspirado. Pero no estuvo a su altura. No estuvo a su altura ese día ni ninguno de los siguientes. Durante un tiempo lo siguieron llamando por pura inercia, pero daba lástima verle emborracharse como un bebedor de tercera.

¿Cómo era aquel hombre sin talento? Poca cosa. Yo lo conocí entonces, cuando intentaba con desesperación llegar a su nivel. A la tercera copa empezaba a observarse a sí mismo dentro de su cabeza, recordando sus actuaciones alcohólicas más celebradas con la intención de repetirlas, pero resultaba patético. Cuando lo llevabas a casa, se volvía, como un boxeador que despertara del KO, y preguntaba si había ido todo bien. Quizá debería haberse retirado el mismo día de alcanzar la cumbre. Algunas personas tienen el coraje de hacerlo. ¿Pero puede un alcohólico dejar de beber cuando le abandona el talento?

‘Me cuesta llegar a mi nivel’, dijo Zidane con ese gesto de pudor que le caracteriza, y a mí, que no me interesa el fútbol, se me pusieron los pelos de punta. Cabría suponer que a uno le cuesta alcanzar el nivel de su padre, de su vecino, de su competidor, de su maestro, pero jamás el propio. No obstante, si los meses hablaran, quizá este agosto del año 2001 dijera que le cuesta llegar a su nivel. Esperamos de agosto que sea un poco banal. Apreciamos en él que no tenga la seriedad académica de octubre, ni el rigor funerario de noviembre, ni las expectativas existenciales de marzo. Le pedimos que sea ligero, fútil. Hasta las universidades de verano transmiten un aire de frivolidad que a nadie extraña. Parece que hay una contradicción interna en la expresión universidad de verano, como cuando decimos vacaciones de invierno.

Aunque para contradicción en los términos, Dios mío, la de esa otra expresión: juguete bomba. ¿Cómo es posible conciliar dos términos antagónicos de ese calibre? Cuando esta mezcla explosiva de palabras, que ha arrancado los ojos a un bebé y ha matado a su abuela, nos estalló en el rostro al abrir el periódico, agosto comenzó a cerrarse por defunción, gimiendo como las bisagras de un ataúd. Agosto no había estado a su altura, pues, qué le vamos a hacer. Ahora, para que nuestra perplejidad esté al menos a la altura de las circunstancias, imaginemos el gesto de ese individuo que pretendiendo alcanzar la cumbre del pensamiento terrorista (otra contradicción en los términos) desarmaba un juguete e introducía en él con emoción una caja de pólvora prensada. Ese sujeto ha llegado a lo más alto que puede llegar un fanático. Quizá haya estado por fin a su nivel. Enhorabuena. Ojalá que ahora sienta los remordimientos de quienes al conseguir lo que más deseaban comienzan a declinar. Deseamos a ese genio del terror, capaz de conciliar sustantivos incompatibles como juguete y bomba, que los ojos de Jokin, convertidos ya en dos agujeros de pánico, no dejen de mirarle el resto de su vida.

Zinedine Zidane

‘Aquella frase, en sus labios, parecía

un ejercicio de modestia’

29 Agosto 2001

Zidane

Manuel Väzquez Montalbán

España saldrá del verano en dirección al otoño sin otros asuntos de interés clamoroso que el caso Gescartera y el caso Zidane. Claro, que siempre hay que contar con ETA como materia prima de nuestros desastres y de nuestros toques de silencio, pero de vez en cuando conviene vivir intensamente obsesiones rigurosamente civiles. Salga como salga esa maravilla preconciliar de Gescartera, habría que pensar en una distinción, peyorativa se entiende, pero especial para genios como el señor Camacho. Algo así como El hurón de oro o El caganer de platino, diseñados por Chillida y Mariscal, respectivamente, reclamos éticos para todos los españoles, que verían así representado a qué puede conducir el mal, consecuencia de una mezcla de listeza de toco mocho y de canon secreto de los poderes fácticos más antiguos y determinantes: la Iglesia y los cuerpos militares.

Así como el caso Gescartera tendrá su territorio clarificador en las Cortes españolas, Zidane va a vivir un vía crucis constante, campo de fútbol a campo de fútbol, pendiente sobre el bereber la duda de si vale lo que juega o no juega lo que vale. Cada vez que se enfrente el Madrid contra quien sea, la valoración de Zidane será un valor añadido y a la vez determinante, algo así como la antigua prueba de los nueves o la televisiva prueba del algodón. Y Zidane no tiene otra alternativa que cerrar las bocas y frustrar las expectativas perversas con su juego, antes de caer en la dramática comprobación objetivable de que le está quitando el sitio a Helguera. Nunca otro jugador fue tan vigilado por la oftalmología paisana como este hombre, que, sobre todo, juega bien en la selección francesa y pasó por Italia como Goethe, de vacaciones, pero sin escribir nada, creo, perteneciente al género de esa literatura de viajes que modifica los paisajes.

Si no triunfa, al presidente del Madrid sólo le queda la salida de fichar a Bush como media punta, pero si triunfa, la gloria espera al equipo dirigente, que, con un solo fichaje, se hará de oro y dejará tan extasiados a los peatones de la historia que desde la caverna contemplamos las piernas de los jugadores más caros de este mundo como si fueran las nuestras.

15 Septiembre 2001

¿Es Zidane un impostor?

Julio César Iglesias

Cumplidas las dos primeras jornadas, una parte de la crítica deportiva se echa al monte y comienza a agitar un espantajo: el deficiente rendimiento del Real Madrid está ligado al fichaje de Zidane. Al amparo de las estadísticas, los investigadores buscan el indicio que permita demostrar la superchería, la prueba concluyente de que el tal Zidane es el mayor fraude de la historia del deporte desde que se desinfló la musculatura de Ben Johnson. En ese esforzado intento, sin duda comparable a la investigación del motor de agua o al logro de la fusión nuclear, los abanderados de la operación recurren a las teorías de Lombroso, miden las curvaturas del tobillo, calculan la superficie de la calva, interpretan la combinación de colores en la pupila y buscan desesperadamente en la austera figura del recién llegado las claves que revelen su predisposición a la catástrofe.

Esta suerte periodística no es nueva ni se vincula a un club o a un jugador determinado. Discrecionalmente, puede aplicarse a Maradona, Kluivert o Rivaldo, y basta una rápida visita a la hemeroteca para comprobar que el año pasado por estas fechas ya se ensayaba con Luis Figo. Eso sí: cuando el muchacho comenzó a ajustar sus centros a la cabeza de Guti, censores, detectives y monosabios cerraron la boca y se esfumaron discretamente por la tronera del burladero.

Por eso ahora conviene adelantarse a los acontecimientos y abrirse de capote. En pleno conflicto hay que decir alto y claro que el rendimiento del Madrid en Roma tiene tanto que ver con la ausencia de Zidane como las tormentas solares con el precio del besugo.Sabemos que, por distintas razones, algunos grandes especialistas no consiguieron prosperar en sus nuevos equipos. Pero Zidane es caso aparte; su largo repertorio de habilidades, su facilidad para desempeñarse en cualquier posición y su conocimiento de la maniobra entre líneas le hacen compatible con el supuesto más extravagante, incluido el oxidado sistema de la Juve. Aunque se mueve sobre sus piernas con un toque de ingravidez, aunque es capaz de aprovechar el espacio hasta extremos infinitesimales o de marcar el gol inverosímil, tiene un concepto espartano del fútbol: sus prioridades son la velocidad y la sencillez, dos recursos homologados en todas las escuelas.

Estas consideraciones conducen a una sola conclusión: podemos discutir con Del Bosque; pedirle que reniegue del doble pivote, que tire del rombo o que se atreva a experimentar con la geometría del juego.

Pero Zidane es indiscutible. Zidane es, simplemente, alquimia.

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