11 mayo 1907

El rey de Portugal, Carlos I, disuelve el parlamento e inicia una ‘dictadura real’

Hechos

El 11 de mayo de 1907 el rey Carlos II ordenó la disolución del parlamento de Portugal.

El Análisis

La “dictadura real” en Portugal: el último intento de un monarca acorralado

JF Lamata

El 11 de mayo de 1907, el rey Carlos I de Portugal tomó una decisión que marcaría de manera decisiva el destino de su reinado y, en gran medida, el de la propia monarquía portuguesa: disolver el Parlamento e instaurar lo que pronto se conocería como la “dictadura real”.

La situación de Portugal a principios del siglo XX era convulsa y cada vez más insostenible. La monarquía constitucional, instaurada en el siglo XIX, se encontraba debilitada por la inestabilidad política crónica, con gobiernos efímeros que se sucedían a gran velocidad, una oposición cada vez más fuerte por parte de los republicanos y una sociedad descontenta con los problemas económicos y sociales del país. El descrédito del sistema parlamentario, dominado por la alternancia pactada de los partidos Regenerador y Progresista, alimentaba la sensación de estancamiento y corrupción.

En 1907, el rey optó por romper con esta dinámica. Confiando en el apoyo de sectores conservadores y del Ejército, Carlos I entregó el poder a João Franco, político regenerador, que asumiría el mando con poderes excepcionales. El objetivo era, en teoría, sanear la vida pública, reformar el Estado y acabar con el caciquismo parlamentario. Pero el resultado inmediato fue el silenciamiento de la representación política, la persecución a la prensa y a la oposición republicana, y el crecimiento de un clima de crispación social.

El gesto del monarca, más que reforzar la monarquía, la aisló aún más. La “dictadura real” convirtió a Carlos I en símbolo de autoritarismo en un país que, al contrario que otros en Europa, caminaba hacia un republicanismo militante. Lejos de fortalecer al régimen, la medida radicalizó a la oposición republicana, que vería en la eliminación de las libertades parlamentarias la confirmación de que la monarquía ya no tenía capacidad de reformarse.

Portugal entraba en un periodo de aguda tensión política, que tendría su desenlace apenas dos años después, cuando el asesinato del rey Carlos I y de su heredero, el príncipe Luis Felipe, en 1908, abriría el camino hacia la proclamación de la República en 1910.

La “dictadura real” de 1907 debe entenderse como el último intento desesperado de un soberano por salvar una institución desgastada, pero que, paradójicamente, aceleró su hundimiento. En vez de restaurar el prestigio de la monarquía, Carlos I la condenó a ser vista como incompatible con la democracia y el progreso.

JF Lamata