5 noviembre 1986

El nuevo líder 'liberal' Jorg Haider, se estrena con fuerza

Elecciones Austria 1986 – El bipartidismo entre socialistas y conservadores comprueba la irrupción de liberales (ultras) y verdes

Elecciones Austria 1986 – El bipartidismo entre socialistas y conservadores comprueba la irrupción de liberales (ultras) y verdes

Hechos

El 23.11.1986 se celebraron elecciones legislativas en Austria.

Lecturas

El 23 de noviembre de 1986, Austria celebró elecciones legislativas anticipadas para renovar los 183 escaños del Consejo Nacional (Nationalrat), en unos comicios que pusieron fin a la coalición de gobierno entre los socialistas y los liberales. La crisis había estallado en septiembre, cuando Jörg Haider, representante del sector nacionalista y derechista del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), desplazó de su presidencia al moderado Norbert Steger, hasta entonces vicecanciller del Gobierno. El canciller Franz Vranitzky, del Partido Socialista de Austria (SPÖ), que había sucedido en junio a su correligionario Fred Sinowatz, rechazó mantener la coalición con un FPÖ dirigido por Haider y convocó elecciones anticipadas. La campaña se desarrolló además bajo la influencia de la reciente elección del conservador Kurt Waldheim como presidente de la República, rodeada de polémica por su pasado militar durante la Segunda Guerra Mundial.

El SPÖ de Vranitzky, representante de la socialdemocracia y defensor del Estado del bienestar y de la concertación social, volvió a ser la primera fuerza política con el 43,1 % de los votos y 80 diputados, aunque perdió diez escaños respecto a 1983. Su principal adversario, el Partido Popular Austríaco (ÖVP), de orientación democristiana, conservadora y favorable a la economía social de mercado, dirigido por Alois Mock, obtuvo el 41,3 % y 77 diputados, cuatro menos que en las anteriores elecciones. Los dos grandes partidos, que habían dominado la vida política austríaca desde la posguerra, retrocedían simultáneamente, aunque conservaban entre ambos una amplia mayoría parlamentaria.

El principal avance correspondió al FPÖ de Jörg Haider, que pasó del 5,0 % al 9,7 % de los votos, aumentando su representación de doce a dieciocho diputados. Aunque tradicionalmente denominado liberal, el partido experimentaba bajo su nuevo dirigente un desplazamiento hacia posiciones nacionalistas, populistas y críticas con el sistema de reparto del poder entre socialistas y democristianos. También destacó la entrada por primera vez en el Parlamento de La Alternativa Verde, encabezada por la ecologista Freda Meissner-Blau, que consiguió el 4,8 % y ocho diputados, canalizando el voto ecologista, pacifista y contrario a la política tradicional. Los comunistas y las restantes candidaturas quedaron sin representación.

La pérdida de apoyos de los socialistas no impidió que Vranitzky continuara al frente del Ejecutivo. Ante la negativa del SPÖ y del ÖVP a gobernar con Haider, ambos partidos iniciaron negociaciones para restaurar la gran coalición que había caracterizado buena parte de la historia política austríaca. El acuerdo se materializaría el 21 de enero de 1987, con Franz Vranitzky como canciller federal y Alois Mock como vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores. La nueva coalición dispondría de 157 de los 183 escaños, una mayoría muy amplia, pero también dejaría a Haider como principal referente de la oposición nacionalista y a los Verdes como nueva fuerza parlamentaria.

Resultados electorales: comparación 1983–1986

Partido Líder en 1986 % 1983 % 1986 Escaños 1983 Escaños 1986
SPÖ – Socialistas Franz Vranitzky 47,7 % 43,1 % 90 80
ÖVP – Populares Alois Mock 43,2 % 41,3 % 81 77
FPÖ – Partido de la Libertad Jörg Haider 5,0 % 9,7 % 12 18
Verdes – Alternativa Verde Freda Meissner-Blau — 4,8 % 0 8
KPÖ – Comunistas — 0,7 % 0,7 % 0 0
Hermann Tertsch

24 Noviembre 1986

La irresistible ascensión de Joerg Haider

Hermann Tertsch

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La gran sensación de las elecciones austriacas de ayer fue la irresistible ascensión de Joerg Haider, el joven presidente del partido liberal (FPOE), de 36 años, cuyo liberalismo está mucho más en duda que sus afinidades con la extrema derecha pangermanista. Con el logro de 19 escaños, frente a los 12 que su partido tenía en la anterior legislatura, Haider es el vencedor de unas elecciones anticipadas que él mismo había provocado con su nombramiento como jefe del partido liberal.Haider, hasta entonces jefe de los liberales en el Estado de Carintia, accedió a este puesto en un congreso celebrado en septiembre en Innsbruck, en el que una revuelta del partido derribó al hasta entonces presidente, Norbert Steger. Éste, vicecanciller en el Gobierno de coalición, había intentado, con poco acierto, acabar con la tendencia de extrema derecha que tradicionalmente ha existido en el partido.

En el citado congreso de Innsbruck, en el que algunos miembros del FPOE llegaron a ostentar medallas recordatorias de Adolfo Hitler y cruces gamadas, la tendencia nacionaldesbancó definitivamente a la liberal de Steger. Esto hizo que el canciller Franz Vranitzky, jefe del Gobierno desde que su antecesor Fred Sinowatz dimitiera tras la elección de Kurt Waldheim como jefe del Estado, anunciara el fin de la coalición. Vranitzky manifestó que con un personaje como Haider a la cabeza de los liberales, los socialistas consideraban imposible la colaboración.

Haider es un joven político con cara de niño y grandes dotes para la demagogia que ha pronunciado algunas de las frases más polémicas de la historia reciente de la política austríaca. Hace un par de años calificó de «gran patriota y soldado» al criminal de guerra Walter Reder, que cumplió una larga condena en Italia por haber dirigido una vandálica ejecución de ancianos, mujeres y niños en la localidad italiana de Marzabotto, durante la II Guerra Mundial. Haider, que heredó un valle en Carintia expropiado a sus dueños legítimos durante el nacionalsocialismo por ser judíos, habla con orgullo del heroico Ejército alemán en la guerra y ha dirigido campa ñas contra las minorías no germanas en el sur de Austria.

El Análisis

La gran coalición regresa, pero Haider anuncia un cambio de época

JF Lamata

Las elecciones austríacas de noviembre de 1986 han producido una paradoja: los dos grandes partidos tradicionales pierden votos, pero volverán a gobernar juntos con una mayoría parlamentaria abrumadora. El Partido Socialista de Franz Vranitzky conserva la primera posición, aunque retrocede del 47,7 % al 43,1 % y pierde diez diputados; el Partido Popular de Alois Mock tampoco consigue capitalizar el desgaste socialista, pues desciende del 43,2 % al 41,3 % y pierde cuatro escaños. Vranitzky puede considerarse vencedor en términos de poder, ya que seguirá ocupando la Cancillería, mientras Mock regresará al Gobierno después de tres años de oposición. Sin embargo, ambos representan a un sistema político que empieza a mostrar síntomas de agotamiento. Durante décadas, socialistas y democristianos han repartido buena parte de las responsabilidades del Estado austríaco mediante acuerdos, pactos y mecanismos de concertación. La nueva gran coalición garantizará estabilidad institucional, pero también puede reforzar la impresión de que las dos grandes formaciones constituyen un bloque de poder difícil de desalojar. La entrada de ocho diputados ecologistas, encabezados por Freda Meissner-Blau, constituye otra señal de que una parte del electorado busca alternativas a ese modelo tradicional.

La verdadera novedad política es Jörg Haider, el dirigente que ha transformado al pequeño Partido de la Libertad en una fuerza ascendente. El FPÖ, que bajo Norbert Steger había intentado consolidarse como una formación liberal y moderada, casi duplica ahora sus votos con un discurso nacionalista, populista y abiertamente enfrentado al sistema de los grandes partidos. Haider no ha ganado las elecciones ni tiene posibilidades inmediatas de participar en el Gobierno, pero ha demostrado que existe un electorado dispuesto a respaldar una derecha distinta de la democristiana. Su crecimiento resulta especialmente significativo en un país cuya historia reciente obliga a examinar con atención cualquier resurgimiento del nacionalismo radical. Al mismo tiempo, sería simplista interpretar todos sus votos como una adhesión ideológica a esas posiciones: también recoge el descontento con las élites políticas y con las prácticas de reparto del poder. El desafío para Vranitzky y Mock será demostrar que la gran coalición puede renovar Austria y no limitarse a perpetuar el sistema contra el que Haider construye su popularidad. Porque el nuevo líder del FPÖ puede haber perdido la posibilidad de gobernar en 1986, pero ha encontrado una posición desde la que intentar alterar profundamente el equilibrio político austríaco.

JF