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Perón, exiliado en España, no podía presentarse a las elecciones por ley

Elecciones Argentina marzo 1973: El triunfo electoral de Héctor Campora significa el regreso del peronismo al poder

HECHOS

El candidato ‘peronista’ Héctor Campora ganó las elecciones de marzo de 1973 convirtiéndose en el nuevo presidente del país

Tras el primer recuento de votos, se confirma la clara victoria peronista en las elecciones celebradas este 11 de marzo de 1973 en Argentina.

En unión con otros grupos políticos, los peronistas concurrieron a los comicios bajo las siglas FREJULI (Frente Justicialista de Liberación Nacional) que obtuvo el 52,6% de los sufragios emitidos.

Queda asegurada así la presidencia para Héctor J. Cámpora, el candidato propuesto por el Frente ante la imposibilidad de designar a Perón, que no había cumplido con el requisito de residencia previa establece en la ley electoral.

De 22 gobiernos provinciales, el FREJULI, ha conseguido 20, más la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

EL SLOGAN DE CAMPORA DEJABA CLARO QUIEN MANDABA EN LA CANDIDATURA:

camporaslogan

 Portada del diario argentino Clarín tras el triunfo de Campora.

EL CANDIDATO EN LA SOMBRA

PeronBarre Aunque el candidato del Partido Justicialista era Campora, la prensa española, como la del resto del mundo, tenía claro que el candidato real, en la sombra, era Perón. El diario español PUEBLO de D. Emilio Romero titulaba ‘Barrió Perón’ para hablar del triunfo de Campora.

En septiembre de 1973 volverán a celebrarse elecciones a las que sí podrá presentarse Perón.

15 Marzo 1973

El mito Perón

Emilio Romero

El abultado triunfo de Perón ha sorprendido a algunos, probablemente por la aceptación de informaciones insuficientes, por involucrar los criterios personales con lo que ocurre. Sin embargo, el proceso político argentino ofrecía todos los indicios para asegurar un resonante éxito del justicialismo.

Perón es uno de los escasísimos suceso políticos de la historia contemporánea en el que después de un exilio de dieciocho años, la figura política alejada a tan larga distancia como en Europa de la punta sur de América, se forja ascendentemente, de personaje público en mito político, que es ese instante en que un hombre polariza por sí mismo la devoción o la esperanza, cuando todo lo demás, el volumen ingente de sus partidarios, es variado, discutible, opinable y hasta contradictorio. Todavía el mito suscita algo más original y tremendo, como es que algunas de sus decisiones sorprendan o decepcionen, pero se obedecen. También se puede permitir tener a su lado, en el exilio, o en el triunfo, personas sin relieve. El mito desampara a los importantes y arropa al os mediocres. De uno de estos últimos me dijo un día: “Es un hombre valioso, pero le dio un acceso de importancia”. Y se evaporó. El milagro de este personaje americano de primera magnitud es el tener tras de sí a la generaciones nuevas de la República Argentina, ya que el viejo peronismo en residual.

Son varios los factores creadores del mito, y entre ellos deben figurar estos: el exilio activo del general Perón, que no ha renunciado en ningún momento al protagonismo histórico de su país; la ideología moderna del justicialismo (en las cuatro vertientes, política, económica, social y cultural) como respuesta libertadora de la vieja situación de explotación y colonialismo; la huella imborrable de Eva Perón; y el fracaso de las diferentes situaciones políticas de Poder aparecidas después de la llamada Revolución Libertadora de 1955, movimiento popular embalsamado por Perón, y con una letra constituyente atractiva que hubieran podido tutelar las fuerzas armadas. Si éstas no hubieran estado paradójicamente mezclado entonaciones liberales y formas de Poder dictatoriales. Todo esto, y algunas cosas más ha creado el mito Perón, quien suprema invitación democrática de que únicamente los pueblos pueden darse a sí mismos sus formas de representación y de Poder. Y tenazmente ha navegado sobre este océano.

He tenido el privilegio de contemplar, desde muy cerca, todo este proceso, haciendo excepción de la recta final en donde el general remodeló sus nuevos cuadros políticos argentinos y puso en primera fila – o se dejó poner – influencias que podrían adjudicarse el triunfo y que sería tan inexacto como inútil, porque solamente Perón es el autor de su biografía. Únicamente existe una figura del peronismo histórico que no tiene sucesión y es Eva Duarte. Es un ejemplar único: no tiene repetición. En este último periodo el general hizo bien en acorazarse de cautelas porque empezó a ver su éxito en el horizonte. Y empezó a distribuir ingratitudes. Las ingratitudes son características de los grandes hombres, aunque no siempre sean necesarias, ni rentables.

En una carta desde Caracas, en noviembre de 1956, me decía: “Sabemos que hemos de triunfar. Conocemos, sin embargo, que esa lucha no va a ser tan larga como creen nuestros enemigos, ni será tan corta como piensan nuestros amigos”. Y en septiembre de 1952, cuando se dividía el Ejército en ‘azules’ y ‘colorados’ y aparecía la esperanza Onganía, me escribe desde Puerta de Hierro un documento de gran valor, un verdadero texto de estrategia, en el que reiteraba: “Nosotros llegaremos por el pueblo o esperaremos tanto como sea necesario para lograrlo”. Ha esperado dieciocho años. Ha sido una fe que ha descartado los desalientos que producen las insatisfacciones, las vaciolaciones de sus dirigentes y hasta los límites de su propia edad.

Su gran antagonista ha sido, y lo será mientras viva. Lanusse, sencillamente porque es un general de cincuenta y cinco años, con una vocación política que le hizo rebelarse contra el régimen de Perón cuando era un oficial: ha probado su decisión como personaje fuerte de las Fuerzas Armadas, tras Onganía y Levinsgton, y ha asumido, nada menos, que la Presidencia de la República. Una ejecutoria política tal prolongada, y una vocación de Poder, tentada y colmada como ésta, no se reíntegra fácilmente a la inactividad solamente él mismo puede despejar, ha sido la de hacer una convocatoria constituyente el pueblo argentino para que decidiera su destino histórico y pol´tiico, con el vendaval perionista en la calle y en tanta conciencias. Un adversario tan tenaz del general Perón podría hacer esto solamente por dos razones: por un ánimo de grandeza personal, rectificado por sus despectivas alusiones a Perón podría hacer esto solamente por dos razones: por un ánimo de grandeza personal, rectificado por sus despectivas alusiones a Perón en las ruedas de Prensa, en los comunicados oficiales y en sus círculos íntimos, o por la creencia de que la fuerza del peronismo no sería decisiva en los comicios. Probablemente, por una tercera: confiar en el fracaso del peronismo en el Poder y regresar como solución.

He tratado mucho al general Perón; le conozco un poco; y, precisamente, en un terreno donde los elementos decisorios sean la astucia, la zorrería, que decimos por la meseta castellana, y la estrategia de las habilidades, el general Perón es maestro consumado. La destroza para mover ambiciones, servir debilidades, animar al sacrificio y asegurar la eficacia la convierte en una obra de arte. Nada tiene que hacer Lanusse en este palenque. Filosóficamente se hace acompañar de Martín Fierro en lo que tiene este de socarronería aldeana. Una vez me escribía de su puño y letra: ‘El zorro que ya es corrido, desde lejos la olfatea; no se apure quien desea hacer lo que le aproveche; la vaca que más rumea, es la que da mejor leche”. En muchos años hemos podido hablar de todo. Nos referimos un día a cierto personaje de su confianza y me contestó, guiñándome un ojo, que es su gesto tradicional de malicia: “Todos los hombres son muy buenos, pero si se les vigila son mucho mejores”. Cámpora no se va a librar de esta vigilancia.

Pero, acaso la nota más original de Perón es haber inventado en su país una izquierda sin izquierda clásica, porque esta única colaboró con las Fuerzas Armadas para derrocarle en 1955: y un socialismo de nacionalizaciones y de protagonismo popular, sin marxismo. Eso no ha sabido hacerlo – ni ha querido – Fidel Castro en Cuba; ni Salvador Allende en Chile. Los dos tienen fórmulas socialistas europeas. Su lema podría ser: ni marxistización ni explotación.

En el supuesto de que los vencedores sean prudentes hasta el 25 de mayo, y las Fuerzas Armadas cumplan con el desarrollo y las consecuencias que esta convocatoria nacional, a partir de entonces empezara una etapa donde comenzaría a jugarse el futuro del peronismo como fuerza creadora y estable. Me ha dicho siempre el general respecto a este asunto que el peronismo es una organización. Estoy seguro que ha sido una organización electoral; pero sigo creyendo que el peronismo aglutinado, el peronismo como fuerza, es solamente Perón.

Una estrategia de oposición es muy diferente de una estrategia desde el Poder. Los mitos, o las grandes figuras históricas, no tienen sucesores, pero están comrpometidos a buscar una sucesión. No se advierte, en principio, cuál va a ser el papel y la situación del general Perón en una República presidida por Héctor Campora. Ni puede ser un Mao Tse Tung, ni tampoco un general De Gaulle retirado en Colombey-les-Deux-Eglises. Una vez me dijo que su misión era más bien la de filósofo que al tiempo provee al país de gobernante, pero los filósofos adoctrinan solamente, y casi siempre lo hacen frente al Poder, desde Sócrates hasta nuestros días. Pero un filósofo que al tiempo probé al país de gobernantes, y no tiene a su lado discípulos, sino dirigentes y masas, es otra cosa. Las figuras más importantes del peronismo están en cubierta. Otros, que van a colaborar, no se ven, y tienen ya camarote. Esta nave ha puesto solamente a la vista los mascarones de proa. Unicamente debo recordar a mi amigo el general Perón – que tiene ya asegurado un sitio indiscutible en la historia de Argentina – una frase habitual suya: “Que el pescado y las instituciones suelen pudrirse por la cabeza”.

Fue uno de los españoles que asistí con mi afectuosa compañía a este famoso personaje argentino en su largo exilio de Madrid, y tengo delante de mí un rico arsenal de recuerdos y de textos. Es hora de desearle una nueva actividad creadora, y en este caso luminosamente orientada a dejar las cosas aseguradas y pacificadas para que la diversidad de sus partidarios, y la esperanza de los que no lo son, pero que le han votado ahora, no se defraude por otro vacío al que siempre lleva la dispersión de los herederos.

Este ilustre general argentino, ‘Juancito’, lector de Plutarco y de Clausewitz, culto, dialéctico, con una mezcla en su persona de orígenes sardos escoceses y españoles, que eligió el seudónimo de ‘Descartes’ para escribir en los periódicos, visitó España acabada nuestra guerra, y dijo en la Casa de Campo y en la Ciudad Universitaria: “¡Sólo Dios sabe lo que aquí se ganó!” Ahora tiene la gran responsabilidad sobre sus hombros, sin cargos políticos, por la púrpura que tienen los mitos de procurar que alguien no diga algún día en su patria: “¡Sólo Dios sabe lo que aquí se perdió!”.

Emilio Romero

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