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El alto tribunal ratifica la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid de 2016 en un litigio que arrancó en 2010

El Tribunal Supremo prohíbe que TELECINCO siga emitiendo el programa ‘Pasapalabra’ y abre el camino a que vuelva a ANTENA 3

HECHOS

En octubre de 2019 el Tribunal Supremo prohibió a Mediaset España a eguir emitiendo en TELECINCO el programa ‘Pasaplabara’ a instancias de una demanda presentada por ITV.

02 Octubre 2019

Y AHORA, ¿QUIÉN SE COMERÁ EL ROSCO DE ‘PASAPALABRA’?

David Sanz Ezquerro

La sentencia del Tribunal Supremo que prohíbe a Telecinco seguir emitiendo Pasapalabra abre un importante agujero en Mediaset y coloca la etiqueta de disponible a uno de los formatos televisivos que ha demostrado durante años su enorme potencial de rentabilidad. Dos preguntas sobrevuelan el sector desde ayer: ¿qué va a hacer Telecinco ahora? y ¿quién emitirá en el futuro el popular concurso del rosco y las definiciones?

El Tribunal Supremo zanjó ayer el litigio que, desde hace casi una década, enfrenta en los tribunales a Mediaset España con la productora y distribuidora británica ITV Global Entertainment Limited por los derechos del concurso. El Alto Tribunal desestimó el recurso presentado por Mediaset tras la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid que ordenaba en 2016 a Telecinco «cesar inmediatamente» las emisiones del concurso, después de un primer pronunciamiento del Juzgado de lo Mercantil número 6 de Madrid en el año 2010.

Mediaset España apeló en casación la decisión judicial, pero el Alto Tribunal únicamente admitió la parte del recurso relacionada con las indemnizaciones a ITV. Finalmente, el Supremo ha rechazado la pretensión del grupo de comunicación de Paolo Vasile, lo que convierte en firme el fallo de la Audiencia Provincial.

Pasapalabra es uno de los formatos estrella de la parrilla de Telecinco. Cada día cerca de dos millones de espectadores siguen en pantalla el concurso presentado por Christian Gálvez entre las 20.05 y las 21.05 horas de la noche. Sus altos datos de audiencia contribuyen, además, al arrastre de espectadores hacia la emisión del informativo que conduce a continuación Pedro Piqueras, líder en su franja.

El acumulado histórico de Pasapalabra en Telecinco es del 17,5% de cuota y algo más de 2 millones de espectadores de audiencia media. El 96,1% de la población (42,3 millones de personas) ha visto algún minuto de este concurso en Telecinco. Más datos: el programa ha registrado el minuto de oro en el 45% de los días en los que se ha emitido este año: 87 de sus 193 emisiones. En 12 de las 14 temporadas de emisión de Pasapalabra, el concurso ha marcado datos por encima de la media de temporada de Telecinco. Y en septiembre de 2019, el programa ha aportado a Telecinco 0,94 puntos de cuota de los 15 que ha logrado el canal en el mes.

La continuidad de Pasapalabra en Telecinco tendría que pasar por un nuevo acuerdo entre Mediaset e ITV, pero el enfrentamiento judicial que han vivido en los últimos años complica el entendimiento entre los dos actores, teniendo en cuenta además que el grupo de Paolo Vasile deberá pagar una importante indemnización a la productora británica. La negociación estará muy condicionada por una pelea que ha durado años y que ha acabado dejando el mango de la sartén en manos de la distribuidora británica, que se encuentra en pleno proceso de reimplantación en España.

De hecho, en una escueta nota difundida ayer por la noche a través de Twitter el grupo de Telecinco dejaba abierta la puerta a una posible negociación: «Tras recibir la sentencia del Tribunal Supremo, Mediaset España comunica su respeto por dicha decisión y su propósito de acatarla de forma inmediata. Por lo tanto, y salvo que no se llegase previamente a un acuerdo con ITV, hoy será el último día de emisión del programa Pasapalabra».

Si no llega a un nuevo acuerdo con Mediaset, ITV tendría libertad para vender los derechos de Pasapalabra a algún otro operador en España. De momento la puja no se ha abierto, pero el caramelo en forma de rosco es demasiado goloso para que nadie lo recoja. No sería la primera vez que Pasapalabra se emite en otra cadena. De hecho, su debut en nuestro país llego en Antena 3 en el verano de 2000 y permaneció en esa cadena durante seis años.

Telecinco no podrá sortear el fallo judicial cambiando el nombre del programa o haciendo pequeños ajustes en el formato. La Audiencia Provincial estableció la prohibición a Mediaset de «reanudar en el futuro la emisión, edición, producción, reproducción, comunicación pública, distribución, transformación y toda y cualquier otra forma explotación, por sí o a través de terceros, del programa, así como de cualquier otro programa de televisión que tenga un formato idéntico o similar al de Pasapalabra».

Junto a Pasapalabra queda también en el aire el futuro de Christian Gálvez, uno de los presentadores más populares de Telecinco, que lleva al frente del concurso desde el año 2007 y que, a diferencia de otros rostros de Telecinco, no ha estado vinculado a otros programas de la cadena, salvo el efímero ¡Vaya Fauna!, estrenado en 2015.

06 Octubre 2019

Con la P: concurso cancelado por ley

Tom Avendaño

La sentencia que esta semana puso fin a ‘Pasapalabra’ marca un hito en la historia de la televisión y abre un proceso lleno de incógnitas para sustituir el programa

“Nos vemos en el próximo programa”. El concurso más visto de las últimas dos décadas en la televisión española se despidió sin dramatismo ni ceremonia; sin sentimiento, casi. Aquellos últimos minutos que se vieron en Telecinco el martes a las 21.10, horas peninsular, nunca se pensaron como el final definitivo, solo el de una edición más, la 3.292. Pero aquel martes todo cambió. La sentencia judicial que Mediaset llevaba años recurriendo se había puesto en firme, por el Tribunal Supremo esta vez. Telecinco estaba condenada “a cesar inmediatamente (…) la emisión (…) del programa”. Esas siete palabras, que no han dejado de repetirse en toda la semana, pusieron fin a 19 años en antena, a nueve de batalla judicial, y a una institución en millones de salones de toda España. Casi nadie lo sospechaba al despertarse por la mañana, pero aquel martes fue el fin de Pasapalabra.

La industria de la televisión nunca había visto nada igual. Pasapalabra, posiblemente el concurso con los espectadores más fieles de España, acababa de firmar el mejor septiembre de su larga historia, con un 18,8% de cuota de pantalla. Sentaba de media a unos dos millones de espectadores diarios; muchos de ellos se quedaban a ver el informativo que venía después, y contribuían a que fuese el más visto de la televisión. Pasapalabra solía ser el espacio más visto de su franja horaria y tener el minuto con más audiencia de cada día, generalmente coincidiendo con la prueba final de cada programa, El Rosco. Que un programa blanco, cultural y de éxito fuese amputado de una parrilla resultaba inédito. Que lo ordenase el Supremo de un día para otro, histórico.

En la sede de Mediaset en Fuencarral (Madrid), la sentencia se esperaba desde hacía tiempo. Se sabía que caería esta temporada. O en septiembre o en octubre o en noviembre. La clave era minimizar el impacto que tuviese en la parrilla la retirada de Pasapalabra. Los trabajos estaban en marcha en verano; pruebas de concursos nuevos, más o menos parecidos al original. Ahora esa retirada era real y debía hacerse “inmediatamente”.

Además, esta noticia podía afear el relato de los éxitos de la compañía. Mediaset se encuentra en mitad de una ambiciosa fusión de todas sus filiales, principalmente la española y la italiana, en un holding llamado Mediaforeurope que tendrá sede en Holanda. Telecinco acaba de cerrar uno de sus mejores septiembres, con un 15% de cuota de pantalla de media. Su gran rival, Atresmedia, tiene un 11,3%: hacía 12 años que no tenían una ventaja así. Van a la cabeza en inversión publicitaria.

Comenzó lo que fuentes de la cadena describen como «una semana frenética», desde el departamento jurídico hasta los platós. ¿Qué pasaba, por ejemplo, con el dinero que hubieran ganado los concursantes en programas no emitidos? (Nada. La cadena solo paga por los premios que emite). ¿Cuánto tardaría la sentencia en ejecutarse? (Un día: el concurso se podía emitir esa misma tarde de martes) ¿Y, sobre todo, qué ocurriría después con Pasapalabra, un programa que lleva en España más tiempo que el euro?

El conflicto había empezado poco después de que Mediaset comprase el formato, una versión de The Alphabet Game, el concurso de la productora británica ITV Global Entertainment. Entre 2000 y 2006 se emitió en Antena 3, donde se le fueron modificando las pruebas y se le añadió el famoso Rosco al final. En 2006 pasó a manos de Mediaset. En 2009, tocaba renovar el contrato. Los británicos habían visto el potencial de su producto en España y querían otras condiciones. Además del dinero de los derechos, querían ser productora y llevarse un 10% de los beneficios. Si no, irían a la competencia. Mediaset claudicó.

Aquel trato siempre dejó mal sabor de boca y el objetivo desde entonces fue romperlo. Había un pretexto: el programa apenas se parecía ya a The Alphabet Game. Tras nueve años en España, era un batiburrillo de ideas de la productora original española, BocaBoca, del Passaparola italiano y demás. Mediaset registró El Rosco, introdujo más cambios (que también registró), declaró el contrato nulo y, a finales de 2010, demandó a ITV. Aun con la sentencia en su contra, todo podía ir bien. Tendrían la fórmula de un Pasapalabra nuevo en sus manos.

Contrarreloj

Todo esto exigía lo que la sentencia negaba: tiempo de reacción. Tiempo de tener un sustituto listo. Y de negociar, irónicamente, con ITV, que está interesada en mantener el concurso en España (también están negociando con RTVE) e incluso abrir una filial en Madrid. No sería una negociación barata, ya que los británicos están en posición de imponer todas las condiciones. Pero significaría dejar las cosas como están. Impacto cero. En las oficinas se empezó a trabajar “contrarreloj”, en palabras de fuentes. Se decidió emitir el programa aquella tarde. No se dio la orden de dejar de grabar más episodios. Y la cuenta de Mediaset en Twitter lanzó un mensaje meridiano: «Salvo que se llegase previamente a un acuerdo con ITV, hoy será el último día de emisión de Pasapalabra”.

El miércoles había un plan b en marcha. Sálvame se podía prolongar una hora más para cubrir el hueco del concurso. Era una opción rápida y barata. A la vez, se continuaron grabando más episodios del concurso. Se estiró la cuerda al máximo. Solo a las 19.48, hora peninsular, casi literalmente en el último minuto, Mediaset admitió que retiraba Pasapalabra de su parrilla.

Que las cosas queden así resulta difícilmente creíble. Un programa querido es un programa rentable. Hay otras opciones para Telecinco y otras cadenas para ITV. Nadie quiere que ese “próximo programa” que dijo Christian Gálvez el martes quede muy lejos.

07 Octubre 2019

EL DESTINO, LA MUERTE Y ‘PASAPALABRA’

Luis Martínez

BÁSICAMENTE, HAY DOS MANERAS de afrontar la muerte sin previo aviso de Pasapalabra. La primera y más difundida, por adaptarse a la perfección a la mentalidad siempre fatalista del español medio, tiene que ver con el signo de los tiempos. Está mal que el Supremo en vez de fijarse con afán supresor en, por ejemplo, el fútbol, GH Vip, El Chiringuito o Sálvame lo haya hecho en un programa que, al contrario de los citados, necesita de al menos un diccionario para su normal funcionamiento. ¿Qué será lo próximo? ¿Declarar ilegal a Jordi Hurtado? ¿Prohibir por obscenos los documentales de animales? El programa de Christian Gálvez era el único relacionado directamente o indirectamente con no ser un zoquete que tenía audiencia. Es decir, los que lo veían no mentían como hacen los que se declaran espectadores de La 2. Bien es cierto que el alto tribunal lo único que ha hecho es cumplir con su deber. Pero, y de ahí el sino aciago que nos condena, no es ni puede ser una casualidad. Por fuerza tiene que querer decir algo. Y nada bueno. Es, se mire por donde se mire, una señal. Saquen a sus hijos del colegio; la única manera de ganar dinero con un mínimo de lecturas ha dejado de existir.

Pero lo ocurrido debería también ponernos alerta sobre la futilidad de la propia existencia. Me viene a la cabeza el cuento de Jean Ferry sobre el astrólogo empeñado en dar con el día exacto de su muerte. Todos los días se levantaba y, sobre las cartas astrales, volvía una y otra vez a ajustar los decimales hasta intentar dar con el momento preciso en el que dejaría de existir. La información se le antojaba tan crucial que, en efecto, bien podría convertirse en el único objetivo de la vida. De saber la fecha y la hora de su desaparición, cuántos prodigios no sería capaz de lograr, cuántos esfuerzos recibirían su justa medida. De averiguar, por ejemplo, que moriría una noche determinada, bien podría dedicar el día anterior, o la vida entera, al placer de cocinar su postre favorito. Más cabal y útil, estaría incluso en disposición de exprimirse física y mentalmente hasta dar con la cura al mal que le llevaría a la tumba. Y así, nuestro astrólogo se vería de frente ante la paradoja más íntima de la propia existencia: morir para, finalmente, vencer a la muerte.

Imaginemos por un momento que Gálvez hubiera sabido que le quedaba una semana, un mes o cinco años al frente de su Pasapalabra. Quién sabe si no hubiéramos asistido al prodigio del mayor bote jamás contemplado. Eso o, en el colmo de la frivolidad, a un rosco del revés. Siempre he tenido ganas. Pero no hubo manera. Como vino, se fue. De repente. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez sea ése el mayor premio: entregar a la audiencia el recuerdo perfecto y sin malversaciones de un programa digno, cabal y divertido. Al fin y al cabo, nuestro destino no es muy diferente del astrólogo de Ferry que cayó muerto segundos antes de dar con la fecha de su muerte. En efecto, nadie se muere en la víspera.

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