14 junio 2010
El líder socialista, Elio Di Rupo, parece ser quien cuenta con más posibilidades de ganar las elecciones
Elecciones Bélgica 2010 – El independentista flamenco Bart de Wever gana, pero el país queda bloqueado por falta de acuerdo
Hechos
En junio de 2010 se celebraron elecciones legislativas en Bélgica en las que triunfó la Nueva Alianza Flamenca con 29 escaños, seguido del Partido Socialista con 25.
14 Junio 2010
El rompecabezas belga
Bélgica es el hombre enfermo de Europa; un enfermo instalado en una eterna convalecencia, pero cuyo súbito agravamiento electoral de ayer plantea seriamente la posibilidad de una ruptura institucional. El paso será, sin embargo, necesariamente parsimonioso.
Las elecciones legislativas anticipadas celebradas ayer en un país dividido herméticamente en casi dos tercios de habitantes flamencos, de lengua neerlandesa, y menos de un 40% de francófonos -con Bruselas como enclave bilingüe, pero donde domina largamente el francés- ponen en peligro la continuidad del Estado federal y apuntan a un posible deslizamiento hacia formas institucionales más relajadas. Por primera vez, un partido separatista, la Nueva Alianza Flamenca, fundada apenas en 2001, y a falta de resultados definitivos, ha sido el más votado en su territorio y, con ello, en toda Bélgica, multiplicando casi por cuatro sus escaños. Unido su 30% de sufragios a los de otras formaciones también nacionalistas, el sentimiento independentista de Flandes supera el 40%. La suma de escaños de los dos partidos socialistas, flamenco y valón -puesto que no hay partidos belgas y ambas comunidades votan separadamente- puede acabar siendo algo mayor.
El último Gobierno, que presidía el democristiano Yves Leterme, tardó nueve meses en formarse, y la fabricación del próximo, siempre de coalición a varias bandas y en el que parece inevitable que figuren los vencedores de ayer, va presumiblemente para largo. Bart de Wever, el líder independentista, siempre ha dicho que perseguía una separación de seda, una evolución que desembocaría en una confederación de dos Estados en pie de igualdad. Se apresuraba, ayer, sin embargo, tras su victoria, a ser aún más cauto; lo primero es, ha dicho, trabajar juntos para sacar al país de la crisis, tanto en lo político como en lo económico, porque la deuda belga es imparable y multiplica su vulnerabilidad a los mercados. De Wever ha tendido abiertamente la mano a los francófonos para negociar.
Acontece que Bélgica -que asume el 1 de julio, relevando a España, la presidencia de la UE- es una pieza demasiado finamente cincelada de la construcción europea como para ir jugando con ella. Bruselas es la capital de Europa e incluso el hecho de que el país tenga una estructura institucional tan compleja es positivo. El carácter internacionalista y bilingüe de la ciudad la hace perfecta para albergar una enorme eurocracia. Y Flandes jamás se embarcaría en una aventura independentista sin Bruselas, su histórica joya, como capital.
Van a comenzar, por tanto, grandes maniobras negociadoras sobre el futuro del país, que lo va a ser también de Europa. Mesura, capacidad de sacrificio, cero maximalismo en los líderes políticos, y sobre todo en De Wever, es lo que toca. Europa es demasiado importante para que ni Flandes ni Bélgica la destruyan.
07 Enero 2011
La imposible Bélgica
¿Por qué en los años treinta del siglo XIX se creó Bélgica? Una visión algo cínica, pero no sin base geopolítica, recuerda que Reino Unido no quería que Holanda, que había recibido los Países Bajos del Sur -hoy, Bélgica- al fin de las guerras napoleónicas, controlara el gran puerto de Amberes junto al de Ámsterdam. Y, tras un par de escaramuzas fronterizas y una base social de catolicismo al sur contra calvinismo al norte, amaneció un nuevo país europeo que el progreso de la democracia ha hecho casi inmanejable.
El pasado 13 de junio se celebraban las elecciones que dibujaban un consumado círculo vicioso. Siete partidos, socialcristianos, socialistas y verdes, multiplicados por dos, uno valón -francófono- y otro flamenco -neerlandófono- más los secesionistas de la Nueva Alianza Flamenca, que con un 30% de sufragios es la formación más votada, habrían de amigarse en un Gobierno cuando lo que solo une claramente a las dos mitades del país apenas es la corona que ciñe Alberto II.
Hoy se bate el récord europeo sin Ejecutivo con solo un equipo de gestión; un récord que detentan los holandeses con 208 jornadas en el limbo. En sí mismo eso no sería terrible, porque ponerse de acuerdo en vivir al día funciona -véase si no, la Italia de la Primera República- mientras que lo peliagudo es encontrar un Gobierno que represente a esa Bélgica, cuyas partes se quieren tan poco. Pero es que en medio del marasmo financiero europeo ese equipo de gestión no puede tomar las medidas necesarias con que reabsorber un déficit de 25.000 millones de euros para 2015, y aún menos resolver la disputa lingüística de cuatro pequeñas localidades próximas a Bruselas.
Desde los años setenta Bélgica se desliza de Estado unitario al grado máximo de descentralización -la confederación- y cada crisis se ha resuelto distendiendo los lazos nacionales, que hoy son de un laxo federalismo. Cada vez queda menos camino por recorrer hasta la separación. La base sobre la que se negocia ahora para formar Gobierno impone una descentralización mayor, pero aun así los nacionalistas flamencos han ahondado la crisis exigiendo un avance mayor.
Europa no necesita dos Estados belgas. Hay que exigir a los partidos que sean capaces de cuadrar ese círculo, manteniendo un esquema federal que da a cada uno mucho de lo que pide y no quita nada a nadie de lo que le pertenece.