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Después de treinta años sin ganar ninguna, el club blanco ha logrado dos 'champions' en apenas dos años de diferencia

El Real Madrid de Lorenzo Sanz y Vicente del Bosque gana su octava Copa de Europa ganando al Valencia

HECHOS

El 24.05.2000 se celebró la final de la Copa de Europa en la que ganó el Real Madrid.

25 Mayo 2000

El Madrid tiró de su experiencia

Michel

La experiencia del Madrid en este tipo de finales resultó determinante para explicar la gran diferencia que hubo en Saint Denis.

Los tres goles fueron un excesivo castigo a un Valencia que no tuvo su día pero completó una brillantísima Champions.

EL Madrid se soltó la presión al principio siendo muy directo en su juego, mientras el Valencia, que elaboraba más el fútbol, fue poco a poco cediendo terreno a su rival.

El contragolpe fue el arma que mejor utilizaron ambos equipos, ya que sufrieron más cuando se midieron a una defensa estática.

El Valencia fue menos Valencia de lo que nos tenía acostumbrado en esta Champions. Tuvo que cambiar su actitud en la segunda parte, pero Gerard y Mendieta apenas aparecieron.

Helguera abortó todo el peligro en un partido que le consagró jugando de libre. Barrió todo lo que rondaba el área con una colocación digna de un futbolista de gran nivel. Para mí, fue el hombre de esta copa de Europa.

El gol de Morientes hizo atrincherarse al Madrid, pero la experiencia del colectivo en este tipo de finales acabó por imponerse ante un Valencia que no desentonó, pero que acabó siendo goleado.

Michel

25 Mayo 2000

Insaciable Real Madrid

Alfredo Relaño

El Real Madrid es insaciable. En la misma ciudad donde ganó su primera Copa de Europa, la misma en la que se inventó esta inigualable competición ganó ayer la Octava, que le eleva todavía más por encima de cualquier competidor europeo y el tiempo le abre el camino a la Novena. El Madrid no es el mismo que era salvo en raras ocasiones, cada vez más raras, por cierto. Sólo en estado de extrema necesidad, que suele presentarse en determinados trances de la Copa de Europa. Pero en esos casos, sí. En esos casos vuelve a ser el equipo con empaque, brío y autoridad que no se deja quitar lo suyo. Y lo suyo es, sobre todo, esta competición, que ha cambiado de nombre y de formato, pero que sigue considerando como propia.

Así que el Madrid, dominados, seguro de sí mismo, y jurgando sobre todo por el lado de Gerardo, lo tenía todo a su favor. El gol tenía que llegar y llegó. Llegó a través de un porfía de Michel Salgado, que peleó una pelota dividida cerca de la línea de fondo y metió un pase cruzado al segundo palo, para el frenazo claro y limpio de Morientes, que la echó abajo, donde duele. Cañizares, que regresaba apresurado del toro lado de la portería, fue implacable vencido por la perfección de una jugada clásica.

Alfredo Relaño

26 Mayo 2000

La celebración en Cibeles no es la kale borroka

Alfredo Relaño

La fiesta de anteanoche acabó a coscorrones. El parte fue de 19 detenidos y 230 heridos o contusionados, 55 de ellos policías. Unas decenas de macarras, gente pendenciera, aficionada a armar camorra en todo tipo de concentraciones, fueron la chispa que encendió todo. Pero la gasolina la puso el delegado del Gobierno, Francisco Javier Ansuátegui, que ha tenido un mal estreno. Celebraciones de este estilo en Cibeles hemos tenido varios últimamente, fueron los mismos macarras y el alboroto no llegó a tanto. La policía fue más prudente. Se ve que Núñez Morgades era más juicioso que Ansuátegui.

Leo declaraciones de este en nuestra tercera edición de ayer: “Hubo un grupo que ha estado provocando en la calle de Alcalá, que durante una hora y media la policía aguantó pero, al final, tuvo que actuar ante esta situación”. Fenomenal. La policía responde a la provocación y se organiza un guirigay entre macarras y antidisturbios que pilla en medio a varios miles de pacíficos aficionados, reunidos sin más pretensión que cantar las glorias de su Madrid en torno a Cibeles.

De policía se espera que proteja a los ciudadanos de bien, no que contribuya a crear situaciones de caos acudiendo a las provocaciones. De la policía se espera tacto en ocasiones delicadas, como es una concentración multitudinaria. Si alguien quema una papelera, es un mal menor. Si alguien quiere subir a poner una bandera en Cibeles, se negocia y si es el caso, se autoriza y no pasa nada. Si se trata de imponer un principio de autoridad por encima de la seguridad en una concentración mayoritariamente pacífica, entonces pasan estas cosas. Que una noche feliz acaba a coscorrones. Y demasiado barato nos salió. Pudo ser mucho peor.

Alfredo Relaño

25 Mayo 2000

La octava

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El Real Madrid cerró ayer en París con su octava Copa de Europa el círculo que inició en 1956 con su victoria frente al Stade de Reims en la primera edición. El fútbol, cuyo contenido simbólico no admite dudas, ha vuelto a ofrecer a los madridistas la oportunidad de proclamar su jerarquía en la competición más prestigiosa del mundo. Aquel torneo ideado felizmente por el diario L’Équipe se ha convertido en la gran referencia del fútbol, por su capacidad para medir la excelencia del juego en el continente europeo como por su potencia para movilizar tantos recursos económicos como pasiones. Que aquella copa alcanzara tanta trascendencia se ha debido en buena parte al Real Madrid. Aquel glorioso equipo encabezado por Di Stéfano conquistó cinco veces consecutivas el título, forjando una leyenda que ayudó a engrandecer la competición más querida por el madridismo.En París, donde todo comenzó, el Madrid ha alcanzado de nuevo la gloria. Lo consiguió en un día memorable para el fútbol español. El Valencia hizo honor a su espectacular recorrido por el torneo. Su juego ha merecido un reconocimiento unánime ante el carácter emprendedor de su fútbol, su sentido solidario y la armonía para unir los aspectos colectivos con las habilidades individuales de sus jugadores. El Madrid, que tantas penalidades ha pasado durante la temporada, fue fiel a su tradición en la Copa de Europa, donde ha ofrecido siempre sus mejores partidos.

Al éxito del campeón y al del Valencia como magnífico finalista hay que añadir el civismo demostrado en París por sus seguidores, que disfrutaron del fútbol como lo que esencialmente es: una fiesta desbordante de pasión, pero fiesta al fin. Todo lo contrario de lo que sucedió hace una semana en Copenhague, en la triste final de la Copa de la UEFA que disputaron el Arsenal y el Galatasaray. Dos equipos españoles han ofrecido en París el mejor rostro del deporte. Lástima que los incidentes de madrugada junto a la Cibeles pusieran un borrón al festejo.

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