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Los escándalos de corrupción no lesionaron electoralmente al Partido de los Trabajadores de Lula, como tampoco la candidatura de la socialista Heloisa Helena, que cayó en primera vuelta

Elecciones Brasil 2006 – El presidente Lula logra la reelección derrotando al socialdemócrata Geraldo Alckmin

HECHOS

En octubre de 2006 se celebraron elecciones presidenciales en Brasil en las que venció la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva.

31 Octubre 2006

Cuatro años más de Lula

ABC (Director: José Antonio Zarzalejos)

Brasil ha reelegido a Lula da Silva como presidente. Lo ha hecho superando el 60 por ciento de los sufragios y tras un mandato salpicado de escándalos que han afectado a su entorno más cercano, al tiempo que ha quedado seriamente dañada la imagen de la formación política que lidera: el Partido de los Trabajadores (PT). Estamos, por tanto, ante una victoria personal. El triunfo de alguien que ha conseguido imponerse a su rival -el socialdemócrata Geraldo Alckmin- gracias al carisma que conserva entre las clases más humildes, que son -todo hay que decirlo- la gran asignatura pendiente que sigue arrastrando Brasil desde que su economía comenzó a adoptar el perfil de un gigante en vías de desarrollo.
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En este sentido, cualquier análisis que se haga del resultado electoral muestra un común denominador: que las urnas han dado una nueva oportunidad a Lula a pesar del cerco de corrupción que ha rodeado a su equipo de gobierno y a la cúpula del PT. Lo demuestra el hecho de que los votos cosechados por los otros candidatos desbancados en la primera vuelta -Heloisa Helena y Cristovan Buarque- hayan ido en bloque a apoyar la candidatura de Lula. De hecho, la escasa pegada final de Geraldo Alckmin y su debilidad interna dentro del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) minaron sus expectativas e hicieron que decrecieran al tiempo que aumentaban las de su adversario.
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Por otra parte, la habilidad mediática de Lula ha sido capaz de reorganizar su campaña conforme a un discurso eminentemente social, orientado a movilizar a todo el entorno desestructurado y desfavorecido que sigue afectando a la tercera parte del país. Ha sido aquí donde Lula ha conseguido doblar el brazo de Alckmin durante el pulso electoral mantenido a lo largo de la segunda vuelta de las presidenciales y lo que le ha permitido marcar el paso. Por lo pronto, ha reivindicado sin complejos su gestión, que ha logrado estabilizar la situación económica fortaleciendo el real brasileño frente al dólar y reduciendo la inflación en más de diez puntos, hasta situarla en torno al 4 por ciento.
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Y aunque el crecimiento de Brasil es menor del esperado, lo cierto es que el país progresa, hasta el punto de permitir a Lula sacar pecho y prometer que serán el desarrollo y la distribución de la renta los pilares que sustenten el horizonte programático de su segundo mandato. Estas circunstancias, sumadas a acusaciones demagógicas dirigidas contra Alckmin de que privatizaría las grandes empresas del Estado y suprimiría las medidas sociales adoptadas durante su primer mandato -la famosa «Bolsa Familia»-, han sido finalmente los argumentos que le han permitido a Lula recuperar el terreno perdido. En fin, que ha vuelto a vestirse con el atuendo populista con que ganó en 2002. Falta saber ahora si logrará que la economía crezca vestido con él.
31 Octubre 2006

La magia de Lula

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

Lula ha conseguido su momento mágico: la rotunda reelección en la segunda vuelta, con más votos que cuatro años atrás (casi el 61%). Los escándalos de corrupción que han salpicado a su partido y colaboradores, y que hicieron que no pasara esta reválida en la primera vuelta el pasado 1 de octubre, han pesado mucho menos que sus programas sociales. Pues el voto masivo a Luiz Inácio Lula da Silva tiene poco de magia. Es el resultado de sus programas de lucha contra la pobreza, que han mejorado la situación de millones de brasileños. “Contra eso no hay adversario”, señaló después de la victoria. Efectivamente, frente a él, Geraldo Alckmin ha tenido pocas posibilidades, especialmente cuando se le endilgó un impopular deseo de privatización, palabra maldita en Brasil.

¿Comienza así un Lula 2? Durante el primer mandato, junto a la política social, el ex sindicalista líder del Partido de los Trabajadores (PT) mantuvo el rigor en las cuentas públicas y la lucha contra la inflación, dictado por la competencia global. Sin embargo, con un 2,5% anual, Brasil es uno de los países de América Latina que menos ha crecido económicamente en los últimos años. Lula se puede permitir más alegrías, aunque no excesivamente, para intentar lo que anuncia: que Brasil deje de ser una economía emergente y cumpla las expectativas que se ciernen sobre ese país. Crecer es su gran asignatura pendiente. Los altos tipos de interés lo han dificultado.

Para conseguir este objetivo, y el enorme esfuerzo que le queda a Brasil en materia de educación pública, sanidad, fiscalidad, reforma política y lucha contra la corrupción, este progresista pragmático no depende sólo de sí mismo ni de su partido. Lula necesitará el apoyo de múltiples grupos en el Congreso, con una Cámara atomizada y donde el primer partido es de la derecha, y un Senado en el que el PT y sus aliados no tienen mayoría. En un país-continente con 184 millones de habitantes y muy descentralizado, el presidente requiere también de la colaboración de los Estados federados, en cuyas elecciones a gobernadores la mayoría de Lula ha avanzado y controla 15 de los 27. Así, no sorprende que sus primeras declaraciones, además de para disfrutar del “momento mágico” que, dijo, vive la democracia brasileña, hayan sido para tender la mano al resto de las formaciones políticas.

La victoria se enmarca en el giro, bastante general, en América Latina hacia la izquierda e indica la demanda de política social de unos votantes que van ganando poder, sin caer, en el caso de Brasil, en el populismo. Su llamamiento a un reforzamiento del Mercosur, por cuyo mantenimiento y profundización apostó Lula desde un primer momento, refleja su visión estratégica regional. Pero el mandatario brasileño debe ser consciente de que en este segundo mandato sin reelección posible los escándalos de corrupción pueden pesarle aún más.

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